diciembre 31, 2008

Especial Químicamente impuro....

Especial asqueroso de fin de año

Químicamente impuro (40 a 149 palabras):

Comenzó como un chiste, hizo pie en textos previos de Ricardo Bernal y José Vicente Ortuño y terminó cuajando (pocas veces mejor dicho) en casi medio centenar de microficciones asquerosas. Sigue siendo un chiste, por lo que les ruego a los de estómago delicado que no los lean y nos disculpen por ser groseros, procaces y repelentes. Un componente posible de la literatura es la provocación y hemos querido, en este caso, utilizar ese inmundo recurso para que a los lectores no les pase inadvertido nuestro saludo de fin de año, que contiene los mejores deseos para el 2009. Era eso: para no perdernos en la maraña de mensajes rutinarios, elegimos esta vía. ¡Qué locos!

El banquete - Héctor Ranea
Jíbaro - Ricardo Juan Benítez
Hambre - Carmen Courtaux
En mi memoria - Santiago Eximeno
Concurso - Patricia Kieffer
Miedo - Adriana Alarco de Zadra
Contracciones - Andrea Victoria Álvarez
Extinción perruna en Judea - Carmen Carrillo
Hambruna - María del Pilar Jorge
Un plato Gongon - Walter Dardo Böhmer
Dar la campanada - Jorge X. Antares
Lo que no te mata, ¿te hará más fuerte? - José Ramón Vila (Txerra)
Tártaros - Héctor Ranea
Hambre II - Carmen Courtaux
Hasta el fondo - Sergio Patiño Migoya
Un verdadero deleite - Miguel Dorelo
Niños envueltos - Jorge Martín
Un verano en Texas - Iván Olmedo
Estornudo - José Vicente Ortuño
Confusión - Antonio J. Cebrián
El resfriado - Yvonne Denis-Rosario
El primer beso - Ricardo Bernal
Conversión - Rosana Poe
Venusinos - Francisco Costantini
I wish you nothing - Gabriela Baade
Licores - Héctor Ranea
Frustración - Antonio Mora Vélez
Piscolabis Sergio Gaut vel Hartman
Arcadas - Lucía Coria
Xenofobia - Beatriz Mingo
Exploradores - Christian Lisboa
Diagnóstico - Susana Duré
Escape - León Levín
Un verdadero asco, che - Saurio
Ojito con el niño - Santiago Eximeno
Homeopatía casera - Patricia Kieffer
Un verdadero deleite 2 - Miguel Dorelo
Gusano tornillo - José Vicente Ortuño
Perra - Lucía Coria
Saludable naturaleza - José Ramón Vila (Txerra)
Propuesta indecente - Jorge Martín
Operación - Susana Duré
Robo en la pastelería - Christian Lisboa
Falsos dioses - León Levín
Fiesta - Patricia Kieffer
Hambre III - Carmen Courtaux
Cena - Héctor Ranea
Tragón - Sergio Gaut vel Hartman

Químicamente impuro


diciembre 30, 2008

Mientras tanto en Químicamente impuro....

Cofradía
a cuatro manos con el Bernal



El azar y una noche lluviosa los reunió. Descubrieron que soñaban lo mismo, también que esos sueños eran resultado de los libros que estaban leyendo.

Establecieron sitio y fecha para los encuentros siguientes. El grupo y su poder crecieron. En un principio seleccionaron los libros que hacían surgir los sueños compartidos. Lentamente aprendieron a domar los sueños, a convertirlos en augurio: lentamente su poder fue creciendo.

Hoy saben que para estar en todos los hombres sólo falta el libro que los transforme en sueños. Hoy saben que el lector de ese libro ha de morir. Este párrafo es el final de la historia.

Publicado en Químicamente impuro

diciembre 28, 2008

Perdón por intolerarlos: remedios equivocados

Perdón por intolerarlos

Remedios equivocados

Cuando Marx definió la política como el arte de “buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, seguro que no pensaba en legisladores mexicanos, sin embargo, en la descripción del buen Groucho encajan perfectamente los diputados de Aguascalientes que, al momento de escribir estas líneas, son incapaces de lograr un acuerdo acerca del presupuesto de egresos, en una historia que año con año se repite, sí, como caricatura de lo que el debate político y la defensa del interés común deberían ser.

Uno supone que los legisladores realizan con atención un análisis de los rubros en que el gobierno estatal propone gastarse el dinero y las decisiones que se toman van de la mano con la defensa del interés público, el de la colectividad, para así desarrollar formas inteligentes de distribuir el gasto, generar las condiciones para fortalecer la planta productiva, mejorar las condiciones de vida de todos los habitantes de la entidad, encauzar los programas sociales para hacerlos eficaces… Al parecer no es así. En política decir es hacer y las declaraciones recientes de los diputados muestra que la preocupación de los legisladores está en otro lado.

Hasta ahora el debate, al menos la parte pública del intercambio, ha consistido en la defensa de un interés común, el de los partidos, incluso al nivel de la defensa de posiciones individuales. Como muestra de la calidad de la discusión están las declaraciones del diputado del PAN Jaime Gallo y del priista Juan Fernando Palomino Topete (nota de José Antonio Zapata en La Jornada Aguascalientes, diciembre 26).

El panista acusa al secretario de gobierno estatal, Juan Ángel Pérez Talamantes de haber amenazado con la cancelación de despensas y apoyos para gestión social si no se aprobaba la propuesta del Ejecutivo, incluso se permite deslizar la idea de que las gestiones no han sido atendidas con oportunidad por un gobierno encabezado por un miembro de su propio partido. Mientras se discute la posibilidad de endeudar al Estado por millones de pesos, el panista se desgarra las vestiduras porque en un boletín de prensa se afirmó que el presupuesto estaría aprobado antes del 25 de diciembre.

El coordinador de la bancada del PRI no se queda atrás, acusa al mismo funcionario estatal de inmiscuirse en la vida interna del Congreso y en una viril defensa del honor institucional, le exige que se abstenga de cualquier acercamiento con los diputados, ya que “no es un interlocutor válido ante la sexagésima legislatura” y son ellos, sólo ellos, quienes tienen “las facultades y capacidades (sic) para decidir”.

