noviembre 30, 2008

Mientras tanto en Químicamente impuro...

Condena

La obsesión por ver era tal que no le importaba quedar ciego. Esa mirada febril fue la que convenció al ángel que era un fuego en medio de la zarza que no se consumía, y lo dejó pasar.

Ante Dios, no cubrió su rostro, no tenía miedo de mirar.

Le fue dado observar la tierra y el tiempo infinito, a las bestias y su corazón paciente, a los hombres y todas sus almas.

Se retiró saciado, sin pestañear, dispuesto al castigo. No sintió cambio alguno, no llegó la muerte, tampoco el lento crepúsculo amarillo, no se convirtió en sal.
La memoria era su condena: el mundo palidecía ante el recuerdo de lo observado en los ojos de Dios.

Pubicado en Químicamente impuro

noviembre 26, 2008

Colección Primer Libro. Jueves 27, 20 horas

Presentación de la colección "Primer Libro"

Poesía
Abrir el día
Juan Carlos González

Cuento
El octographos
Alan Santacruz Farfán

Ensayo
La obra científica del doctor Jesús Díaz de León
Jesús Gil Rendón

Fotografía
Los sueños de Scott Gallethin
Jair Mercado

Cómic
Mala pata
Víctor Álvarez Pato


Jueves 27 de noviembre, 20 horas
Primer patio de la Casa de la Cultura

noviembre 25, 2008

La angustia de las influencias. Harold Bloom


SINOPSIS: SEIS COCIENTES REVISIONISTAS
1. Clinamen, que es la mala lectura o la mala interpretación poética propiamente dicha. Tomo la palabra de Lucrecia, en cuya obra significa un “desvío” brusco de los átomos con el objeto de hacer posible el cambio en el universo. Un poeta se desvía bruscamente de su precursor leyendo el poema de éste de tal modo que ejecuta un clinamen con respecto a él. Esto aparece como un movimiento correctivo en su propio poema, lo cual implica que el poema precursor llegó hasta cierto punto de manera exacta, pero habría debido desviarse precisamente en la dirección hacia la que se mueve el nuevo poema.

2. Tésera, que es completamiento y antítesis. Tomo la palabra no del arte de hacer mosaicos, en el que todavía se usa, sino de los antiguos cultos secretos en los que significaba contraseña, por ejemplo, el trozo de una pequeña vasija que, unido a los demás fragmentos, permitía reconstruirla. Un poeta antitéticamente “completa” a su precurso al leer el poema-padre, conservando sus términos, pero logrando otro significado, como si el precursor no hubiera ido suficientemente lejos.

3. Kenosis, que es un mecanismo de ruptura semejante a los mecanismos de defensa que nuestra psique emplea contra las compulsiones de repetición; kenosis es, por lo tanto, un movimiento hacia la discontinuidad con respecto al precursor. Tomo la palabra de San Pablo, donde significa la humillación o vaciamiento de Jesucristo por sí mismo, cuando acepta ser reducido a su condición divina a la humana. El poeta posterior, al vaciarse evidentemente de su propio aflato, su deidad imaginativa, parece humillarse como si estuviese dejando de ser un poeta; pero esta disminución es realizada con relación a un poema de disminución de un precursor de modo tal que el precursor también resulta vaciado y, por lo tanto, el poema posterior de deflación no es tan absoluto como lo parece.

4. Demonización, que es un movimiento hacia un Contrasublime personalizado, en reacción ante el Sublime del precursor; tomo la palabra del uso neoplatónico general, en el que un ser intermediario, ni divino ni humano, se mete dentro del adepto para ayudarlo. El poeta posterior se abre a lo que él cree ser un poder del poema-padre que no pertenece al padre propiamente dicho, sino a una escala de seres un poco más allá del precursor. Y hace esto, en su poema, colocando su relación con el poema-padre de modo tal que le permita explicar por medio de generalizaciones el carácter único de la obra anterior.

