Perdón por intolerarlos
ABEJAS, BURROS Y OSOS
Hubo un tiempo en que lo más que uno podía aspirar era obtener en el cuaderno la nítida impresión del sello de “Abejita trabajadora”, similar a la estrella que la maestra ensalivaba diligente antes de colocarla en la frente, ambas eran señales de que se había realizado la tarea al pie de la letra, sin torcer los renglones, sin corregir demasiado o abusar de la goma de borrar que dejaba una estela sucia de grafito, merecedora del sello de un puerquito, cochino que, a pesar de su sonrisa caricaturesca, demeritaba todo esfuerzo al subrayar el desaliño de la escritura, no era tan grave como que impusieran en la hoja la marca de “Oso perezoso”, el cual acusaba de haraganería. Aunque el sello que demeritaba con más saña cualquier el trabajo realizado era el del burro, ahí si no había pretexto que valiera, no sólo se había sido indolente o incumplido, si te ganabas uno de eso es que eras incapaz de cualquier aprendizaje.
Con el tiempo uno se daría cuenta de la poca importancia de esas evaluaciones, que acumular sellos de abejas, osos o burros en el cuaderno no valía ante la calificación final, que era posible acumular decenas de insectos diligentes sin que valieran por una calificación aprobatoria, incluso era posible tener varios asnos y realizar un examen final brillante para asegurar el pase de año. Pronto se aprendía que la importancia de realizar la tarea, de estudiar, no radicaba en la obtención del signo entintado.
Por eso no deja de causar cierta ternura el alcalde de Aguascalientes, Gabriel Arellano, cuando en conferencia de prensa presume una encuesta de aceptación ciudadana y se declara satisfecho porque el desempeño de la administración municipal obtuvo un 6.8 de calificación, lo que en mis tiempos equivalía a una terrible “S”, es decir, apenas suficiente, lejos del Bien, Muy Bien o Excelente con que los mejores aprobaban un curso. Es una ternura cercana a la pena ajena porque el alcalde no sólo se congratula de su baja calificación con un “podría ser peor” sino que además resalta que los evaluadores lo quieren más que a otros compañeritos, es decir, ya no importa el trabajo realizado, sino el carisma, el tamaño de la manzana con que se adula al maestro e ir mejor peinado que el resto del salón.
Así, Arellano presume que cuenta con mayor respaldo que Luis Armando Reynoso, porque a él lo aprueban el 57.3 de los encuestados, mientras que al gobernador sólo lo quiere el 44.6 de los 450 mil entrevistados en la más reciente encuesta de aceptación. A mi entender, ambos están reprobados, pero eso no importa, hay que fanfarronear del resultado. Para darle validez a esas opiniones se desagrega la información con cierta lógica perversa, primero la comparación con otros actores políticos (salí muy mal, pero otros salieron peor), enseguida la explicación retorcida, es decir, casi el 50% señala como el problema mayor el desempleo, pero como esa situación “no le compete directamente” al gobierno municipal, pues no es tan grave. Después explica que la evaluación de su trabajo está dentro de lo aceptable desestimando la opinión de quienes no lo calificaron bien porque siempre habrá inconformes, “personas a las que se les ha incumplido en las promesas de campaña o que tienen otra simpatía política”. Así de simple, una ciudad que se inunda a la menor lluvia, con crecientes índices de inseguridad, con servicios públicos rebasados, es resultado de las promesas incumplidas de los candidatos. Peor aún, la lectura que hace el Presidente Municipal de la encuesta cancela la reflexión acerca de cualquier mal servicio, reduciendo el descontento a las preferencias políticas de la ciudadanía. Así, por ejemplo, que el Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura sea incapaz de realizar una oferta cultural diferente a la hora del aficionado en las plazas públicas, es culpa de quienes no votan por el PRI.
Si bien parten de la misma acción, hay una sutil diferencia entre calificación y evaluación, la primera se refiere a la puntuación obtenida, mientras que la segunda implica el análisis de la información, interpretar y valorar la realidad con el propósito tomar decisiones, evaluar va más allá de la sanción de un sello con la imagen de un burro o una abeja.
La banalización de los datos, reducir los resultados de una encuesta a si Gabriel Arellano tiene mejor o peor imagen que otros condena el ejercicio de gobierno a una lucha por ser más bonito que ninguno, a pesar de las declaraciones del alcalde, prioriza el tema político-electoral, es más importante posicionarlo como candidato a Gobernador, atrás queda la posibilidad de establecer una serie de procesos que permitan eficientar la administración pública, eso es lo de menos, ya tiene su sello de “Abejita trabajadora”.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (26/07/09)
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Si vieras a la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí yo, ebria de mil muertes, hablo de mi conmigo sólo por saber si es verdad que estoy debajo de la hierba. No sé los nombres. ¿A quién le dirás que no sabes? Te deseas otra. La otra que eres se desea otra. ¿Qué pasa en la verde alameda? Pasa que no es verde y ni siquiera hay una alameda. Y ahora juega a ser esclava para ocultar tu corona ¿otorgada por quién? ¿quién te ha ungido? ¿quién te ha consagrado? El invisible pueblo de la memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes. No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla de ti como si fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio. En un muro blanco dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardín. Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante en tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que me obligo. Oh habla del silencio.

