abril 02, 2012

Perdón por intolerarlos
Balance

En varios momentos de la entrevista que le hicieron a Felipe Calderón en el programa Tercer Grado, el entusiasmo de los participantes por preguntarle daba como resultado que todos hablaran al mismo tiempo y en ese barullo se quedaran truncas las respuestas o no se profundizara en los argumentos presentados.
Uno de esos momentos fue cuando Calderón dijo que le gustaría hacer un periódico, al cual llamaría “Balance” y que dividiría en dos la primera plana para presentar de un lado una noticia “buena” y del otro una “mala”. Carlos Marín lo interrumpió para decirle que nadie leería eso y el jolgorio de voces ya no permitió que se explicara la diferencia entre una y otra nota.
La idea de clasificar la información de esa manera más que un despropósito, pone en evidencia el papel que el poder desea que jueguen los medios de comunicación, una relación de sumisión que acota la función periodística a eco, un amplificador que replique sin análisis el mensaje elaborado por el poder, la “realidad” se anula, no hace falta que el reportero salga a la calle a buscarla, ¿para qué si ya se le ha dado un comunicado, un boletín, una declaración?, ¿qué más necesita? Además, esa clasificación moralista da muestra de la realidad que le interesa al poder que se transmita, se reduce a dejar testimonio de los logros alcanzados, eso es lo “bueno” y todo lo que se oponga será lo “malo”.
Detrás de ese ajuste de la realidad se encuentra un mal mayor, el deseo de adulación. Para el gobernante toda acción emprendida debe ser considerada un logro, se deja de considerar para qué fue contratado, cuáles son las obligaciones del cargo que ocupa y su responsabilidad como servidor público.
Esta idea no es exclusiva de Calderón, está generalizada y forma parte central del discurso de casi todos los políticos. Basta ver cuál ha sido la respuesta de los gobernantes a la veda electoral impuesta por el Instituto Federal Electoral. La ley es clara, sin embargo, los consejeros del IFE tienen que salir a explicar una y otra vez las limitaciones a los servidores públicos para difundir durante 90 días las campañas con sus logros de gobierno, eso y nada más, pero la pobreza discursiva de los gobernantes y la búsqueda de la alabanza convierten ese mandato en una orden de silencio.
Ese callarse la boca porque no vaya a ser la de malas refleja la triste idea que sobre el servicio público tiene la clase política, como todo es considerado un “logro” pues entonces no se puede decir nada, y ni hablar del tratamiento que se da a la sociedad, pobres de nosotros, somos tan simples, tan incapaces que no se nos puede tocar con el pétalo de un spot y caigamos en el engaño.
Bajo esta lógica de todo o nada, callarse es lo más cómodo para los gobiernos, no hay necesidad alguna de pensar, no se requiere distinguir las acciones de gobierno de las que se está obligado a informar, mejor dejar todo en la urna de logros y sentarse a ver las campañas.
No tengo duda de que la medida de la veda se justifique por décadas de un comportamiento corrupto, pero la radicalidad con que la disposición es tomada no permite que desarrollemos soluciones a esas prácticas de engaño, se nos exige como adultos pero se nos trata como niños.
Además, se restringe a los gobiernos para dejar el campo libre a los candidatos, quienes tienen la misma idea perversa de lo que es un logro, basta echarle un ojo a los comunicados de prensa de los suspirantes para notar cómo se pervierte la idea del servicio público, antes que exigirse inteligencia para sintetizar sus propuestas, claridad para exponer las razones por las que merecen nuestro voto, se abandonan al facilismo, creen que basta calificar de idea cualquier acto minúsculo y banal para que tenga importancia.
Lo que vamos a leer de aquí a las elecciones son comunicados de prensa en donde un paseo por el mercado o la colonia se transforme en un importantísimo encuentro con “diversos sectores de la sociedad”, donde un desayuno o comida sea presentado como “foro de intercambio” y las conversaciones insulsas sean vistas como trascendente encuentro del candidato o candidata.
Y luego nos preguntamos por la baja calidad de nuestra democracia.
Coda. “Balance” llamaría Calderón a su periódico ideal, quizá sería bueno que leyera algunos medios impresos de Aguascalientes y la evidente adulación al gobernador para darse cuenta que no es tan buen idea, ¿o se puede considerar como “bueno” el lisonjerismo desatado de los tundeteclas que transforman las declaraciones cantinflescas en actos heroicos? En su muy particular estilo, Carlos Lozano anuncia ante la veda que en su gobierno “ni se baja la cortina, y el que quiera bajar la cortina pues puede bajar la de él, pero se va del gobierno. Al revés, yo creo que hay que intensificar. Yo creo las posibilidades que nos ha dado el alineamiento de muchas cosas que están pasando muy rápidamente para el gobierno. Ayer alguien me decía, conocido de todos ustedes, ‘oiga pues ya no esté anunciando cosas, ya bájele, cómo va terminar con ese ritmo de estar pasando cosas importantes en el estado’. Pues van a seguir pasando cosas importantes en el estado”; y ese enredo casi con emocionadas lágrimas en los ojos el redactor zalamero lo convierte en la declaración de la semana, muestra del compromiso con bla bla bla… En fin, así las cosas.

Publicado en La Jornada Aguascalientes (02/04)

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