5. Ascesis, es un movimiento de autopurgación que tiene como meta lograr un estado de soledad; tomo la palabra, a pesar de su sentido general, particularmente de la práctica de chamanes presocráticos como Empédocles. El poeta posterior no sufre, como en la kenosis, un movimiento revisionista de vaciamiento, sino de privación; renuncia a una parte de sus dotes humanas e imaginativas, con el objeto de separarse de los demás, incluso de su precursor, y hace esto en su poema colocándose en relación con el poema-padre de tal modo que el poema sufra de una ascesis; las dotes del precursor también son reducidas.

6. Apofrades, que es el retorno de los muertos; tomo la palabra de los días aciagos atenienses en lo que los muertos regresaban a habitar las casas en que habían vivido. El poeta posterior, en su propia fase final, ya aplastado por una soledad imaginativa que es casi un solipsismo, mantiene su poema una vez más tan abierto a la obra del precursor que, al principio, podríamos pensar que la rueda ha dado una vuelta completa y que nos encontramos de nuevo en el período de inundado aprendizaje del poeta posterior, antes que su fuerza empezara a afirmarse en los cocientes revisionistas. Pero el poema está ahora abierto como antes estaba abierto y el efecto misterioso que resulta de esto es el de que el logro del nuevo poema nos causa la impresión no de que el precursor lo estuviera escribiendo, sino de que el poeta posterior hubiera escrito la característica obra del precursor.

Mientras tanto en Químicamente impuro...

Funambulista en Químicamente impuro

noviembre 23, 2008

brains are sexy


…uno hace a veces descubrimientos tardíos, a veces después de un sorprendente y dilatado sueño semilascivo o de unas cuantas palabras lisonjeras despiertas, o ni siquiera hace falta ser uno mismo el objeto del apasionamiento, todo es aún más traicionero: alguien por fin se explica y capta nuestra atención y al verlo así hablar con vehemencia y sentido empezados a preguntarnos por esa boca de la que surgen las reflexiones o los argumentos o el cuento, y a considerar besarla, quién no ha experimentado la sensualidad de la inteligencia, hasta los tontos están expuestos, y no pocos se rinden a ella sin saber nombrarla ni reconocerla, inesperadamente.

Tu rostro mañana. 2 Baile y sueño. Javier Marías

noviembre 21, 2008

Conferencia de Lorenzo Meyer

En el marco de la presentación del Colegio de Estudios Sociales de Aguascalientes, el Dr. Lorenzo Meyer impartirá la conferenia "La relación entre academia y poder".
Sábado 22 de noviembre
12 horas
Museo Posada

noviembre 20, 2008

insanabile scribendi cacoéthes

En A hombros de gigantes Robert K. Merton describe los síntomas de la insanabile scribendi cacoéthes refiriéndose a investigadores, pero la relación bien aplica para cuentistas, novelistas, ensayistas y poetas.

“Recordarás a Fuller, ese clérigo tan querido por mucha gente importante, desde Autrey hasta su admirador póstumo, Coleridge (“¡Dios te bendiga, querido anciano!”). Es fácil comprender por qué razón este “preñado ingenio” era apreciado y querido, sobre todo cuando nos lo imaginamos recorriendo las calles de Londres con su gran libro bajo un brazo y su diminuta esposa bajo el otro. Ni tampoco resulta misterioso que llegara a escribir tantísimos libros, lo mismo grandes que pequeños, pues supo aprender ese maravilloso método que muchos de nosotros podríamos también aprovechar, el que consiste en escribir, simplemente la primera palabra de cada línea de cada hoja y rellenar luego todo el espacio restante, resultando un contagiosísimo método para escribir con rapidez.

