diciembre 12, 2011

Primer informe: convertir ciudadanos en espectadores


Perdón por intolerarlos
Primer informe: convertir ciudadanos en espectadores

De las 15 páginas del mensaje que el gobernador de Aguascalientes realizó con motivo de su primer informe de su gobierno, una quinta parte está dedicada a los saludos y agradecimientos a quienes asistieron al Teatro a escuchar a Carlos Lozano de la Torre, principio y cierre del discurso son una muestra de que lo cortés no quita a valiente y al igual que hizo en su toma de posesión repite el gesto para mostrar que es un hombre agradecido, por supuesto, para enviar las señales pertinentes con quienes debe quedar bien, no es lo mismo que el titular del Ejecutivo estatal solamente agradezca la presencia de Fulanito a que se extienda llamando a Zutanito hermano, amigo, compañero de batallas; no es igual que a Perengano se le dé la bienvenida incluyéndolo en un grupo a que se le distinga con la referencia del apellido paterno y materno, todos los nombres y una suspirosa remembranza de cuando compartieron curul o banca en el jardín de niños; por supuesto, hay una gran diferencia entre formar parte de la bola a la que de antemano se ofrece una disculpa “por no poder mencionarlos a todos”, a ser uno de los invitados especiales a los que se distingue con una breve pero sustanciosa referencia a la trayectoria política. Y al final, tras una extraña salutación a los “héroes anónimos”, finalmente, el reconocimiento a los “ciudadanos”, acompañado de cajón y correctísimo “amigas y amigos”.
No es poca cosa que los ciudadanos aparezcan al final del discurso del gobernador, es una señal de que en el cumplimiento de los ritos anuales se ha olvidado cuál es el propósito de un informe de gobierno, una vez entregado el paquete de estadísticas y relación de hechos al Congreso estatal, le sigue la oportunidad de rendir cuentas a quienes gobierna, desaprovechada una vez más en el afán de lucimiento personal, la pura frivolidad, como define Mario Vargas en La civilización del espectáculo (Letras Libres, febrero 2009) al mal que hoy corroe a la política: “En la civilización del espectáculo la política ha experimentado una banalización acaso más pronunciada que la literatura, el cine y las artes plásticas, lo que significa que en ella la publicidad y sus eslóganes, lugares comunes, frivolidades y tics, ocupan casi enteramente el quehacer que antes estaba dedicado a razones, programas, ideas y doctrinas. El político de nuestros días, si quiere conservar su popularidad, está obligado a dar una atención primordial al gesto y a la forma de sus presentaciones, que importan más que sus valores, convicciones y principios”.
El análisis del mensaje de Lozano de la Torre, una vez rebasados los saludos y parabienes, es tarea difícil, mucho número y poca sustancia, al igual que el gobierno del Luis Armando Reynoso, esta administración rindió su capacidad de síntesis y eligió la metralla de las cifras abultadas, listas para ser colocadas en los espectaculares callejeros que hoy contaminan la visión con su fraseo triunfalista: superamos, millones, más que nunca, como nunca antes, somos los primeros… a esa ráfaga se le oponen realidades como ser la entidad federativa con la tasa de desocupación más alta del país (7.64 en octubre y 8.2% en el tercer trimestre de 2011) con una contundencia tal que no importan los gritos histéricos que en un intento de dar gato por liebre anuncian el “récord histórico de Asegurados Urbanos ante el IMSS” o que la oficina del Servicio Nacional de Empleo local haya pasado del doceavo al quinto lugar nacional; o bien, la tristísima presunción de fusionar los fondos de inversión productiva (Asunción y Aguascalientes) para crear el Fondo de Fondos, ¿de veras?, ¿eso es todo?, para eso le alcanzó a este gobierno en su intento por ocultar las cifras oficiales sobre ocupación y empleo, no es sospecha, es certeza, los medios de comunicación de Aguascalientes, confabulados o presionados, privilegian los boletines del gobierno estatal, las cifras de la entrevista de banqueta por encima de los datos oficiales, una táctica vil, por decir lo menos, la vieja costumbre priísta de ocultar la basura bajo la alfombra.
