Carlos Salinas en Aguascalientes
La bonita retórica y los caballitos de batalla
Presentación del libro Democracia Republicana, ni Estado ni mercado: Una alternativa ciudadana

Veni, vidi, et vendidit
Un consejo para el artista que visite la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes: cuando no tengas nada que decir pero requieras interactuar con el público, cuando entre la audiencia hidrocálida y tú se establezca un silencio incómodo, no sufras, acude a la letra de Pelea de gallos y grita a todo pulmón: “¡Viva Aguascalientes’n!”, eso es todo, enseguida los aplausos, las cabezas que asienten contentas, la sonrisa cómplice. Con esa frase serás coreado como todo un rockstar, qué más da si viene al caso o no, se trata de obtener una reacción; si lo tuyo no es gritar, menciona a José Guadalupe Posada, otro caballito de batalla que permite salir al paso ante cualquier situación, la que sea, nombrar al grabador te gana la complacencia de los espectadores.
Es una argucia comprobadísima, Carlos Salinas de Gortari lo sabe y aplicó esa artimaña durante la presentación de su libro Democracia Republicana, ni Estado ni mercado: Una alternativa ciudadana, en el patio del Museo Posada. El ex presidente no propuso absolutamente nada pero se llevó las palmas de la clase política, que acudió al evento como si las administraciones entrantes regalaran ratificaciones de puesto.
Los funcionarios públicos invitados presenciaron un bonito ejercicio de retórica y salieron con su mamotreto de 300 pesos bajo el brazo, deslumbrados por el fulgor de una estrella política en franco declive, eso sí, un astuto vendedor de libros que vino, vio y vendió.
Es mediodía en el Jardín del Encino, los compañeros de la prensa pululan de declarante en declarante, haciendo tiempo para que aparezca el enemigo público número uno o el mejor presidente que ha tenido el país (usted elija la simplificación que prefiera). En la puerta del Museo Posada las edecanes detienen al incauto que cree poder asistir a la presentación de un libro sin estar en la lista, ¿lista?, ¿es un evento privado en un espacio público?, ¿lo organiza la editorial o el gobierno del Estado? Las preguntas que uno se pueda hacer acerca de la naturaleza del evento son contestadas por un funcionario menor de comunicación social que feliz en el pedestal de huacales sexenal reparte acreditaciones a la prensa: “sólo dos por medio”.
En el patio del museo las carpas tienden su sombra sobre una inusualmente puntual clase política, aquí están los priístas, los mismos que en campaña abjuran del salinismo, los que ante los posibles electores son raudos para lavarse las manos en la desmemoria, todo ellos muy ordenados, respetuosos de los papelitos que reservan la primera fila para el gobernador (y su esposa, que ya sabemos que está muy interesada en esto de la cultura), la presidente de los diputados, el del Tribunal de Justicia, el jefe de gabinete y el secretario de gobierno, incluso Lorena Martínez tiene su silla reservada; uno de los tantos chalanes se acerca a la voz institucional del ICA y le susurra: “que no viene la alcaldesa, entonces nomás presentas al gober y los presidentes”.
Las doce del día no es la mejor hora para la presentación de un libro, pero este acto no es eso, es la puesta en práctica de la visibilidad, ahí está el rector de la UAA, el de la Panamericana, regidores, diputados locales y federales… la luz de una estrella muerta sigue encandilando después de muchos años, así es el poder de seductor; porque nadie se llama a engaño: ni han leído ni van a leer el libro, eso es lo que menos importa, de hecho, Rafael Urzúa, quien acaba de dejar la rectoría de la Universidad Autónoma de Aguascalientes y uno de los encargados de acompañar a Salinas en la mesa, confiesa que sólo ha hojeado el libro, pero lo que vio le parece muy interesante.
Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido
Así empieza la presentación, con Urzúa confesando su arrobamiento: “honrado por compartir esta mesa, yo no soy presentador, pero me invitaron y esta invitación me honra, conocer a un verdadero protagonista de la historia de México, conocer a uno de los mejores presidentes que ha tenido nuestro país, nos honra y me honra a mí en lo particular”. Por la emoción, uno supone, el ex rector se permite divagar y se monta en el primer caballito de batalla, hace referencia a Posada, “ilustre grabador aguascalentense, considerado por muchos como el más grande artista plástico de México y a quien Diego Rivera definiera como el prototipo del artista del pueblo y su defensor más aguerrido”, reitera el privilegio de conocer en persona a Salinas, lee una semblanza wikipediera del autor del libro, se congratula de nuevo y el tiempo se le va en declararse fan, ¿el libro?, del libro nada, posesionado por el espíritu de Pedro Vargas machaca su agradecimiento y pasa la estafeta al otro presentador: Alex Caldera Ortega.
¿Salinas? Carlos Salinas sereno, inmutable, un estereotipo de la actitud que un político debe asumir cuando está frente al público, la pierna cruzada, las manos sobre la rodilla, de vez en cuando un apunte, la mirada que mira a lontananza y de pronto se encuentra con un rostro conocido, un guiño, un asentimiento con la cabeza.
El doctor Caldera lee, nervioso, el texto: “Los ciudadanos son los que importan: Democracia Republicana como proyecto político”, él si leyó el libro, al menos hojeó más páginas que el ex rector, así que califica a Democracia Republicana como un “aporte lúcido”, “una reivindicación clara de la política como medio para conseguir fines trascendentes en beneficio de los ciudadanos y del país”, reconoce en Carlos Salinas un intento de rendición de cuentas “al detallar su versión sobre el actuar de su gobierno y enmarcar dicha acción en el proyecto político mencionado”. Coincide con el ex presidente en “buena parte de las explicaciones acerca de la situación actual del país”. Caldera insiste en desmarcarse, reitera que él es analista político, académico, al final cumple con la reseña del libro, más un resumen que un análisis.

La bonita retórica
Para quién se pregunte, todavía, quién organizo el evento que llena el patio del Museo Posada, Salinas toma el micrófono para obviar el cuestionamiento, agradece la presencia de los funcionarios, pero especialmente “la invitación e insistencia del gobernador”. Carlos Lozano de la Torre agradece el gesto y asiente, no dejará de hacerlo a lo largo de la media hora en que el autor de Democracia Republicana da una clase magistral acerca de cómo decir mucho sin decir nada.
Astuto el ex presidente retoma lo que puede de las palabras de los presentadores y hace un recuento de “lo que nos sucedió en el 2008”, caracteriza a grandes rasgos y con puros lugares comunes esa crisis, suelta uno que otro dato apantallante, como que el capital especulativo sumaba 650 millones de millones de dólares o diez por ciento del PIB mundial, pero no hay nada en su discurso que sea una idea propia, lo que le interesa es figurar como el autor intelectual del regreso del PRI, ser leído como un humilde interesado en aportar ideas para la transformación de México.
La estrategia de Salinas consiste en aventar la piedra e irse, insiste en que lo suyo es una invitación al debate, al diálogo, pero no pone sobre la mesa más que ideas vagas. Al inicio de la presentación, uno de los chalanes le dijo a la voz oficial del ICA: “borra eso de la sesión de preguntas y respuestas”, así es la presentación, un discurso que no permite interactuar.
¿Importa? No, de hecho el público está encantado, desde el gobernador que no para de asentir hasta el joven estudiante que busca un puesto en la administración y (pobre ingenuo) cree que comprando el libro y haciendo acto de presencia puede sumar puntos.
Salinas de Gortari sabe cómo lo escuchan, sin verdadera atención, sólo siguen el ritmo del discurso, por eso no se esfuerza en concluir sus ideas, todo depende del tono en que sea dicho, en la intención. Dice: “Mi aportación con esta obra que… le llaman ladrillo, pero no crean que es tanto, es producto de diez años de trabajo, de investigación” y ya no menciona en qué consiste la aportación, se dedica a señalar que son diez años de trabajo, que estuvo en el Biblioteca Británica (sic que busca en el mapa) y, por supuesto, se monta en los caballitos de batalla de todo buen discurso, apela al sentimentalismo, cada vez que hace referencia al país, lo calificará de “nuestro entrañable México”.
Cuando aborda la materia de su libro no le importa seguir una secuencia lógica, le basta con calificar, todo está en el tono en que se dicen las cosas.
