Perdón por intolerarlos Polarizados
Un experimento inútil. Consta de dos párrafos. En el primero intentaré ganar el mayor número de adhesiones a mi postura, en el segundo perderlos.
1. La valiente periodista Carmen Aristegui, decidida a confrontar a la administración espuria de Felipe Calderón fue despedida de MVS por atreverse a cuestionar el estado de salud del presidente. La pregunta sobre el estado de salud física y mental del titular del Ejecutivo fue el pretexto para coartar la libertad de expresión, ya que con el pretexto de validar un rumor generalizado y no ofrecer una disculpa en los términos en que la empresa se lo exigía, se le acusa de violar el código de ética de la empresa para cancelar el espacio que Aristegui tenía en los medios electrónicos. Como ella misma señaló en conferencia de prensa, es un hecho “ominoso” que nos incumbe a todos, ya que, vuelvo a citar a Aristegui: “El país no está más para seguir perdiendo los espacios que hemos ganado; el país no está para que se nos sigan regateando los derechos que nos pertenecen. México atraviesa por un momento crítico, el nivel de descomposición, de violencia y de debilitamiento institucional es profundamente grave… como para quedarse parado”.
Ahora, el segundo párrafo:
2. Entre el despido y la aparición pública pasó casi una semana en que no hubo información sobre el hecho, sólo reacciones, la mayoría de ellas por parte de los usuarios de las redes sociales, en Twitter, Facebook y los blogs se presentaron miles de comentarios acerca del alcoholismo del presidente, ninguna prueba, eso sí, mucho ingenio para desplegar caricaturas, también se realizaron manifestaciones en defensa de la libertad de expresión. Aristegui en la conferencia en la que defendió su derecho a preguntar y en la que no aceptó preguntas, estableció que fue despedida noticiero matutino de Noticias MVS a cambio de permitir a MVS “desplegar una red nacional de ancho de banda para Internet que compita con los grandes conglomerados”. Su cabeza o la concesión. La conductora accede a volver a la conducción del noticiario a cambio de que MVS publique un comunicado oficial para resarcir la integridad ética de la periodista. Esa es la condición “básica y única”, nadie gana, todos pierden, pero Carmen Aristegui vuelve al aire, por más que se apele a que con esa medida se reconozca “tácitamente la naturaleza de lo sucedido”, no se sabrá lo que realmente ocurrió. Con la participación de cada uno de los inmiscuidos en este hecho (presidencia, MVS y Aristegui) no se logra armar una versión coherente.
Fin del experimento.
El párrafo uno gana la adhesión de las buenas conciencias, calificar de valiente a la periodista, de espuria a la presidencia y de ominoso el hecho, son líneas atractivas, al igual que la alusión al alcoholismo, las citas de la conferencia de Aristegui en que se defienden los derechos, merecen, al menos un “Me gusta” en Facebook o un retweet. Gano lectores y aprobación de los puros y santones.
En el segundo los pierdo por preguntar, por cuestionar el que no haya permitido preguntas, por señalar que la periodista tardó una semana en dar su versión, por descalificar en bloque los chistes de las redes sociales, pero sobre todo por señalar ingenuamente que la condición “básica y única” para el regreso a la conducción de noticiero es que la empresa, a través de una carta, brinde elementos para suponer o sobreentender la naturaleza de lo ocurrido.
Señalé la inutilidad del experimento porque no hay que ser muy listo para comprobar que lo que gana lectores son las actitudes extremas, no el pensar. Para los puros y santones que viven atrás del monitor, acechando los actos de los otros para descalificarlos, siempre es tiempo de tomar una decisión, de establecer una línea entre el bien y el mal, de definirse ideológicamente, lo que no significa que sea necesario pensar.
Como todo, el caso de Carmen Aristegui es mucho más complejo que un berrinche presidencial, el miedo empresarial o la defensa de la libertad de expresión, pero como es necesario analizar la información y eso toma tiempo, se simplifican los hechos, no es tiempo de investigar, es la hora de elaborar consignas.
La discusión pública acerca del despido de una periodista no debería permitir que todo se resuelva mediante lo “tácito”, para no volver a repetir los errores sería necesario contar con todos los elementos, abatir las reglas ocultas, los acuerdos por debajo de la mesa y examinar la cadena de sucesos para saber quién no está haciendo su trabajo o quién está abusando del poder.
Si como Carmen Aristegui señala todos somos víctimas de su despido, no basta con la reinstalación de la conductora, de ocurrir sólo eso, lo más seguro es que los muchos otros temas que se dieron a partir de su salida de MVS no vuelvan a estar en la discusión pública.
A principios de año, uno de los diputados del Congreso local señalaba, torpemente, que no se realizarían ciertas modificaciones en la ley porque violarían los derechos humanos de los funcionarios, redujo la posibilidad de una reforma a: no podemos hacerles pruebas de antidoping a quienes nos van a gobernar.
Por supuesto que el tema de la salud mental y física de quienes nos gobiernan es nuestra responsabilidad, más que un derecho, considero que es una obligación saber, lamentablemente, vamos a dejar pasar la oportunidad de discutir las formas para conocer esa información; de aceptar que se resuelva el caso de Aristegui con que se reconozca “tácitamente la naturaleza de lo sucedido”, regresaremos al punto de partida: un juego de claves secretas, de reglas no escritas.
Quizá para los santones y los puros, los que encabezan la marcha mediática y reducen su compromiso en salpicar las pantallas con “Me gusta” o colocar ingeniosas fotos manipuladas o señalar la paja en el ojo ajeno apoltronados en su viga, baste la reinstalación, sin embargo, quedarán fuera otros temas, aparte del derecho a preguntar, como qué tipo de periodismo requiere una sociedad como la nuestra, qué le podemos exigir a los comunicadores, establecer las diferencias entre un lector de noticias (empleado del medio) y un opinador, un analista, un investigador. Los santones y puros no harán un escándalo cuando corran al conductor de la charrita del cuadrante, tampoco se inmutan cuando en los medios llenamos sus ojos con nota roja, esa sí: basada en rumores, en especulaciones.
Sin embargo, la polarización es más efectiva, todos los que quieren la reinstalación de Aristegui están bien, todos los que no: mal, y de ese lado, de los “malos”, se quedan muchos que lo único que hacen es preguntar. Evidentemente, no se trata de eso, no se puede reducir a la toma de posición, pero aquí es donde estamos, en el campo de los extremos, ahí es más sencillo.
Elegir quedarse con la victimización nos reduce a replicadores.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (14/02/2011)
http://edilbertoaldan.blogspot.com/
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