abril 29, 2010

Flow, my tears. John Dowland

Flow, my tears, fall from your springs!
Exiled for ever, let me mourn;
Where night's black bird her sad infamy sings,
There let me live forlorn.

Down vain lights, shine you no more!
No nights are dark enough for those
That in despair their lost fortunes deplore.
Light doth but shame disclose.

Never may my woes be relieved,
Since pity is fled;
And tears and sighs and groans my weary days
Of all joys have deprived.

From the highest spire of contentment
My fortune is thrown;
And fear and grief and pain for my deserts
Are my hopes, since hope is gone.

Hark! you shadows that in darkness dwell,
Learn to contemn light
Happy, happy they that in hell
Feel not the world's despite.

abril 25, 2010

perdón por intolerarlos: silencio

Monterrey es, entre muchas otras cosas, una ciudad ruidosa, la gente habla golpeado y recio, los negocios suelen anunciar sus ofertas y productos con altavoces a todo volumen, los automovilistas usan el claxon a la menor provocación, el tránsito es constante y numeroso, incluso por la madrugada, la ciudad no se detiene y es necesario acostumbrarse a que el ruido de los autos y camiones no se detiene, te alcanza a pesar de estar seis pisos arriba del nivel peatonal. A pesar de ya estar habituado al ruido, no pude evitar asomarme a la ventana por el chirriar de llantas, tres camionetas avanzaban en sentido contrario por la calle Padre Mier, una de ellas se detuvo en el cruce con Pino Suarez y bloqueó la calle, las otras dos recorrieron dos o tres manzanas, supongo que dieron la vuelta a la manzana porque pocos minutos después volvieron al mismo cruce, de nueva cuenta transitaron en sentido contrario. Cerré la ventana pensando que en todas partes existen conductores imprudentes, que en todas las ciudades las patrullas de tránsito desaparecen en la madrugada y no aparecen para infraccionar a quienes violan ostentosamente las reglas, abandoné el espectáculo de los autos sin darle mayor importancia. Eran las dos de la mañana.

El miércoles 21 de abril entre 10 y 15 camionetas llegaron al Holiday Inn que está en la esquina de Padre Mier y Garibaldi, en el centro de Monterrey, cerca de treinta personas entraron al hotel para secuestrar a cuatro personas, además se llevaron al recepcionista y a un guardia de seguridad de un negocio cercano. Los noticieros informaron que ya llevaban esposado a un hombre. Después de levantar a esas personas, se trasladaron al hotel Misiones, a media cuadra de distancia, después desaparecieron. A este hecho se sumaron otros actos delictivos, los noticieros informaron sobre un día que en sus primeras horas ya sumaba levantones, balaceras, narcobloqueos y asesinatos.

Era inevitable comentar el hecho. En la tarde alguien me preguntó que porqué no había denunciado el hecho, tuve que explicar que no me pareció singular, que las camionetas que había visto, desde la distancia de seis pisos, no me parecieron sospechosas y pensé que se trataba de algunos borrachos que habían empezado la fiesta a media semana. Alguien comentó que era lógico que no hubiera hecho nada, que uno se acostumbra a esas cosas, a grado tal que deja de verlas, le concedí la razón.

No es costumbre, es miedo, dijo otra persona del grupo con que viajaba, no se pueden dejar de ver esas cosas, lo que pasa es que aprendimos a no decir nada. Él venía de Tamaulipas, lentamente se comenzó a animar a contar lo que él había visto, comentó que en Tampico la situación era peor que esa jornada roja que anunciaban los periódicos regios, que la lucha entre el Cartel del Golfo y los Zetas todos los días deja muertos que los narcos dejan a la mitad de la avenida, con los cuerpos desmembrados y en bolsas negras, con las cabezas acomodadas sobre mesas y mensajes específicos, letreros que anuncian el motivo de la venganza y ordenan que sólo el ejército puede levantar esos muertos. Quien me contaba agregó que incluso indican que no velen a esos muertos. En su relato reveló a Tampico como una ciudad sitiada, donde las autoridades sólo juegan el papel de testigos, que camionetas de Protección Civil anuncian hacia donde no se puede mover la población porque esperan una balacera, que hay toque de queda, habló de páginas de internet a través de las cuales la gente se avisa de los lugares prohibidos para transitar. A grandes rasgos reveló que en Tampico se vive una situación similar a la de una guerra, con detalles que no aparecen en la prensa, con datos que las autoridades se encargan de esconder para aparentar una calma inexistente. La ausencia total de un estado de derecho.

