Perdón por intolerarlosCambiar el discurso
Cada quien tiene su propia versión del infierno en la tierra. Una visión de lo terrible que puede ser el tránsito por esta vida cuando aqueja el dolor, la angustia, el desasosiego. En la intimidad las ideas, las imágenes que pueden perturbar la tranquilidad se relacionan con los más cercanos, con aquellos a quienes queremos, esperamos tener la capacidad de salvaguardarlos, al círculo breve de los familiares y amigos, pedimos que nada los alcance.
No hay sufrimiento mayor que ese que nos toca de cerca, el que abate a los hijos, hermanos, padres o amigos. No se puede pedir a nadie que dimensione cuando la enfermedad o la violencia entran a casa. En esos casos, la comparación apenas sirve de consuelo instantáneo que rápidamente se desvanece, no importa si otros están en peores condiciones o no tienen la misma capacidad que uno para recuperarse, cierras las puertas a todo el mundo para comprender que aquellos a los que llamamos nuestros son el mundo.
En lo íntimo, la esperanza mayor, el ideal que se regala con un apretón de manos, un abrazo, una bendición, son las palabras que te desean que todo cambia sea benéfico y tu salud permanezca intacta. A ese pequeño grupo pertenecemos, gracias a ellos somos.
En lo colectivo, una vez ampliadas las fronteras de la familia y los amigos hacia el barrio, la ciudad, el estado, el país… resulta más difícil definir la idea de bienestar, somos tantos y tan diferentes que parece imposible concebir una idea de felicidad que nos aglutine a todos, un ideal que alcance para cubrir a todos, así que se vuelve necesario simplificar, dejar de ver los detalles. Es más sencillo el pensamiento abstracto, se piensa en alcanzar un estado de bienestar en donde quepan todos, a lo grande, porque en la medida que se va pormenorizando uno se da cuenta que siempre hay alguien, una minoría, que sale afectada de la medida que consideramos benéfica para todos.
En lo colectivo, entonces, solemos ser reactivos, se piensa en lo que no queremos para todos, es más sencillo descartar que proponer, así que se pide un alto a la inseguridad, que alguien detenga la violencia, por ejemplo. Se encuentra un denominador común en el estado de las cosas y sobre él se exigen acciones. En lo íntimo la frase es: “quiero para ti”, en lo colectivo reclamamos: “ya no queremos”.
Quizá por eso como sociedad es más fácil inventarse un enemigo común, aglutinar en un solo ente los males diversos (el gobierno, los narcotraficantes, los empresarios, los partidos, los diputados, los delincuentes, la iglesia, elija o invente el suyo) para pedir su expulsión de nuestras vidas.
Imagine, alguien al frente de la multitud grita por el altavoz: ¡¿qué queremos?! La respuesta de la multitud es exacta y estruendosa: ¡que se vayan! Nadie pregunta cómo o quiénes exactamente, sólo pedimos que ya no esté entre nosotros.
Hace unos días en una mesa de café alguien me exponía iracundo que estaba harto del gobierno, quería que se acabara ya, que los que nos chupan la sangre fueran despedidos y castigados. ¿Quiénes?, le pregunte. La respuesta obvia: todos. Preferí no seguir cuestionando, sabía que no llegaría a ninguna parte, porque lo lamentable de contar con un enemigo tan grande, con miles de cabezas ante el cual sólo reaccionamos es que no hay nada que hacerle, no parece posible empezar por un lugar el ataque porque está en todas partes. Vencidos, dejamos la tarea a otros, que ellos lo arreglen, que el gobierno actúe, que las asociaciones hagan algo, que las organizaciones propongan. Y esperamos, esperamos a que alguien nos proponga una acción, una marcha de protesta, si fuera el caso.
Algunos participaran en esa marcha, por un momento serán muchos, eso sí, las consignas seguirán siendo señalamientos de los síntomas, no de la enfermedad, plural en el que se esconden las ganas de no saber, de no investigar, de no proponer. De nada sirve declarar que el sistema, todo, está mal, si no se busca puntualmente la causa. De nada sirve las declaraciones de quienes están en el gobierno (combatiremos la inseguridad, abatiremos la pobreza, recuperaremos el espacio público, acabaremos con la desigualdad) si no vienen acompañadas de un programa, no basta decir qué se tiene que hacer, hay que ofrecer los cómo, dónde, para qué.
Quizá es hora de ampliar el círculo, dejar de ser reactivos, actuar para el colectivo con la misma puntería con que deseamos para lo íntimo. No se trata de dejar pasar, ni de omitir las faltas, por el contrario, se trata de afinar, señalar puntualmente qué nos está afectando para poder encontrar las causas del problema. No son “los diputados”, es un diputado que no ha entendido cuál es su labor y lo que representa, que se escuda en la complicidad de los otros. Dejar de tirar con la escopeta a un grupo para ver qué cae y pasar al tiro de precisión, decir: él o ella están haciendo esto, y probar, documentarse. No es el “gobierno”, es alguien que en un hecho preciso no está cumpliendo con su tarea porque busca los reflectores y la nota buena en los medios, pero no atiende a quien acude a sus oficinas, o no presenta un programa de trabajo, o algo más sencillo: no sabe cómo y sólo le importa acomodarse en el presupuesto.
No va a ser sencillo, implica compromiso. Se requiere investigar, documentarse, participar, asumirse ciudadano, exigir con todos los derechos y reconocer todas las obligaciones. Mientras el discurso siga siendo en contra de lo que nos hacen ellos, seguiremos dando excusas para que los otros no escuchen lo que queremos. Cambiar el discurso de “quiero para mí” a “quiero para nosotros” y actuar en consecuencia. Sé lo optimista que suena, pero llevamos tanto tiempo culpando a los otros sin rostro, que estoy seguro que la mínima acción que se emprenda puede generar un cambio, porque una vez que se descubre que los otros no son una simple masa, que tienen voz y rostro, podemos reconocer afinidades, construir un ideal de felicidad, de bienestar común, una convivencia donde las palabras vuelvan a su sentido original y no estén manchadas por las tantas veces que han sido empleadas como excusa.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (07/02/2011)
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