Para describir el contexto actual indica que la crisis del capital especulativo se ha fundado en dos contradicciones fundamentales que se viven a nivel mundial, menciona primero “la contradicción entre el país que consume, los Estados Unidos de América, y el país que ahorra: China, y esta diferencia genera una gran contradicción”… sí, muy bien, pero cuál es la contradicción. Igual ocurre con la segunda, que se da “entre las utilidades extraordinarias del capital especulativo frente a la incorporación al mercado de trabajo de los obreros de la ex unión soviética y el campo socialista y del paso de la China comunista a la China de mercado que significó más de 1,200 millones de trabajadores adicionales, duplicó de la noche a la mañana la mano de obra”… Sí, ¿y la contradicción? No importa, el juego es que uno lo escuche, que arme el rompecabezas cada lector, así será imposible disentir.
Como todo está en el tono y tocar la fibra sentimental, se permite señalar que la pobreza es la violencia más severa (el gobernador asiente) que vive casi la mitad de la población de nuestro país y que a él le “toco vivir el niño que cargaba con un ladrillo porque era su mesa banco” y espera la reacción de los asistentes, unos: “aaaah, pobrecito”, muy discretos; ¿cuestionarlo?, jamás, porque ante la estampa de la pobreza nadie opone que en sus manos estuvo el poder de cambiar las cosas, vamos, ¿quién va a pensar en esas cosas?
El propósito de Carlos Salinas de ser el intelectual del regreso priísta comienza por la bravata, la táctica es sencilla, convocar al ring a los opinadores para que lo comenten: “Tenemos una serie de intelectuales llamados orgánicos, que son los que buscan crear consensos sin necesidad de la coerción, y a partir de ese consenso, sin el aparato del estado, sino por la vía de la cultura y de las ideas. Poco han aportado estos llamados intelectuales orgánicos dada la polarización que tenemos hoy en el debate público y en la convivencia cotidiana, está bastante bajo el nivel de nuestros intelectuales orgánicos”. Llama a enriquecer el debate intelectual con fórmulas tan gastadas como que reducen a Gramsci a estampita, explica así que lo de intelectual orgánico no es un término despectivo, porque así “lo afirmó un pensador italiano, Antonio Gramsci, luchador, político, que murió en la cárcel perseguido por sus ideas”.
En la última parte de su discurso, afirma que su libro “no es un trabajo para la próxima elección, Es una propuesta para la siguiente generación”, la frase grandilocuente y efectiva, digna de comercial de Solidaridad: Don Beto, Don Beto, ¡Necesitamos enriquecer el debate!
La simpleza, el emborronamiento y la superficialidad
Con Democracia republicana Carlos Salinas se ha dispuesto a generar barullo, es evidente su necesidad de ser leído (no cuestionado), debe ser terrible ser un ex, así se entiende la insistencia del autor en destacar el capítulo de su libro que titula La batalla de las ideas y los intelectuales orgánicos, sobre el que dice: “Que no los vamos a mencionar por nombre porque si no el señor Krauze, el señor Aguayo, el señor Lorenzo Meyer y Jorge Castañeda, se van a molestar (pausa de gran ejecutante para recibir las risas del público), pero de todas maneras están ahí reflejados en cuanto a la necesidad de ejemplificar la simpleza de sus reflexiones, el emborronamiento de la historia que hacen, la superficialidad de sus juicios y el problema que eso sea lo que esté alimentando el debate nacional y el pensamiento de las nuevas generaciones, no estamos construyendo de esa forma las condiciones para comprender mejor dónde estamos y a dónde ir, y mucho menos el qué hacer”.
En menos de un minuto hace un recuento sobre el liberalismo social, en menos de 60 segundos menciona a Cicerón, Pericles, Santo Tomás, luego apuesta de nuevo al dato inútil que parece aportar pero en realidad no dice nada, indica que es un movimiento extraordinario y que una tercera etapa del liberalismo social fueron “los planteamientos de los hermanos Flores Magón, hijos de Don Teodoro Flores, de Teotitlán del Camino en Oaxaca y que reclamaban esa parte social de ser insertados en el liberalismo”.