En algún momento de la conversación su compañera golpeó en la mesa, suave pero firme, “ya, ya no digas más” y señaló con la cabeza al mesero que nos atendía, “¿qué no ves que te están escuchando?”.

Cuando el mesero se alejó, ella explicó que no quería que habláramos más del tema porque le pareció sospechoso el mesero, tenían que ser prudentes. Le expliqué que estábamos en Monterrey, que sería difícil creer que en ese restaurante trabajaba alguien que podría ir a Tampico a señalarlos. “Nosotros no hablamos de eso, no podemos, no debemos”. Guardamos silencio.

Esos muchachos de Tampico cumplían con la obligación del silencio a pesar de la distancia, tienen miedo, eso justifica que no quieran hablar, viven con miedo y eso explica que los medios no informen sobre lo que se vive en esa ciudad, quien se atreve es, en el mejor de los casos, amenazado, casi siempre asesinado.

Ya no pude preguntar más, entendí que el estado de derecho sólo se simula, se encubre con silencio para aparentar la calma que te permite salir a la calle. Afuera de donde estábamos se escuchó el ulular de las patrullas, seguimos comiendo en silencio, a pesar de que teníamos otras cosas que contarnos.






Publicado en La Jornada Aguascalientes (25/04/10)

abril 18, 2010

perdón por intolerarlos: aguafiestas

Para elaborar un comunicado de prensa del gobierno del estado de Aguascalientes se requiere de una especie de inmunidad que impida contagiarse de lo que ocurre en la vida real, ser capaz de ausentarse del mundo para concentrarse en transmitir la visión idílica con que se pretende iluminar al público; es necesario desarrollar un talento que permita transformar la vanidad de un funcionario en noticia, esconder en un envoltorio de palabras la inutilidad de los rituales burocráticos que sólo tienen como propósito la promoción de la figura del secretario en turno, darle el toque preciso a una desangelada reunión para que semeje el importantísimo encuentro de varias inteligencias trabajando en beneficio del pueblo, disfrazar de novedad la repetición del inútil baño de pueblo, de manera tal que el lector crea en las bondades de la entrega de limosnas; quien vende su alma al diablo para comunicar las acciones de gobierno está obligado a transformar una enorme cantidad de actividades y actitudes insulsas en algo que despierte el interés de la población.

No es que el gobierno no tenga algo que informar, es que esta administración se ha distinguido por banalizar ese proceso, al no tener una idea clara de en qué consiste la rendición de cuentas sus acciones de comunicación se despeñan en la vacuidad. La ausencia de contenidos alcanzan su expresión más alta dos veces al año: durante el informe de gobierno y en la Feria Nacional de San Marcos (FNSM).

Basta echarle un ojo a los insulsos párrafos con que a últimas fechas se intenta vender la idea de que la FNSM es casi casi una obra divina que derramará parabienes a toda la entidad: cualquier convenio se anuncia como un gran logro de promoción, se intenta transformar lo inútil en una respuesta gubernamental a las necesidades de la población, así, las fiestas donde los amigos del gobernador beben a cuenta del erario en el DF y Guanajuato se difunden como una “promoción integral del potencial de Aguascalientes”.

Se construye un mundo feliz donde quienes vivimos en el estado, absolutamente todos, estamos entusiasmados por la pobrísima oferta cultural y de entretenimiento del programa de la Feria, para hacérnoslo saber se nos vende la baratija de una declaración, la dádiva de una visita, de manera tal que pasear a Miss Universo y Nuestra Belleza México parezca el arribo de un jefe de Estado interesado en “contribuir a la promoción de Aguascalientes”.

Durante el tiempo que dure la Feria se repetirán las cifras que hacen alusión al número de visitantes, la derrama económica y la cantidad de eventos que integran el programa, se exagerará, se manipularán, por el momento bastan para llenar el comunicado de prensa, cuando sea el momento de rendir cuentas, el presidente del Patronato saldrá con la misma cantaleta de siempre, que apenas y salió para los gastos, que las ganancias no fueron tantas… pero hoy, de lo que se trata es de apantallar.

Se presume, una y otra vez, que la Feria tiene “más de mil 500 eventos, en su mayoría sin costo para el público”, se exalta la cantidad para no hablar de la calidad, como si por arte de magia esa cifra ocultara la pobreza de la oferta, la falta de talento del gobierno del Estado para desarrollar una estrategia que permitiera contar con actividades de la misma calidad que eventos semejantes tienen en otras entidades.

