
Perdón por intolerarlos
La calle es nuestra
Soñar no cuesta nada. Así que fácilmente se puede uno abandonar al ejercicio de imaginar la ciudad ideal, una ciudad mejor, que no esté en peligro de sucumbir a la desgracia por las malas prácticas de los gobiernos, la nula participación de los ciudadanos y, en general, el instinto depredador de los hombres.
En el sueño de esa ciudad muchas imaginaciones coincidirán en visualizarla como una urbe sin automóviles, en la que se puede ir de un lado a otro en bicicleta, la gente yendo y viniendo de sus centros de trabajo a los lugares de esparcimiento, de su casa a cualquier parte pedaleando, contribuyendo a un mundo sin contaminación.
En las tiendas se venderías coquetones timbres listos para instalarse en el manubrio con distintos tonos para hacer del paseo un recorrido musical, salpicar el medio ambiente con sonidos felices en vez de los odiosos claxon. Sería un lugar más seguro. De acuerdo con información del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes, en el país, las lesiones, discapacidad y muerte por causa de tránsito cuestan más de 120 mil millones de pesos al año y “son la primera causa de muerte en la población de 5 a 34 años de edad y la segunda causa de orfandad en México. Resultan en más de 24,000 muertes al año, 750,000 heridos graves que requieren hospitalización y suman más de 39,000 discapacidades al año”.
El uso extendido de la bicicleta como medio de transporte haría de la ciudad un sitio de convivencia, con espacio públicos amables. ¿Cómo no estar de acuerdo con iniciativas como las rodadas nocturnas que, en esta ciudad, todos los martes, logran que miles de ciclistas tomen la calle y la hagan suya?
El Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP, por sus siglas en inglés), que se define como “un centro global de buenas prácticas, especializado desde hace 25 años en transporte urbano, sustentable y equitativo” promueve la campaña “5% para la bicicleta”, bajo el lema: +viajes en bici –emisiones, el objetivo principal es que los gobiernos federal y estatales asignen cinco por ciento de sus presupuestos de egresos para fomentar el uso de la bicicleta entre los ciudadanos, piden que esos recursos se destinen al cumplimiento de tres estrategias: 1) Infraestructura de calidad, 2) Cultura, educación y promoción para la sana convivencia, y 3) Marco regulatorio para una ciudad segura y equitativa. El ITDP ha puesto en su página (http://tiny.cc/cfa01) la petición para que pueda ser firmada.
Al grito de la calle es nuestra, al menos una vez a la semana los ciclistas se apoderan de las vialidades por unas horas, con la participación entusiasta de funcionarios del gobierno municipal. Así, poco a poco, parece posible alcanzar el sueño de una ciudad amable.
Mentira.
El gobierno municipal de esta ciudad es una administración que en materia de convivencia social presume un estricto proceso de planeación, sin embargo, en los hechos funciona como una gerencia que vive de la ocurrencia, con un afinado sentido de la mercadotecnia proclama logros no comprobables, desde los 90 días 90 metas (que nunca se supo cuáles eran), hasta las rodadas nocturnas, sin olvidar el penoso caso de los grafiteros o el desquiciado festival de la ciudad que para celebrar el aniversario de Aguascalientes juntó una serie de actividades para “reforzar el sentido de pertenencia”. El chiste es presumir cantidad, no calidad.
En el caso de las rodadas, no basta otorgar el permiso para tomar las calles y colocar al frente de los ciclistas patrullas para que puedan, impunemente, paralizar las vialidades a su paso. Convivencia implica compartir elementos en común para que la comunidad cree una identidad común, que en el mejor de los casos tiene al bien común; beneficiar a un grupo por encima de otro no es la práctica más sana.
Tengo una bicicleta y la uso, pero no participo en las rodadas porque me parece que es lamer el atole que con el dedo regala el gobierno municipal, además mi idea de ciudad amable es una donde los peatones tengan la posibilidad de caminar por banquetas amplias sin que una noche de martes algún ciclista le espete: “actívate huevón”, como suelen gritar algunos de los entusiastas participantes de las rodadas. Aseguro que es una ocurrencia del gobierno porque el desarrollo de la ciudad sigue favoreciendo a los automóviles, y si no ahí están los puentes en el primer y segundo anillo de circunvalación, la extensión del tercer anillo y ninguna ciclovía.
Si fuera cierto el compromiso del gobierno municipal con la bicicleta como medio de transporte, ¿dónde están los carriles exclusivos, las adecuaciones a la vialidad, los señalamientos, la integración con las actividades educativas, comerciales, industriales y la red de transporte público?, ¿qué cultura se fomenta?
No basta recibir el Manual de ciclociudades por parte del ministro de la embajada de Holanda, hay que ponerlo en práctica; no es suficiente el anuncio de la construcción de 15 km de ciclovías y que se queden en declaración; pero claro, mientras la alcaldesa y el aspirante a sucederla en el cargo, Roberto Tavarez, secretario de Integración Social municipal, se puedan tomar la foto al frente de los ciclistas, qué más da que en la realidad no exista un compromiso tangible con una forma distinta de pensar la ciudad.
Mientras tanto, uno puede esperar una hora en el camión, detenido en el tráfico, obligado a formar parte de un embotellamiento (cientos de autos contaminando) mientras sin la mínima idea de convivencia, las autoridades festejan la ocurrencia de cerrar vialidades para el paso de los ciclistas, no unas cuantas, las más importantes y sin ninguna consideración para el resto del mundo, sin brindar opciones que permitan circular a peatones y autos, forzado a presenciar el díscolo pedaleo de los ciclistas que incitados por el engaño, creen que la calle es suya, cuando el espacio público es de todos.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (24/10/2011)
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