perdón por intolerarlos
aquiescencia
En Luz de la materia (Ediciones Era, 2010) el poemario más reciente de Malva Flores me deslumbran el poder evocador de los siguientes versos: No está hecho de mansedumbre el árbol
Lo que vemos cuando se mueve el aire
es aquiescencia
detengo la lectura, en el fondo sé que estoy entendiendo algo que puede estar equivocado, releo, ¿qué significa “aquiescencia”? Tengo claro qué entendí, pero algo me hace dudar de lo que creo saber acerca de la palabra. El primer impulso es voltear hacia el monitor de la computadora, abrir el navegador y teclear en busca del significado. El equipo está apagado. Voy al librero, la página 228 del Diccionario de uso del español de María Moliner me da la respuesta. Aquiescencia: quedarse tranquilo, consentir, de “quiescere”, descansar. Estoy a punto de regresar al poemario y reparo en el gesto, ¿hace cuánto que no abría el diccionario para realizar una consulta así?, después me distraje, pensé en todos los otros momentos, en todos los otros lugares, cuando para aclarar una duda preferí utilizar la computadora a un libro, de ahí salté a las personas que conozco y cómo ante la misma situación, su primer impulso es también realizar una búsqueda en internet.
Google nos lo resuelve todo, al teclear aquiescencia en el buscador, en tan sólo 0.16 segundos cuento ya en la pantalla con aproximadamente 254 mil resultados. Cómo no preferir, si se tiene acceso, esa herramienta a la del diccionario. En un comercial de televisión dos adultos gritan aterrorizados ante una araña, una pequeña teclea algo en su teléfono celular y encuentra la solución: una trampa de espuma de afeitar pone un alto a la amenaza del arácnido, en internet, uno supone están todas las respuestas, basta la conectividad.
Lo que el comercial se está saltando, es el proceso de selección de la información, algo que influye de manera determinante en nuestra forma de interactuar con el mundo.
En un artículo publicado en el número julio/agosto de la Atlantic Magazine (Is Google Making Us Stupid?), Nicholas Carr cuenta que en los últimos años ha tenido la sensación incómoda de que alguien, o algo, ha estado jugueteando con su cerebro, en que no está pensando en la forma en que antes lo hacía, ejemplifica con las dificultades que enfrenta al leer, antes le era fácil “sumergirse” en un libro de prosa densa o en un artículo largo, ahora pierde la concentración después de un par de páginas, “Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. La lectura profunda que me venía de modo natural se ha convertido en una lucha”.
El autor de The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains da una pista acerca de lo que cree que le está ocurriendo: “he estado pasando mucho tiempo en línea, buscando y navegando y a veces añadiendo a la gran base de datos de Internet. La red ha sido una bendición para mí como escritor. Puedo hacer en minutos la investigación que en un tiempo requería días en salas de la biblioteca o de las publicaciones periódicas. Unas pocas búsquedas en Google, algunos clics rápidos en hiperenlaces y obtengo el dato revelador o la cita sucinta que buscaba. Incluso cuando no estoy trabajando, es probable que esté hurgando en la espesura de la información de la red: leyendo y escribiendo correos, escaneando titulares y blogs, viendo videos y escuchando podcasts o sencillamente saltando de enlace en enlace. (A diferencia de las notas al pie, a las que muchas veces se asimilan, los hiperenlaces no sólo señalan obras que guardan relación con el tema, sino que te lanzan hacia ellas.) Para mí, como para otros, la Red se está convirtiendo en un medio universal, el conducto de casi toda la información que fluye a mis ojos y oídos y entra en mi mente”.
En el artículo mencionado, Carr establece que toda ayuda tiene un precio, que el uso de la red está transformando la forma en que pensamos (“Mi mente espera ahora captar la información del modo en que la red la distribuye: en una corriente de partículas en rápido movimiento”).
Coincido con lo que plantea el artículo como a quien se le revela una realidad evidentísima. Mis conocidos, yo mismo, hemos cambiado los hábitos de lectura y consulta cuando convivimos demasiado con la red. Si bien el artículo establece otras prioridades como tesis, al momento de citarlo no puedo desligarlo de la rendición de cuentas, de cómo las autoridades han transformado las obligaciones que establece la ley para que sus portales brinden acceso a la información pública en un simple listado o bien, la entrada a un laberinto establecido a propósito para perder al buscador de información.
Quise volver al poemario de Malva Flores, pero me quedé pensando en que a partir del 1 de febrero, el Instituto de Transparencia del Estado de Aguascalientes (ITEA) comenzará la revisión de la información que por ley deben de difundir los “sujetos obligados”. En como hasta ahora, lo que podría ser una herramienta para el conocimiento y la exigencia de cuentas, se ha transformado en un simple pase de lista que revisa someramente que las autoridades digan que sí muestran lo que deben mostrar.
Si organismos como el ITEA reducen su tarea a una simple revisión de las páginas gubernamentales, a palomear si encontraron o no lo que por ley debe de estar a disposición del público, es más que sencillo que los “sujetos obligados” encuentren la forma de “cumplir” en forma utilizando una y mil artimañas para, finalmente, no proporcionar la información.
Es decir, no basta con que el portal de un gobierno coloque enlaces o responda a las solicitudes de información, en indispensable el cómo lo hacen, de otra manera, los ciudadanos navegaremos de un enlace a otro sin encontrar respuestas o recibiendo mensajes de que nuestra solicitud de información no procede porque no fue formulada adecuadamente, es información clasificada o algún impedimento administrativo como el costo de una fotocopia impide atender el requerimiento.
Si ya ha llegado el tiempo de reflexionar acerca de cómo Google está modificando nuestra forma de pensar el mundo, creo que es tiempo también de proponer que los organismos que deben defender los derechos de los ciudadanos, como el ITEA, hagan un esfuerzo por mejorar el uso de las herramientas que las nuevas tecnologías proporcionan para una más intensa participación ciudadana.
Y una vez escrito lo anterior, pude volver, al fin, al poemario, sin distracciones.
El artículo de Nicholas Carr en The Atlantic:
http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2008/07/is-google-making-us-stupid/6868/
Publicado en La Jornada Aguascalientes (31/01/2011)
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