Con base en la repetición de esas generalidades se intenta convencer de que de las mentiras se intenta implantar la idea de que “Aguascalientes cuenta con la mejor representación de las 2 mil 500 verbenas que se celebran en todo el país”, ¿de veras?, ¿con base en qué hechos comprobables?, porque una vez cruzadas las fronteras del estado la FNSM adquiere su verdadera dimensión y es una más de las tantas fiestas de pueblo que se celebran en México. Repetir como loro que es una de las más importantes y mayor prestigio no lo hace verdad, tampoco subrayar que se preserva la “esencia familiar y de tradiciones” lo convierte en realidad, pero acostumbrados a modificar la realidad en beneficio de los caprichos del gobernador, por medio del artificio del comunicado de prensa, la Feria exhibe “lo último de los logros industriales, agropecuarios y comerciales” y es un “ejemplo vivo del avance y transformación de la humanidad en general y de la pujanza y creatividad de Aguascalientes y su gente”. Ahí nomás, para que se echen ese trompo a la uña.

Elaborar un comunicado de prensa de las acciones de gobierno debería ser un arte, un proceso en el que se consideraran las necesidades de información de la sociedad para lograr un círculo virtuoso, gracias a la incapacidad de los funcionarios y la costumbre del engaño lo más que se obtiene en la promoción de la Feria es el mantra de quien mira su ombligo y se convence de su importancia en el mundo.




Publicado en La Jornada Aguascalientes (18/04/10)

abril 11, 2010

perdón por intolerarlos: morbo

Nada como el error para convocar la atención de la masa. Bastan una distracción y el infortunio para convocar una multitud. Un hombre baja del camión en el momento equivocado, una mujer cruza la calle sin utilizar el puente, en el mapa del mundo alguien se coloca en la posición precisa en el momento justo y el accidente ocurre. Sobre la ciudad queda un cuerpo tendido y a su alrededor las miradas, siempre los curiosos. Si es un incidente de tránsito, inevitablemente, los autos bajarán la velocidad para poder echar un vistazo a lo que ocurrió, ¿a quién atropellaron?, ¿por qué chocaron?, ¿quién tuvo la culpa?, ¿está muerto?, pobrecito, míralo… Casi siempre es difícil captar otra cosa que no sea un fragmento de esa alteración de la normalidad, detrás de las piernas de los policías, de los paramédicos, de los realmente involucrados, sólo pedazos de la víctima: un pie sin zapato, un brote de sangre, un miembro en postura imposible y, sin embargo, los curiosos estiran el cuello para ser testigos de algo, de lo que sea, sin importar que al detenerse perjudiquen al otro.

Morbo, de qué otra manera calificar esa actitud que se traduce en millones de miradas sobre la desgracia ajena, ojos muertos que contemplan la nota roja, todo el tiempo, ayer: la mujer apuñalada por el novio celoso, la niña secuestrada abandonada en un lote, el cuerpo en descomposición de un desconocido, hoy: el caso Paulette. Los medios que en respuesta al interés malsano de los espectadores, no han cesado de alimentarlo con fotos, artículos, entrevistas, horas y horas desperdiciadas en explotar la tragedia de una niña muerta.

La televisión transmite una y otra vez la reconstrucción de los hechos. Vende basura: vea la profundísima investigación periodística que se reduce a comentar la altura a la que se encontraba la colcha. Presencie las entrevistas inútiles, los comentarios estúpidos en tono demandante. Escuche al amigo del hermano del primo que está casado con la sobrina del vigilante que esa noche no fue a trabajar pero tiene sus sospechas. Los sondeos de opinión del hombre común que encuentra en ese ejercicio una oportunidad inmejorable de aportar sus rebuznos al ruido.

No creo, como ha dicho Carlos Marín, que la cobertura noticiosa a la muerte de Paulette Gebara Farah sea la reivindicación de la nota roja, ni la oportunidad de los medios para proporcionar una investigación que ponga al descubierto la ineptitud de las autoridades (de todas y cada una, además, como si eso fuera necesario). De nueva cuenta, los medios han sido irresponsables en el tratamiento de la información, lanzan alimento al chiquero de nuestra atención, no hay un intento por contribuir al descubrimiento de la verdad, de lo que se trata es de hacer zoom al párpado tembloroso, destacar la ausencia de lágrimas, reconvenir a las autoridades por el desaseo con que tratan la presunta escena del crimen transmitiendo desde el lugar de los hechos. Otra vez los medios convertidos en circo del dolor, con una facilidad impresionante de convertirse en dedo flamígero, en mucho gracias a la inercia con que los espectadores recibimos el bolo de basura.