Es posible que el aguinaldo de 78 mil pesos y el salario mensual de poco más de 50 mil pesos que recibieron los diputados de la LX Legislatura les permitan olvidar las condiciones de deterioro que Aguascalientes vive en materia de empleo y seguridad, por mencionar sólo dos, quizá no se han enterado del pronóstico generalizado de los especialistas acerca de cómo los efectos de la crisis económica originada en los Estados Unidos nos alcanzará con toda su fuerza en el 2009. Quizá, otra explicación que tengo a la mano, es que en la defensa de intereses partidistas pasan por alto su obligación como representantes populares, para dedicarse a aplicar las medidas y remedios equivocados.

Coda por alusiones personales
Lo primero que supe de José Luis Engels es que era el Carlos Monsiváis de Aguascalientes, así me lo presentaron. Después de leer la entrevista que le realizó Susana Rodríguez (La Jornada Aguascalientes, diciembre 23) con motivo de la presentación del poemario La siesta de un dios tatuado, recordé que Octavio Paz definió a Monsiváis como “un hombre de ocurrencias”, entonces sí, Engels es nuestro Monsiváis.

La nota de referencia señala que “los talleres del CIELA le parecen flojos a Engels y considera que debiera hacerse más, también le otorgó a Claudia Santa-Ana, encargada del centro que sea quien diga los motivos de esta falta de calidad”. Como tallerista del Centro de Investigación y Estudios Literarios de Aguascalientes, Fraguas, no me queda muy claro a qué se refiere con “calidad”, sé que calificar no corresponde a los directivos sino a quienes tuvieron la oportunidad de asistir a las sesiones a cargo de Mario Bellatin, Jorge Esquinca, Mario González Suárez, Francisco Hernández, Gerardo de la Torre, Salvador Gallardo Topete, del mismo Engels en alguna ocasión. Si algo hay que demandar a las instituciones es mantener esa oferta y mejorar la difusión de sus actividades.

Las otras ocurrencias de Engels, como que a Filo de Agua no se le quedan libros en la bodega, o cómo los compadrazgos, filias y maldad de las instituciones culturales “perjudican el proceso creativo”, bueno, son eso: ocurrencias que en busca de la promoción de un libro terminan evadiendo el tema de la obligación de la comunidad artística de exigir políticas culturales encaminadas a la formación de públicos y transparencia en el manejo de los recursos, incluso algo más sencillo: participar en el funcionamiento de los espacios con que se cuente, como el CIELA, para que las intrigas de café, la desidia de la autoridad y la falta de solidaridad de los creadores no los reduzcan a bonitas casas de puertas cerradas.


Publicado en La Jornada Aguascalientes, (28/12/08)

Ofensa

Absolutamente de acuerdo:

No conozco a Marco Julio Reyes, presidente de la CANACO,
pero sí: políticos, sus patrones, los estamos viendo.

diciembre 26, 2008

Mientras tanto en Químicamente impuro....

Sentencia


Si no eres alguien, eres de alguien, pensó, complacido de encontrar la sentencia perfecta. Dicha con desprecio lastimaría el orgullo del peor enemigo; con otra entonación y si se acompaña de una caricia, queda grabada a fuego en la memoria del aprendiz o el hijo; a media voz en el momento preciso es el acta que declara la sumisión amorosa.

La satisfacción se diluyó instantánea al recapacitar en la necesidad del otro para ser alguien, sin nadie a quien dirigirse, se descubrió palabrería y artificio.

En un intento por no abandonarse al miedo recapituló Si no soy, significa que pertenezco a alguien.

Y esperó.

No era alguien, ni de alguien. Las palabras con que se descubrió protagonista de una historia sin conflicto tampoco le pertenecían. Estaba solo.


Publicado en Químicamente impuro

diciembre 21, 2008

Perdón por intolerarlos: gato por liebre

Perdón por intolerarlos

Gato por liebre

Para su cuarto informe, el Gobernador de Aguascalientes eligió entregarlo a los diputados y dar un breve mensaje, en lo que él mismo calificó de formato “inédito, austero y accesible” (sic), en contraste, el Presidente Municipal de la capital, no pudo evitar seguir el ritual de la fiesta en grande, finalmente, fue su primera vez. Eso sí, ambos aprovecharon la ocasión para mandar un mensaje político a la ciudadanía. Los dos remataron con la promesa de un tiempo mejor, Luis Armando Reynoso llamó a construir el Estado en el que queremos vivir, ¡Viva Aguascalientes'n!, con golpe en la tribuna incluido para reafirmar su convicción, mientras que Gabriel Arellano, casi sin leer las modernísimas pantallas transparentes, alcanzó a asegurar que sería posible conquistar un futuro mejor antes que la avalancha de aplausos lo envolviera (La Jornada Aguascalientes del 2 y 18 de diciembre).

Más allá del tamaño de la fiesta, los hermana la actitud ante lo que un informe implica, ambos mandatarios confunden esa obligación con la oportunidad de pararse ante el reflector mediático para elaborar un reporte de tareas. No es su culpa, así funciona el sistema político mexicano, los informes son la ocasión para defender algo como perros, asegurar el fin de la deuda o congratularse por la transición democrática; desde el Presidente de la República hasta el alcalde del municipio más humilde ven estas ocasiones como oportunidad para el lucimiento personal más que como una obligación para con la sociedad.

Que los funcionarios públicos de cualquier nivel tengan la obligación de rendir un informe no es un favor que hacen a los ciudadanos, se llama rendición de cuentas, sin embargo, la amplitud de este término parece condenarnos a la repetición de ceremonias huecas, así como la continuidad de sus productos: los documentos que amparados en el título de Informe presentan un excesivo álbum fotográfico salpicado de unas cuantas tablas y muchos, muchos números. Basta ver los documentos que ofrecen en sus páginas en internet los gobiernos de Aguascalientes, versiones electrónicas de los informes, el estatal de 562 páginas y el municipal con 190.

