diciembre 31, 2012

rituales / maniobras de escapismo


La pieza la escuché por primera ocasión en alguno de los canales de Cablevisión cuando anunciaban una película, la música de fondo utilizada en el comercial llamó mi atención, la canción me gustó desde los primeros acordes, tenía las características de las piezas musicales que más disfruto, un inicio lento, algo que irrumpe y cambia el ritmo, lo acelera. Festiva, juguetona, la pieza acompañaba las imágenes de la cinta programada para dos días después, en ellas era posible distinguir a tres amigos que se volvían a encontrar.
Vi el comercial dos o tres veces más.  Apenas alcanzaba a entender la letra, primero escuché que decía on the dog side, pero no tenía sentido; ¿on the dock-side?, quizá, pero me costaba relacionarlo con otro verso que se me pegó de inmediato: Makes me feel crazy, makes me feel so mean, ah, entonces: on the dark side… era más lógico, sin embargo, al final me quedé con la idea de que se hablaba de un lado perro de la vida, además estaba seguro de que uno de los versos decía a love that's wild… Sí, seguro que hablaba de estar del lado perro de la vida, concluí hermanándola con Walk on the wild side de Lou Reed.
El film que se anunciaba no tenía relación con la música, sólo era un fondo musical, sin embargo, esperé a que pasara la película para verla, con la esperanza de volver a escuchar la canción, esperar a los créditos finales y buscar el título. Inútil.
Quería escuchar de nuevo la canción, saber en qué disco venía, incluirla en un mix tape,  grabarla al inicio del lado A y B de un casete para traerla en el walkman. Lo difícil iba a ser encontrarla. Era invierno de 1986, lo sé porque acaba de salir al mercado el tercer disco de Madonna, True Blue, cantante con la que mi primo estaba obsesionado, al grado que pintó la portada de ese disco en el techo de su recámara, mientras yo jugaba Advanced Dungeons & Dragons: Treasure of Tarmin en la versión para la Aquarius de Mattel o el otro cartucho que tenía Biorhythms, un programa que predecía las altas y bajas de tu ciclo biológico, en la pantalla aparecía una gráfica simplísima que decía representar tu estado físico, emocional e intelectual… Aburrido.
En ese entonces todavía nos estábamos recomponiendo del desastre. La familia había perdido el negocio familiar, frente al comercio que atendimos durante décadas sólo quedaron edificios derrumbados y un hedor que era difícil desaparecer de la ropa. Pero en ese entonces no pensaba en los muertos, en las consecuencias de que a la puerta del negocio sólo entrara el polvo, me evadía entonces buscando música.
Todo lo que sabía de esa canción eran los pedacitos de letra que había entendido, la voz que a ratos me recordaba a Bruce Springsteen, aunque claro, en esa época mucho de lo que me gustaba me recordaba a Dancing in the dark o Cover me (ambos en Born in the USA). Hice lo posible por encontrar el disco con esos pocos datos:
En AB Discos el joven que atendía se río todo lo que pudo cuando le canté, quién sabe cómo lo habré hecho, su respuesta fue intentar venderme la banda sonora de Footloose, que porque le sonaba a Kenny Loggins. Le expliqué que no, que en absoluto era parecido, incluso le mencioné que en la pieza musical había aplausos. Me dio el tiro de gracia: uh, era una versión en vivo, menos la iba a encontrar.
Me obsesionó conseguir la canción. Las oficinas de Cablevisión estaban apenas cruzando el parque, no perdía nada. Fui a las instalaciones. Lo único que logré fue desesperar a la señorita que atendía a los clientes, a quien me costaba trabajo creerle que no tenía idea de dónde se hacían los promocionales.
Una de las imágenes más famosas de Jim Morrison es la foto que Joel Brodsky le tomó en 1967 (la Young Lion Session): los brazos extendidos, la mirada al frente, retador; sin duda ese era él; pero hay otra, supongo también significativa, en la que Morrison lleva lentes oscuros, está recargado en la pared, un muro con grafiti,  las manos en la espalda, la pierna izquierda flexionada,  Morrison mira a un perro que tiene fija la atención en algo que sucede fuera de cuadro. Por alguna razón que no acabo de comprender del todo (¿on the dog side?) la canción que escuché en el comercial se transformó en esa fotografía, no que pensara en que era una pieza de los Doors, es que a eso sonaba cuando repetía el estribillo en la memoria. Eso le dije a mi hermano la última noche de 1986, que buscaba una canción que no era de Morrison, que no tenía nada que ver con él, pero me recordaba a… Él tomo una pequeña grabadora para colocarla sobre la mesa, a un lado de las botellas que concienzudamente nos empeñábamos en vaciar, para ir poniendo uno a uno los casetes que grababa de la radio.
Siempre agradecí el gesto, siempre supe que era inútil y, sin embargo, ¿cómo despreciar el ofrecimiento, cómo hacer a un lado eso que era un brazo tendido que ayuda a llegar a la orilla aunque no se quiera salir del agua? Recibimos 1987 escuchando fragmento tras fragmento, hasta que recibir la madrugada y olvidar el propósito inicial para rendirnos al placer de escuchar por escuchar, del hallazgo fortuito de una memoria adosada a las notas de una pieza musical que no sabíamos que estaba ahí.
Amaneció. Nos rendimos sin que apareciera la canción que buscaba. No importó. Sobre la mesa quedaron los restos de la fiesta a la que se unió mi hermana, en la que fuimos tres prometiendo que volvería a ocurrir, que el año siguiente y el siguiente y el siguiente, haríamos todo lo posible para que se repitiera, para cada fin de año reunirnos a buscar esa canción, creo que incluso firmamos un papel. Sí, seguro, ya los primeros rayos del sol nos iluminaron rendidos a las piezas de nuestra educación sentimental, los boleros que cantaba el abuelo y que siempre eran adivinanza, promesa y deseo.
Ahora que lo recuerdo, tendría que clasificar ese tiempo como el inicio de nuestra pobreza, decir que ahí fue cuando comenzamos a ser pobres. Me lo impide que repetíamos el ritual cada fin de año, una década después, cuando volvimos a perderlo todo, siempre pudimos reunirnos a buscar canciones, con la misma atención del perro que acompaña a Morrison en la fotografía, que sabe hay algo más del otro lado de la calle.
Ahora que lo recuerdo pues, comprendo por qué se transformó en ritual ese momento, las razones por las que hicimos lo mismo tras la muerte de mi padre, o cuando mi hermano se fue a vivir a Oaxaca, o cuando mi hermana lo siguió y supimos que sería muy difícil volver a pasar esas fiestas juntos. Tampoco importa, durante los rencuentros los tres hemos confesado que alguna noche una bocina cercana al vaso con ron ha dicho hey sugar, take a walk on the wild side, y los tres hemos dicho: no, esa no es, sigue buscando.
Más de dos décadas después, a unos días de fin de año, preparo el espacio para ese momento que me conecta con mis hermanos, con lo que perdimos, con las promesas que no hemos cumplido, las que renovaremos cada quien por su lado… Quizá, sólo quizá, debería decirles que ya encontré la canción, que hoy sé cómo se llama… y que no importa.
Es fin de año, he de repetir el ritual.