La necesidad de justificar el tiempo noticioso dedicado a esta muerte incluye la invitación a leer entre líneas, como el caso se investiga en el Estado de México, del desempeño del Procurador Bazbaz depende el futuro político de Enrique Peña Nieto, ¿en serio?, entonces por qué el tono y la insistencia en que los ricos también lloran, ¿dónde está el análisis que permita esa conclusión? Evidentemente no es necesario, a los opinadores nos basta con escribir que dicen por ahí, que los rumores señalan, que las malas lenguas rumoran… Los medios se lavan las manos de su responsabilidad social subrayando que presentan los hechos tal cual, y en la imagen, una reveladora toma de una sala lujosa donde deambulan los investigadores.

Perogrulladas: la muerte de esa niña debería ser aclarada, debería tener buen fin y hallar al o a los responsables, exactamente igual que en los miles de otros casos, debería ser atendido con la misma velocidad que los muchos otros muertos, la justicia debería aplicarse como en todos los incidentes de este tipo, pero el caso Paulette es el sabor del mes, sólo eso.

El morbo vende, lo propicia y alienta nuestra actitud ante esta forma de manejar las noticias, lectores, espectadores, el público es cómplice del ejercicio obsceno que los medios califican de información.

En el fondo (que siempre es la superficie) la atención volcada a esta muerte nos dibuja como los irresponsables curiosos que podemos ser, esos que bajan la velocidad para alcanzar a ver algo, lo que sea, mientras el mundo sigue su curso, mientras millones se han negado (por lo que sea) a registrar su teléfono celular y corren el riesgo de que les cancelen el servicio, o se pasa a la congeladora la propuesta de Ley Federal de Telecomunicaciones y Contenidos Audiovisuales, o en Mexicali se suceden miles de replicas a los sismos con sus consecuentes víctimas, o los municipios incumplen las reglas del juego y se olvidan de sus obligaciones con la transparencia, o, en Aguascalientes, el capricho de un gobernador irresponsable lo hace declarar sin vergüenza que puede hacer lo que se le pegue la gana con los recursos para los municipios, o un funcionario de tercera de la SEDEC rebuzna que a las tiendas de abarrotes les “hace falta entrar al esquema del código de barras” y deben incrustarse en la globalización, o un candidato a gobernador reduce su oferta política a pedacitos de caca (eliminar la tenencia), y nosotros, distraídos, tendemos la mano, con toda la atención puesta en la pantalla, en la enésima dramatización de la especulación.

Afuera el mundo ocurre y pide que nos involucremos, pero estamos muy ocupados jugando al jurado, en la tarea inútil de intentar saciar nuestro morbo.



Publicado en La Jornada Aguascalientes (11/04/10)

abril 09, 2010

Los seis días. Te odio

Te odio porque siempre sigues, siempre sigue, siempre sigues, siempre sigues ahí, te odio tanto que podría hacerte resucitar del miedo..


Desde el blog de la ardilla roja... gracias Luis, gran encuentro.

abril 05, 2010

Carta para Lourdes en respuesta a René

A partir de una nota de René López Villamar en su bitácora, donde auguraba la muerte del cuento.



Madre

Si nada se descompone en estos días, nos veremos pronto, he de visitarla en Puerto Escondido, la marida y yo estamos acomodando todo para poder irnos varios días, pasar a Oaxaca a ver a mis hermanos y de ahí lanzarnos a la playa.

Me urge verla, la extraño, quiero entregarle un ejemplar de mi libro más reciente, pude enviárselo con Alejandro, pero prefiero entregárselo en mano propia, tengo ganas de ver su cara cuando lo reciba, sentarnos a beber café, a platicar, que como todas las veces nos caiga la noche encima y luego la madrugada, reírme con todas sus historias, que me cuente otra vez por qué se suicidó ese chivo que le regalaron y cómo lo hizo barbacoa, los resultados de cada una de las batallas en la interminable guerra contra las hormigas. Necesito verla para que alimente esta necesidad de oírla contar historias, iba a escribir “hoy más que nunca” pero en realidad es “hoy como siempre”.