En ambos documento sólo hay qué, no un para qué. Su lenguaje es el de la grandilocuencia. Por ejemplo, la actividad cultural, en ambos casos se presume la realización de presentaciones editoriales, muchas e interesantes, no se explica que al acto asistimos tres o cuatro gatos y unas macetas; de una obra de teatro ambulante se indica que benefició (siempre se nos beneficia) a miles de espectadores, sin importar que ese número incluya a los que pasaban por ahí en el camión; la promoción de la lectura se transforma en asistentes, otra vez muchos, sin indicar que son un montón de estudiantes obligados a mostrar el programa de mano como parte de su tarea, o bien millares de libros donados a bibliotecas escolares, donde dormirán un sueño injusto porque están bajo llave, no sea que a alguien se le ocurra leer un libro y maltratarlo.

No sólo la cultura, así funciona el lenguaje de los informes para todas las actividades que reportan, donde fueron 52 hay que escribir casi una centena, donde no se tiene información estadística se recurre al siempre fiel adjetivo de numeroso, cuando el redactor no sabe qué hacer con un conjunto lo agrupa agregando: múltiples. Se emplean ideas afines para calificar, que todo sea importante, fundamental, sustancial, favorable, meritorio. Lo que se hizo, invariablemente es la culminación de algo, la cumbre, el clímax, trascendental, destacado.

Además, el texto no es lo importante, finalmente es muy poco lo que se quiere decir, por eso se elaboran bajo el sistema de apantalle gráfico; las tablas, la infografía, los recuadros que encabeza un “como nunca”, “más que la administración pasada”, “meta superada”, pero sobre todo que las imágenes hablen: ¿cuál es la situación del campo?, la foto a una plana de un viejito sonriente y de apariencia serena; ¿cómo va la educación?, que conteste la imagen de dos jóvenes enamorados y mirando a lontananza; ¿información sobre seguridad?, coloque estampas de relucientes patrullas y fieros pero protectores policías; ¿un plan urbano de desarrollo?, salpique el documento con fachadas remodeladas y una iluminación que la haga parecer de primer mundo; ¿empleo y desarrollo económico?, una línea de producción donde todos los que todavía tienen trabajo dicen whisky; si el caso es grave, obvio, se acude a la sensiblería, fotografías de niños, muchos niños, hay que vender inocencia, que el lector sienta que el futuro es inmejorable porque en la imagen todos juegan y sonríen, niños vestidos de bombero, policía, médico, como si el disfraz les asegurara el porvenir.

Los informes de Luis Armando Reynoso y Gabriel Arellano están bonitos pero no son para leerse, son para verse, no cumplen con la rendición de cuentas. Andreas Schedler define el término accountability en ¿Qué es la rendición de cuentas? (Cuadernos de transparencia N° 33. IFAI, 2004, México) señalando que lo constituyen dos dimensiones básicas: “la obligación de los políticos y funcionarios de informar sobre sus decisiones y de justificarlas en público (answerability)” y “la capacidad de sancionar a políticos y funcionarios en caso de que hayan violado sus deberes públicos (enforcement); como los informes del gobierno estatal y municipal únicamente contienen qués y se olvidan de los para qué, sigue pendiente la tarea, por muchas imágenes felices que incluyan, pues es mentira que una imagen diga más que mil palabras, sin contexto, una fotografía suele vender gato por liebre.



Publicado en La Jornada Aguascalientes, (21/12/08)

diciembre 19, 2008

Mientras tanto en Químicamente impuro...

Ciclo


Del momento final esperaba el torrente de imágenes que resumiría su vida, una fugaz selección de las horas intensas y los seres queridos. Le sorprendió que fuera una sola escena perfecta, la de su recuerdo más feliz.

Setenta veces siete se abandonó al placer de la contemplación. Nada sucedía, excepto la visión cíclica de ese momento único al que comenzó a cuestionar, al que miraba ya con ojo crítico.

Hastiado, comprendió, la infinita repetición de la imagen esférica era apenas el principio, le ha sido negada la entrada al cielo y esa es su condena.



Publicado en Químicamente impuro

diciembre 18, 2008

La ambición del relato breve

LA AMBICIÓN DEL RELATO BREVE
Por Steven Millhauser


Publicado en The New York Times: 3 de Octubre de 2008
Traducción de David Condés.


El relato breve: ¡qué porte modesto! ¡qué maneras humildes! Se sienta ahí, en silencio, con la mirada baja, casi como si tratara de pasar desapercibido. Y si de algún modo ha de atraer tu atención, dice con rapidez, en un tono valiente de ligero auto-reproche, consciente de todas las posibilidades de la decepción: “no soy una novela, sabes. Ni siquiera una corta. Si es eso lo que estás buscando, no me quieres a mí”. Rara vez una forma ha dominado tanto a otra. Y nosotros lo comprendemos, asentimos con complicidad: aquí en América, el tamaño es poder. La novela es el Wal-Mart, el increíble Hulk, el avión jumbo de la literatura. La novela es insaciable: quiere devorar el mundo. ¿Qué le queda por hacer al pobre relato breve? Puede cultivar su jardín, practicar la meditación, regar los geranios en la jardinera de la ventana. Puede asistir a un curso de literatura creativa no novelesca. Puede hacer lo que más le guste, siempre y cuando no olvide cuál es su sitio: siempre y cuando permanezca callado y se mantenga al margen. “¡gresca!” grita la novela. “¡Aquí llego!” El relato breve siempre anda ocultando la cabeza para cobijarse. La novela acapara el terreno, corta los árboles, levanta los bloques de pisos. El relato breve se escabulle entre el pasto, se cuela por debajo de la cerca.

Por supuesto que existen virtudes asociadas a lo pequeño. Incluso la novela lo reconocerá. Las cosas grandes tienden a ser inmanejables, pesadas, toscas; lo pequeño es el reino de la elegancia y de la gracia. Es incluso el reino de la perfección. La novela es exhaustiva por naturaleza; pero el mundo es inagotable; por lo tanto la novela, ese batallador de Fausto, nuca consigue alcanzar su deseo. Por contraste el relato breve es inherentemente selectivo. Al excluir prácticamente todo, puede dar una forma perfecta a lo que queda. Y el relato breve incluso revindica un tipo de compleción que la novela elude: tras el acto inicial de exclusión radical, puede incluirlo todo de lo poco que queda. La novela, cuando se acuerda del relato breve, se complace en ser generoso. “Te admiro”, dice, colocando su basta mano sobre el corazón. “En serio. Eres así –eres así-” ¡Tan bello! ¡tan sutil! ¡de tan alta categoría! E inteligente también. La novela difícilmente consigue contenerse. Al fin y al cabo ¿qué importancia tiene? No es más que palabrería. Lo que a la novela le importa es la inmensidad, es el poder. En el fondo de su corazón desprecia al relato breve, que se las compone con tan poco. No soporta la austeridad del relato breve, su inhibición del apetito, sus negaciones y renuncias. La novela quiere cosas. Quiere territorio. Quiere el mundo entero. La perfección es el consuelo de quienes no tienen nada más.

