octubre 10, 2011

Desnudo

Perdón por intolerarlos

Desnudo

En la primera plana de un semanario de nota roja la fotografía de un hombre desnudo. La policía municipal lo levantó tras haber perdido todo en el juego: la dignidad, el dinero, incluso la ropa, era obvio que el semanario de nota roja lo presentará desnudo, ¿de qué otra manera subrayar la moraleja con la que se escudan estas publicaciones para mostrarnos lo más desagradable de la comunidad? El juego es un pecado, vocifera la fotografía, puedes perder hasta la camisa.

Los periódicos amarillistas (que en el caso de Aguascalientes son los mismos que dedican sus páginas a la nota roja) se abrogan la voz del colectivo para establecer lo que está bien y lo que está mal, no desde un punto de vista ético, sino desde el moral. Exhibir a los parias, a los imperfectos, a los ladrones, a los excluidos, a los asesinos… se basa en una nada sutil lección de cómo debería ser la sociedad, se pinta una raya entre lo “bueno” y lo “malo”. Como en los circos: pase y vea a la malvada mujer que por engañar a su marido o desobedecer a sus padres fue castigada convirtiéndose en araña. Un espectáculo deprimente al que sólo se puede asistir con morbo.

Lo lamentable es que esa línea que divide el bien del mal refleja un arraigado odio a la diversidad, una furia ignorante contra todo lo que es diferente, por lo que esas publicaciones funcionan a partir de propagar el odio a lo distinto, discriminan y señalan, mezclan al criminal y al homosexual, por ejemplo, porque para esos editores son lo mismo: errores de la naturaleza.

Si en algún momento esa clase de publicaciones tuvieron una función social, quizá la de advertir acerca de las consecuencias de la descomposición que sufre la comunidad a causa de la violencia y el crimen, esa tarea se ha dejado a un lado para levantar en esas páginas una trinchera desde la que se defienden los valores de la gente buena, hábitos, costumbres, tradiciones y creencias que tienen como centro el odio y la exclusión. De ahí que junto al asesino se muestre al homosexual, en la misma página el asaltante y al alcohólico, no se hacen distinciones, todos son igual de malos.

En una conferencia durante la Feria Universitaria, Beatriz Pagés señaló que el crimen organizado ha ganado terreno en los medios, para explicarlo mencionó algunos cálculos en los que se indicaba que en México, antes de cumplir los 12 años, un niño ya ha sido expuesto a ocho mil asesinatos y a cien mil actos de violencia, ya que los contenidos de nota roja ocupan entre el 60 y 70 por ciento de los espacios noticiosos, “la muerte se ha convertido en un espectáculo” y con ello, los medios de comunicación en cómplices de la violencia.

¿Quién merece vivir en una ciudad así? Al parecer todos nos hemos ganado esa obligación, no necesariamente por quienes desde los medios difunden su imagen de un mundo ideal mostrando imágenes terribles del castigo que nos espera si no somos buenos, también las autoridades tienen su responsabilidad y por miedo al chantaje, irresponsabilidad, pero sobre todo por ignorancia (ese dejar pasar que basa sus tiempos en los periodos electorales, en las preferencias de los votantes) permite la distribución de esas imágenes.

Porque detrás de esas fotos y textos elaborados desde la ira, esa provocación inútil, está la permisividad de las autoridades. Atrás del hombre obeso, humillado, expuesto, denigrado, hay una lona que proclama: seguridad pública/la ciudad de todas y todos. Esa es la imagen de la nueva política en Aguascalientes. Tras la exhibición hay una confabulación entre el fotógrafo que va tras la nota y el funcionario público que expone a un detenido así.

Al mismo tiempo que la fotografía en primera plana de un hombre sin ropa evidencia la complicidad de los medios de comunicación con los actos de violencia, deja al descubierto la falsedad del discurso del gobierno municipal. En la presentación del Programa de seguridad y convivencia ciudadana, la alcaldesa de Aguascalientes, Lorena Martínez, declaró que estaba decidida a reducir la violencia y la delincuencia a tras de la “reconstrucción del capital social, la efectividad y la confianza institucional”, indicó que se habían elaborado diagnósticos y que, ahora sí, se habían diseñando formas de intervención directa para la “erradicación de la violencia directa, estructural y cultural en Aguascalientes”, la permisividad y asociación con la prensa amarillista pone de manifiesto lo hueco de las palabras.

Ni hablar de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, bien pertrechado en su Plan de trabajo, el ombudsman Omar Williams López Ovalle bien puede dedicar su tiempo a pasar inadvertido y leer la nota roja porque lo único a lo que lo compromete su programa es a vigilar, recoger, investigar y dar seguimiento a las denuncias, con el pretexto de que nadie se queja, fomenta la impunidad tanto de los medios como del gobierno. Total, qué más da un encuerado en la primera plana, ¿a quién puede dañar?

Ante la puerta del infierno de Dante (Canto III, Divina Comedia), Virgilio explica que han llegado al sitio de las gentes doloridas que perdieron el bien del intelecto. En lo alto de esa puerta se puede leer “Abandone toda esperanza, aquel que entre aquí”, una vez traspasado el umbral, el poeta se deshace en llanto, aterrorizado por el sonido tumultuoso de “Diversas lenguas, horridas blasfemias, palabras de dolor, acentos de ira, roncos gritos al son de manotazos”. Uno entiende que la única reacción posible sea ese tipo de llanto, es el desconsuelo, de quien lo ha perdido todo, incluso la esperanza.

Nada más devastador que perder la esperanza, eso es vaciar a un hombre incluso de su capacidad de soñar, dejarlo sin el aliento necesario para convencerse de que, a pesar de todo, el cambio es posible.

Publicado en La Jornada Aguascalientes (10/10/11)

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