
Perdón por intolerarlos
Cultura: tratar con adultos
Alejandro Poiré, vocero y secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional, asegura que no se debe ser indiferente ante el tema de los narcocorridos, tácitamente asume que el gobierno debe prohibir la difusión de este tipo de música con el argumento de que el combate al crimen organizado no sólo consiste en el despliegue de la fuerza pública, que también es una “lucha cultural” cuya apuesta es que no se permita a los “homicidas, secuestradores, extorsionadores y traficantes de drogas se apropien de la música norteña impregnándola de letras que pretenden naturalizar y legitimar su actividad, que en todos los sentidos es criminal”.
En su blog (http://tiny.cc/d1rpi), el vocero se apura a concluir que el asunto no es un tema de censura, porque no es un tema de moral sino un asunto de “legalidad y de poner un alto al crecimiento de la cultura de la indiferencia y de la violencia. No podemos permitir, como gobierno y sociedad, que los delincuentes invadan impunemente también las esferas culturales para normalizar sus crímenes, debilitar nuestros esquemas de valores y obstaculizar la construcción de una cultura de la legalidad que tanta falta nos hace para alcanzar la auténtica seguridad”.
Por supuesto que es un tema de censura, con todo y que se trate de justificar con la intención de mejorar la seguridad de los ciudadanos. El argumento del vocero es la misma sin razón que proclama la ecuación sexo, drogas y rock and roll, o el que culpa a las películas violentas del comportamiento errático (por decir lo menos) de los jóvenes.
Se trata de imponer un criterio sin matices a la idea de cultura. Basarse en un criterio extremista para condenar o impulsar las expresiones culturales a partir de calificarlas de buenas o malas. Un modelo excluyente y engañoso.
La prohibición de los narcocorridos es la expresión más visible de este modelo, pero se extiende hacia otras formas de conceptualizar la cultura por parte de las autoridades, se refleja en los programas culturales y la forma de difundirla.
En el caso de Aguascalientes, el director del Instituto Cultural cree que “no puede haber un secuestrador, un asesino o un ratero que haya sido capaz de oír la Novena de Beethoven, sólo que sea un sicópata, quien ha probado la felicidad del arte, buscará canalizar su vida por el bien de los demás y en mejores condiciones” (http://tiny.cc/wvyje), en este esquema simplón de los beneficios de la cultura, está prohibido cambiar una pieza de Beethoven por una de los Tucanes de Tijuana o los Huracanes del Norte, una es “buena” y otra es “mala”. Los efectos negativos de esta forma de pensar se traducen en el apoyo a ciertas manifestaciones artísticas y el desprecio por otras.
Lo mismo sucede con el Instituto Municipal Aguascalentense de la Cultura (IMAC), que bajo la apuesta de apoyar las manifestaciones de la cultura popular condena sus actividades a sólo un aspecto, claro, envuelto en un discurso ambicioso que indica que el IMAC parte de la idea de brindar servicios culturales “transversalizados” por tres ejes; cultura de no violencia, derechos humanos y cuidado del medio ambiente.
Así, la cultura en Aguascalientes se encuentra en los extremos. Más mal que bien ambos organismos proponen una cartelera de actividades culturales, reitero, sesgada por esa visión extremista de la cultura, mal que bien la sociedad podrá aprovechar los eventos programados y disfrutar un día de un concierto de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y al siguiente de un concierto callejero de ska, de la exposición de Herrán y del grafiti, pero lo que seguirá faltando es una política pública que genere públicos.
En ambos casos se trata de imponer una idea (pobre) de lo que es la cultura, porque ambos organismos han dejado a un lado al público, ni el ICA ni el IMAC consideran que es su responsabilidad crear, impulsar, públicos. Generar las condiciones para que niños, jóvenes y adultos tengan la posibilidad de asistir como espectadores a lo que ellos decidan.
Un organismo navega en la inercia y lloriqueo de no tener presupuesto, el otro infla su programación envolviendo en “cultura popular” cualquier cosa, o bien, ofrece generosísimo apoyo de ser incluido en una cartelera y la impresión de unos cuantos carteles. Nos seguirán chamaqueando, en ambos casos, ninguno trata a sus audiencias como adulto.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (junio 20, 2011).
0 comentarios:
Publicar un comentario