Mayo 12, 2011

¡Allá hay un chingo!, grita un niño. Como pirañas se arrojan los infantes sobre un incauto globero convergente al que le arrancan de las manos los globos naranjas que intentaba repartir uno a uno, como hacen con las banderas. Son las seis de la tarde y la Plaza de Armas es territorio de los niños, montones de chamacos corriendo de acá para allá, gritando, jugando, brincando, desafiando el calor. Si las elecciones fueran dentro de diez años y se tratara de enarbolar banderas, estos niños le asegurarían un altísimo porcentaje de ventaja a Andrés Manuel López Obrador, quien convocó a una, sí, otra, asamblea informativa en el corazón de Aguascalientes.
Un grupo versátil intenta amenizar la espera, con el propósito de que no se vayan los congregados, desde el escenario se lanzan a un popurrí musical que abarca desde balada romántica hasta el pop de plástico que suena en cualquier estación de radio. En algún momento cantan algo de Luis Miguel y lo llaman el Sol Azteca, pero a nadie le hace mucha gracia. Hoy en la Plaza no será el día del PRD.
El sol de las seis y media alarga las sombras de las torres de catedral hasta la mitad de la plaza, los asistentes se distribuyen en la plancha aprovechando esa sombra. No todos alcanzan las gorras de cartón con el logotipo del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el convocante principal a esta asamblea.
En la base de la Estatua de la Libertad, está inscrito un soneto de Emma Lazarus (“El Nuevo Coloso”), que en sus versos finales dice: “Dame tus cansadas, tus pobres, tus hacinadas multitudes anhelantes de respirar en libertad, El desdichado desecho de tu rebosante playa, Envía a estos, los desamparados que botó la ola, a mí”, resulta sencillo ligar estas líneas con quienes asisten al show de López Obrador, aparte de los niños, la multitud que se congrega es ese tipo de multitud. Desamparados y desdichados que buscan el mandil de regalo de Convergencia, la bolsa de mandado del PT, las banderas, los globos.
La anunciadora continua en su empeño, conmina a que no se dejen amedrentar por el sol. “Pasen a la plancha para que la plaza se vea llena” dice cuando anuncia por enésima ocasión avisa que ahora sí, ya merito, llega el Licenciado López Obrador. Pero los únicos que llegan son la Banda el Peral de Fausto del Peral, que se suben al templete. Les piden que amenicen la espera también, pero los invitados especiales se empeñan en tomar el micrófono para dar la bienvenida al “futuro presidente de México”. En un principio interrumpe la música Fernando Alférez para imponer orden entre los amigos de la prensa, a quienes les pide, sin mucho éxito, que formen una fila al frente para que el candidato los vea ordenaditos. Después le arrebatan el micro para la cascada de elogios, por un momento pareciera que no es a López Obrador a quien se espera, sino al Mesías, a un super héroe, alguien, no importa quién, todos los que están ahí se comportan igual, se deshacen en elogios anuncia la llegada del verdadero y único ¡hombre incansable!, el amigo Obrador.
Al fin aparece López Obrador, Nora Rubalcava pide por el micrófono que se abra una valla para que pueda subir al escenario el presidente legítimo, eso le llevara unos veinte minutos, pues el futuro presidente del México, así lo anuncian, se detiene a saludar de mano a los seguidores que así se lo piden. Mientras, la Banda El Peral se apropia del escenario y toca “Pelea de Gallos”, infalible pieza musical para agitar el orgullo de la patria chica. El camino de López Obrador entre la multitud es lento, lentísimo, así que después de la banda, alcanza para repetir cuatro o cinco veces la canción de Morena (letra y música de Byron Barranco): Raza de bronce, de piel morena, pueblo de México en general, vamos unidos a la faena, por la regeneración total. Para lograrlo se necesita ser responsable como elector. Piensa en la patria, recapacita y usa tu voto liberador. Que la derecha ya no descuadre los resultados de la elección. Para que no nos vengan con fraude sólo hace falta organización ¡MO RE NA!
Al fin el candidato alcanza el escenario, pantalón negro, camisa blanca con discretas rayas negras y es recibido, devorado, por los brazos de los funcionarios que lo acompañan, todos le palmean la espalda, lo besan efusivas. ¡Ya habla presidente!, grita alguien a mi lado, pero no, todavía no es hora de escucharlo, primero la ronda de dirigentes estatales, que aletargan a la asistencia, Oswaldo Rodríguez cuenta con detalle la derrota de López Obrador en las elecciones pasadas, ya nadie dice fraude, lo de hoy es señalar que la mafia les robó en las urnas. Después, Héctor Quiroz, diputado del Partido del Trabajo aprovecha la ocasión para darle un rozón al PRD, le pide al partido de la revolución democrática que ya no vacile, que se una al movimiento. No es para menos, Noé García Gómez, dirigente del PRD en Aguascalientes se puso exquisito y se negó a ir al evento porque no se le hizo una invitación formal, y si bien aceptó que la visita de AMLO ayuda a la izquierda, a la hora de justificar su ausencia dijo a La Jornada Aguascalientes que no iba porque “es como si se presentara el sobrino de Marcelo Ebrard y realiza una concentración en Aguascalientes, lógicamente no asistiríamos” (sic), pero no hay que buscarle mucha lógica a las justificaciones del dirigente, quien ante la alza de tarifas en el autobús propuso que se boicoteara al transporte público tomando taxis.