Ese es el valor del relato breve. Modesto en sus pretensiones, tímidamente orgulloso de sus pequeñas virtudes, algo inquieto con relación a su presuntuoso rival, se conforma con volver a sentarse y dejar que la novela se encargue del gran mundo. Sin embargo, sin embargo. La pose modesta –¿me equivoco, o es un poco exagerada? Esas miradas de soslayo- ¿contienen un toque de malicia? ¿Puede ser que el pequeño relato breve se atreva a tener sus propias ambiciones? Si es así, nunca las admitirá abiertamente, debido a un agudo instinto de autoprotección, un dilatado hábito de secretismo nacido de la opresión. En un mundo regido por las jactanciosas novelas, lo pequeño ha aprendido a abrirse paso con cautela. Tendremos que intuir su secreto. Imagino al relato breve protegiendo un deseo. Imagino al relato breve diciéndole a la novela: Puedes tenerlo todo –todo- lo que yo pido es un simple grano de arena. La novela, con un encogimiento de hombros despreocupado, en un gesto a la vez jovial y despectivo, concede el deseo.

Pero el grano de arena es la vía de escape del relato. El grano de arena es la salvación del relato. Sigo el ejemplo de William Blake: “Ver el mundo en un grano de arena”. Piensa en ello: el mundo en un grano de arena; lo que es igual que decir: cada parte del mundo, por pequeña que sea, contiene el mundo por entero. O por decirlo de otro modo: si concentras tu atención en una porción aparentemente insignificante del mundo, encontrarás, en las profundidades de su interior, nada menos que el propio mundo. En ese sencillo grano de arena yace la playa que contiene al grano de arena. En ese sencillo grano de arena yace el océano que rompe contra la playa, el barco que navega el océano, el sol que brilla sobre el barco, los vientos interestelares, una cucharilla en Kansas, la estructura del universo. Y ahí tienes la ambición del relato breve, la terrible ambición que subyace a su modestia fraudulenta: dar cuerpo al mundo entero. El relato breve cree en la transformación. Cree en los poderes ocultos. La novela prefiere las cosas a plena vista. No tiene paciencia con los granos de arena individualmente, que brillan pero son difíciles de ver. La novela quiere barrerlo todo con su poderoso abrazo: orillas, montañas, continentes. Pero nunca puede tener éxito, porque el mundo es más extenso que una novela. El mundo se escapa corriendo en cada punto. La novela salta sin descanso de un lugar a otro, siempre hambrienta, siempre insatisfecha, siempre temerosa de llegar a un final: porque cuando ella se pare, exhausta pero nunca en paz, el mundo se la habrá escapado. El relato breve se concentra en su grano de arena, en la creencia apasionada de que ahí -justo ahí, en la palma de su mano- yace el universo. Busca conocer ese grano de arena de la manera en que un enamorado busca conocer la cara de su amada. Espera el momento en que el grano de arena revele su verdadera naturaleza. En ese momento de expansión mística, cuando la flor macrocósmica rompe de la semilla microcósmica, el relato breve siente su poder. Se hace más grande que él mismo. Se hace más grande que la novela. Se hace tan grande como el universo. Ahí dentro yace la inmodestia del relato breve, su agresividad secreta. Su método es la revelación. Su pequeñez es la mediación de su poder. La poderosa masa de la novela se descubre como la imagen irrisoria de la debilidad. El relato breve se disculpa por nada. Se regocija en su brevedad. Quiere ser incluso más breve. Quiere ser una única palabra. Si pudiera encontrar esa palabra, si pudiera pronunciar esa sílaba, todo el universo reventaría con un bramido. Esta es la exorbitante ambición del relato breve, que es su fe más profunda, que es la grandeza de su pequeñez.

Publicado en
Masacre en los jardínes

diciembre 17, 2008

pretty petty thieves



First of the Gang to Die
Morrissey


You have never been in love,
Until you've seen the stars,
reflect in the resevoirs

And you have never been in love,
Until you've seen the dawn rise,
behind the home for the blind

We are the pretty petty thieves,
And you're standing on our street...

...where Hector was the first of the gang
with a gun in his hand
and the first to do time
the first of the gang to die. Oh my...

You have never been in love,
Until you've seen the sunlight thrown
over smashed human bones

We are the pretty petty thieves,
And you're standing on our street…

...where Hector was the first of the gang
with a gun in his hand
and the first to do time
the first of the gang to die. Such a silly boy…
Hector was the first of the gang
with a gun in his hand
and a bullet in his gullet
and the first lost lad to go under the sod.

And he stole from the rich and the poor
and the not-very-rich and the very poor
and he stole all hearts away…

diciembre 15, 2008

Perdón por intolerarlos: no se indigne, enchílese

Perdón por intolerarlos

No se indigne, enchílese

No hacen falta dotes de adivino para saber que en los próximos días, cuando los medios presenten los resúmenes anuales de noticias, el tema que caracterizará el 2008 será el de la violencia: narcomantas, lucha sangrienta de clanes y tribus, familias y cárteles que arrastran inocentes, secuestros, el niño al que inyectaron ácido, el joven al que asesinaron, la joven desaparecida y seguramente muerta, ejecuciones, decapitados… El 2008 en la frase ¡Si no pueden renuncien! del empresario Alejandro Martí que derivó en el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad. El 2008 como una línea que une dos declaraciones de Nelson Vargas, la petición a los secuestradores: Devuélvanme a mi hija y Eso es no tener madre con que caracterizó la incompetencia de las autoridades.