Publicado en guardagujas sesenta y ocho: http://issuu.com/jornadags/docs/guardagujas68

diciembre 30, 2012

guardagujas 68

Diciembre 2012
Suplemento literario de La Jornada Aguascalientes
Arturo Villalobos
Agustín Fest
Alejandro Espinoza
Edilberto Aldán

Portada: Roberto Guerra
Descarga el número 68 aquí:





diciembre 19, 2012

Así se acaba el mundo. Presentación de libro

Tengo la certeza de que las historias que contamos permiten incluso enmendarle la plana a Baruch Spinoza, un filósofo que en relación con la libertad decía que el hombre ha de asumir que no es más que una ficción producto de su ignorancia sobre el orden racional y necesario que impera en el mundo. Estas múltiples versiones del fin del mundo permiten introducir una ligera variación: todo es azaroso en el universo, al grado que ese azar compone un orden, el hombre es libre a través de la ficción, con ella, a través de ella, inventamos el origen del mundo (ya sea a partir del caos, campos gravitatorios fortísimos, el Verbo, Big Bang, materia oscura, pulsaciones, voluntad divina…), ahora y desde siempre, gracias a la ficción somos capaces de contar, inventar cómo será el final, por agua, por fuego, en un beso, por robots o extraterrestres, incluso un simple cerrar de ojos, es posible enmendarle la plana a Spinoza: Fabula sive natura.


