noviembre 01, 2011

guardagujas: carta de presentación

Texto leído en la Mesa Revistas de Literatura de la 4ta. Feria Nacional del Libro y la Lectura de Morelia, Michoacán, en que guardagujas se presentó junto con Clarimonda y Los Perros del Alba:




uno: poema


La pareja

Apagan la luz y la pantalla blanca brilla

un momento antes de disolverse

como una pastilla en un vaso de oscuridad.

Las paredes del hotel se levantan hacia el cielo nocturno.

Los movimientos de amor han amainado y ellos duermen

pero sus pensamientos más secretos se encuentran como

se encuentran los colores y se mezclan

en el papel mojado del dibujo de un escolar.

Está oscuro y quieto. Mas la ciudad se ha acercado

esta noche. Con ventanas apagadas. Llegaron las casas.

Yacen de pie juntos en una muchedumbre, esperando

una multitud de rostros sin expresión.

* * *

La pareja

Apagan la luz y su sombra blanca

por un instante brilla trémula antes de disolverse

como una tableta en un vaso de tinieblas.

Y después se levantan.

Los muros del hotel se elevan hasta el cielo negro.

Los movimientos del amor se han asentado y ellos duermen

pero sus más secretos pensamientos se une como cuando

dos colores se juntan y fluyen uno dentro del otro

sobre el papel húmedo en que un niña ha hecho su pintura.

Todo es sombra y silencio pero esta noche la ciudad se ha reconcentrado.

Con ventanas a oscuras las casas se acercan a sí mismas.

Se yerguen unidas en una muchedumbre que espera,

una multitud sin expresión en sus caras.


dos: festival

La pareja es un poema de Tomas Tranströmer. La primera versión es de Homero Aridjis y Pierre Zekeli[1], mientras que la segunda traducción es de José Emilio Pacheco[2], me encontré con ella una vez que inicié la búsqueda de material del poeta sueco con que este año decidió la academia dar la sorpresa. No es que me importe mucho el Nobel, me parece un premio sobrevaluado y como a todos los reconocimientos le asigno el justo valor de permitir acercarse, conocer, descubrir, reconocer a algún autor.

Mientras leía la versión de Pacheco en une revista me envolvió esa sensación extraña de ya haber transitado por esas líneas, la impresión me estuvo persiguiendo varios días, hasta que no sé explicar por qué extraño mecanismo de la memoria o resultado de que impulso asocié el nombre de Tranströmer con el Primer Festival Internacional de Poesía.

Ese festival se realizó en Morelia del 17 al 23 de agosto de 1981, hubo sesiones especiales dedicadas a la Poesía Joven de México[3] y a la Michoacana[4]. Cito del libro “Participaron en total 28 poetas extranjeros procedentes de 23 países y 37 poetas mexicanos.[5] Hubo cerca de 35 horas de poesía en voz alta, en 19 idiomas, leída en lenguas originales por los poetas y en la traducción por los actores [Claudio Obregón y Beatriz Sheridan] (…) Varios de los poetas extranjeros allí reunidos, y presentados en estas páginas, fueron traducidos por primera vez al español; otros eran conocidos apenas por pequeños grupos enterados de los movimientos de poesía de nuestro tiempo”. Hace 30 años, estuvieron aquí Borges, Ginsberg, Günter Grass, y Seamus Heaney.

En la nota de la revista Proceso, José Emilio Pacheco señala que sus versiones son resultado de la urgencia y son “más un intento informativo y periodístico. “Desde luego, en la ignorancia angelical del sueco, parte de las versiones en inglés. ‘Poesía’, sentenció Rober Frost, ‘es lo que se pierde al traducirse’. Desde luego. Pero, como replicó John Frederick Nims, es más lo que se pierde al no traducirse”.

