Perdón por intolerarlos
El sueño de la abulia genera juanitos
La escena es tan patética que no burlarse sería doloroso, en algún lugar de Iztapalapa, Juanito mira encandilado a su líder, se agita nervioso, con brinquitos que, aunados a la banda tricolor que le ciñe la frente, lo semejan a un púgil envalentonado, dispuesto a una sesión de trompadas, es tanta su dedicación a parecer un luchador social que al exagerar semeja un cachorro dispuesto a saltar sobre quien señale su amo. Tan sabe de su obediencia Andrés Manuel López Obrador que no se digna a mirarlo, a pesar de que las palabras le están dirigidas a Juanito, el amo alimenta la fe ciega de sus seguidores con un discurso de diatribas que se pierde en el intento de explicar qué ocurrió con las candidaturas perredistas en esa delegación, así que mejor el gesto a la multitud, ordena que se vote por el PT para que gane Juanito y le ceda su lugar a la candidata del PRD que ya no lo es:
-Juanito –dicta López Obrador con tono de zarza ardiente -. ¿Aceptas lo que estoy planteando?, ¿te comprometerías a que al momento de ganar presentes tu renuncia para que el movimiento haga la propuesta al jefe de gobierno y él a la vez haga esa propuesta a la Asamblea para que Clara (Brugada) sea la que gobierne Iztapalapa?
-Sí –enfático en el éxtasis contesta Juanito-, lo cumplo con el compromiso de nuestro presidente legítimo
-A ver –insiste Andrés Manuel- ¡Protesta!
-Sí, protesto todo porque nos convenga al país, a nuestro presidente legítimo y luchemos por México –Juanito, cachorril, imagina su rostro en bronce-. Sí, ¡protesto!
A esas alturas de la escena no queda más remedio que soltar la carcajada, es el extremo de la pena ajena, reconocer que hace mucho Andrés Manuel voló sobre el nido del cucú, reír de la vergüenza por la sumisión de un candidato como Juanito, que en realidad se llama Rafael Acosta y entre sus logros cuenta el haber estado varias veces en el hospital, una de ellas después de que lo golpeó el Estado Mayor, tras ingresar a Palacio Nacional con el objetivo de mentarle la madre a Felipe Calderón.
Después de la carcajada, la tristeza, el desaliento. Es fácil comprender las sin razones por las que el voto nulo gana adeptos. Alguien no se está tomando el asunto en serio. No es sólo el risible vasallaje de los juanitos -la escena ridícula pronto pasará al anecdotario y de ahí al olvido-, es algo más que por obvio se pasa por alto: la facilidad con que nos acostumbramos a la falta de ideas. Un ejemplo claro es lo sucedido durante la propuesta de debate formulada por la UAA y La Jornada Aguascalientes, donde los dirigentes mostraron con creces su incapacidad de un diálogo propositivo, cuando al manifestar la posición partidista ante “temas polémicos” como la legalización del aborto y las sociedades de convivencia; cuando el panista expuso con más fiereza que tino su postura, fue sonoramente abucheado por el auditorio, un momento después, el balbuceante priista dijo exactamente lo mismo y se le aplaudió.
Se supone que los ciudadanos estamos hartos, pero no nos deja de atraer el espectáculo vergonzoso, con morbo somos testigos de cómo se lanzan lodo y, de alguna manera, nuestra apatía alienta esas muestras de imbecilidad. Es decir, estamos tan hartos de juanitos que abrumados por el cansancio nos rendimos a la queja. Sí, es cierto que ellos no proponen mucho, pero también cuenta que hemos dejado a un lado la responsabilidad ciudadana de proponer, de exigir. Es más simple declarar que el sistema no sirve y esgrimir esa razón como motivo para sumarse al abstencionismo. Es más fácil presionar una tecla y reenviar el mensaje electrónico con la lista de lamentos e invitar a los demás a que anulen su voto, ya sea dejándolo en blanco, cruzando la boleta o apuntando el nombre de Cantinflas. Es más simple que asumir la tarea que nos corresponde.
En este panorama, en el desierto de las ideas, una iniciativa como la de Alejandro Martí y México SOS (www.mexicosos.org.mx): “Mi voto por tu compromiso” parece una gran idea: sólo votar por aquellos candidatos que se comprometan, ante notario, con una agenda que tiene como eje la seguridad. Reitero, no está mal, pero justipreciada, comienzan a saltar las dudas, una voz similar a la de Bill Clinton grita: It’s the economics, stupid!, y sí, es la economía, y la educación, y la democratización de las estructuras, y… sobre todo la rendición de cuentas; pero por algo hay que empezar.
