mayo 17, 2011

perdón por intolerarlos: lector de nota roja

Perdón por intolerarlos

Lector de nota roja

No sé qué busca el lector de nota roja. Sigo sin entender qué motiva a mirar una tras otra las imágenes de los hechos violentos que entre más explícitas más venden. No comprendo a ese lector al que no le bastan las palabras y requiere la fotografía más cruda, la de los detalles del desfigurado, el acercamiento al nudo que aprieta las manos, el orificio quemante de la bala en el pecho.

Ese tipo de lector, creo, no busca información, ni requiere un seguimiento a la nota, le basta el hecho, sin detenerse a pensar en las causas o consecuencias. No necesita pensar en cómo se liga una cosa con otra, sólo consume la narración instantánea del pánico y hace a un lado los nombres. También creo que lo que le queda de su lectura es una anécdota simple y mala, que impide relacionar ese hecho con su mundo: Enfermos violan adolescente, Banda de menores robacarros, Asesino borracho, Malnacido golpeó a su madre, Los mataron por narcos…

A esa lógica se acoge el Procurador de Justicia del Estado de Aguascalientes, Felipe de Jesús Muñoz Vázquez, para resolver el asesinato de Miguel Capuchino Barrón Emanuel Josafat Cruz Zamarripa, fue un ajuste de cuentas entre grupos de narcotraficantes. Se acabó.

En entrevista colectiva, el Procurador “aporta” los argumentos para zanjar el asunto de los jóvenes cuyos cuerpos fueron encontrados maniatados, con los ojos vendados y varios impactos de bala en Jesús María, declara que “desafortunadamente sí estaban involucrados”, se lamenta profundamente e indica que no quisiera señalarlos, condenarlos, y enseguida “entrega” la justificación: “¿cuáles son las pruebas?, las declaración de una de las personas que los ejecutan, la declaración de la señora esta Magaly, que era narcomenudista, y que refiere conocer al Emmanuel que era la persona que recogía la cuenta y llevaba la droga”. Ahí está, ¿qué más quieren?, una mujer dice que el estudiante de la Autónoma de Aguascalientes se dedicaba a la venta de droga. Mientras que sobre el estudiante de la Universidad la Concordia, Muñoz Vázquez refiere que estaba en una lista, “la persona que los ejecuta venía con una lista, y menciona que en esa lista, la tenemos, lo señalaban a él como una de las personas que venían a ejecutar por participar en acciones de narcomenudeo”. De nuevo, ¿qué más necesitan?

Ni pensar en cuestionar las declaraciones de “la señora esta” o en dudar que un asesino a sueldo elabore una lista como las que se hacen para ir al mercado, en la que junto al nombre de la víctima coloque las razones, mucho menos relacionar las declaraciones del fiscal estatal con la investigación de dos casos de tortura de los que se acusa a dos elementos de la policía ministerial de Aguascalientes. Ya está resuelto, el funcionario estatal ya informó todo lo que necesitamos saber, que los jóvenes fueron “levantados” por sicarios en la casa de Magaly, se los llevaron y los mataron. Además, se tiene a un detenido, “lo tenemos confeso, él participa en la ejecución de estos dos jóvenes, la mecánica de los hechos no se las puedo decir en este momento debido a que está sujeto a investigación no él sino los otros tres participantes, pero desafortunadamente estos jóvenes sí participaban en actos de narcomenudeo”.

Apenas hace unos días, a los asesinados se les calificaba de otra manera, se escribía y comentaba que eran jóvenes, que estudiaban, su nombre aparecía completo. Ahora el caso se resuelve con ponerlo del lado de los malos, a partir de este momento son narcomenudistas, pierden toda condición de humanidad, son bajas de la lucha por el territorio. Una nota más para el lector de la nota roja, digna de olvidarse ante la vastedad de información con que se llenan las secciones policiacas.

A partir de este momento, ya no son dignos de atención alguna, no merecen el horror de nuestra sorpresa, eran malos, vendían droga, nadie saldrá a defenderlos ni a pedir cuentas acerca de ellos, estará mal visto. Lo mejor que les puede pasar es convertirse en cifra en una pancarta, sumarse a cualquiera de las cuentas con que alguien sale a mentarle la madre a Felipe Calderón, por su “estrategia equivocada”, mientras sean número estará bien, el abajo firmante podrá incluirlo en su consigna, de la misma manera indigna en que la autoridad lo transforma en parte de un informe, de una frase publicitaria, en una gráfica que aparece rápidamente en el monitor e intenta probar la efectividad del combate al narcotráfico.

En la misma entrevista en que reveló los nexos con el narco de estos dos jóvenes, una reportera preguntó (quiero pensar que con ingenuidad y no zalamera) si el fiscal esperaba descalificación alguna, como parte de la estratega de los grupos del crimen. Muñoz Vázquez la toma al vuelo y se queja, se deja caer en blandito: “También son estrategias y esta parte la hemos vivido, yo, como les dije, me someto al escrutinio de la ciudadanía, y los resultados ahí están, y próximamente van a ver un resultados muy importantes, más pronto de lo que se imaginan”. Con esa promesa termina la entrevista.

Inútilmente se ha discutido si era necesario el combate al narcotráfico, se han vertido miles de palabras acerca de si la estrategia de combate frontal usando al ejército y las policías es la adecuada, argumentos y diatribas han ido de un lado a otro, pues el tema nos polariza, nos reduce a estar en contra o favor, y al hundirnos en esa discusión que parece no tener fin, se olvidan diversos aspectos relacionados con nuestra participación como ciudadanos, en el fondo, se dejan a un lado las aristas porque en las generalizaciones es fácil encontrar un nicho que nos exima de toda responsabilidad. Por eso la misma persona que se suma a las manifestaciones bovinamente, puede gritar y gritar mentadas de madre para exigir la paz y horas después, exclamar sin culpa alguna que a los malosos deberían matarlos, reclamar la ley del Talión.

En esa incongruencia generada por la polarización, ahí donde no existen los matices, en el blanco y negro, buenos y malos, está la desidia. Ahí es posible perderse, en algún momento llegará el cansancio a la respuesta pavloviana de quejarse para simplemente dejar pasar, igual que el lector inconmovible de la nota roja que mira una fotografía tras otra sin sentirse aludido, creyendo que no forma parte del horror. Ahí se omite que todas las víctimas tienen nombre y nadie merecer ser asesinado. También ahí está el olvido, una forma de dejar de pertenecer al mundo.


Publicado en La Jornada Aguascalientes, mayo 16, 2011.

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