Quiero sentarme junto a la enorme planta a la que le crece una flor roja inmensa y que usted me asegura que es un plátano. Yo sigo sin creerle porque no puede ser que los plátanos crezcan así y hasta no ver no creer, igual para el tiempo en que la visite ya es posible ver el racimo y entonces constate lo que me dijo la última vez. No es que no le crea, es que sé que usted suele mentir, reconozco mi herencia en su forma de contar las cosas, la he visto sostener que unos chícharos duros que se encontró en la alacena son el condimento perfecto para un arroz y cuando alguien le preguntó el por qué de su dureza, asegurar que así es el chícharo peruano: “durito”. Suelo acordarme de ese pasaje cuando pienso en la diferencia entre la “verdad” y la verosimilitud… ya lo platicaremos, a últimas fechas he tenido que hacer esa distinción cuando hablo de lo que para mí es importante en la literatura, no la verdad sino que sea creíble.

Aunque, cuando nos veamos, seguro que no hablaremos de literatura, prefiero alimentarme de sus historias. Quizá por eso le estoy escribiendo esta carta, para librarme de algunas preocupaciones antes de verla, dejar a un lado el desconcierto que me provocó una noticia que recibí hace poco, un amigo en su bitácora escribió que el cuento ha muerto, se imaginará el aprieto en que me pone, ¿entonces qué estoy escribiendo?, pensé; estoy escribiendo cosas muertas, supongo.

Le cuento la historia de esa noticia y lo que me sucedió para no tener que repetirla cuando nos encontremos, además, creo que es más sencillo así, no me veo abordando con usted el tema, sé que me preguntará sobre asuntos que yo creo tener bien resueltos, pero que a la hora de buscar una definición me enredaré y es posible que la confunda.

Seguro que me preguntará: ¿pues no lo que escribes son cuentos? Y contestaré que sí, que lo que yo escribo son historias; ahí comenzará la confusión, yo creo que los cuentos son historias, sin importar el medio por el que se difundan, más allá de la técnica o los malabarismos que se cometan para pasarla al papel, en el centro de todo cuento hay una historia.

Es posible que eso baste y entonces podamos seguir conversando. Eso espero, porque no voy a cargar con los libros que me ayudan a dar taller y de los que tomo las definiciones (muchísimas) que me sirven para acercar a quien escribe a desentrañar el misterio que es un cuento, esa cosa aparentemente huidiza de la que se ha dicho tanto y a veces sólo se puede caracterizar como una “narración breve de ficción”; lo sé, no basta, no es suficiente, ahí cabe casi todo, pero es un punto de partida, tiene los elementos más importantes de lo que considero un cuento: que sea contado (por obvio que suene), delimitado por una extensión en la que nadie suele ponerse de acuerdo y que sea “inventado”.

Se imaginará que es difícil llegar a un acuerdo con lo de “breve” y “ficción”. Lo primero implica un límite difícil de establecer, por eso hoy sigue teniendo vigencia la “unidad de impresión” que menciona Poe, de hecho, es el elemento común en la mayoría de las definiciones, que se pueda leer de una sentada, pero ¿cuánto dura esa sentada?, cada quién impondrá su tiempo, lo que complica el asunto porque Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia, El apando de Revueltas, El principio del placer y Las batallas en el desierto de Pacheco, incluso Pedro Páramo de Rulfo se pueden leer de una sentada, entonces, ¿son cuentos?, pues no, resulta que son novelas.

Seguro que podremos seguir conversando a pesar de esta preocupación, que me ayudará a dejarla pasar con un simple gesto de la mano, con un “no tiene la menor importancia” y tendrá razón, cada texto de un escritor es una tesis personalísima que refleja lo que cree acerca del cuento o la novela. Mal haría un escritor en intentar seguir la receta que se inventa para explicar un cuento, esas explicaciones siempre son posteriores, decía Truman Capote “Creo que el cuento, cuando es explorado seriamente, es el más difícil y el más riguroso de los géneros en prosa existentes. Todo el control y la técnica que yo pueda tener se lo debo enteramente a mi adiestramiento en ese género”, para el enormísimo Capote (usted sabe cuánto lo admiro) tener el control significaba “mantener un dominio estilístico y emocional sobre el material”, pero aclaraba que “cada cuento presenta sus propios problemas técnicos, obviamente no se puede generalizar acerca de ellos sobre una base de dos-más-dos-son-cuatro. Hallar la forma correcta para un cuento es sencillamente descubrir la manera más natural de contarlo. El modo de probar si un escritor ha intuido o no la forma natural de su cuento consiste sencillamente en esto: después de leer el cuento, ¿puede uno imaginárselo en una forma diferente, o silencia el cuento la imaginación de uno y parece absoluto y definitivo?”.

