marzo 07, 2009

Perdón por intolerarlos: guanabí

Perdón por intolerarlos
Guanabí

Sube el diputado a la tribuna del Congreso local, acomoda con decisión los papeles que tiene frente a sí, es un momento solemne, al menos así quiere que parezca, por eso endurece el rostro, va a dirigir unas palabras en nombre de sus representados, del pueblo de Aguascalientes, carraspea lo indispensable para aclarar la garganta y llamar la atención de sus compañeros. Es sencillo, basta arrancar con “Compañeras y Compañeros de la LIX Legislatura”, lo ha ensayado una y otra vez. Comienza: Compañeras y Compañeros de la Ele Palito Equis Legislatura... Se detiene, escucha las carcajadas pero no entiende por qué se ríen.

La anécdota es verídica, el nombre del diputado no importa, como tampoco su filiación partidista, bien podría ocurrir hoy o mañana, es el riesgo que se corre cuando suben a tribuna los guanabí, cuando el funcionario se anima porque le parece sencillo tomar las palabras ajenas, las ideas de otro y pretender que son propias.

Guanabí es una contracción de I want to be (quiero ser), uno de los tantos diccionarios urbanos que hay en internet, ofrece la siguiente definición: Persona desesperada que desea la identidad de otra persona y hace una patética suplantación. En tiempos de campaña (aunque el IFE y los partidos usen el sofistico precampaña) evitar que llegue otro legislador de ese tipo es simple, parte del procedimiento para obstaculizar su ascenso lo mencionó Guillermo Ornelas en Exani para candidatos (La Jornada Aguascalientes de febrero 18): “¿Por qué los ciudadanos tenemos que recordarle eternamente a los servidores públicos que hagan su trabajo con esmero ético, orden programático, eficiencia técnica y que disfruten de ello? ¿Por qué no empezar con una evaluación a los precandidatos para hacer un buen cernidor de babosos bien acomodados?” Pesimista que es uno, dudo que los partidos apliquen este filtro en su selección, así que apunto la idea en la columna de asuntos para estrilarse.

La mención de los guanabíes venía al caso por otras razones, a partir de que La Jornada Aguascalientes destapó la cloaca de los plagios me ronda la misma pregunta, ¿para qué?, ¿qué es lo que desean estos guanabíes?, debe haber algo más que el usufructo de las generosas remuneraciones de esos puestos, aparecer como opinador en los medios impresos no es una condición para cobrar su sueldo, entonces, ¿para qué arriesgarse al plagio?

Encuentro una pista posible en el texto Oficio y vocación de Gabriel Zaid (Letras Libres, febrero 2009), quien apunta que vivimos en una cultura que valora el éxito por encima de todas las cosas, aunque casi siempre se entienda esta condición como un sinónimo de ser famoso, señala: “El éxito se ha vuelto una vocación religiosa, indiferente a los oficios particulares. Lo importante es tener éxito, no importa en qué, ni cómo. Lo cual es una devaluación del oficio y se presta a confusiones”.

Entonces sí, la condición patética de la simulación se cumple cuando los guanabíes plagian, por las mismas razones por las que un diputado es incapaz de leer los número romanos, a fuerza de vender su engaño terminan creyéndoselo, total, si se confunde éxito con fama, mientras puedan firman sesudas disquisiciones en los medios impresos, mientras los entrevisten, fotografíen o salgan en televisión, qué más da. No es una condición inherente de los políticos, es una conducta que se repite en todos los ámbitos, como el mundito intelectual donde el éxito radica en salir en la televisión o ser entrevistado en la radio, no en el ejercicio de la inteligencia, parecer más que ser, estamos rodeados de poetas que no saben nada de métrica, investigadores capacitados sólo para presentar reportes de beca, de artistas cuyo mayor éxito es la queja de la falta de apoyos. Acostumbrados a la simulación, ya no causa extrañeza el riesgo que asumen los guanabíes al robar las palabras de otro; al final, en el remoto caso de ser descubiertos, basta con disculparse: ups, se me fue el copiar y pegar, van al diccionario y buscan sinónimos de descuido, encuentran omisión, lo llaman inconsistencia, intentan atenuar el robo con chistes para lograr el borrón y nueva cuenta. Así de medida tienen la capacidad de olvido de la sociedad.

Líneas antes mencioné que La Jornada Aguascalientes “destapó la cloaca” e insisto en el tema no sólo por la vergüenza ajena, sino porque hoy son muchos los que desestiman el tópico señalando que no es un asunto nuevo, que ya todos sabían de los plagios, incluso se regodean en la lista, ¿en verdad?, entonces el asunto es grave porque ya nos acostumbramos a la simulación. Otras voces intentan confundir el plagio con asuntos diversos con el propósito de sacar provecho del río revuelto, igual de patético, pues en el intercambio de lodo nadie sale limpio y se hunde la discusión pública en el fango de la ausencia de ideas.

Eso es lo más grave del tema de los plagios: cómo gracias a las máscaras resulta cada vez más sencillo distraerse del intercambio de argumentos, se olvida el papel que nos corresponde jugar en la discusión pública, lo que se puede exigir, lo que estamos obligados a ofrecer.

Triste, estamos entretenidos en otra cosa, nos divierte tanto el engreimiento con que el guanabí exhibe su vacuidad que olvidamos el momento en que se transforma en espejo.




Publicado en La Jornada Aguascalientes (07/03/09)

1 comentarios:

Milau dijo...

Jajajá, pues es obvio que la mayoría no pasaría por ese filtro y quedarían sólo los inteligentes y bienintencionados, que obviamente no estarían interesados en un puesto como ese.
Qué le vamos a hacer. Buen blog.
Supongo que eres hidrocálido, al igual que yo.
Saludos desde tierras chilanguenses.

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