agosto 16, 2009

Perdón por intolerarlos: pequeños actos de corrupción

Perdón por intolerarlos
PEQUEÑOS ACTOS DE CORRUPCIÓN

“La corrupción amenaza el presente y el futuro de las naciones. Hacer trampa es ganar a la mala algo que no corresponde, algo que le corresponde a alguien más. Es dejar a un lado los valores de la honestidad y de la ética para conseguir un beneficio indebido”, les dijo Felipe Calderón a los niños que asistieron a la Premiación Nacional del Concurso de Dibujo Adiós a las Trampas. Al parecer la nueva guerra del gobierno federal será en contra de la corrupción, al menos así lo indica el discurso presidencial (por reduccionista que sea). No estaría mal que se emprendiera un esfuerzo desde el gobierno por disminuir esa fuga de dinero. Tan sólo en el último informe de Transparencia Mexicana (de hace dos años) se contabilizaron 197 millones de actos de corrupción en el uso de servicios públicos provistos por autoridades del ámbito federal, estatal y municipal, actos que costaron más de 27 millones a los hogares mexicanos. Del 2007 a la fecha no parece que haya mejorado la situación. He ahí una fuga enorme de recursos.

Sin embargo, es posible que la guerra que se emprenda sólo traiga como resultados algunas fintas y la detención de algún personaje menor. Ocupados como están en la imagen, los gobernantes apuestan al golpe mediático más que a la tarea constante. Así lo demuestra la forma de gobernar en todos los niveles, en los tres poderes, donde como solución a los problemas se proporcionan comunicados de prensa vacíos, declaraciones que rayan en la estupidez, práctica constante que se opone a la rendición de cuentas.

No basta declarar que “acabar con la corrupción permitirá el desarrollo de México”, es necesario un diagnóstico de las causas y un catálogo amplio en el que se incluya el engaño, el silencio y la tontería como actos de corrupción, como partes de la transa gubernamental que hace perder dinero a los ciudadanos.

Identificar como transa aquellos actos pequeños que desde los gobiernos imponen apostando a que la mala memoria y la costumbre ya nos acostumbraron, ejemplos sobran, engaño es la respuesta de Luis Armando Reynoso cuando se le cuestiona sobre su salario y contesta que todo es transparente, envileciendo el término al confundir rendición de cuentas con cinismo; igual la postura de los regidores del Ayuntamiento de Aguascalientes cuando públicamente anuncian que están de acuerdo en rebajarse el sueldo, incluso predicen porcentajes, pero se queda en finta pues ninguno propone la reducción y todo queda en un futuro acuerdo de cabildo que, ya se sabe, no se hará; mentira la ocurrencia reciente del gobernador: proponer Aguascalientes como sede de la nueva refinería de Pemex a un par de días de anunciar los resultados, como si contar con terrenos bastara; también las declaraciones del Secretario de Desarrollo Económico acerca de la inversión en el Estado, como si su palabra bastara para desmentir las cifras oficiales. Mentiras que cuestan en el ánimo de los ciudadanos al generar falsas expectativas.

Pequeños actos de corrupción también el silencio con que se envuelven las acciones de gobierno, de nuevo Jiménez San Vicente, esta vez evitando declarar sobre los fondos que se otorgarán a la película de Canana Films y Diego Luna, transformando en algo sucio una inversión que fácilmente se podría justificar; o Gabriel Arellano aplazando, una vez más, el informe de corrupción en Seguridad Pública y enredando cada vez más la forma en que se gasta el dinero; mutismo que cuesta la reserva con que quiere escurrir el bulto el personaje público cuando se le acusa de plagio, como si callar lo exculpara (Isidoro Armendáriz, por ejemplo) o la encargada de comunicación social cuando se abstiene ante el desorden de la estructura de gobierno evidenciada por la corrección de un error que hace aparecer en estructura sólo tres direcciones generales cuando son cuatro, y cinco los años que esta administración arrastra ese “errorcito”; el silencio cuesta, como la irresponsable ausencia de los diputados locales a las sesiones, más de un millón de pesos tirados a la basura porque les da flojera asistir al trabajo para el que fueron elegidos.

Y los mínimos actos de corrupción que se dan todos los días en las oficinas de gobierno, donde es común que al proveedor se le diga que vaya al día siguiente porque la encargada de los cheques decidió irse temprano, o que pase a cobrar la semana siguiente porque el Director sólo firma cheques los viernes; cuando en Palacio Municipal el asistente avisa que, otra vez, el regidor no está y el ciudadano tiene que ir después.

Costos que no suelen tomarse en cuenta, gastos que se generan por la costumbre de no rendir cuentas, y sí, también por el silencio con que dejamos pasar una y otra vez, por la flojera de denunciar, por la desidia de no señalar a quien nos impone su corrupción, por pensar que es mejor evitarse problemas y no zarandear el avispero.
Felipe Calderón también les dijo a los niños que asistieron a la premiación que no era cierta la “frase absurda, irresponsable, repudiable, de que el que no transa no avanza” y que los países que más han avanzando en el mundo son los que tienen comportamientos más honestos y reglas claras y que cumplen mejor sus reglas”, quizá le faltó agregar que transa es también mentira y el silencio su peor expresión.


Publicado en La Jornada Aguascalientes (16/08/09)

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