diciembre 16, 2012

guardagujas sesenta y siete

suplemento literario de La Jornada Aguascalientes
guardagujas sesenta y siete
abril medina
odette alonso
sofía ramírez
alejandra eme vázquez
erika mergruen
cecilia eudave
foto: edmundo gutiérrez

Descarga el pdf:

diciembre 03, 2012

retorno / maniobras de escapismo


Retorno
La pregunta cayó en el centro de la mesa con el mismo sonido mineral con que se depositan las monedas sobre los párpados del fallecido para acompañarlo en su viaje: ¿Quién te hubiera gustado ser? Evidentemente no esperaba que la conversación tomara ese rumbo

La respuesta vino a los labios con la velocidad de las certezas que te cubren el rostro al menor descuido, que agazapadas esperan el momento exacto para dejar una cicatriz en la memoria:
A mí, a mí me hubiera gustado ser ese a quien ella miraba.
Porque si bien es en los ojos del otro donde encontramos lo que somos, hay miradas que reflejan no la realidad del instante, sino la posibilidad del mañana, tal y como podríamos ser. Cargados los hombros por las expectativas y deseos del otro, por quien creen que podemos ser más que por lo que uno es. De ser alguien, me gustaría ser ese que se reflejaba en su mirada, hace muchos años ya.
Ser ese en el que ella creía y nunca he sido, que nunca seré.
Entonces regresé al sitio donde alguna vez pude ser otro. Lo intenté a pesar del conocimiento de que para el retorno sólo hay dos condiciones posibles: regresar derrotado o volver dispuesto a ser vencido, una vez más. Creí que para el retorno era algo posible distinto al fracaso.
En un primer instante me dejé consumir por la soberbia al pensar que todo había cambiado por el simple hecho de que ya no estaba ahí, como si el tiempo se hubiera ensañado sólo por mi ausencia, como si en un descuido, apenas una vuelta del rostro, los años cayeran ruinosos sobre todo aquello que amé.
Me quedé mucho tiempo, demasiado quizá, parado ante la que había sido mi ventana: yo viví aquí y tuve la oportunidad de ser distinto, repetí a manera de conjuro, con el ansia secreta de que el hechizo desvaneciera los letreros de clausurado, deshiciera el desastre que ocupaba el edificio donde alguna vez en tus ojos me reflejé de manera distinta y me apuraste a subir las escaleras para hacer el amor, donde me acariciaste, donde acariciaste a ese que pude ser y hoy estoy buscando.
Busqué en esas ruinas y el acecho sólo sabía de una palabra: aquí.
Aquí hicimos el amor sin importar que las ventanas no tuvieran cortinas, evadiendo las miradas en escándalo de los vecinos.
Aquí el deseo tomaba forma, un juego de esconder y hallar en que las miradas eran las claves que permitían descifrar el mínimo gesto.
Aquí fue la esquina donde nos ocultamos del mundo. Recostada sobre la duela una noche escribiste unas líneas que no alcancé a leer.
Aquí nos enredamos en una conversación para sostener el mundo, con la certeza de que la destrucción de todas las cosas sucedería de rendirnos al silencio.
Aquí bajo una silla depositamos el desaliento con que nos cargaba la espalda la vida diaria para someternos al cansancio de descubrirnos, las manos elaboraban cartografías de la novedad sobre nuestras pieles recorridas una y otra vez, pero sobre todo aquí se nos llenó la boca con palabras imposibles, declaramos “para siempre” sobre estas ruinas.
Un hombre me hace a un lado para poder entrar a eso que yo miraba como ruinas, lo reconocí de inmediato, súbita, la idea de que me dejara pasar, mirar desde dentro el sitio en que habíamos sido, ahí donde me miraste como hoy quería ser. Lo detuve, enseguida la sonrisa que dice: “soy yo”. En sus ojos la respuesta inmediata, la sorpresa, un “¿quién eres? que no dejaba lugar a dudas, no me reconocía.
Abandoné el esfuerzo, pregunté cualquier cosa, las señas para hallar una calle y lo dejé que se fuera pensándome turista.
Le di la espalda a la ventana, a medida que me iba alejando de ella me vino a la mente un poema de Cavafis [Ten siempre a Itaca en tu mente. /Llegar allí es tu destino. /Mas no apresures nunca el viaje. /Mejor que dure muchos años /y atracar, viejo ya, en la isla, /enriquecido de cuanto ganaste en el camino /sin aguantar a que Itaca te enriquezca]. Con esas líneas de Cavafis, comprendí cabalmente el sonido mineral con que cayó sobre la mesa la pregunta que me trajo de vuelta: ¿quién te hubiera gustado ser?
De espaldas, alejándome del sitio donde pensé que hallaría la posibilidad de ser ese al que con tanto amor miraron alguna vez, confirmé que la respuesta primera era correcta: me hubiera gustado ser el que estuvo en tus ojos. Como la única posibilidad del retorno es la pérdida, preferí el naufragio, que como al edificio donde alguna vez, todo, todo lo desmoronara el olvido, para así tener una posibilidad distinta, para así ser capaz de construir otros Aquí, donde sea posible que suceda de nueva cuenta el prodigio de ser mirado por el otro como puedo ser y no como soy.
Por ahora, lo único que está en mis manos, es contarlo…