En un futuro cercano este año funcionará a manera de respuesta cuando Zavalita, el personaje de Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa, pregunte “¿Cuándo se jodió el Perú?”; ¿cuándo Aguascalientes?, en el 2008, fecha en que los ciudadanos sufrimos las consecuencias de la venta de la plaza al narcotráfico, que es como la vox populi, vox Dei explica el fenómeno de la violencia, contrariando al gobernador, quien niega el hecho y animoso declara: ya nos flagelaron, no nos volverán a flagelar.

Sin embargo, todo es cuestión de percepción, si uno revisa los datos de la Quinta Encuesta Nacional sobre Inseguridad (ENSI), elaborada por el Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad, A.C. (ICESI), se nota una clara diferencia entre los hechos y cómo los percibimos.

Un ejemplo, el Índice Nacional de Inseguridad de la ENSI es un indicador que se compone de los delitos por número de habitantes, la proporción de delitos a mano armada y los homicidios dolosos, en este “termómetro del delito” Aguascalientes con 1.1 todavía ocupa un lugar entre las entidades seguras, muy por abajo del DF (con un índice de 5), también debajo del promedio nacional (que es de 2). Este es un indicador objetivo de los niveles de inseguridad que se viven en el estado. Sin embargo, no se pueden echar campanas al vuelo, aún falta conocer los resultados de la ENSI más reciente, además, otros datos duros de esta misma encuesta ayudan a explicar las razones de la percepción de inseguridad, porqué en Aguascalientes el 63% de la población se siente insegura en la entidad y 51% en el municipio.

Tenemos miedo y hacemos poco, en Aguascalientes el 82% de los delitos no se denuncian, por eso el estado ocupa el onceavo lugar en esta materia, con nuestra apatía alimentamos la impunidad. Peor todavía: los efectos de esta percepción, cómo inciden en el cambio de hábitos, la ENSI señala que el 53% de la población ya no permite que sus hijos menores de edad salgan a jugar, el 48% no usa joyas, el 42% no sale de noche, el 40% evita llevar tarjetas de crédito o débito, el 33% no carga dinero en efectivo, el 26% no sale a caminar, el 23% no toma taxi y el 22% ya no visita parientes o amigos. Ese es el retrato de un país paralizado por el miedo.

Es fácil decir que todo es cuestión de percepción, porque eso no revive muertos, ni libera secuestrados o devuelve lo perdido, sin embargo, vale la pena saberlo para pasar de la indiferencia al enojo, es nuestra obligación y derecho como ciudadanos. Un enojo constructor, propositivo, cuestionador, no ese malestar edulcorado que es la indignación.

Porque ahora resulta que todos estamos indignadísimos, ¿que allanaron la casa de junto?, ¿qué lo asaltaron al regresar del trabajo?, ¿qué los diputados federales reciben 101 mil pesos de aguinaldo, casi cinco mil para su canasta navideña y aparte se reembolsan 38 mil pesos para no pagar el ISR?, ¡uy!, estamos indignadísimos y espérese a saber con cuánto se van a despachar los legisladores locales. Joel Grijalva, amigo a quien esta columna debe su nombre, comentó acertadamente que en estos tiempos de corrección política ya nada enfada, molesta, disgusta o enoja, nomás indigna: un simple fruncir el ceño que no lleva a la acción.

Indignarse está de moda, porque es la respuesta cortés, la que no compromete a nada, los políticos se indignan y preparan declaraciones, las autoridades se indignan y prometen. Nosotros, ciudadanos, solemos indignarnos para no comprometernos. La indignación es el enojo de los hipocondríacos, es hora de enojarse y exigir.

De los más de 70 compromisos del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad mencionado líneas arriba, tres puntos corresponden a la sociedad civil, como el resto tienen un plazo para cumplirse:

• Promover entre integrantes de las organizaciones de la sociedad civil la cultura de la legalidad, la denuncia y la participación ciudadana (en un plazo de 6 meses).
• Desarrollar y apoyar programas locales que incorporen el componente social de la Estrategia de Seguridad (también en 6 meses)
• Participar en la creación y fortalecimiento de mecanismos de monitoreo y evaluación de las autoridades para erradicar la corrupción y aumentar la eficiencia y el reconocimiento social (a más tardar en un año).

Estamos a tiempo de recuperar el enojo (no la rabia, ese es un impulso ciego y destructor), hay que enchilarnos con un enojo que sea razonado, exigir, denunciar, enterarse, participar en la construcción del país que merecemos, de otro modo, la percepción de la inseguridad que nos mantiene encerrados se transformará en un hecho contra el que ya nada se pueda hacer.


Publicado en La Jornada Aguascalientes, (15/12/08)

diciembre 13, 2008

Las hormigas. Un cuento de Ricardo Bernal

Las hormigas
Ricardo Bernal


Para el Aldán

1)
Para esconderse del señor Miedo, Edilberto enciende las luces, pone discos de Elvis Presley a todo volumen, cierra ventanas puertas persianas, mientras veinte televisores salpican su grisáceo arco iris en las paredes. Edilberto no halla sosiego. A veces le da por abrir algún libro: algo ligero, sin dramas ni sangre ni descripciones barrocas de callejuelas oscuras héroes atormentados o mares plagados de monstruos. Pero a los pocos minutos cierra el libro, saca otro, otro, otro más pues tiene miles. El señor Miedo aguarda afuera: ocioso y en pijama, sonriente, tenaz y reflexivo. Tal vez demasiado sonriente.

2)
El señor Miedo nació el mismo día que Edilberto; sol en Libra, luna en Cáncer. Los arrullaron en la misma cuna, jugó con él en la escuela: le desataba las agujetas, le encajaba colmillos de arroz en el sueño o le hacía bromas pesadas que tenían que ver con sombras, gatos o pianos huyendo. Años después el señor Miedo se disfrazaba de rostros y se camuflajeaba en los retratos, en los reflejos verdes de cristos y cristales, o en el caer de aguaceros eternos que invitaban al sopor. Una vez el señor Miedo se duplicó para enredarse, serpientes gemelas recién nacidas, en las cadenas kundalini del columpio donde Edilberto divagaba.

