
Perdón por intoleralos
Feria de Pueblo
La Feria Nacional de San Marcos es la cantina más grande del mundo. No sé si es cierto, pero es la descripción que en más ocasiones he escuchado. Nunca falta el aguascalentense orgulloso que invita a visitar la ciudad en periodo ferial con el propósito de emborracharse. Al momento de extender la invitación se destaca que se puede caminar por un área enorme con un vaso de cerveza de un litro sin que nadie te diga nada. No hay más, no recuerdo que alguien valorara la Feria por otras razones. Es una festividad con una duración excesiva, en que la regla es la violación de las leyes y el exceso, es una feria de pueblo, eso y nada más.
No faltará quien me acuse de aguafiestas, de no compartir el ánimo festivo que inunda las calles durante esas semanas. Imbuido del orgullo enano por la patria chica, saltará el defensor que confunde el cariño al terruño con la defensa de la Feria para escupir las razones por las que es indispensable mantener la tradición de la “verbena abrileña”, pero al momento de pedirle razones no encontrará otra que la posibilidad del festejo desmedido. Es fácil desarmarlo, ¿cuál es la tradición que se defiende?, ¿las peleas de gallos?, ¿el casino?, ¿seguir a la tambora?, ¿las corridas de toros?, ¿los juegos mecánicos?, ¿los espectáculos del palenque?
En una ciudad moderna, nos guste o no, todo eso se puede tener, la oferta de esparcimiento no sería el motivo para sentirse orgulloso de la Feria, porque todo eso se puede tener en cualquier otra fecha, no se requiere cerrar calles, cambiar la circulación de otras, habilitar espacios a cuenta del erario y destinar recursos especiales para que la población pueda asistir a un concierto, o distraerse o… ¿Cuál es la tradición de la Feria?, ¿los miles de puestos con garnachas, ropa de contrabando, cervezas de a litro, baratijas de plástico? Sí, eso y nada más. Lo mismo que cualquier feria de pueblo, sólo que a lo bestia.
Evidentemente, está mal que lo diga, a la Feria hay que defenderla, es el evento anual, se reciben millones de visitantes y es “la más importante de México”, insisten las autoridades en presumirla. No importa que al comparar su oferta con la de otras ferias similares lo que salga a relucir es lo ordinario de su programa. Ante lo evidente se activa el mecanismo de defensa aguascalentense por excelencia: se inflama el pecho y se grazna a todo pulmón: ¡Ay fiesta bonita!, que hasta el alma grita, con todas sus fuerzas, ¡viva Aguascalientesn!, que su feria es un primor. Y eso es todo, no hay más.
Sin embargo, entonar obnubilados la letra de Pelea de gallos lo que refleja es que como sociedad nos podrán seguir viendo la cara las autoridades, año tras año el Patronato de la Feria mostrará los bolsillos vacíos para decir que salió perdiendo, que no se obtuvo ninguna ganancia, una y otra vez los gobiernos estatales mostrarán su ineptitud para proveer de opciones de esparcimiento a sus gobernados, ¿para qué pensar si basta arrojar unas tamboras, cumbiamberos, conciertos gratis y litros de cerveza para tranquilizar a la plebe, a los nacos?
En eso nos transforma la Feria en Aguascalientes, a una masa de nacos a los que se puede tener tranquilos con la dádiva del circo. Claro, no lo van a decir así, este gobierno ha elegido inventarse a un villano que se robó la “feria tradicional” y la convirtió en algo elitista, para unos cuantos, así que hoy, la tarea del gobierno de Carlos Lozano de la Torre es concebirse como un héroe que regresa la festividad al populacho, dijo el gobernador durante la ceremonia de coronación: “nuestra gente será el principal invitado y animador de esta gran fiesta de flores, color, música, baile y sabor, porque sin ustedes, sin la grata presencia de las familias de Aguascalientes y de sus visitantes, la Feria perdería su sentido y su razón de ser, por eso la Feria vuelve a ser de todos”. ¿Eso qué significa? En el fondo lo que desean vender es que el gobierno anterior le había robado su esencia popular al festejo y la transformó en otra cosa. ¿De veras?, ahora resulta que Luis Armando Reynoso Femat tenía buen gusto.
Recuerdo una anécdota del sexenio anterior, después de mucho tiempo Reynoso Femat quiso asistir a un concierto de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes, extrañado su personal se preguntaba la razón, cuál el motivo de ese interés súbito. Finalmente se canceló la asistencia al concierto cuando le aclararon al entonces gobernador que el programa de la orquesta consistía en piezas de Johann Sebastian Bach, no de Joan Sebastian. Así que esta administración puede acusar de muchas cosas a la anterior (no lo hará, son cómplices), pero de buen gusto, no.
Esta administración puede repetir mil veces la mentira de que ahora es una fiesta popular, pero lo que el programa de actividades de la Feria refleja es sólo la idea obtusa que sobre sus gobernados tiene el PRI que regresó al poder. No es una idea de cultura y esparcimiento, no llega a tanto, es la vieja apuesta al circo, la de los conciertos populacheros, la del corporativismo, la del rompimiento de la ley con el pretexto de la fiesta.
Somos para el gobierno una masa de nacos que puede ser entretenida con el relumbrón de una ceremonia de coronación, esa es la “tradición” que presume esta administración, una fiesta de barrio, un grupo de muchachas bonitas que se supone que representan los valores de la mujer pero a la que no dejan tomar el micrófono porque no vaya a ser que diga alguna tontería, una serie de discursos en que se vende la ciudad como una baratija: vengan y beban toda la cerveza que puedan al aire libre y después orinen en las esquinas, un declamador ripioso que lo mejor que tiene en su repertorio es decir que en las noches de abril se le roba a las mujeres “besos de chocolate y estrellas”.
En esta ocasión la Feria durará tres semanas, ¿por qué?, quién sabe, el gobernador anterior decidió que cuatro por sus puras pistolas, el gobierno actual, también nomás porque puede la dejó en tres. Siguen tres semanas de jolgorio, con la entidad amarrada a la fiesta, de una pausa en todas las actividades porque lo importante está ocurriendo en la plaza. Cualquiera que cuestione la festividad es un descastado, un gruñón que no entiende de la necesidad del ocio, que está en contra de la celebración familiar, porque esa es otra, hoy se supone que la Feria vuelve a ser un festejo para todos los miembros de una familia, desde los viejos hasta los más pequeños, no importa que al mismo tiempo se preparen escuadrones de jóvenes voluntarios para “valorizar” a los festejantes. Esa es la única tradición que perdura, la de un doble discurso, por un lado, la entrega de permisos para vender bebidas alcohólicas y la permisividad en el área ferial, por el otro, el reconocimiento de que en Aguascalientes es cada vez menor la edad de los consumidores de alcohol, al grado de ser problema.
En la primera noche oficial de Feria, sobre una de las avenidas principales de esta ciudad, un grupo de jóvenes se aventaban botellas de cerveza, nada de peligro, uno debe suponer, estaban jugando, no importaba que fueran las tres de la mañana, que se pudieran lastimar, que el juego pudiera derivar en pelea, al menos esa era la actitud del patrullero que no se inmutó un solo momento. Total, es tiempo de Feria, nadie piensa en la resaca cuando se está emborrachando.
Publicado en La Jornada Aguascalientes, abril 25, 2010