No puedo evitar pensar acerca de lo que se pierde y no en la poesía, sobre aquello que deja de estar en nuestras manos, mejor dicho, en nuestros sentidos cuando no se está en posibilidad de escuchar a los poetas. Si la poesía, en primer lugar, es canto, qué ganas de haber estado ahí, aquí, hace 30 años. Miro las fotografías incluidas en el libro publicado hace tres décadas, que es de donde tomé la segunda versión del poema de Tranströmer y tampoco puede evitar hacer referencia a las últimas palabras del replicante Roy Batty en Blade Runner, donde se lamenta en cómo se desvanecerán todas las cosas que ha visto, cosas que somos incapaces de imaginar, “Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”.


tres: poesía

Es difícil, muy difícil hacerse a la idea de todo lo que nos vamos a perder. Voy a tomar otra desviación, porque aunque no crea en ellas, me fascinan las coincidencias, además se duplican, primero el poema de Tranströmer y su relación con el Festival Internacional de Poesía muy cerca de la fecha en que recibimos la invitación a presentar guardagujas en la 4ta. Feria Nacional del Libro y la Lectura. Después, otra serie de lecturas de poesía relacionada con Morelia:

Hace unos días, asistí por gusto y convicción personal a las sesiones de la extensión en Aguascalientes del Encuentro de Poetas del Mundo Latino, encuentro que tiene su sede en esta ciudad. Iluso, le concedo demasiado a mi capacidad de asombro y la pongo a la disposición de quien se anima a presentar un libro, leer un texto, exponerse a través de un poema, se la entrego con la idea de que la posibilidad de establecer un diálogo no se debe desperdiciar, le concedo a la posibilidad de conversar una relevancia tal que a pesar de no ser fan de los poetas, creo que la poesía se lo merece.

Quien haya asistido a este Encuentro coincidirá conmigo en el placer de presenciar la puesta en escena de Juan Gelman leyendo, en la facilidad con que, ante las palabras de Tomás Segovia, uno se rinde al silencio reverencial, como quien descubre el milagro. En Aguascalientes el Encuentro duró tres días[6]. Fue posible escuchar a poetas de Argentina, Puerto Rico, Bélgica, Ecuador, Bolivia y Francia, otra vez, a Tomás Segovia y Juan Gelman. Pero para mí lo más importante que ocurrió en esos tres días, fue acudir a la mesa del martes 25, donde leyeron Arlette Luévano, Ricardo Esquer, Sofía Ramírez .y José Luis Justes (poetas de o en Aguascalientes).

Es posible que parezca exagerado, acabo de mencionar a dos de los poetas en español más importantes, ¿y lo que confieso es que me conmocionó más la lectura de cuatro casi desconocidos en el panorama literario nacional? Pues sí, debieron haber estado ahí para compartir la emoción, me explico, de pronto, por la calidad e intensidad de sus textos, Aguascalientes se volvió un lugar habitable, un sitio digno para vivir porque, por si hiciera falta decirlo, aunque la literatura no esté obligada a cumplir con una “función social”, en tiempos como estos difíciles, arduos, desesperanzados y desalentadores, la posibilidad de imaginar y compartir, de intercambiar ideas permite ocupar de una forma distinta un lugar en el mundo, impulsa a hacerlo nuestro.

La mesa de poetas de o en Aguascalientes me conmovió en especial por el trabajo de tres autores: Arlette, Sofía y José Luis.

Los textos de Arlette Luévano me perturbaron, en el sentido de alterar la idea que hasta hace poco tenía del trabajo de esta poeta, siempre he creído que Arlette es una poeta dedicada que trabaja sobre proyectos, leía su obra como la construcción de diversas casas en las que la autora se movía de acuerdo a su proceso personal, de Casi verde a Casa en ruinas. Edificios continuos y semejantes. Después de escucharla, descubro que hay pasillos que comunican esas construcciones. Arlette está construyendo una ciudad y visitar esas calles puede ser doloroso hasta la revelación. Estoy seguro que la consolidación de su obra, lo mejor, está por venir, con una voz propia y poderosísima.

