SINOPSIS: SEIS COCIENTES REVISIONISTAS
1. Clinamen, que es la mala lectura o la mala interpretación poética propiamente dicha. Tomo la palabra de Lucrecia, en cuya obra significa un “desvío” brusco de los átomos con el objeto de hacer posible el cambio en el universo. Un poeta se desvía bruscamente de su precursor leyendo el poema de éste de tal modo que ejecuta un clinamen con respecto a él. Esto aparece como un movimiento correctivo en su propio poema, lo cual implica que el poema precursor llegó hasta cierto punto de manera exacta, pero habría debido desviarse precisamente en la dirección hacia la que se mueve el nuevo poema.
2. Tésera, que es completamiento y antítesis. Tomo la palabra no del arte de hacer mosaicos, en el que todavía se usa, sino de los antiguos cultos secretos en los que significaba contraseña, por ejemplo, el trozo de una pequeña vasija que, unido a los demás fragmentos, permitía reconstruirla. Un poeta antitéticamente “completa” a su precurso al leer el poema-padre, conservando sus términos, pero logrando otro significado, como si el precursor no hubiera ido suficientemente lejos.
3. Kenosis, que es un mecanismo de ruptura semejante a los mecanismos de defensa que nuestra psique emplea contra las compulsiones de repetición; kenosis es, por lo tanto, un movimiento hacia la discontinuidad con respecto al precursor. Tomo la palabra de San Pablo, donde significa la humillación o vaciamiento de Jesucristo por sí mismo, cuando acepta ser reducido a su condición divina a la humana. El poeta posterior, al vaciarse evidentemente de su propio aflato, su deidad imaginativa, parece humillarse como si estuviese dejando de ser un poeta; pero esta disminución es realizada con relación a un poema de disminución de un precursor de modo tal que el precursor también resulta vaciado y, por lo tanto, el poema posterior de deflación no es tan absoluto como lo parece.
4. Demonización, que es un movimiento hacia un Contrasublime personalizado, en reacción ante el Sublime del precursor; tomo la palabra del uso neoplatónico general, en el que un ser intermediario, ni divino ni humano, se mete dentro del adepto para ayudarlo. El poeta posterior se abre a lo que él cree ser un poder del poema-padre que no pertenece al padre propiamente dicho, sino a una escala de seres un poco más allá del precursor. Y hace esto, en su poema, colocando su relación con el poema-padre de modo tal que le permita explicar por medio de generalizaciones el carácter único de la obra anterior.
5. Ascesis, es un movimiento de autopurgación que tiene como meta lograr un estado de soledad; tomo la palabra, a pesar de su sentido general, particularmente de la práctica de chamanes presocráticos como Empédocles. El poeta posterior no sufre, como en la kenosis, un movimiento revisionista de vaciamiento, sino de privación; renuncia a una parte de sus dotes humanas e imaginativas, con el objeto de separarse de los demás, incluso de su precursor, y hace esto en su poema colocándose en relación con el poema-padre de tal modo que el poema sufra de una ascesis; las dotes del precursor también son reducidas.
6. Apofrades, que es el retorno de los muertos; tomo la palabra de los días aciagos atenienses en lo que los muertos regresaban a habitar las casas en que habían vivido. El poeta posterior, en su propia fase final, ya aplastado por una soledad imaginativa que es casi un solipsismo, mantiene su poema una vez más tan abierto a la obra del precursor que, al principio, podríamos pensar que la rueda ha dado una vuelta completa y que nos encontramos de nuevo en el período de inundado aprendizaje del poeta posterior, antes que su fuerza empezara a afirmarse en los cocientes revisionistas. Pero el poema está ahora abierto como antes estaba abierto y el efecto misterioso que resulta de esto es el de que el logro del nuevo poema nos causa la impresión no de que el precursor lo estuviera escribiendo, sino de que el poeta posterior hubiera escrito la característica obra del precursor.