septiembre 11, 2011

9/11 Diez años

Editorial de La Jornada Aguascalientes dominical

Inicio del milenio

El Siglo XXI bien pudo iniciar en la madrugada del 1 de enero del 2000, cuando gran parte del mundo se encontraba al pendiente de los efectos del error del milenio. A la costumbre de los programadores de omitir los números que indicaban la centuria y así economizar recursos para el almacenamiento de fechas se le denominó Y2K, las consecuencias de esta omisión fueron mínimas, por no decir nulas, en relación a los efectos potenciales esperados; más allá de la anécdota, la aprensión provocada por el posible colapso de los sistemas basados en computadoras, los miles de millones de dólares que se gastaron en corregirlo, pero sobre todo el tiempo dedicado al análisis e investigación de la tecnología, dan cuenta de que en algún momento nuestro presente pudo ser distinto, con la atención centrada en el desarrollo tecnológico, una disposición más acorde al vértigo que caracteriza a los avances tecnológicos de este milenio.

No fue así. El Siglo XXI comenzó hace una década, con el ataque terrorista a las Torres Gemelas, ese es el vértigo que marca el arranque de este milenio. Una transición de 102 minutos, tiempo que tardó en caer la Torre Norte (56 la Torre Sur) o bien, los 12 segundos que ambas tardaron en colapsar. Ese es el aturdimiento que nos caracteriza.

Diez años después.

Miles de muertos: 2 mil 973 personas, 2 mil 602 en Nueva York muertos tanto dentro de las torres gemelas como en la base de las mismas, y 125 muertos dentro del edificio del Pentágono; 1 millón 506 mil 124 toneladas de escombros removidos del sitio donde cayeron las Torres Gemelas; 95 mil millones de dólares después perdidos por la ciudad de Nueva York incluyendo la pérdida de empleos, la disminución de ingresos por impuestos, los daños a la infraestructura y el costo de la limpieza, o tras 40,2 miles de millones de dólares en pagos por materia de seguros relacionados con el 11 de septiembre; o los 10 mil millones de dólares perdidos debido al cierre del espacio aéreo ese 11 de septiembre y las restricciones impuestas tras los ataques; o en otras cifras: al menos 125 mil civiles muertos (más los que se sumen) a causada de la intervención de Estados Unidos en Irak; o el gasto de Estados Unidos de 3, 2 y 4 billones de dólares en las guerras de Irak, Afganistán y Pakistán.

Teorías de la conspiración

Entre los jóvenes, la pequeña porción de este sector que está interesado en el tema, la mención de lo ocurrido el 11 de septiembre de hace diez años, invariable e inmediatamente provoca una reacción de escepticismo, a pesar de que durante esta década se han realizado múltiples reportes oficiales, investigaciones del Congreso de Estados Unidos, reportes del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, así como de la Comisión del 11 de septiembre y ninguno de ellos ha encontrado pruebas que confirmen alguna de las muchas teorías de la conspiración que abundan en la red, todavía hoy el reflejo primero es el de mencionar que hay algo oculto, que no se sabe la verdad. A diez años, el recelo es una constante, es más fácil (y atractivo) señalar que la verdad está allá afuera, que argumentar.

No importa que, hasta el momento, como indicó Steve Evans, corresponsal de la BBC en el programa Have your say “Hay una completa, obvia, simple y racional explicación para lo que ocurrió el 11-S. Esto es que 19 personas con motivaciones fundamentalistas islámicas secuestraron los aviones para estrellarlos en las Torres Gemelas y el Pentágono”.

Gran Hermano

Un dato más, también de la BBC: Clear Channel Communications, una organización que maneja más de mil 170 estaciones de radio en Estados Unidos, compiló una lista de 165 canciones con “letras cuestionables”, las cuales recomendaba no hacer sonar en el corto plazo. Entre ellas Highway to Hell de AC/DC.

¿Cuántas otras restricciones se tienen hoy en día?, ¿cuánto hemos aprendido a etiquetar como “cuestionable”? Diez años han bastado para acostumbrarnos a comprender, incluso fomentar, las prohibiciones, a condicionar las libertades y garantías ciudadanas, no sólo en territorio estadounidense, en esta materia, no hay fronteras físicas que valgan.

Ese es el signo de este Siglo XXI, su partida de nacimiento la USA Patriot Act, ley “patriótica” que en aras de combatir el terrorismo amplió la capacidad del Estado norteamericano y sus agencias, les otorgó mayores poderes de vigilancia y promulgó nuevos delitos. La respuesta internacional fue endurecer las leyes antiterroristas.

Una década conviviendo y alimentando al Gran Hermano en aras de la seguridad. El Siglo XXI nació con los ojos atónitos y fijos en una pantalla, mirando el vuelo 175 de United Airlines acercarse la torre sur del World Trade Center, mientras alguien grita: Oh my God, oh my God, oh my God!

Un milenio que pudo tener como punto de partida la atención decidida en el desarrollo tecnológico tiene en cambio ojos que da pánico soñar, los ojos de Los hombres huecos de T.S. Eliot (en traducción de Jaime Augusto Shelley):

Ojos que no me atrevo a mirar en sueños

En el reino del sueño de la muerte

Allí no aparecen:

Allí, los ojos son

Rayos de luz sobre una columna rota

Allí, es un árbol que se agita

Y voces

En el viento cantando

Más distantes y más solemnes

Que una estrella que se apaga.


Y la injerencia del Estado en la intimidad de los ciudadanos es cada vez mayor.

Diez años ha... si de algo sirven las conmemoraciones, que no permitan el olvido, pero sobre todo que nos acostumbremos a la intrusión del Gran Hermano.

1 comentarios:

Libia dijo...

Bendita Navaja de Ockham. Usted tiene razón, nos mantenemos escépticos o argüimos que hay "algo ahí" que no se ha develado como verdadera causa, pero si nos preguntan ¿qué?, nunca tenemos una respuesta con fundamento.
Triste inicio de milenio el nuestro, no sólo por los muertos (en estos días las cifras de muertos compiten entre sí de forma aterradora), sino por el fascismo soterrado, ese que, como el diablo del que hablaba usted la semana pasada, nos convence de que no existe.
Triste inicio y triste panorama.
Ah, la cita de Eliot es muy fuerte.

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