Claro, es sencillo decirlo, además, seguro que si busco otra declaración de Truman, seguro me encuentro con alguna en la que ponga por encima de todas las cosas a la novela, a su novela A sangre fría, a la que el muy endemoniado le puso el sobrenombre de non fiction para referir que trataba un material “periodístico”, de la “realidad” con las mismas técnicas con que escribiría un libro de ficción.

Ya me estoy desviando, esta carta no era para contarle que uso el desvelo en leer, se trataba de avisarle que vamos a pasar las vacaciones con usted, me urgen ya, quiero sentarme a escucharla contarme historias y, con ese impulso, terminar unos proyectos que tengo atorados. Sé que después de conversar con usted he de encontrar el camino para que salgan al fin. También sé que en vez de esta carta podría llamarle por teléfono, pero, seamos sinceros, eso no se nos da, somos de los que gustan desviarse por cada sendero que se atraviesa al camino principal y algo tiene el teléfono que me deja la sensación de que me he perdido algo, no sólo la vía de regreso, los gestos, la complicidad de una mano extendida o el guiño que lo envuelve todo con una rotundidad que no requiere otros gestos, otras palabras.

A eso aspiro al escribir, a encontrar la manera de contar un hecho de forma tal que en una escena, en una frase, se revelen al lector las múltiples posibilidades de un gesto y cómo, irremediablemente, cambia el destino de alguno de los personajes, será que veo al cuento como un tránsito que obliga a cruzar una frontera y deja en el lector una sensación de extrañeza al ser llevado del lugar donde lee hacia otra parte, algunas veces como testigos, otras como actores. El cuento como un movimiento hacia un lugar extraño que invariablemente nos involucra, y si un cuento es bueno, será memorable, como los viajes.

Si me empeño en el tema del cuento debe ser porque me quedaron cosas que responder a la propuesta de conversación de René en su blog, también a esta idea del viaje, porque vamos en plan austerísimo, así que tomaremos el camión fantasma al DF y de ahí a Oaxaca, ya allá vemos cómo llegamos a Puerto Escondido, igual mi hermano se apiada de nosotros y nos da el aventón, así que prepárese para darnos alojamiento y comida, por cierto, ¿tiene acceso a internet?, sé que mi hermana le imprime mis cartas, que usted no se anima todavía a entrar a la www, lo que no tengo claro son las razones y, ahora que lo pienso, que yo le diga que leí algo en un blog tampoco le ha de decir mucho.

Un blog es un medio, sólo eso, igual que Twitter o las redes sociales (“sólo eso” y es tanto). Mi amigo René, y vuelvo con mi preocupación, que el lector de cuentos “es una especie en extinción. La tecnología que provocó su nacimiento o auge es obsoleta: por un lado la sustituye el radio, el cine, la televisión (que son una vuelta a la oralidad y a lo visual), por otro lado la sustituye Internet. Ninguno de esos medios encuentra en incluir cuentos un valor agregado o un gancho publicitario para sus contenidos. El lector también se ha transformado y ya no tiene tanto interés en leer cuentos. Sí, desaparecen los periódicos y las revistas, pero también los espacios en que se publican esos textos dentro de periódicos y revistas. Las editoriales huyen de los libros de cuentos, porque no se venden tampoco en libro. Y todo esto también conlleva una desprofesionalización del cuentista. Todo le resulta hostil al cuento. ¿A qué se debe esto? No sé. Podemos buscar razones, pero no podemos negar que todas estas son cosas que ya están pasando: o el cuento encuentra una forma de adaptarse a esta nueva realidad o perece. Y todo indica que no se va a adaptar”.

