septiembre 06, 2011

Tony Soprano en el gabinete de lectura

Tony Soprano en el gabinete de lectura

Cuando uno dice “recuerdo perfectamente” miente, toda evocación se funda en una mentira con la que se va adornando un recuerdo para hacerlo útil, con la ficción se le envuelve con una capa que lo hace eficaz, se logra que sirva, al grado que se pueda usar para fundar una identidad. Así que comenzaré mintiendo para bordear el Caldo de buitre de José Jaime Ruiz.

En el poema dramático Los Reyes, de Julio Cortázar hay una escena bellísima, la recuerdo perfectamente: el Minotauro se inclina ante Teseo y se ofrece a la espada del salvador de Ariadna, sacrifica la testa porque ha comprobado que el otro no puede ser más que un joven y estúpido héroe, sólo eso. A esa terquedad se rinde el monstruo y permite que se cumpla el destino que ha de regresar a Ariadna de la mano de Teseo, aunque eso no fuera lo que ella quisiera. Cuando recuerdo esa obra de Cortázar, me da por pensar en todo lo que Ariadna deja atrás, los cuadernos del Minotauro, por ejemplo, los folios donde el monstruo escribía los poemas que recitaba a las vírgenes que le sacrificaban. Este libro de José Jaime es eso: la bitácora de un monstruo, en el encuentro la misma actitud cínica, soberbia, desencantada del Minotauro de Cortázar, que a pesar de saber que el destino de Ariadna será ser abandonada en Naxos, que él no merecería morir así, al momento de enfrentar a Teseo, la experiencia le hace inclinar la cabeza e inmolarse.

Caldo de buitre, esta bitácora del monstruo, va del aforismo al axioma, en sus páginas salta juguetón Perogrullo entre breves y máximas, va de la sentencia al adagio, sin olvidar por supuesto el verso poderoso y el poema, esos son los territorios que ofrecen estas páginas.

Digo que es la bitácora de un monstruo no sólo por relacionarla con la versión cortazariana del minotauro, también por su condición híbrida. Para definir lo que consiguió José Jaime es más sencillo partir de la negación, Caldo de buitre no es un poemario, aunque presente poemas o trazos para uno:

Y bajo el sol de su nombre endemoniado

De nuevo el sueño

como termina uno de los incluidos en el libro segundo; no es tampoco un libro de varia ficción, aunque contenga varias que se acercan al sentido del humor y sarcasmo de Arreola, a pesar de que en más de una ocasión apueste a generar una explicación del mundo, ese mito fundacional con que algunos escritores justifican su vocación:

En el principio fue el Verbo, cierto y aquí el Verbo, la palabra inútil, tiene los ojos desorbitados

se nos dice en la historia del Hombre Marlboro del libro cuarto, y así podría ir enumerando todo lo que no es mostrando que lo contiene, pero no acaba de definirlo; una más, sólo por no dejar, no es un libro de entrevistas, aunque en sus páginas se pueda leer “25 instantáneas de José Jaime Ruiz o que se quede el infinito sin estrellas”, una conversación con Héctor Alvarado, ping pong donde el intercambio brinda la oportunidad para que el autor se muestre no sólo irreverente sino encantadoramente sangrón, soberbio:

-¿Crees en las maravillas del erotismo?

Soy un oficiante de la Orden de Caballeros de Bataille

O bien:

-¿Qué te escandaliza?

La decencia como ineptitud

no concluye la entrevista, se diluye, no hay final preciso en que se marque un línea que permita hacer la diferencia entre un texto y otro, todo es discurrir, y tanto estímulo se agradece.

En una de las páginas de El gabinete de un aficionado de Georges Perec encuentro una línea que enriquece mi concepción de la bitácora de un monstruo, escribe Perec: “un proceso de incorporación, de un acaparamiento: al mismo tiempo proyección hacia el Otro, y Robo, en el sentido prometeico del término.”

Esta es una característica de Caldo de buitre, la capacidad del autor de apropiarse de todo, la mirada que abarca.