“Fuller nos proporciona de este modo un remedio eficaz para calmar periódicamente la comezón de publicar. Los médicos del alma captarán pronto lo que se esconde bajo esta sencilla frase, y reconocerán ahí esa maligna enfermedad conocida, desde los tiempos de Juvenal, como la insanabile scribendi cacoéthes. Su etiología es oscura, pero hay pruebas epidemiológicas que nos proporcionan unas cuantas claves. Hay señales de que su frecuencia va creciendo a un ritmo regular en las instituciones educativas o investigadoras que derrochan los premios para cualquier autor prolífico de artículos científicos o libros de erudición. Parece que la edad es un importante factor en cuanto a predisponer a los sujetos a contraer esta enfermedad, gracias sobre todo a cierto proceso social de tipo básico: con el transcurso de los años, los científicos y eruditos que han publicado con generosidad reciben constantes peticiones de los editores, directores de revistas, etc., en el sentido de que lleven a la imprenta más y más palabras. No obstante, la tendencia general a contagiarse de esta afección parece menos extendida que el síndrome del nada-que-decir (aunque en muchas ocasiones, ambas enfermedades pueden coincidir). Los niños de pecho raramente se ven atacados por esta última. Hay algunos científicos y eruditos que logran evitarla en los primeros años de su carrera; otros se libran de ella hasta la plena madurez, momento en el que la contraen; y hay muchos que se libran por completo de padecerla. Pero con el enorme crecimiento del número de revistas publicadas, y con la apremiante necesidad que sienten las editoriales de impedir que se les queden paradas las prensas, ahora la enfermedad amenaza con hacerse endémica. Sus ataques se repiten en las mismas personas."

noviembre 18, 2008

repetición

Todas las noches escuchó la misma melodía. Por encima del canto de los grillos, del paso lejano de los autobuses allá en la avenida, de los noctámbulos sin rumbo que toda ciudad tiene, del llamado sexual de los gatos que corren por las azoteas, del ladrido que encuentra la solidaridad inmediata de otros perros, por encima del rumor con que la tierra exhala en las noches, me alcanzan obsesivas esas notas que se repiten una y otra vez hasta muy entrada la madrugada.

Ya no intento identificar su origen, perdí demasiado tiempo tratando de adivinar de cuál de las casas sale la música, siempre a la misma hora, repitiéndose cíclica. Por ahora me basta con saber que un vecino, todas las noches, llega a su casa, prende el aparato de sonido y reproduce repetidamente una pieza musical, obsesivamente.

Eso es lo que imagino, un hombre sentado en un sillón, en mangas de camisa, con la mirada fija y perdida en el aparato de sonido que toca una y otra vez la música de una película antigua. No hace otra cosa más que abandonar los ojos.

Conozco la pieza, pero no el nombre, la música me sigue horas después de que él apaga el aparato de sonido y vuelven los sonidos habituales de la madrugada. Para contrarrestar ese efecto fue que comencé a imaginarle destinos, algo a que atar su rutina, cualquier cosa que me explicara esa repetición.

Sé que está solo y nada espera su regreso. A sus sesiones nocturnas les he otorgado un origen: está furioso y se sabe capaz de cualquier cosa, por eso apenas entra a su casa se refugia en la música que lo lleva a mejores días: el recuerdo de la mujer con que compartía la vida. Esa mujer está muerta o lo ha abandonado. La tonada que él también tararea en la oscuridad alivia el dolor y sosiega las ganas de maldecir a un dios que tiene tan mal tino; la música lo contiene, le devuelve la calma y así no sale a buscarla para cobrar la traición.

Otra noche ha sido un anciano que encuentra en esa música la fortaleza suficiente para amanecer, soportar que el cuerpo ya no responda con la velocidad de antes y ahora su paso tropiece constante, resbale, desfallezca. Una mañana las piernas le flaquearon, no pudo sostenerse, quedó derrumbado en una esquina, sin asidero que le permitiera levantarse, pidió ayuda y quienes pasaron a su lado lo confundieron con un borracho, se burlaron, lo volvieron invisible.

Y así noche tras noche, aunque la música sea la misma, las versiones de ese hombre en la oscuridad cambian, moldes distintos para el rencor y la impotencia. Asesino, anciano, traficante, desempleado… solo.