¿Usted que cree?, ¿se adaptará el cuento a todo estos cambios? Yo apuesto a que sí, bajo el entendido que la semilla de todo cuento siempre es una historia, seguro se adapta. Es posible que usted y yo no sepamos hablar por teléfono y que los cuentos que yo necesito escucharle requieran del contacto, sin embargo, con mi hermana es todo lo contrario, con ella sí hablo por teléfono. Tengo pendiente contarle sobre la mudanza, ya sabe que nos cambiamos de casa, con mi hermana el trámite del aviso ha quedado más o menos zanjado, con usted será una conversación larguísima, recuérdeme contarle cuando pregunté si había fauna nociva y me contestaron que de vez en cuando pasaban unas chivas, también que al atardecer, el jardín se llena de pájaros negros y al pasto lo oscurece la parvada mientras yo me quedo de una pieza sin saber qué hacer con esa escena, por favor, recuérdeme que tengo que contarle sobre los atardeceres y el cielo, que soy un mariquita sin calzones porque a veces me abruma el espectáculo y de la nada me dan ganas de llorar.

Si yo escribiera para ustedes, para usted y mis hermanos, tendría que escribir tres cuentos distintos, aunque fuera la misma historia, uno para acompañar la entrada de la madrugada con café, que fuera desde la parvada que invade el jardín hasta mi necedad de jugar a Bob el Constructor y colgar las lámparas sin ayuda de nadie (a que se acordó de mi papá, sí, heredé la necedad), otro, el que le contaría a Gustavo tendría que ser más breve, más ágil, ya sabemos que mi hermano se distrae con cualquier cosa y que para atrapar su atención se requieren de imágenes, mientras que en el que escribiera para Nayely pondría atención en los detalles que revelan la relación de los hombres con el mundo, si lo escribiera, sería un cuento de un ritmo pausado, donde el conflicto quedara oculto durante mucho tiempo en la descripción de un gesto… Afortunadamente, no escribo para ustedes, así que no tengo que hallar otra forma que no se sea la que corresponde a cada historia, la forma natural de escribir esos cuentos vendrá dictada por cada cuento; sí, sé que suena mal eso de que no escribo para ustedes, pero es cierto, si a veces coinciden mis cuentos con ustedes es pura coincidencia.

Es decir, para cada historia se pueden encontrar diversas formas de contarla, que nada tienen que ver con el medio, no al menos en el sentido de quedar esclavizada, si un cuento requiere ser contado en muchas páginas, seguro que encontrará un lector al que no le importe la exigencia de la extensión o que lo encuentre en un blog, si un cuento merece ser contado en 140 caracteres puede transmitirse a través de Twitter (cuando nos veamos le explico) o un mensaje de celular, lo que no entiendo es la obligatoriedad de constreñir el cuento a un formato impuesto por el medio o las tendencias lectoras, ¿se imagina?, uno escribe porque no tiene otro remedio, otro lee porque quiere hallar una historia, el puente es el placer, estoy seguro de que ambos se encontrarán.

Madre, me he alargado y seguro ya está suficientemente desconcertada. Estas líneas que trataban de avisarle que sí vamos a visitarla se han vuelto una conversación que debería tener en otra parte, con otra persona, pero sé que a pesar del desconcierto he dejado suficientes cabos como para que, alrededor de una mesa, podamos iniciar hoy como siempre nuestra conversación pendiente, ¿con qué quiere que abramos, no le interesa saber qué es el camión fantasma?

Le dejo todos los besos, que al fin y al cabo tengo más.

Su hijo, que la piensa todos los días.

edilberto

abril 04, 2010

perdón por intolerarlos: imperio del pinole


En las elecciones pasadas las campañas que promovieron el voto nulo ganaron una gran cantidad de adeptos, durante algún tiempo en el centro del debate estuvo la invitación a anular el voto como un acto de protesta (y resistencia) en contra de la clase política que se ha adueñado de los procesos electorales y ha hecho de las votaciones un mero trámite que valida el resultado de las guerras previas entre candidatos, luchas que se dan en la arena de los medios y con un bajísimo perfil, donde lo que brilla es la ausencia de las ideas e importa más la declaración deslumbrante.

Las campañas en pro de la anulación del voto lograron que la atención de centrara por un momento en las debilidades de nuestra siempre incipiente democracia, más que en las maromas con que llaman la atención los políticos. Sin embargo, la fuerza que estas campañas tuvieron, sobre todo en las redes sociales, no se reflejaron en las urnas y con la misma rapidez con que inició perdió fuerza el movimiento. Bastaron unos cuantos días para que la atención se fuera a otra parte.

Lo más sorprendente del fenómeno fue su poder de convocatoria, se contaban por montones los foros en los que se convocaba a asistir a las urnas y depositar un voto en blanco, miles eran quienes participaron en cadenas de correos electrónicos y redes sociales. No fue de extrañar, el corazón de la campaña se alimentó de una característica común: el desencanto.