En algunas reseñas se ha subrayado que en este libro conviven las lecturas del poeta, y sí, ahí están Borges, Lispector, Goethe, Montaigne, Heráclito, Paz… sería sencillo hacer una lista de grandes nombres, es posible recorrer las lecturas que invaden la cotidianidad del poeta, a veces con la extraña sensación de que la búsqueda en esos libros es un deseo de confirmación, más que un búsqueda de respuestas; al final quedaría la sensación de que Caldo de buitre es entretenido, inteligente y divertido (primordialmente esas tres cosas) por que anda en hombros de gigantes, con esa fórmula es difícil errarle, y se dejaría a un lado la capacidad de José Jaime para lograr el cruce de referencias culturales de todos los ámbitos y niveles, combinarlos sin distinguir su origen:

Con un tango en mis ojos

Alcé mi copa y brindé por ella

Otra

En efecto, me estoy Proustituyendo

Aunque no viene al caso, quizá por eso mismo, para rendir tributo al espíritu que caracteriza los once caóticos libros en que se divide en libro, me permito el entusiasmo de compartir otras breves:

La rutina salvaje del aburrimiento.

Ella en quien piensas es la que mejor te ha odiado, porque te ha odiado con ternura.

Nunca te prepares para el futuro… prepárate para el pasado.

Sí, la Tierra está enferma, orante, está enferma de ti.

Que mi entusiasmo citador no los engañe y se vea en Caldo de buitre un manual de superación o un hibrido (otra vez esa palabra) que se presenta así para ofrecen un texto de autoayuda, no lo es y pocas cosas estarían más alejadas de esa intención. Este libro se mueve en un ámbito antagónico al del resumen, al de la síntesis que digiere para facilitar, por el contrario, lo que José Jaime consigue es concentrar para estimular, provocar:

La pornografía no nos libera del sexo, nos libera de la cacería.

¿cómo no iniciar esa conversación después de tal declaración?

Paréntesis

No conozco a José Jaime, mi incipiente stalker apenas me ha permitido un par de fotos de su Facebook, tampoco he leído La cicatriz del naipe, el poemario con que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde en el 2006 (obra que él mismo censuraría), jamás he cruzado una palabra con él, por lo que la única referencia que tengo de este poeta es lo que ha escrito en Caldo de buitre y cada vez que lo pienso, junto con la banda sonora que acompaña ese pensamiento aparece la secuencia inicial de la serie The Sopranos: el ruido de la aguja sobre un disco de vinil, la voz susurra, amenaza, que ahora sí nos llevará abajo, al límite, deep down y comienza la canción: te levantaste esta mañana, tienes una pistola, tu mami siempre dijo que tú eras el elegido. Tony Soprano maneja en su territorio, hacia su territorio, prende un habano, eres uno en un millón, fuma indolente, dueño del mundo… Eso es también Caldo de buitre, el wise guy con ataques de ansiedad, el estratega que despacha en la calle, asesina a quienes lo traicionan y se conmueve ante la muerte de un caballo, el astuto que tortura con el show de Dean Martin a todo volumen mientras mira el History Channel.

Ahora conozco a José Jaime, evidentemente, no es Tony, pero su Caldo de buitre sí que lo es, este libro se corresponde en actitud con el protagonista de la serie.

Fin del paréntesis

Ya hacia el final. La primera vez que comenté este libro, me dijeron después de hojearlo: mta, otro libro de esos. Imagino que refiriéndose al tendajón mixto que lo conforma, donde todo cabe y nada es desechado.

La primera vez que dije algo sobre Caldo de buitre fue esa ocasión: lo estoy disfrutando mucho, es un libro endemoniadamente astuto, a lo largo de la oncena de capítulos que lo conforman, sí, hay altibajos, a veces las voces no logran integrarse de la mejor manera y se le notan las costuras y no todo en estas páginas de caos llega a cohesionarse del todo y, sin embargo, y este pero es importantísimo: en realidad no importa, lo realmente relevante es el viaje alrededor de la biblioteca de José Jaime.

Si bien a veces el Tony Soprano que es Caldo de buitre me desespera, me inquieta, me incomoda, el viaje es atractivo, algunas veces la insistencia en la cita culterana te hace sentir como el perrito que salta alrededor de Spike queriendo ser su amigo, pero la más de las veces, mientras subimos el volumen al estéreo y nuestras mamis dicen que sí, que somos los elegidos, disfrutamos una conversación inteligentísima, como estar en el gabinete de un lector voraz pero con la capacidad de meter el pie al acelerador.



Texto leído en la presentación de Caldo de Buitre

Casa Terán

Martes 23, agosto 2011

Fotografías de Gerardo González @ La Jornada Aguascalientes

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