[Intenté, como Cecilia Eudave en su columna Qué sabe nadie (guardagujas 65), un retorno al lugar en que crecí, al bloque de construcciones que durante mucho tiempo representó el mundo posible, salió espuma. No se regresa indemne de la memoria, tuve esa certeza, acompañada de otra que comparto públicamente: quien es capaz de descubrir en los detalles el fulgor del milagro no puede dejar de escribir, aunque no debiera contarlo, aunque duela, a pesar de todo, no se puede abandonar la escritura; entonces Cecilia, a escribir].

Publicado en guardagujas 66 (Noviembre 2012)

diciembre 02, 2012

guardagujas sesenta y seis

suplemento literario de La Jornada Aguascalientes
noviembre 2012

textos de
rodrigo solís
josé de jesús sampedro
agustín fest
sofía ramírez
jorge boccanera
marco ángel
edilberto aldán
foto: juan francisco pizaña morones

descarga:
http://issuu.com/jornadags/docs/guardagujas66




diciembre 01, 2012

Todo por hacer. La Jornada Aguascalientes/4 años



Editorial de La Jornada Aguascalientes en el número del cuarto aniversario del periódico

Todo por hacer



Con la edición 1438 de este diario llegamos a nuestro cuarto aniversario. Cuatro años de La Jornada Aguascalientes. A ti, lector, antes que a nadie, gracias.

Agradecemos a quienes han formado parte de este proyecto: Matías, José Manuel, Antonio, Manuel, Aníbal, Jorge, sin su impulso, sin su convencimiento y esfuerzo por hacer un periodismo diferente, pero sobre todo por su disenso y la posibilidad que abrieron a la conversación, al intercambio de ideas que invariablemente enriqueció el compromiso por elaborar un diario a la altura de las necesidades de la ciudadanía.

Gracias a nuestros colaboradores, que nos acompañen en esta ruta dándonos la oportunidad de compartir sus ideas, observaciones, puntos de vista, su participación y confianza en que respetamos sus textos son la columna vertebral que guía la responsabilidad que asumimos al definirnos como un diario que busca la pluralidad.

Por supuesto, atendemos y buscamos la interlocución con quienes desde el poder y el grupo cerrado del círculo rojo toman decisiones y forman opinión, siempre con la intención de reflejar lo que ocurre como resultado de la actividad de la clase política, vemos en ellos declarante y fuentes de información, les brindamos nuestro respeto en espera de su correspondencia.

Gracias a ti, de nueva cuenta y siempre, lector, porque trabajando para ti no podemos permitirnos la mezquindad de tener enemigos, ni caemos en la ruindad de hacer a un lado la inteligencia como motor de nuestra actividad. El reto es estar a la altura de las necesidades del lector, sabemos que la única ruta posible a seguir para estar a la altura del reto que nos impone la avidez de información es que no esté sesgada, por eso nuestra línea editorial está comprometida con la apertura a todas las voces.