Levanta el dedo fustigador, los países que antes presumían por dónde ir, hoy están en ruina, pero no sustenta, sólo califica: “Irlanda, aquel tigre celta, Grecia, la cuna de la democracia”, de lugar común en lugar común arriba a la conclusión de que “aquellos que eran los paradigmas y los ejemplos, hoy nos muestran que ese no es el camino”.
¿Qué están oyendo los que lo escuchan?, al parecer nada, no es posible no incomodarse ante tanto salto, ante el maniqueísmo con que se inventa enemigos o pinta glorias pasadas. Uno de los peores momentos de la presentación es cuando hasta el patio del Museo Posada llega el ruido de una protesta por la presencia de Carlos Salinas en Aguascalientes, desde la plaza llegan los ecos de la canción de los Tigres del Norte: Jefe de Jefes. El antiguo jefe de jefes ni se inmuta, aprovecha y, de nuevo sin venir al caso, menciona que leyó una encuesta en la que se aseguraba que una de las cosas que más reclamaba la sociedad “en esta circunstancia nacional tan difícil que vivimos, era más poesía”, se estremece con temblor patriota el ex mandatario y convoca a figuras que no permiten disenso: “!cómo nos hace falta Jaime Sabines!”, para de inmediato montarse en el caballito que le dejó Rafael Urzúa: “o cómo nos hace falta un grabador como este extraordinario Posadas que aquí nos emocionó y nos educó. Cómo nos hace falta también más música, parece trivial pero es muy profundo y es por eso que está este énfasis en las nuevas generaciones y, sin duda, igualmente en las mujeres, esta es la reflexión que aporta Democracia republicana, es un texto amplio pero, bueno, es sobre todo un trabajo que invita a debatir los temas”.
Viene el gran final, pasa de montar a Posada para aludir a la patria chica de los presentes, a quienes quiere emocionar agradeciendo que la primera presentación de su libro sea en Aguascalientes, “tierra plural, una tierra democrática, una tierra con espíritu transformador, de trabajo, innovador, con la nueva administración que se inicia con tanto entusiasmo y esta recepción ciudadana de poder ser parte de las transformaciones”. Aplausos.
Salinas hace mención de los retos del futuro, así, nomás los retos, para de ahí saltar a su mensaje final, gran comercial: “no tengo duda de que podremos salir adelante, siempre y cuando los ciudadanos se unan, participen, sumen el esfuerzo y demuestren que el mayor orgullo que tenemos es llamarnos mexicanos, porque ese, ese es el principio y fin de todo el esfuerzo, nuestra soberanía en justicia y libertad, hacer realidad esos objetivos es, precisamente, la propuesta de esta reflexión que se pone a su consideración y crítica, la democracia republicana, ni estado ni mercado, una alternativa ciudadana, podemos hacerlo juntos, unos desde el terreno de las ideas, otros en el de la acción y el compromiso cotidiano, pero todos juntos, como entrañables hermanos de Aguascalientes y como orgullosos hijos mexicanos”. Aplausos, ¡Viva Aguascalentesn!, qué remedio.
La presentación acaba con Salinas saliendo por la puerta de atrás, no vaya a ser que se tope con los manifestantes en la plaza. Cuando abren las puertas del Museo Posada se descubre la naturaleza del ruido que rondó la presentación, cinco hombres disfrazados de Salinas, cinco disfrazados de reos que bailan megáfono en mano, al ritmo de Jefe de Jefes que se repite una y otra y otra vez hasta que pierde sentido la protesta.

Hace mucho rato que Carlos Salinas de Gortari se desvaneció en una de las camionetas, de la puerta trasera a quién sabe dónde. Los manifestantes, encabezados por Fernando Alférez disfrazado, siguen con su baile. Si la presentación del libro fue deplorable, el nivel de nuestro rechazo no se queda atrás, mientras los últimos invitados salen del museo, Alférez grita: “Ya se me bajaron los pantalones, que me los venga a subir Gustavo Granados. Ya se me bajaron los pantalones, a ver si me los viene a subir aunque sea Mario Guevara Palomino, el diputado de mayor peso en nuestro Congreso”. Triste pero así es, quizá sólo queda decir eso: ya nos bajaron los pantalones, quizá.
Publicado en
La Jornada Aguascalientes (13/01/2011)