Una de las cosas que más molesta a los escritores es reconocerse en las imágenes que les devuelve la prensa y creo que la histeria es lo que permite resolver eso de algún modo: me hace responsable y a la vez me desresponsabiliza.Cuando dije que la idea de ser un escritor inventado me parecía atractiva, era absolutamente sincero. Efectivamente, no tiene por qué existir la figura del escritor, la literatura no necesita del asistente de la figura del escritor para producir efectos, para razonar, para transmitirse, para circular, para producir malentendido, para estirar otras literaturas, otras lecturas, etc. Para mí, hay una cierta violencia en la necesidad de que la figura del escritor haya de acompañar los libros, me incomoda. No entiendo por qué está pasando con la literatura lo que está pasando con el cine, en el sentido de que los cineastas se ven obligados a acompañar su película por el mundo. Me da la impresión de que, desde hace diez o quince años, pasa exactamente lo mismo con la literatura. Los libros, que son justamente objetos absolutamente portátiles, que se pueden mover por el mundo sin ningún problema, mucho más que las películas, de repente ahora necesitan estar acompañados por sus autores para hacer las pequeñas “tournées” que se organizan en las ferias del libro.
Y por otra parte, efectivamente, me gusta hablar de lo que hago. No soy de los escritores que dicen “todo lo que tenía para decir, lo dicen mis libros y todo está ahí”. Me gusta hablar, me cuesta decir que no, básicamente porque me gusta hablar y porque siempre pienso que la conversación es un teatro de pensar, un teatro en el que suceden cosas. Cuando discuto con alguien de mi trabajo, o del trabajo de cualquier escritor o artista, siempre encuentro que algo pasa ahí que puede ser tan artístico como la produc¬ción artística en sí. Entonces, si me invitan a hablar o a poner la cara, para acompañar un libro o para intervenir en un coloquio, no veo por qué les voy a decir que no. No tanto porque me interesa la figura (del escritor) sino porque me interesa el género de la discusión o de la conversación.
Alan Pauls en entrevista con Pénélope Laurente
Revista Letral
Incluye el relato: Noche en Opwijk
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