la misma piedra

La columna del director de La Jornada Aguascalientes del 14 de febrero (Uno de estos días: Escuelas de ciudadanía) cerraba con la siguiente frase: “extraviarnos exclusivamente en los procesos electorales de este año y del 2012, sería cometer el mismo error que en 2000 y 2006 agravó la crisis social que hoy vive México”, para alcanzar ese final partió de la premisa de Raymundo Cárdenas acerca del proceso de “desnaturalización” de la política, una combinación de poderes fácticos ante los que se rinde una clase política poco combativa y desinformada, además de la ausencia de ciudadanos absolutos. También señaló Jorge que el pueblo cuenta con “alternativas mínimas en su dimensión de consumidor”, por lo que “la gran cruzada progresista del Siglo XXI en México y en el mundo debe de ser la construcción de ciudadanía, a través de escuelas multinivel”, para así refundar la política y recuperar la soberanía del pueblo sobre otros poderes.
El título original de esta columna iba a ser Déjà vu, la sensación de haber experimentado previamente una situación nueva, sólo así podría explicar la reacción primera al enterarme que el candidato a la gubernatura por parte de Acción Nacional es Martín Orozco; se repiten los contrincantes de las elecciones pasadas, otra vez en competencia contra Carlos Lozano. Sin embargo, entre ese momento y la escritura de estas líneas, la lectura de los medios en Aguascalientes me deja claro que no hay nada “nuevo”, que como ciudadanos más que enfrentar con sorpresa una situación similar, estamos tropezando con la misma piedra. Como señaló Jorge, de nuevo, son pocas las alternativas de los ciudadanos.
También decidí cambiar el título porque no hay nada nuevo en los nombramientos, tampoco encontré una situación novedosa en la actitud de los opinadores, hoy resulta que ya todos sabían el resultado, que eran obvias las señales: lo reveló la visita de Felipe Calderón a Luis Armando Reynoso, no es que haya venido a inaugurar un puente (inacabado, por supuesto) sino que vino a Aguascalientes a poner en su lugar al gobernador y designar candidato, ahora los opinadores resaltan sus dotes adivinatorias (por decir lo menos) o su aguda capacidad de análisis, señalando que no era que no lo hubieran escrito con todas su letras sino que uno no sabe leer lo obvio. Confieso entonces que no lo vi, también debo manifestar que sigo pensando que la actitud del candidato perdedor en el PRI, me sigue pareciendo un berrinche, que Gabriel Arellano vende caro su amor para lograr asegurar un mejor premio de consolación, y declaro que no me la creo del todo cuando me dicen que grupos más poderosos mueven los hilos del Señor de los Puentes. Lo sé, soy un ingenuo, pero lo soy porque hasta hoy esas aseveraciones no pasan de chisme de café, no he leído ninguna columna donde alguien arriesgue su nombre a esas teorías. En caso de que se compruebe lo contrario, estoy seguro, serán profecías a toro pasado. A lo anterior súmese la cauda de reacciones a la futura contienda Orozco-Lozano: los comentarios se reducen a la especulación sobre lo que le queda hacer a Reynoso Femat, si el compadre del gobernador (Cuadra el perdedor panista) irá por la alcaldía, las moronas del Plan B de la otra perdedora (Lorena Martínez por el PRI) si la desgracia que es el PRD en Aguascalientes recogerá las migajas o qué lamerán del suelo el resto de los partidos morrallas.
Deplorable escenario informativo al que se agregan los políticos que usan a los medios para perorar sobre la democracia y exaltar su participación en los asuntos públicos, cuando sólo los mueve el engrandecimiento de su propia imagen, alimentar a sus huestes, sin importar que los textos que publican sean plagios, total, nadie les va a pedir cuentas; o que sus argumentos no resistan el mínimo análisis, si lo importante es parecer inteligente; no interactuar con sus lectores a menos que sean elogios o bien, ordenar a sus lacayos que vomiten sobre quienes se atreven a criticarlos. La presencia lo es todo, no importa cómo.
¿Y los ciudadanos?, ¿en verdad estamos limitados a consumidores? Me parece que no. Ante la casi nula posibilidad de que la clase política asuma que se requieren escuelas de ciudadanía, los consumidores de noticias estamos en posibilidad de ejercer presión para que los medios respondan a nuestros intereses.
Está bien vista la queja ante la banalización de la cultura, exaltarse porque noticias sobre actrices de silicona y actores de plástico, la telenovela o el espectáculo cómico, le restan espacio en los medios a otras expresiones artísticas; de igual forma se aprueba el espanto que provoca la preeminencia de la nota sangrienta sobre otros asuntos, pero no se menciona la trivialidad de la información política cuando se reduce al chisme y la especulación, los riesgos de ser una sociedad que recibe basura cuando requiere herramientas que le permitan tomar decisiones.
A un texto anterior (Un coro de pajaritos, 31/12/10), Dorismilda Flores-Márquez comentó que “así como se han transformado las prácticas de comunicación, se han transformado también las nociones y prácticas de ciudadanía. Bien dicen grandes autores que tomar posiciones fuera de las vías tradicionales de la política, es también una forma de hacer política”. Creo que ante la ola de información sin sustancia valdría la pena que el lector de noticias revalore el poder que tiene como consumidor, si con las nuevas tecnologías se amplían las formas de interacción con los medios, opinadores y periodistas, en la misma medida crece el valor que tiene la decisión de cambiar de sintonía o apagar el radio, la televisión o no atender a un medio impreso.
