septiembre 12, 2011

Pieza de convicción

Perdón por intolerarlos

Pieza de convicción

Para Sarahí Cabrera y Cristian de Lira, porque les tengo fe.

Somos lo que recordamos y cómo lo recordamos. Sin memoria no hay pensamiento, ¿qué nos definiría de abandonarnos al olvido?

Somos, primero, las notas que el tiempo inscribe en la exquisita partitura del íntimo decoro: un reflejo en la mirada de los padres; la complicidad de los hermanos; la fortaleza de los amigos; el atisbo arrobado al rostro de una niña sin nombre; el sabor de un dulce que nunca volveremos a probar; un beso infantil que mejora en el recuerdo; uno o dos maestros que nos hostigaban y otros que nos encaminaron; la caricia que fue más allá; una noche de excesos; una madrugada de confidencias; la primera vez que nos abismamos en el otro como si fuera para siempre; un atardecer lejos de casa; el esplendor de una boda; el abandono de unos tenis rojos por zapatos de vestir; la turbación de un divorcio; el dolor inexpresable de la muerte en la familia; un secreto compartido caminando en una ciudad extraña; una infidelidad que se alimenta de futuros imposibles; el balanceo desconsolado en un columpio nocturno del que te rescata un amigo…Eso, de maneras y referencias similares, con bandas sonoras distintas para cada uno, somos en primer lugar.

Después, somos el jugo que salpica al cortar un gajo a la naranja de la epopeya, el zumo que por destilación deja la historia en nuestra partitura. Sin pensamiento no hay historia, recordar dónde, con quién y qué hacíamos al paso de las olas civiles:

La imagen granulada que en junio de 1979 transmitió el noticiario nocturno con la ejecución de Bill Steward a manos de la Guardia Nacional somocista; el conductor del autobús que se deshizo en llanto una día de diciembre de 1980 cuando en la radio anunciaron el asesinato de John Lennon; el segundo exacto en que el pánico se apoderó de una voz que intentaba minimizar el desconcierto que inició a las 7:15 del 19 de septiembre de 1985; el paso de la esperanza al desaliento la noche del 6 de julio de 1988; la fascinación ante la foto de Rostropovich interpretando las Suites para Cello de Bach al pie del Muro de Berlín en noviembre de 1989; el intento por descifrar lo que la visión nocturna mostraba al inicio de la Operación Tormenta del Desierto y los bombardeos; el silencio fascinado y colectivo de quienes observamos el eclipse solar en julio de 1991; la locura de Erika Vextler anunciando desde Tel-Aviv: Nos están bombardeando, Jacobo, ¡es un ataque nuclear, Jacobo, nuclear!; un discurso en la conmemoración de los 25 años del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas; la sorpresa del primer día de enero de 1994 y el anuncio del levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas; el inconsolable lamento de alguien exigiendo confirmar el anunció de la muerte de Colosio el 23 de marzo de 1994; la conmoción de mi hermano cuando me dijo que Kurt Cobain se había suicidado; el “Todos nosotros somos más que vos” con que Porfirio Muñoz Ledo contestó el informe presidencial de Ernesto Zedillo el 1 de septiembre de 1997; la absoluta soledad de la mañana del 20 de abril de 1998 y la noticia de la muerte de Octavio Paz la noche anterior; el aliento contenido en las pausas de la cuenta regresiva entre la última noche de 1999 y la primera del 2000; la multitud en el Ángel de la Independencia transformando la ilusión en euforia la noche del 2 de julio del 2000; y hace diez años, la mañana del martes 11 de septiembre, paralizado ante las imágenes del impacto del vuelo 11 de American Airlines con la Torre Norte y el del vuelo 175 de United Airlines contra la Torre Sur, los eternos 12 segundos que ambas tardaron en colapsar, la certeza de que el mundo, todo, el del íntimo decoro y las olas civiles, eligió un sendero sinuoso para arrancar el Siglo XXI.

Somos lo que recordamos y cómo lo recordamos, nuestra memoria establece puntos de referencia en la Historia para apuntalar la historia de cada uno.

En el prólogo a Pequeña crónica de grandes días Octavio Paz escribió: “La historia no es un absoluto que se realiza sino un proceso que sin cesar se afirma y se niega. La historia es tiempo; nada en ella es durable y permanente. Aceptarlo es el comienzo de la sabiduría”. Aunque nací en el siglo pasado (quizá por eso) creo que la aceptación de la que habla Paz no se refiere al hecho simple de aprobar sin oposición lo que se recibe, sino que está compuesta de entendimiento, de inteligencia, una memoria que accede al pasado para conocerlo más allá de la superficie, aceptar pues como un acto de interpretación que acerca al otro, a los otros.

Con motivo de la conmemoración de los diez años del ataque terrorista he intercambiado con gente más joven que yo, busco en sus opiniones puntos de encuentro que me aclaren si mi interpretación del 11 de septiembre de 2001 como inicio del Siglo XXI tiene fundamente, si creen o sienten que su vida es distinta a partir de ese hecho; busco su conversación para descifrar si mi percepción de que hemos dejado a un lado el cuidado de las garantías individuales a cambio de la promesa de seguridad es cierta o no. He fracasado, a ellos les preocupan otras cosas que no alcanzo a asimilar del todo, lo que los motiva es otra cosa que tampoco alcanzo a descifrar.

Ese es el motivo de que escriba esta pequeña pieza de convicción, estos son algunos de mis argumentos, quiero entender a quienes vienen después de mí, quiero saber de quienes nacieron posteriormente porque creo que sólo en esa conversación es posible afrontar lo que viene. Es inútil repetirles que ellos son el futuro, creo indispensable hacerles saber que ellos y nosotros lo hacemos juntos, que la única sabiduría lícita es la que nace del diálogo y se transforma en acción.

Esas fechas y sensaciones son mi memoria y convicción, están en la mesa, en espera del intercambio, separados del mundo los recuerdos son simple nostalgia, en conjunto establecen lo que podemos ser, ahí es donde tocamos al otro, donde el acto individual sí genera un cambio.

Publicado en La Jornada Aguascalientes1,000 (septiembre 12, 2011)

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