Los gritos de “Es un honor, estar con Obrador” estallan cuando a fin se planta ante el micrófono Andrés Manuel.
¿De qué va esta asamblea informativa? De campaña electoral, eso y nada más, el pretexto de informar es para repetir lo que ya ha dicho una y otra vez, nada nuevo, quizá lo único que actualiza son sus ejemplos, aunque no son tan novedosos, por ejemplo, se equipara con Lula da Silva y explica que si la mafia no le hubiera robado la presidencia, el ejemplo mundial no sería Brasil, sería México.
Habla de su villano favorito, Carlos Salinas de Gortari y lo acusa de haber iniciado un saqueo a la nación que lleva ya 20 años, que por su rapacidad sólo se compara con el “saqueo colonial” aunque la diferencia radica en que éste duró 300 años. Enseguida la lección de historia simplificada: México ha tenida tres grandes transformaciones: la independencia, la reforma, la revolución y “ahora, nosotros, que tenemos el programa”. Hace referencia a los héroes que nos dieron patria, grandes trazos, nada de complicaciones, para que el pueblo se pueda agarrar de la obviedad y aplaudir: Hidalgo, Morelos, el mejor presidente de la historia: Benito Juárez, el apóstol de la democracia: Madero, dos grandes luchadores: Villa y Zapata, los hermanos Flores Magón…
La parte central del discurso lopezobradorista son las promesas de campaña, enunciadas de forma tal que no lo parezcan, describe lo que es el “Estado de bienestar” y ahí se compromete a que ellos (nosotros que quiere decir: si gano la elección) reducirán los precios del gas, la luz y la gasolina. Se compromete pues a lo imposible y a la mediocridad, un ejemplo: 100% de inscripción a las universidades públicas, “que con el pretexto de que no pasen el examen de admisión” nadie se quede afuera, es decir, no importa la calificación, tú vas a entrar a la universidad. Pero no se le cuestiona nada, justo a tiempo lanza un golpe a la “cacica” Elba Esther Gordillo y arranca, otra vez, los aplausos.
Explica a los asistentes que el pleito es con los de arriba, los 30 que acumulan la riqueza y los líderes de partido, no con las bases, “con los panistas y los priístas de abajo no es el pleito, ellos están igual de jodidos que nosotros”.
Para finalizar, impone una tarifa a sus seguidores y afirma que para diciembre, Morena debe alcanzar los cuatro millones de militantes, perdón, afiliados dispuestos a cambiar la nación.
Los niños han dejado de jugar, ahora chillan, se tiran en el piso, preguntan: “¿ya nos vamos, ya nos vamos? Los seguidores abarcan un tercio de la plaza y se congregan frente a catedral. No llenó la Plaza de Armas, la tenía difícil, hoy que los acérrimos izquierdosos de las elecciones pasadas ya tienen chamba en los gabinetes de Lorena Martínez y Carlos Lozano, les cuesta trabajo acudir al mitin, ¿cómo van a evidenciar su súbito priísmo así como así?, ¿cómo se van a exponer al reclamo de los que antes acarreaban?
Los que sí fueron, aplauden al futuro candidato sin detenerse a pensar sin cuestionarlo una sola vez, sin preguntarse por el método de selección que los partidos de izquierda (ellos dicen) van aplicar, las encuestas que permitirán saber si será Andrés Manuel o Marcelo Ebrard. López Obrador la toma al vuelo y finaliza: “No se preocupen por mí, yo no voy a cambiar, para este movimiento, líder hay”, aclamación final.
Quienes acompañan en el estrado a López Obrador lo acuerpan, le piden fotos, sacan rápido sus teléfonos y cámaras, al rato estarán en Facebook esas imágenes. La multitud se comienza a dispersar. La animadora del grupo versátil retoma el micrófono, pide que no se vayan, que la fiesta continua, que sigue la hora de las complacencias. Una mujer se me acerca: es increíble, ¿no?, yo ya había dejado de creer en él, pero verlo, con toda esa energía, es sorprendente, ¿no?, te devuelve la fe.
Andrés Manuel López Obrador logra al fin bajar del templete, subir a su camioneta e irse. Las bocinas del sonido anuncian que la mamá del niño Diego Ricardo, al niño Diego Ricardo Pérez, su mamá lo espera acá atrás del escenario.
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