Dimensionar el valor que tiene la opinión del lector, ejercer la crítica a los contenidos de los medios o la ausencia de propuestas por parte de quienes ahí opinan, señalar el engaño o evidenciar la estrategia manipuladora, es una forma de ampliar la participación política, al menos impedir que se siga llenando nuestro día de la basura con que los suspirantes a un cargo de elección creen todavía que pueden lograr nuestro voto.
El título original de esta columna iba a ser Déjà vu, la sensación de haber experimentado previamente una situación nueva, sólo así podría explicar la reacción primera al enterarme que el candidato a la gubernatura por parte de Acción Nacional es Martín Orozco; se repiten los contrincantes de las elecciones pasadas, otra vez en competencia contra Carlos Lozano. Sin embargo, entre ese momento y la escritura de estas líneas, la lectura de los medios en Aguascalientes me deja claro que no hay nada “nuevo”, que como ciudadanos más que enfrentar con sorpresa una situación similar, estamos tropezando con la misma piedra. Como señaló Jorge, de nuevo, son pocas las alternativas de los ciudadanos.
También decidí cambiar el título porque no hay nada nuevo en los nombramientos, tampoco encontré una situación novedosa en la actitud de los opinadores, hoy resulta que ya todos sabían el resultado, que eran obvias las señales: lo reveló la visita de Felipe Calderón a Luis Armando Reynoso, no es que haya venido a inaugurar un puente (inacabado, por supuesto) sino que vino a Aguascalientes a poner en su lugar al gobernador y designar candidato, ahora los opinadores resaltan sus dotes adivinatorias (por decir lo menos) o su aguda capacidad de análisis, señalando que no era que no lo hubieran escrito con todas su letras sino que uno no sabe leer lo obvio. Confieso entonces que no lo vi, también debo manifestar que sigo pensando que la actitud del candidato perdedor en el PRI, me sigue pareciendo un berrinche, que Gabriel Arellano vende caro su amor para lograr asegurar un mejor premio de consolación, y declaro que no me la creo del todo cuando me dicen que grupos más poderosos mueven los hilos del Señor de los Puentes. Lo sé, soy un ingenuo, pero lo soy porque hasta hoy esas aseveraciones no pasan de chisme de café, no he leído ninguna columna donde alguien arriesgue su nombre a esas teorías. En caso de que se compruebe lo contrario, estoy seguro, serán profecías a toro pasado. A lo anterior súmese la cauda de reacciones a la futura contienda Orozco-Lozano: los comentarios se reducen a la especulación sobre lo que le queda hacer a Reynoso Femat, si el compadre del gobernador (Cuadra el perdedor panista) irá por la alcaldía, las moronas del Plan B de la otra perdedora (Lorena Martínez por el PRI) si la desgracia que es el PRD en Aguascalientes recogerá las migajas o qué lamerán del suelo el resto de los partidos morrallas.
Deplorable escenario informativo al que se agregan los políticos que usan a los medios para perorar sobre la democracia y exaltar su participación en los asuntos públicos, cuando sólo los mueve el engrandecimiento de su propia imagen, alimentar a sus huestes, sin importar que los textos que publican sean plagios, total, nadie les va a pedir cuentas; o que sus argumentos no resistan el mínimo análisis, si lo importante es parecer inteligente; no interactuar con sus lectores a menos que sean elogios o bien, ordenar a sus lacayos que vomiten sobre quienes se atreven a criticarlos. La presencia lo es todo, no importa cómo.
¿Y los ciudadanos?, ¿en verdad estamos limitados a consumidores? Me parece que no. Ante la casi nula posibilidad de que la clase política asuma que se requieren escuelas de ciudadanía, los consumidores de noticias estamos en posibilidad de ejercer presión para que los medios respondan a nuestros intereses.
Está bien vista la queja ante la banalización de la cultura, exaltarse porque noticias sobre actrices de silicona y actores de plástico, la telenovela o el espectáculo cómico, le restan espacio en los medios a otras expresiones artísticas; de igual forma se aprueba el espanto que provoca la preeminencia de la nota sangrienta sobre otros asuntos, pero no se menciona la trivialidad de la información política cuando se reduce al chisme y la especulación, los riesgos de ser una sociedad que recibe basura cuando requiere herramientas que le permitan tomar decisiones.
A un texto anterior (Un coro de pajaritos, 31/12/10), Dorismilda Flores-Márquez comentó que “así como se han transformado las prácticas de comunicación, se han transformado también las nociones y prácticas de ciudadanía. Bien dicen grandes autores que tomar posiciones fuera de las vías tradicionales de la política, es también una forma de hacer política”. Creo que ante la ola de información sin sustancia valdría la pena que el lector de noticias revalore el poder que tiene como consumidor, si con las nuevas tecnologías se amplían las formas de interacción con los medios, opinadores y periodistas, en la misma medida crece el valor que tiene la decisión de cambiar de sintonía o apagar el radio, la televisión o no atender a un medio impreso.
Dimensionar el valor que tiene la opinión del lector, ejercer la crítica a los contenidos de los medios o la ausencia de propuestas por parte de quienes ahí opinan, señalar el engaño o evidenciar la estrategia manipuladora, es una forma de ampliar la participación política, al menos impedir que se siga llenando nuestro día de la basura con que los suspirantes a un cargo de elección creen todavía que pueden lograr nuestro voto.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (21/02/10)
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