
Perdón por intolerarlos
En el imperio de la imagen
Un hombre se acercó a su compañera con la revista Proceso en la mano, el número 1823 del 10 de octubre que anuncia el texto Viaje a las entrañas de Octavio Paz, una entrevista de Rafael Rodríguez Castañeda a Enrique Krauze sobre su relación con el poeta.
El hombre muestra la portada: “¿Ves? Te dije que este guey era salinista”. Ella mira la fotografía en que Laura Cano captó a Carlos Salinas de Gortari y Octavio Paz y contesta: “A mí por eso me gusta más Sabines”. Ambos están esperando que anuncien la puerta por la que saldrá su vuelo, durante un largo rato él hojeará la revista, se detendrá en las fotos. Vuelve a llamar la atención sobre dos imágenes más: “Marie Jo, Paz y Salinas” y otra en la que aparece Emilio Azcárraga Milmo. Ella reitera: “Por eso te digo, yo mejor Sabines”.
Como también estoy esperando que anuncien mi vuelo tengo tiempo suficiente para ver que él no lee la revista, sólo pasa las hojas en busca de más imágenes, pero ya no muestra las fotos en que Paz aparece abrazado con Scherer o la del joven poeta con un libro en la mano recargado en un árbol. Como desconfío de las coincidencias espero la continuación de la conversación para saber qué más dice, por qué desestima a Paz y exalta a Sabines, qué es “eso” que lo hace preferirlo. Pero no siguen, se distraen, hablan de conexiones y tiempos de espera, del caos de vuelos retrasados por mal tiempo y cancelaciones, hasta que escuchan el número y destino que les corresponde. Se levantan con prisa, él toma la revista, la enrolla y mete en una bolsa lateral de la maleta de mano. Tengo la impresión de que no volverá a leerla.
Tocado por la coincidencia, regreso a mi lectura, el estupendo libro de Malva Flores, El ocaso de los poetas intelectuales y la “generación del desencanto” (Universidad Veracruzana, 2010), busco una referencia del primer capítulo, en una nota al pie sobre la división entre los intelectuales mexicanos y una pregunta a Carlos Pellicer sobre si son compatibles las ideas socialistas y la militancia priísta (p. 67), encuentro a Sabines, cito en extenso:
“La militancia política de Sabines, quien fuera primero diputado y luego senador priísta, fue siempre conocida. Resulta curioso advertir que estos poetas nunca recibieron los calificativos adjudicados, por ejemplo, a Paz (incluyendo, por supuesto, la quema pública de su efigie). En 1994, durante la aparición de la guerrilla zapatista y los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu, las declaraciones de Paz le valieron una andanada de nuevos denuestos. Nada así ocurrió con Sabines, que ese mismo año recibió la medalla Belisario Domínguez de manos del presidente Salinas. En aquella ocasión, el autor de ‘Los amorosos’ declaraba en su discurso: ‘Recibir esta medalla –y en este año precisamente– de manos del Presidente Salinas, a mí me enorgullece y me hace más solidario que nunca con sus propósitos de transformar al país, haciéndolo más real, más maduro y más actual […]. ¡Sí!, nos han lastimado. ¡Sí!, probablemente, han hecho daño emocional al mismo Presidente de la República; pero después de todo, finalmente, el Presidente Salinas entregará el poder con la conciencia del deber cumplido y en medio del aplauso convencido de los mexicanos”.
Unos días antes, un descubrimiento feliz: un amigo leyendo Asalto nocturno de Eraclio Zepeda, en una edición de la serie del volador de Joaquín Mortiz. Entusiasmado le pregunté que le había parecido, coincidimos en realzar sus virtudes como narrador, la precisión, el amor a la palabra. No recuerdo cómo fue que llegué al momento de contarle una imagen reciente que tengo de Zepeda, el escritor caminando solo por el pasillo de una feria del libro, sin nadie que lo reconociera, que lo detuviera para pedirle la firma de un libro, el comentario de uno de sus textos, su compañía. Me parece que esa soledad es resultado del desprecio que sufrió el escritor por haberse acercado al poder. En el documental Acteal: estrategia de muerte producido por el Canal Seis de Julio se dice: “Desde que Julio César Ruiz Ferro llegó al gobierno de Chiapas el 14 de febrero de 1995, con Eraclio Zepeda como secretario de gobierno, la entidad registró un promedio de 42 asesinatos de indígenas cada mes.”. Hace poco en un diario leí que llamaban a Zepeda “tamal de caca”, sólo porque sí, no había ninguna referencia a su trabajo literario, nada acerca de su desempeño como funcionario público, el insulto era gratuito, resultado de su colaboración con el gobierno.
No sé cuáles son los mecanismos que desatan el desprecio o el ninguneo a unos mientras que a otros, para usar una metáfora, que viven con el plumaje enlodado no se les recuerda de esa manera. Me queda claro que no necesariamente tiene que ver con la obra, basta la imagen mal intencionada o el rumor maledicente para calar en quienes buscan ídolos más que textos.
Entiendo, sí, que estos juicios tendrían que relacionarse con la congruencia entre el decir y el hacer. Entiendo también que cada vez se lee menos así la participación de los intelectuales en la vida pública, a la indignación ilustrada se le acota a la lectura de una fotografía. Ante esa actitud, la participación del intelectual en la discusión también se ha demeritado, no es necesario escribir, manifestarse, basta mostrar enojo y apego a las causas justas, alinearse a las demandas de la corrección política, enunciar un discurso que presuma de incluyente, solidario, tolerante. En el imperio de la imagen basta parecer. El disenso y la crítica razonados no están, literalmente, a la moda.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (17/10/2011)
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