El resto del mensaje es absolutamente olvidable, una pieza pobremente redactada que muestra la desesperación por hacer pasar como logros la inercia del trabajo gubernamental, a grado tal que no queda más remedio que la confesión de que ha sido un año de aprendizaje, doce meses que ha empleado la administración para encancharse y comenzar a pensar qué va a hacer y una vez que lo sepa, entonces sí, ya lo veremos, vendrá el paraíso prometido, aunque en el slogan se indique “Esto es progreso para todos”. La apuesta de este gobierno es tratar a los ciudadanos como espectadores para que no cuestionen la falta de definiciones, los escasos hechos concretos y nos rindamos a las promesas.
En el texto de Vargas Llosa, hay una cita de Octavio Paz sobre las acciones de los políticos contemporáneos: “Pero la civilización del espectáculo es cruel. Los espectadores no tienen memoria; por esto tampoco tienen remordimientos ni verdadera conciencia. Viven prendidos a la novedad, no importa cuál sea con tal de que sea nueva”.
Entre las muchas infamias de las que se puede acusar al gobierno de Carlos Lozano (la procrastinación en primer lugar) resulta indispensable subrayar la actitud de esta administración con los medios de comunicación, el trato de lacayo que da a la prensa con el propósito de difundir una imagen triunfadora y así continuar relegando a los ciudadanos a su papel de espectadores. La absoluta falta de autocrítica y la sensibilidad de los funcionarios públicos ante cualquier señalamiento.
No basta señalar que la relación entre el gobierno y los medios de comunicación está “basada en el respeto absoluto a la libertad de prensa, expresión y crítica”, cuando todos los días se ejerce desde las oficinas de gobierno el poder del ninguneo al grito de “o conmigo o contra mí”, cuando se advierte por encima y debajo del agua que se debe cuidar la imagen del señor gobernador a cambio de seguir recibiendo el “apoyo económico” gubernamental, con tal de no ser relegado de la información o de plano relegado por ser un medio incómodo.
La uniformidad de la información en las primeras planas, la ausencia de crítica en los medios electrónicos y la homogeneidad del elogio constante al gobernador dan muestra del ejercicio autoritario de la censura a través de la presión económica, la falta de visión de la familia gubernamental y, por lo que se ve, no habrá salida, no al menos mientras desde el palacio estatal se siga pensando en que lo importante es parecer y no hacer. No mientras los medios de comunicación, ajenos a su función social, sigan pendiendo del subsidio gubernamental, acomodados en la molicie y no se busque cambiar la relación con el poder.
En el gobierno, no hay quien atienda las poquísimas llamadas de atención que desde algunas tribunas se hacen acerca de la necesidad de un cambio, las inversiones se siguen alejando de la entidad, cada vez son más las noticias que muestran que Aguascalientes no alcanzará los primeros lugares que alguna vez tuvo. Obnubilado por la necesidad de crear una imagen exitosa, la administración lozanista no está dispuesta a escuchar y, con ello, a aprender.
En los Escritos políticos y Vida de Castruccio Castracani, de Nicolás Maquiavelo (el autor de El Príncipe, favor de no confundir con El Principito) se advierte en el Discurso ante el Consejo Mayor de Florencia sobre la Provisión de Dinero: “Otros suelen hacerse sabios por los peligros de los vecinos; vosotros no aprendéis de los vuestros, ni creéis a vosotros mismos, ni conocéis el tiempo que perdéis y habéis perdido. El cual todavía lloraréis y en vano, si no cambiáis de actitud. Porque os digo que la fortuna no cambia donde no se cambia de orden; ni los cielos quieren o pueden sostener una cosa que quiere a toda costa arruinarse”. Al arranque del segundo año de este gobierno, ya sin el pretexto de que están aprendiendo, todo está por hacerse y las opciones de cambiar la relación entre ciudadanos y el gobierno, entre los medios de comunicación y el poder, no aseguran cambio alguno. Lamentable.

Publicado en La Jornada Aguascalientes (12/12/11)

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