usted está aquí

En la esquina de dos avenidas por donde transita todos los días, al menos de lunes a viernes, se detiene, alza la vista y desde el puesto de periódicos se lanza sobre su mirada la fotografía que en la primera plana de un tabloide expone a un ejecutado, colgado de los pies y con las manos atadas a la espalda. No tiene cabeza. Ningún auto cruza por el puente donde lo encontraron.
Es una imagen inmóvil, de dos dimensiones, y sin embargo, es posible sentir el ligero vaivén con que se ha mecido el cuerpo, cómo se fue deslizando la sangre por los senderos de la ropa, hasta formar una mancha en el suelo. El fotógrafo ha tenido el temple para buscar un ángulo preciso que muestra, a la derecha, las señales que indican la bifurcación de la carretera, un camino lleva a una ciudad costera, el otro indica México (aunque en este país, ya lo decía Jack Kerouac en On the road, todas las carreteras cuentan con un señalamiento que apunta el número de kilómetros que faltan para llegar a “México”).
Al fin logra quitar la vista del tabloide, pero la imagen lo sigue, se le queda pegada, se le aferra a los ojos y aunque cierre los párpados aparece con la fuerza luminosa de un relámpago, así, instantánea y cruda en toda su violencia. Un hombre torturado al que colgaron de un puente para darle una lección a alguien, los motivos nunca son del todo ciertos, sólo se puede adivinar, quizá cometió una indiscreción, entonces se le aniquila para que los otros aprendan qué se puede decir y qué no, se coloca el cuerpo en exhibición como quien dobla la hoja de un libro para recordar en qué parte se quedó; tal vez es algo más simple, pero no por eso menos aterrador: venganza, el que se las hace, tarde o temprano tendrá que pagar y el único efectivo que salda las cuentas es la vida; quizá sólo es otra señal en el camino, para que aprendan a respetar el territorio, para que sepan de una vez por todas a quien pertenece la plaza.
Usted agita la cabeza para desprenderse de la imagen que se le ha quedado incrustada, pero ahí sigue, entonces recuerda esa lectura del libro de Kerouac y comienza a bordar sobre lo que implica esa frase del escritor que señala que desde el momento en que cruza la frontera, siempre hay señalamientos hacia México.
Lo que al escritor le llamó la atención nosotros lo dejamos pasar por costumbre (fuera de México todo es Cuautitlán), porque sabemos que esas señales, en realidad, indican el camino para llegar a la capital de la República, sólo que no se utiliza Distrito Federal, México dicen los señalamientos, como si el país todo se aglutinara en las delegaciones que forman esa entidad. No importa dónde se encuentre, hay un señalamiento que indica dónde está ese lugar y cuánto falta para llegar.
Es posible que en alguna parte del camino, entre una ciudad y otra, uno busque esos señalamientos para ubicarse. Lo más seguro es que entre un punto y otro no encuentre referencia alguna al lugar más cercano; eso sí, un señalamiento a México, no dude, ahí va a estar, aunque esté a cientos de kilómetros, aunque no sea su destino.
Mejor transformar el equívoco de esos señalamientos en un signo propicio. Omitir la información de los kilómetros y concederles la razón, México está ahí, nadie dice Estados Unidos Mexicanos, la señalización es incorrecta en cuanto a las distancias, pero precisa en su motivo, eso que está atrás del cerro, la playa cercana, el siguiente poblado, la ciudad que viene, también es México.
Por un instante ha logrado que la imagen del colgado se desvanezca, al menos ya no lo persigue con la intensidad de hace unos pasos, el puesto de periódicos ha quedado atrás, junto con los pasquines policiacos que se revuelcan en la miseria ajena, que venden la consecuencia de la violencia diaria con el pretexto de mantener informado a los lectores, cuando la explicación más cercana es sacar ganancia del morbo.
Entonces elige bajar la mirada, evadir la exposición sangrienta, caminar pensando en otra cosa, no en la búsqueda de los culpables, elegir otro destino al pensamiento. Recuerda entonces un artículo reciente del encargado de Derechos Humanos en el estado, el texto que seguramente alguien le escribió y en el que hablaba de las vejaciones a las que son sometidos los presos en las cárceles mexicanas. Una prosa aséptica, correctísima, en la que se ponían en alto las funciones que tiene que cumplir la comisión a su cargo para que no se violente a quienes están presos. La memoria no sirve de mucho, a pesar de comprender la necesidad de que un organismo de ese tipo exista, lo necesario que es, no entiende cómo es que el ombudsman eligió ese tema, en ese momento, como si lo único que quisiera evadir fuera la realidad de la violencia que está afuera de los penales, la que toca todos los días, la que salpica hasta las orillas de las casas. Peor aún, la facilidad con que cualquiera, usted mismo, puede mal interpretar ese texto y pensar que los derechos humanos, al final, no se encargan de las víctimas y terminan protegiendo a los victimarios.
Sacude la cabeza, piensa en el derecho a la intimidad, en cómo esa comisión podría hacer algo para detener esa exposición sangrienta. Rápido se deshace de ese pensamiento. Sabe que no va a ocurrir, sabe que el encargado de derechos humanos sólo se preocupa de cobrar su sueldo mensual y no pisar los callos de ningún editor.
Seguirá caminando y, seguro, se encuentra otra de esas portadas, otro de esos periódicos, con una imagen distinta en primera plana, pero igual de desoladora: seis cuerpos en bolsas negras dispuestos a la orilla de la carretera; un torturado en un lote baldío; los restos de un hombre deshaciéndose en un tambo; el cuerpo desmembrado de alguien; la muchacha que reposa en una silla con nueve balas en el pecho, todavía con el gesto de sorpresa al ver bajar de una camioneta negra (siempre una camioneta) a dos de sus ejecutores.
A lo largo de la avenida lo esperan más y más puestos de periódicos, más fotografías dispuestas a salpicarlo de su violencia, que una y otra vez le señalarán la imposibilidad de escapar, muchas otras señales que le indican: México: usted está aquí.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (24/01/2011)
1 comentarios:
la foto vato!!!!
(ya sé es que cuando un bló me gusta comienzo a leer casi todas las entradas, che espíritu troll)
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