3)
Edilberto duerme, da volteretas, es un gigantesco pollo rostizándose en su propio sueño. Afuera, el señor Miedo juega a aventarse desde lo alto del cielo en un paracaídas una y otra vez. Las nubes gruñen y la luna, aburrida, se rasca los sobacos en un rincón. Lejos de este cuento, un poeta malísimo dice: la noche es el terciopelo en el ataúd de Dios. Pero como siempre: el tiempo pasa. La luna se aleja en su silla de ruedas y el sol viene desde lejos pisoteando ciudades y campos con pasos de mastodonte. Tras el sol: las hormigas. Son cientos de miles de millones de hormigas como puntos suspensivos salpicando todas las páginas de la realidad. Oscuro.

4)
El señor Miedo se ha ido.

5)
Martes 9:00 am: el inspector Bernal abre la puerta de la casa, las bisagras rechinan. Adentro hay un verdadero desorden, aunque Bernal sospecha que es falso. Todos los libros están abiertos en la página 57. Contemos: dos rebanadas de pizza en la mesa, veinte televisores apagados, cuarenta soldaditos de plomo en una repisa, tres discos de Elvis Presley en la alfombra, siete amuletos, un solo Dios, cero hormigas... En medio de la escena: el cadáver de Edilberto, grande como ballena. En el sueño de Edilberto: hormigas. El inspector Bernal se sienta en un sillón saca su libreta, cruza la pierna y anota. Los telespectadores creen que hace apuntes para resolver el caso. En realidad escribe un cuento.

Publicado en Breves no tan breves

Mientras tanto en químicamente impuro...

Presencias

Los intuíamos en la consecuencia de su paso sobre los objetos: juegos de llaves fuera de lugar, aparatos eléctricos que funcionaban sin que nadie los tocara, luces que prendían intempestivamente. Los viejos y los niños aseguraban verlos en cementerios, casas abandonadas, al fondo de un closet. Los más débiles decían presentirlos, incluso escucharlos, acodados en la melancolía, en el reverso de un suspiro.

Abrumados por la especulación que interrumpía el transcurrir lógico de las noches, se decidió acabar en forma definitiva con la idea de presencias extrañas. El proceso fue largo y complejo pero exitoso, al final, mediante diversos métodos de comprobación se nos demostró que los otros no existían.

Ahora tenemos la certeza de estar solos, sabemos lo que es el verdadero miedo.

Publicado en Químicamente impuro

diciembre 08, 2008

La paradoja Bolaño. Juan Villoro


Un artículo de Juan Villoro sobre Roberto Bolaño (publicado en Reforma)
La paradoja Bolaño
Juan Villoro

La fama es un malentendido que simplifica a sus favoritos. Roberto Bolaño, escritor y amigo imprescindible, se ha vuelto leyenda.

Cuando murió en 2003, a los 50 años, sus allegados sabíamos que sus libros iban a perdurar, pero ignorábamos que recibiría algo que nunca cortejó: la aceptación masiva. Roberto admiraba los relatos de quienes resisten en las calles traseras, las autopistas rumbo a la nada, las casas vacías, las trincheras bajo la lluvia, las plazas sin nadie en la alta madrugada.

Cada vez que caía en pecado de popularidad, escribía un texto ditirámbico contra un escritor de fuste para preservar su condición de outsider. Era su forma, algo ingenua y muchas veces cruel, de señalar su diferencia. Argumentaba poco sus predilecciones. Entre paréntesis reúne los textos súbitos donde sus amigos somos exaltados con la misma apasionada falta de méritos con que sus enemigos son fustigados. Esas salidas de tono eran un sistema de alarma contra la aceptación parda y rutinaria. Bolaño quería ser leído sin perder su aura rebelde. Había vivido como vendedor de bufandas y vigilante nocturno de un camping, y no aspiraba al trato de autor distinguido. La paradoja es que la posteridad lo transformó en mito. El mundo suele encandilarse con lo que se le resiste: el asocial Kafka está en todas las boutiques de Praga y Bolaño es el superestrella que vivió para no serlo.

"Ah, que no me hubiera traicionado el triunfo con besarme", escribió Malcolm Lowry (en versión de José Emilio Pacheco). Bolaño no ejerció la ruptura radical de quien renuncia a publicar (en este sentido, fue menos atrevido que sus personajes), pero evitó todo protagonismo. No tuvo agente literario y le fue fiel a su principal editor, Jorge Herralde, de Anagrama, a sabiendas de que podía ganar un premio acaudalado en caso de pasarse a otra editorial.

Rehuía las fanfarrias mediáticas, pero no cultivaba el fracaso ni sus tentaciones. Cuando uno de sus amigos dejaba de escribir, lo regañaba en el tono de un manager de boxeo. Creía en el trabajo duro; en rendir contra la adversidad; en la afrentosa afirmación de quien hace algo "porque sí".

Aunque sus héroes son poetas sin obra o sin otra obra que su existencia, celebrar esa divina gandulería era labor pesada. ¡Cuántas fatigas asumía para escribir de los que no dan golpe! No le pedía lo mismo a sus amigos, pero mantenía un ojo vigilante para saber si alargaban la siesta. El cumplimiento del oficio representaba para él una moral.

Esto no implicaba ser apreciado. No he conocido a nadie más seguro de su talento y menos necesitado de elogios. Roberto jamás se ufanaba de una frase suya ni caía en la vulgaridad de citarse a sí mismo. Hablaba de sus novelas con la tranquila seguridad del alguacil que ha aceitado su revólver. Le gustaban los solitarios intrépidos; se imaginaba como un investigador de homicidios, un marine, un cazador de cabelleras. Varias veces comentamos un hecho curioso: la única prueba confiable del talento es sentir que el texto ha sido escrito por otro. Esta autonomía de la voz revela que la obra vive por su cuenta. ¿Es posible enorgullecerse de un registro que ya es ajeno? En modo alguno.

A los amigos que amenazaban con convertirse en vagos de buhardilla, los instaba a trabajar; a los que parecían a punto de "triunfar", les hacía bromas que juzgaba terapéuticas y servían para ejercer una de sus habilidades más desarrolladas: dar lata.

Aunque mis colaboraciones con El País eran más esporádicas de lo que yo deseaba, cada vez que publicaba en ese medio me hablaba en tono de detective paranoico. Luego de analizar el texto con la pericia de quien busca rastros de ADN, me prevenía contra el peligro de ser cooptado por el sistema. Si le recordaba que también él escribía ahí, contestaba: "Sí, pero cada uno de mis artículos me cierra cuatro puertas en Madrid". Esta respuesta sonaba a maestro kung-fu. Nunca supe cuáles eran las cuatro puertas que se cerraba ni por qué todas estaban en Madrid. Asumo que era su forma de anunciar que no pensaba quedar bien con todo mundo.