Por lo pronto, una idea como la de Martí, es mejor, mucho mejor que unirse al abstencionismo, a la fúrica e irracional salida de la anulación, salir a votar entonces, sí, ni modo, a dar otro salto de fe, al menos no permitirse que el sueño de la abulia ciudadana genere más juanitos.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (20/06/09)
El sueño de la abulia genera juanitos
La escena es tan patética que no burlarse sería doloroso, en algún lugar de Iztapalapa, Juanito mira encandilado a su líder, se agita nervioso, con brinquitos que, aunados a la banda tricolor que le ciñe la frente, lo semejan a un púgil envalentonado, dispuesto a una sesión de trompadas, es tanta su dedicación a parecer un luchador social que al exagerar semeja un cachorro dispuesto a saltar sobre quien señale su amo. Tan sabe de su obediencia Andrés Manuel López Obrador que no se digna a mirarlo, a pesar de que las palabras le están dirigidas a Juanito, el amo alimenta la fe ciega de sus seguidores con un discurso de diatribas que se pierde en el intento de explicar qué ocurrió con las candidaturas perredistas en esa delegación, así que mejor el gesto a la multitud, ordena que se vote por el PT para que gane Juanito y le ceda su lugar a la candidata del PRD que ya no lo es:
-Juanito –dicta López Obrador con tono de zarza ardiente -. ¿Aceptas lo que estoy planteando?, ¿te comprometerías a que al momento de ganar presentes tu renuncia para que el movimiento haga la propuesta al jefe de gobierno y él a la vez haga esa propuesta a la Asamblea para que Clara (Brugada) sea la que gobierne Iztapalapa?
-Sí –enfático en el éxtasis contesta Juanito-, lo cumplo con el compromiso de nuestro presidente legítimo
-A ver –insiste Andrés Manuel- ¡Protesta!
-Sí, protesto todo porque nos convenga al país, a nuestro presidente legítimo y luchemos por México –Juanito, cachorril, imagina su rostro en bronce-. Sí, ¡protesto!
A esas alturas de la escena no queda más remedio que soltar la carcajada, es el extremo de la pena ajena, reconocer que hace mucho Andrés Manuel voló sobre el nido del cucú, reír de la vergüenza por la sumisión de un candidato como Juanito, que en realidad se llama Rafael Acosta y entre sus logros cuenta el haber estado varias veces en el hospital, una de ellas después de que lo golpeó el Estado Mayor, tras ingresar a Palacio Nacional con el objetivo de mentarle la madre a Felipe Calderón.
Después de la carcajada, la tristeza, el desaliento. Es fácil comprender las sin razones por las que el voto nulo gana adeptos. Alguien no se está tomando el asunto en serio. No es sólo el risible vasallaje de los juanitos -la escena ridícula pronto pasará al anecdotario y de ahí al olvido-, es algo más que por obvio se pasa por alto: la facilidad con que nos acostumbramos a la falta de ideas. Un ejemplo claro es lo sucedido durante la propuesta de debate formulada por la UAA y La Jornada Aguascalientes, donde los dirigentes mostraron con creces su incapacidad de un diálogo propositivo, cuando al manifestar la posición partidista ante “temas polémicos” como la legalización del aborto y las sociedades de convivencia; cuando el panista expuso con más fiereza que tino su postura, fue sonoramente abucheado por el auditorio, un momento después, el balbuceante priista dijo exactamente lo mismo y se le aplaudió.
Se supone que los ciudadanos estamos hartos, pero no nos deja de atraer el espectáculo vergonzoso, con morbo somos testigos de cómo se lanzan lodo y, de alguna manera, nuestra apatía alienta esas muestras de imbecilidad. Es decir, estamos tan hartos de juanitos que abrumados por el cansancio nos rendimos a la queja. Sí, es cierto que ellos no proponen mucho, pero también cuenta que hemos dejado a un lado la responsabilidad ciudadana de proponer, de exigir. Es más simple declarar que el sistema no sirve y esgrimir esa razón como motivo para sumarse al abstencionismo. Es más fácil presionar una tecla y reenviar el mensaje electrónico con la lista de lamentos e invitar a los demás a que anulen su voto, ya sea dejándolo en blanco, cruzando la boleta o apuntando el nombre de Cantinflas. Es más simple que asumir la tarea que nos corresponde.
En este panorama, en el desierto de las ideas, una iniciativa como la de Alejandro Martí y México SOS (www.mexicosos.org.mx): “Mi voto por tu compromiso” parece una gran idea: sólo votar por aquellos candidatos que se comprometan, ante notario, con una agenda que tiene como eje la seguridad. Reitero, no está mal, pero justipreciada, comienzan a saltar las dudas, una voz similar a la de Bill Clinton grita: It’s the economics, stupid!, y sí, es la economía, y la educación, y la democratización de las estructuras, y… sobre todo la rendición de cuentas; pero por algo hay que empezar.
Por lo pronto, una idea como la de Martí, es mejor, mucho mejor que unirse al abstencionismo, a la fúrica e irracional salida de la anulación, salir a votar entonces, sí, ni modo, a dar otro salto de fe, al menos no permitirse que el sueño de la abulia ciudadana genere más juanitos.
Publicado en La Jornada Aguascalientes (20/06/09)

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