Otra vez, comienza la melodía, se va a repetir una y otra vez. Va a cerrarse al mundo con esa tonada. Puedo sentir su rabia, es un hombre que escucha cómo llega la madrugada, cómo alguien, en alguna parte, inventa historias en la oscuridad, mientras aguarda el momento de su venganza.

noviembre 15, 2008

Mientras tanto en Químicamente impuro...

Aprendizaje

No se promete una hora exacta para lo increíble, le insinuó la mirada de los fieles congregados a su alrededor. Ante el murmullo creciente sólo acertó a pedir calma con un movimiento tembloroso de las manos.

Lo que ocurrió una vez que se agotó la paciencia de su público fue precipitado, la multitud pasó del silencio con que se convoca la sorpresa al rumor que despierta el inicio del desencanto, la ira que la desilusión cierra en puño.

Desencantados reclamaron la ausencia del prodigio, la palabra incumplida, lo golpearon y escupieron, lo abandonaron ansiosos de un nuevo espectáculo.
Ya sin espectadores, Él sintió un toque de aire en los talones. No lo escucharon gritar, iban demasiado lejos cuando al fin comenzó a volar. Aprendió que los milagros no se convocan en público.

Químicamente impuro


noviembre 11, 2008

Tu rostro mañana. Javier Marías


No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido. Contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta veneno el cuento, también es un vínculo y otorgar confianza, y rara es la confianza que antes o después no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda o anuda, y así acaba apretando y hay que tirar de navaja o filo para cortarlo. ¿Cuántas de las mías permanecen intactas, de las muchas confianzas brindadas por quien tanto ha creído en su instinto y no siempre le hizo caso y ha sido ingenuo demasiado tiempo? (Ya menos, ya menos, pero la disminución de eso es muy lenta.) Siguen intactas las que deposité en dos amigos que aún las conservan, frente a las puestas en otros diez que las perdieron o desbarataron; la escasa que di a mi padre y la pudorosa que di a mi madre, muy parecidas si no fueron la misma, la de ella además no duró mucho, ya no puede defraudarla o sólo póstumamente, si hiciera yo un día algún mal descubrimiento, y dejara de ocultarse algo oculto; no perdura la de mi hermana, ni la de ninguna novia ni ninguna amante ni ninguna esposa pasada, presente o imaginaria (suele ser la hermana la primera esposa, la esposa niña), parece obligado que en esas relaciones se acabe utilizando lo que se sabe o se ha visto en contra del amado o cónyuge -o de quien resultó ser sólo momentáneo calor y carne-, de quien hizo revelaciones y admitió un testigo para sus flaquezas y pesadumbres y se prestó a confidencias, o simplemente rememoró sobre la almohada abstraído en voz alta sin reparar en los riesgos, ni en el ojo arbitrario que siempre nos mira ni el oído selectivo y sesgado que nos escucha (muchas veces no es nada grave, una utilización sólo doméstica, defensiva y acorralada, para cargarse de razón en un apuro dialéctico cuando se discute largo, un uso argumentativo).

La vulneración de la confianza también es eso: no sólo ser indiscreto y ocasionar daño o perdición con ello, no sólo recurrir a esa arma ilícita cuando los vientos cambian y se le pone la proa al que contó y dejó ver -ese que se arrepiente ahora y niega y confunde y enturbia ahora, y quisiera borrar y calla-, sino sacar ventaja del conocimiento obtenido por debilidad o descuido o generosidad del otro, sin respetar ni tener en cuenta la vía por la que llegó a saberse lo que se esgrime o tergiversa ahora -o basta con haberlo enunciado para que ya lo desfigure al recogerlo al aire-: si fueron las confesiones de una noche enamorada o de un desesperado día, de un atardecer de culpa o un despertar desolado, o de la embriagada locuacidad de un insomnio: una noche o un día en que quien hablaba hablaba como si no hubiera futuro más allá de esa noche o día y fuera su lengua suelta a morir con ellos, ignorando que siempre hay más por venir, siempre queda, un poco más, un minuto, la lanza, un segundo, la fiebre, y otro segundo, el sueño -la lanza, la fiebre, mi dolor y la palabra, el sueño-, y también el interminable tiempo que ni siquiera vacila ni aminora el paso tras nuestro acabamiento, y sigue añadiendo y hablando, murmurando e indagando y contando aunque ya no oigamos y hayamos callado. Callar, callar, es la gran aspiración que nadie cumple ni aun después de muerto, y yo el que menos, que he contado a menudo y además por escrito en informes, y aún más miro y escucho, aunque casi nunca pregunte ya nada a cambio. No, yo no debería contar ni oír nada, porque nunca estará en mi mano que no se repita y se afee en mi contra, para perderme, o aún peor, que no se repita y se afee en contra de quienes yo bien quiero, para condenarlos.