Sofía Ramírez también está construyendo una ciudad, otra, porque sus libros tienen como constante ser mundos cerrados sobre un tema que desarrolla siempre con una mirada atenta a los detalles. Guías para viajeros (no turistas) que permiten adentrarse por las calles que permitirán descubrir la construcción extraña, esa que tiene una pequeña y engañosa puerta que se abre a un patio gigantesco donde se desarrollan las historias. Sofía tiene un don inmenso para el poema narrativo, invariablemente logra insertar una escena, una frase, que ilumina todo el texto, todavía me conmueve la precisión con que en uno de los poemas que leyó, el remate hace que uno fije la mirada en el segundo plano, donde unos niños murmuran en su absoluta inocencia una plegaria al dios que permite que las flores no se mueran.

Si el mundo se pudiera dividir en dos tipos de inteligencia poética, la whitmaniana (luminosa y explosiva) y eliotiana (refulgente y concentrada) José Luis Justes pertenecería a la segunda categoría. Aludo a la inteligencia porque Justes es un escritor excesivamente astuto, pareciera que lo ha leído todo, o al menos le gusta presumirlo. Los textos que leyó José Luis, considero, muestran la madurez de su voz, ha logrado decantar sus lecturas e influencias, encontró el tono que brinda al lector un camino para entrar a su visión del mundo. El desencanto y el cinismo de quien está de regreso y puede contar su experiencia.

Vivir en una ciudad así, con esos poetas, vale la pena.


cuatro: suplemento

Ahora trataré de unir lo que hasta ahora he compartido con ustedes.

El poema de Tranströmer lo encontré en una revista que todavía se preocupa por ofrecer una sección cultural a sus lectores, no solamente unas notas dedicadas al espectáculo. El haber leído una primera versión en un libro, reitero, es una casualidad que quise explotar por la visita a esta ciudad. La editorial donde se publicó la recopilación de estos poemas (Joaquín Mortiz) ha desaparecido, este volumen debe ser una especie de cosa extraña, para coleccionistas, uno de esos libros que se encuentran en las librerías de viejo, en ese sentido, la versión de Pacheco es la más asequible, es más sencillo hallarse con ella porque al responder a un interés periodístico gana en oportunidad. Gracias al desarrollo tecnológico, hoy, es más fácil dar con la versión de José Emilio Pacheco que con la publicada hace 30 años, no simplemente por las fechas, ahora los medios impresos están obligados a ofrecer a sus lectores ganchos que les permitan sobrevivir a la crisis.

Lo que les cuento acerca de los poetas que leyeron un martes en el Museo Posada, si me creen, si he sido capaz de compartirles la emoción de haber estado ahí, es posible que los impulse a buscar obra de estos autores. Arlette, Sofía y José Luis, los tres tienen libros publicados, cada uno más difícil de encontrar que el otro, si bien han ganado premios importantes, el problema mayor de la industria editorial, la distribución, hará que sea una especie de tarea titánica el que ustedes hallen Casa en ruinas, La sonrisa a un condenado a muerte o La inocencia del minotauro, además, en esos volúmenes no está lo más reciente de su obra, los textos que permiten calibrar el desarrollo de su trabajo poético. ¿Cuál es la opción? La misma que permitió encontrar el poema de Tranströmer: las revistas y suplementos literarios.

Parece mentira que como lectores permitamos que los medios, sobre todo los impresos, vayan haciendo a un lado la difusión de la literatura, que nos cambien las secciones culturales por espacios dedicados a la difusión del chisme del espectáculo, que cada vez sean menos las revistas literarias. Lectores hay, de eso estoy seguro, ¿por qué no ejercemos nuestro derecho a exigir la inclusión de esos contenidos en las publicaciones que compramos?

