
El fenómeno moderno por excelencia está constituido por la aparición del artista inteligente. No es que los de otras épocas fuesen incapaces de abstracción o sutileza; pero, instalados de un solo golpe en el centro de su obra, la realizaban sin reflexionar demasiado sobre ella y sin rodearse de doctrinas y de consideraciones de método. El arte, aun nuevo, les llevaba. Ahora ya no sucede lo mismo. Por reducidos que sean sus medios intelectuales, el artista es ante todo esteticista: situado fuera de su inspiración, la prepara y la restringe a ella deliberadamente. Si es poeta, comenta su obra, las explica sin convencernos, y, para inventar y renovarse, imita el instinto que ya no tiene: la idea de poesía se ha convertido en su materia poética, su fuente de inspiración. Canta a su poema; grave desfallecimiento, sin sentido poético: no se hacen poemas con la poesía. Sólo el artista dudoso parte del arte; el artista verdadero saca su materia de otra parte: de sí mismo…
0 comentarios:
Publicar un comentario