El reparto de prestigios literarios le parecía un tema social intrascendente y una pasión personal irrenunciable. Era fanático de las listas, que solía llevar con criterio de combate. Tenía sus autores favoritos de artillería, marina, infantería y fuerza aérea. En todo momento podía decir cuáles eran los tres nuevos escritores catalanes que más le interesaban, los cinco trovadores medievales que nadie podía perderse o los 10 mejores paracaidistas literarios de su generación. Esta maniática ponderación contrastaba con su desinterés por la bolsa de valores promovida por las ferias, los premios y la prensa.

Bolaño descreía de los juicios unánimes. Le gustaba atacar a los consagrados y defenderlos si tú los atacabas. El silencio era su castigo, la discrepancia era su afecto.

Su inmensa fama reciente ha provocado toda clase de reacciones. Conocí en Nueva York a un brillante joven escritor que pagó 50 dólares por una copia de las pruebas de imprenta de 2666 y las despachó en dos días inacabables. El Bolaño leído con fervor coexiste con el clásico exprés recomendado por la revista de la reina televisiva Oprah Winfrey.

En la mixtificación que lo ve como el Jim Morrison de la escritura, el mayor equívoco es pensar que sacrificó su vida por la escritura. No quiso ser un mártir. Fue un sobreviviente.
La celebridad es una confusión. Bolaño, autor reacio al reconocimiento, ocupa hoy un sitio fashion y es visto como un Paul Auster con cafeína. Tal vez el excesivo porvenir nos depare todas las adaptaciones que puede tener una obra de éxito hasta llegar a Los detectives salvajes sobre hielo.

De estar entre nosotros, Roberto Bolaño miraría intrigado su peculiar destino, se alzaría de hombros, y seguiría imperturbable su camino.




Las imágenes corresponden a la edición en inglés de 2666 de Roberto Bolaño, tomadas del blog The Book Design Review. Vale la pena echarle un ojo a esa bitácora, en especial a la nota My favorite covers of 2008, en que los libros son seleccionados por sus portadas.

diciembre 07, 2008

Perdón por intolerarlos: el miedo y la masa

Perdón por intolerarlos

El miedo y la masa

El miedo revela lo vulnerables que somos, aunque en primera instancia es una emoción individual, el miedo se contagia velozmente, al sentirse amenazado el instinto social impele a buscar refugio, sumarse a un grupo más amplio, a veces ni siquiera es necesario identificar la fuente de la amenaza basta con imaginar su posibilidad para ir hacia los otros y formar parte de la masa, ese conjunto que promete salir victorioso ante lo que provoca temor por el simple hecho de ser muchos. Escribo “masa” porque, simplificando, quiero distinguir la razonada decisión de organizarse, ejercer un derecho ciudadano, a la acción de integrarse a la multitud alterada. Al añadirse a la masa se pierde identidad, se libera el instinto y en el anonimato se pierde cualquier responsabilidad.

Elías Canetti en Masa y Poder describe a la “masa de acoso” como la que se constituye para conseguir de manera fulminante su objetivo, sale a matar y sabe a quién debe matar, avanza imparable hasta lograrlo, para quienes forman parte de esta masa basta saber quién debe morir, el resto sobra; una vez localizado el objetivo todos quieren participar, todos acechan, todos golpean y si no puede golpear quiere, al menos, presenciar el castigo. El objetivo lo es todo, la víctima es el objetivo, pero también es el punto de máxima densidad: concentra en sí misma, las acciones de todos.

La gigantesca ola de hechos violentos en el país, tantos que la enumeración resulta ya imposible, el jueves negro (febrero 15, 2007) fecha en que Aguascalientes dejó de ser una de las ciudades más seguras del país, la amenaza constante del robo, el allanamiento, la estafa, el secuestro; la sensación clarísima de que el Estado ha fallado y la percepción de vivir uno de los momentos de mayor inseguridad en la historia del país vulneran el tejido social, la ciudadanía queda expuesta, y el miedo empuja a aceptar las soluciones simples. Cuando la autoridad falla en su deber (fundamental) de brindarnos protección, es sencillo aceptar que se nos regale cualquier cabeza, para apaciguar los ánimos se ofrece en charola la cabeza de alguien, quien sea, con tal de calmar la inquietud. Brotan por todas partes los oportunistas, e inventar culpables se transforma en práctica común, sin considerar que ese regalo es ofensivo por partida doble: primero por el engaño, segundo por el menosprecio a nuestra inteligencia.

El miedo, reitero, logra que pasemos por alto cosas que en otro momento serían inaceptables, reaccionamos, no pensamos, nos unimos en masa. Así, aquí, donde estamos, ya brotaron los oportunistas, quienes buscan llevar agua a su molino. Mire hacia arriba, a los lados, ahí están las bardas, los espectaculares, los spots en radio y televisión, las inserciones de prensa, el desvarío de algunas autoridades recogidas en las notas de prensa, ya aparecieron quienes dictaminan que la solución está en imponer el hierro al hierro, medir con la misma vara, buscar el ojo por ojo, combatir fuego con fuego, la pena de muerte como acto de justicia. Ahí está la iniciativa de reforma del gobernador de Coahuila, aprobada por el PRI y el Verde Ecologista de esa entidad para restaurar la pena de muerte.

Proponer la pena de muerte, no sólo es un franco retroceso es hacer eco del grito con que el general franquista José Millán-Astray intentó acallar a Miguel de Unamuno: “¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!”. Sugerir ese castigo es buscar la complicidad de la ciudadanía en un acto inútil, porque la pena de muerte no es la justicia que merecemos, es un acto de venganza que no restituye a la víctima. Pero eso no le importa a los partidos políticos, son tuertos, en su afán de obtener las simpatías, desprecian nuestros derechos y dejan de ver ciudadanos, sólo nos piensan como electores, nos reducen a votos posibles.

