julio 13, 2010

El cuento nació al mismo tiempo que el fuego

El cuento, pienso, nació al mismo tiempo que el fuego porque, de improviso, se necesitaba algo que contar alrededor del fuego. El cuento es materia inflamable, arde rápido, da calor y ahuyenta a las bestias y a los malos espíritus, ya las buenas madres y los buenos padres cuentan cuentos a sus hijos a la hora de ayudarlos a cruzar la barrera que los separa del mundo de los sueños y de mil y una noches donde esperan otros cuentos. Cuentos como explosiones, desordenados, dueños de una lógica propia y que aguardan para ser narrados a la mañana siguiente como algo que no se recuerda del todo, como un boceto de algo que se puede escribir mejor pero que casi siempre termina extrañando y traicionando la textura de aquello que se leyó acostados y con los ojos cerrados y en blanco y negro. El recuento de sueños nunca puede transmitir del todo la naturaleza propia del sueño cuando se lo está soñando. Naturaleza que resulta imposible de traer a este lado y reproducirla y escribirla en un cuaderno insomne y siempre listo que yace junto a nuestra cama para que lo llenemos de párrafos de ortografía sonámbula y después seguimos durmiendo, soñando.

Apuntes para una teoría del cuento, de Rodrigo Fresán, en La velocidad de las cosas.

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