Todos los días intentamos un diálogo con los lectores, lo hacemos a través de los medios que tenemos a nuestro alcance y con la dedicación que nos merece la ciudadanía. En estos cuatro años no ha habido un solo día en que no realicemos un análisis de la estrategia que elaboramos para ser el periódico que merece la sociedad de Aguascalientes, uno en el que todos se puedan ver reflejados, que engarce la visión de los jóvenes, los trabajadores, los universitarios, las mujeres, todos, sin exclusión.

Queremos pues que nos distinga la pasión de nuestro compromiso con la pluralidad y la libertad de expresión. Por eso no estamos satisfechos, nuestro ideal es mucho más grande que lo que hasta ahora hemos logrado, por eso trabajamos día a día bajo un esquema de colaboración que se nutre del diálogo y que apuesta a que sólo en el intercambio es posible contribuir a la formación de públicos y a la construcción de una ciudadanía más participativa.

Con esa convicción elaboramos la edición impresa de este periódico, por esa razón también La Jornada Aguascalientes es el único medio en la entidad que ofrece en la red su edición íntegra en pdf, para que los lectores la puedan descargar, leer, compartir y comentar (www.lja.mx); si como dicta el mercado, los medios impresos estamos destinados a la desaparición nuestra respuesta es el libre acceso al trabajo que hacemos para ellos, por ellos.

Son cuatro años ya y creemos que serán muchos más, el compromiso con los lectores nos alienta y empuja a no conformarnos, por eso es que creemos que todo está por hacerse, no con la idea de que diariamente se empieza de cero sino con el pensamiento de que todos los días podemos aportar algo mejor a lo que se construyó ayer. Ésa es la visión con la que trabajamos para los lectores, eso explica que quienes formamos parte de este diario, personal administrativo, diseñadores, fotógrafos, correctores y reporteros, llamemos casa a nuestras oficinas, para poder abrir las puertas de par en par al pensamiento y a la conversación.

No estamos satisfechos y falta mucho por hacer, sólo podemos lograrlo con el auxilio de nuestros lectores; con tu opinión, con tu participación, cuando colaboran con nosotros mostrando su desacuerdo y cuando hacen público su consenso, porque la frase que nos guía “Porque alguien tiene que decirlo” es una invitación a que sea un esfuerzo conjunto.

Hace 16 años, Carlos Fuentes publicó Nuevo tiempo mexicano, libro de miscelánea literaria que incluía diversos artículos, ensayos y un diario sobre lo que ocurrió los primeros días del ahora lejanísimo 1994 (el ascenso al poder de Carlos Salinas de Gortari y la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional como hechos centrales), en las páginas finales de ese volumen señalaba que el antiguo y nuevo tiempo mexicano se encuentra dentro en la mezcla de una vieja memoria y una modernidad radica e incluyente. El autor de La región más transparente señalaba en ese entonces:

“La grandeza de México es que el pasado siempre está vivo. No como una carga, no como una losa, salvo para el más crudo ánimo modernizador. La memoria salva, escoge, filtra, pero no mata. La memoria y el deseo saben que no hay presente vivo con pasado muerto, ni habrá futuro sin ambos. Recordamos hoy, aquí. Deseamos aquí, hoy. México existe en el presente, su aurora es ahora porque no olvida la riqueza de su pasado vivo, una memoria insepulta. Su horizonte también es hoy, porque no disminuye la fuerza su vivo deseo.

“Sí, somos más que los calendarios. No cabemos en ellos. Sabemos que nada tiene principio ni fin absolutos. Ésta es la grandeza mexicana. Una grandeza renacentista permanente que no acepta la tiranía de la Razón ni la tiranía de la Magia –nuestros extremos- sino que celebra la continuidad de la vida, múltiple, portadora del pasado que nosotros creamos, inventora del porvenir que nosotros imaginamos. No nos atemos nunca a un dogma, a una esencia, a una meta excluyente. Abracemos, en cambio, la emancipación de los signos, la escala humana de las cosas, la inclusión, el sueño del otro.

“Sólo así, todos los días, fundaremos un nuevo tiempo mexicano”.

Ahí estamos, en eso estamos. Falta mucho por hacer, sólo en un diálogo constante y el intercambio de ideas podremos hacerlo. Contigo lector.

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