Además, proponer la pena de muerte como solución a la inseguridad sigue una lógica perversa y conveniente para las autoridades, ya que se deja de lado que una de las causas principales de esta situación es la impunidad, el altísimo número de casos irresueltos.

Es tal el afán de los políticos que ya María Elena Morera, Presidenta de México Unido contra la Delincuencia, pidió que no se politizara la inseguridad, incluso recomendó que se realizara un pacto político para que los partidos no la conviertan en bandera de sus campañas (nota de Juan Manuel Robledo en La Jornada Aguascalientes, diciembre 4).

No podemos permitir que la vulnerabilidad nos lleve a transformarnos en la masa, esa que renuncia a la inteligencia y decide buscar justicia por mano propia, el grupo anónimo e irresponsable que juzga y lincha con violencia extrema en la plaza pública. No podemos permitir pasar de ciudadanos, sociedad organizada, a eso que un día cualquiera se vuelve contra nosotros y en su bestialidad nos devora.


Publicado en La Jornada Aguascalientes, (07/12/08)

diciembre 03, 2008

Pandémica y Celeste. Jaime Gil de Biedma


Pandémica y Celeste(*)

quam magnus numerus Libyssae arenae

aut quam sidera multa, cum tacet nox,
furtiuos hominum uident amores

CATULO, VII


Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector –mon semblable, -mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo hacia otros cuerpos
a ser posible jóvenes:
Yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años!.

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
- con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Babuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una
imagen rota,
de la langueur goutée à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.

Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.


(*)Las personas del verbo. Jaime Gil de Biedma. Editorial Lumen

diciembre 01, 2008

Enriqueta Ochoa 1928-2008


Fallece la poeta Enriqueta Ochoa (ver nota)

Las vírgenes terrestres(*)
Para Marianne, mi hija


En vano envejecerás doblado en los archivos:
no encontrarás mi nombre.
En vano medirás los surcos sementados
queriendo hallar mis propiedades.
No tengo posesiones.
En cambio,
es mío el sueño de los valles arrobados
y mío el subterráneo rumor de la semilla.
Si me extraviara a tientas en la oscuridad,
¿cómo podrían llamarme y entenderles?
Llámenme con el nombre
del único incoloro vestido que he llevado:
el de virgen terrestre.

I
Duele la tierra henchida de vigores
sollamando la frente,
quemando las entrañas…
Todo mi nombre dentro se me rompe de odio.
Odio a la puerta en mí siempre llamada,
odio al jardín de afanes desgajados
entre el sol y la muerte.
Por encima de las colinas arde la luz.
El tiempo se deshoja
y yo envejezco aquí traspasada de urgencias
frente a la puerta hermética
Soy la virgen terrestre espesa de amargura,
desolada corriendo
del reguero de impactos en mi pulso.
Ya no me soporto en las grietas de la espera
ni el sopor del silencio.

II
¡Mentira que somos frescas quiebras
cintilando en el agua!,
que un temblor de castidad serena
nos albea la frente;
que los luceros se exprimen en los ojos
y nos embriagan de paz.
¡Mentira!
Hay una corriente oscura disuelta en las entrañas
que nos veda pisar sin ser oídas
y sostener equilibrio de rodillas
con un racimo de luces extasiadas
en el pecho.

III
Dicen que una debe
morderse todas las palabras
y caminar de puntas, con sigilo, cubriendo las rendijas,
acallando al instinto desatado,
y poblando de estrellas las pupilas para ahogar
el violento delirio del deseo.
Pero es que si el cuerpo
pide su eternidad limpio y derecho,
es un mordiente enojo andarle huyendo;
dejar su temblorosa mies ardiendo a solas
sin el olor oscuro de los pinos.
Siempre cerrada, ignorando cómo se desgaja
el surco dorado ante la siembra;
de tumbo en tumbo,
cerrados los sentidos
y alumbrándose a medias.

IV
Viejas causas, cánones hostiles,
fervorosos principios maniatándome.
¿Sobre qué ejes giran que me doblan
a beberme la muerte en la conciencia?
Yo me miro y no soy sino una cripta en llamas,
una existencia informe, sonámbula,
cargada de fatiga.
¿Es lícito permitir que se extinga
en servidumbre enferma
el bárbaro reclamo que nos sube
de abordar a la tierra por la tierra?

V
En esta brava inmensidad
no logran retenerme los desvaríos blandos
o el ímpetu del sueño.
La tierra es ruda, trémula, ardorosa,
y se me expande dentro.
El vértigo sanguíneo esplende
arrebatando al canto
y ni le puedo contener el paso
ni sustraerme a los labios
que me caen al papel como dos brasas.

VI
Pienso en las abastecidas, las satisfechas,
las del ancho mar;
las que reciben el regocijo vital de las corrientes
-cauces donde la vida vibra y eterniza.
Pienso en las abastecidas
y me irrita el despecho
de mi roja marea sofocada;
de no encontrar la presencia de Dios
por ningún ángulo
y andar de pueblo en pueblo emblanquecida de miedo,
de pasión y de tedio,
sepulto el corazón bajo el hollín
de todos los recelos.

VII
Te rindo y te maldigo gran olor de la tierra,
tempestad original,
relámpago dulcísimo de muerte.
Te maldice el temor
de ver que Dios no acierte a descifrar mi nombre:
porque yo, la que soy,
no asisto ni en el monte Tabor
para el desposamiento en brillos
ni escalo
por los peldaños de la sangre al sol.
Dije que era un vaivén de ola sombría:
la ola de las vírgenes terrestres,
las que no recibimos más nombre
que el que nos dieron niñas en la pila;
y cuando Dios nos llame
no podrá encontrarnos.
Dirá: las innombradas,
los desvaídos soplos, los desplomes silentes,
las estepas perdidas bajo esfumino duro.
Y nosotras, cubiertas de humo en las honduras
de un país olvidado,
vocearemos respuestas en remolino cálido,
arderemos los montes,
alzaremos los brazos con furia atropellada,
y todas en un grito hendiendo los contornos
serpentearemos secas, deshechas de agonía.
Pero inútil, inútil,
porque a la tierra estéril
no se le oyen los labios.


(*)Bajo el oro pequeño de los trigos. Antología poética. Ediciones El Aduanero. Colección Las cuatrocientas voces. México, 1997.

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