Sin embargo, por la rapidez con que se apagó ese movimiento, no hubo tiempo para que en el debate se argumentara a profundidad acerca de la inutilidad de la anulación del voto, una revisión de las editoriales, artículos y columnas dedicados al tema deja la sensación de que quienes estaban a favor de la anulación sólo tenían como bandera el hartazgo, mientras que quienes defendieron la obligación y derecho de votar basaron su réplica en un solo punto: un voto en blanco era un voto para los mapaches electorales.

Con elecciones en puerta, es seguro que habrá nuevas convocatorias para promover la anulación del voto, esta ocasión será necesario algo más que la fe en la necesidad de ejercer ese derecho, no bastará con el llamado al ejercicio de la ciudadanía, se requiere aprovechar la ocasión para convencer con argumentos, de otra manera se perderá la oportunidad de un diálogo que impulse la revisión del sistema electoral, donde hasta ahora, se impone la ley del que tiene más saliva, quien logra mayor presencia, quien ocupa más espacios en los medios.

No será sencillo convocar a las urnas, el desencanto es cada vez mayor y la clase política poco ayuda a ganar la confianza de los electores, como si fuera un deporte, a medida que se acerca el momento decisivo de las elecciones, la voracidad de los políticos pasa por encima de todas las reglas, hace de las leyes un juguete y las interpreta a su gusto.

Para quienes creemos que el voto es todavía una forma válida de participación ciudadana será necesario traer a la discusión temas como transparencia y rendición de cuentas, revisarlos y proponerlos fuera del discurso de los políticos, quienes mencionan estos conceptos sin una idea clara de qué es lo que implican, creyendo que basta colocar una página en internet con múltiples enlaces que terminan por generar un laberinto, o bien, reducen la obligación de explicar y justificar sus acciones a ver la paja en el ojo ajeno.

Si bien la rendición de cuentas es un mecanismo retrospectivo y generalmente sólo se aplica a quienes ya están en el poder, es posible emplear en beneficio de la ciudadanía las nuevas tecnologías y ampliar el campo de acción para responsabilizar a los candidatos y a los dirigentes de partido, para que no sigan imponiendo su imperio de pinole sobre los asuntos públicos y encontrar los mecanismos para sancionar a quienes sin vergüenza alguna retuercen la ley a través de una interpretación simplona.

Un beneficio inmediato de exigir un poco de vergüenza a los suspirantes a un cargo público sería la recuperación del espacio público, no más espectaculares engañosos en los que la letra pequeña anuncia que esa publicidad sólo está dirigida a los militantes de un partido; si se exige transparencia en el uso de los recursos, dejarían de circular los montones de revistas que venden sus páginas a los candidatos y banalizan el ejercicio periodístico.

Sobre todo, sería posible dejar de escuchar las mentiras de siempre, para exigir que las campañas expongan ideas, proyectos, planes de trabajo, que permitan al ciudadano tomar la decisión de salir a votar.

Lamentablemente, no hay mucha esperanza para la inteligencia en estos procesos, lo más seguro es que en los días por venir lo que prevalezca sean las guerras de declaraciones basura, la degradación del discurso a slogan sin sustento.


Publicado en La Jornada Aguascalientes (04/04/10)

abril 01, 2010

guardagujas nueve



guardagujas nueve
abril 2010

marco antonio campos.la joven del arete
erika mergruen.la ciudad del arcano sin número
adriana agrelo.imágenes y versiones de isadora
dorismilda flores márquez.un blog es nuestra casa y las redes sociales son los bares

Especial Premio de Poesía Aguascalientes 2010

javier acosta. libro del abandono

juan josé macías.javier acosta, peregrino sedente

oscar aparicio. el imposible jardín de moloch
fernando acevedo.todas tus noches y las suyas
ruy feben.hipocampo
alejandra m. vázquez.uno
amparo vázquez.un sueño real
sergio gaut vel hartman.ciclos
sofía ramírez.libros y niños
iván trejo.animalia

ilustraciones de vanessa romero y jorge medina

guardagujas, suplemento cultural de La Jornada Aguascalientes,
acompaña la edición impresa del periódico los días 1 de casa mes

contenido exclusivo para internet: gustavo arciniega y ricardo esquer
http://www.lajornadaaguascalientes.com.mx/guardagujas/
y puedes consultar el archivo electrónico en este enlace

Puede interesarte

Related Posts with Thumbnails