La obligación de un suplemento literario, de una revista, de una sección cultural (así lo creo) es facilitarles esa búsqueda, dar nortes, aspirar a convertirse en objeto de colección, no sólo por la experiencia sinestésica, además de compartir el placer, funcionar como referencia para el estudio y el análisis, en el poema que compartí con ustedes, sus versiones son la posibilidad de una conversación a partir de las diferencias entre la pantalla y la sombra blancas con que arrancan las traducciones y las distingue, un intercambio acerca de lo que es la poesía, qué se pierde, qué se gana en la traducción…

Hemos cedido el espacio a la banalización, al fuego fatuo de la reseña mercantil en el mejor de los casos, al chisme del espectáculo en el peor. Ahora se requiere que los lectores, ustedes, nosotros, otorguemos el lugar que merece en nuestras vidas esa posibilidad de diálogo.

Eso queremos hacer con guardagujas, esa es nuestra carta de presentación.


Publicado en el blog de guardagujas

[1] Tomas Tranströmer, Nobel de Literatura: “No capitulamos pero queremos la paz”. José Emilio Pacheco. Proceso 1823 / 9 de octubre de 2011.

[2] Antología del Primer Festival Internacional de Poesía Morelia 1981. Edición, selección y notas Homero Aridjis. Editorial Joaquín Mortiz. Primera edición, 1982.

[3] Los representantes de la poesía joven en ese entonces fueron Hilda Bautista, Herman Bellinghausen, Alberto Blanco, Coral Bracho, Sandro Cohen, Eduardo Langagne, Víctor Manuel Mendiola, Francisco Segovia, Francisco Serrano, Pedro Serrano, Mario del Valle, Verónica Volkow.

[4] La poesía michoacana estuvo representada por Gaspar Aguilera Díaz, Luis Arceo Preciado, Alberto Barragán Degollado, Luis Girarte Martínez, Frida Lara Klahr, Francisco Javier Larios, Héctor Jaime Madrigal, Ramón Martínez Ocaranza, Tomás Rico Cano, Anabel Rodrigo Cervantes y Lourdes Villanueva.

[5] Eugenio de Andrade, Katerina Anguelaki-Rooke, Homero Aridjis, Kofi Awoonor, Juan Bañuelos, Jorge Luis Borges, Pavel Botsu, João Cabral de Melo Neto, Pablo Antonio Cuadra, Alí Chumacero, André Du Bochet, Allen Ginsberg, Ulalume González de León, Günter Grass, Michael Hamburger, Seamus Heaney, Fayad Jamis, Mazisi Kunene, Jaime Labastida, Iván Malinowski, W.S. Merwin, Carlos Montemayor, Marco Antonio Montes de Oca, Elías Nandino, Dana Naone, Óscar Oliva, Vasko Popa, Tadeusz Rizewicz, Víctor Sandoval, Bert Schierbeek, Tomás Segovia, Jaime Augusto Shelley, Kasuko Shiraishi, Lasse Söderberg, György Somlyó, Marin Sorescu, Tomas Tranströmer, Ida Vitale, Cintio Vitier, Andrei Voznesenski, Ramón Xirau y Eraclio Zepeda.

[6] El domingo leyeron, en el Museo de Arte Contemporáneo N° 8 Tomás Segovia, Juan Gelman, Marco Antonio Campos, Víctor Sandoval, Jorge Boccanera, Vanessa Droz, Stefaan van den Bremt, Xavier Oquendo, Gabriel Chávez Casazola, Sylvestre Clancier, Eudoro Fonseca y Juan Carlos Quiroz. El lunes, en las instalaciones del CIELA “Fraguas”, Víctor Sandoval, Gabriel Chávez Casazola, Xavier Oquendo, Stefaan van den Bremt y Juan Carlos Quiroz, Jorge Boccanera, Sylvestre Clancier, Vanessa Droz, Marco Antonio Campos y Eudoro Fonseca. El martes, en el Museo José Guadalupe Posada: Arlette Luévano, José Luis Justes, Ricardo Esquer y Sofía Ramírez

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