blog de Javier Marías.


noviembre 10, 2008

Marsalis y El perseguidor

"Moving to Higher Ground: How Jazz Can Change Your Life,".



En la entrevista Marsalis dice "the music is always now" y no puedo evitar pensar en el Johnny de El perseguidor de Cortázar


noviembre 07, 2008

Fernando Pessoa: Plural de nadie

Fernando Pessoa: Plural de nadie
Fragmentos de una escritura polifacética
* Miguel Ángel Flores

Los poetas no tienen biografía, afirmó Octavio Paz a propósito de Fernando Pessoa. Sus obras son su biografía, y éstas hablan por ellos. Y es verdad que los hechos en la vida del poeta portugués fueron harto vulgares. Existencia anodina y obra deslumbrante, genial. Para compensar esa vida gris, sin relieve, se inventó como personaje e inventó otros tantos personajes que escribieron a través de él, actuó como una especie de médium para ellos. Les imaginó una existencia precisa y los hizo dueños de una poética propia divergente en muchos aspectos de la suya, por eso no se trató de seudo nombres sino de heterónimos: autores con vidas paralelas y no máscaras del poeta. No había afirmación contundente o definitiva, todas tienen su contrario, todo entra en contradicción. ¿Qué es la realidad y cuál la esencia de las cosas? ¿Son verdaderas las formas que percibimos de ellas? Lo que sucede en la región de los sueños adquiere una dimensión más tangible que en el mundo de la vigilia. En el gusto por la paradoja y la contradicción se halla la raíz de su escritura. Fue un niño solitario y tímido que creció marcado por estos rasgos que conformaron las características más acusadas de su carácter. En su principio y en su fin está su soledad que mitigó inventando personajes como un capitán Tihbeaut, un Chevalier de Pas, en nombre del cual se escribió cartas a sí mismo. Más tarde aparecerían Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, Bernardo Soares. Con la invención de esos amigos ficticios, más reales para él que los seres que lo rodeaban, empezó a manifestarse, aunque de forma embrionaria y lúcida, aquello que él quiso que aconteciera: el desbordamiento de las fronteras del mundo real, la concreción de lo posible expresado en sus soliloquios y monólogos, la materialización de lo ficticio. Su afición por el ocultismo lo llevó a profundas meditaciones sobre el pensamiento esotérico y fue dueño por eso de un conocimiento que sólo pueden compartir con él los iniciados. Negó la cristiandad y se empeñó en restaurar la religiosidad de los dioses perdidos del paganismo griego. Creyó en la realización de un Quinto Imperio cultural que haría posible la lengua portuguesa. Todo lo que soñó ser quedó registrado con una caligrafía nerviosa, de trazos rápidos, la mayoría de las veces ilegible. Con la sabiduría, semejante a la de un maestro de la filosofía zen, nos invitó a dudar de todo y de nosotros mismos. Los textos que a continuación se reproducen han sido extraídos de sus abundantes poemas y páginas en prosa. Algunos de ellos tiene la calidad del aforismo y otros tienen la densidad de un haikú. Pensamos que contienen una sabiduría extraña y una atmósfera enrarecida. Son citas tomadas de su pluma ortónima y de sus heterónimos.
________________________________________

1
Dicen que finjo o miento
Todo lo que escribo. No.
Yo simplemente siento
Con la imaginación
2
Todo libro que leo, sea de prosa o verso, de pensamiento o emoción, sea un estudio sobre la cuarta dimensión o una novela policiaca, es, en el momento que lo leo, la única cosa que he leído.
3
Perdí la ambición grosera de brillar por brillar y esa otra, demasiado grosera, y de un plebeyismo artístico insoportable, de querer epater.
4
No existe nada, ninguna realidad, excepto las sensaciones. Las ideas son sensaciones, pero de cosas no situadas en el espacio, y a veces ni siquiera en el tiempo.
5
¿Sentir? ¡Que sienta quien lee!
6
¿Qué pensará el muro de mi sombra?
7
Las cuatro canciones que siguen
Se apartan de todo lo que pienso,
Mienten a todo lo que siento,
Son lo contrario de lo que soy...
8
La literatura como cualquier forma de arte, es la confesión de que la vida no basta.
9
Todo arte es una forma de literatura, porque consiste en expresar algo. Hay dos formas de expresarlo: hablar y callarse. Las artes que no pertenecen a la literatura son la proyección de un silencio expresivo.
10
En la vida, la única realidad es la sensación. En el arte, la única realidad es la conciencia de la sensación.
11
El arte, en suma, es la expresión armoniosa de la conciencia que tenemos de las sensaciones, es decir, nuestras sensaciones deber ser expresadas de tal forma que creen un objeto que se convertirá para los demás en una sensación. Los principios del arte son: 1) toda sensación debe ser plenamente expresada; 2) la sensación debe ser expresada de manera que pueda recordar; el conjunto así producido debe conjuntar hasta donde sea posible a un ser organizado: sólo vivirá bajo esta condición.
12
Debo a la misión de la que me siento investido una perfección absoluta en su ejecución, una seriedad total en su escritura.
13
Quizá no he recibido ninguna misión sobre la tierra.
14
No tengo ambiciones ni deseos.
Ser poeta no es mi ambición.
Es mi manera de estar solo.
15
El poeta es aquel que va siempre más allá de lo que puede hacer.
16
Amar es la eterna inocencia,
Y la única inocencia es no pensar.
17
Leve, leve, muy leve,
Un viento muy leve pasa.
Y se va, siempre muy leve.
18
El poeta superior dice lo que siente de verdad, el poeta mediano, lo que decide sentir, y el poeta inferior, lo que cree que debe sentir.
19
A veces hay un gran placer estético en dejar pasar, sin expresarla, una emoción que exige palabras. Ningún poeta tiene el derecho de escribir versos sólo porque tiene necesidad de ello.
20
No me preocupo de las rimas. Es raro que dos árboles, uno al lado del otro, sean iguales.
21
Como forma de arte prefiero la prosa al verso.
22
Afirmo que un poema es una persona, un ser vivo que pertenece, con una presencia corporal y una existencia carnal, a otro mundo al que nuestra imaginación lo proyecta.
23
Lo que vemos de las cosas son las cosas.
¿Por qué habríamos de ver una cosa si hubiera otra?
¿Por qué ver y oír sería ilusionarnos
Si ver y oír son ver y oír?
24
Sólo la Naturaleza es divina, y ella no es divina...
25
Quien escribe para obtener lo superfluo como si escribiese para obtener lo necesario, escribe aun peor que si sólo escribiese para obtener lo necesario.
26
Traspuestos los portales irreparables
De cada año, me anticipo a la sombra
En que he de vagar, sin flores,
En el abismo rumoroso.
27
El misterio de las cosas, ¿dónde está?
¿Dónde está que no aparece
Para mostrarnos al menos que es misterio?
28
Hay sólo dos tipos de estado de ánimo constante en los que vale la pena vivir la vida: el noble júbilo de una religión o el noble pesar de haber perdido una. Lo demás es vegetación, y sólo una botánica psicológica puede interesarse en una humanidad tan diluida (un hongo tan generalizado).
29
Crear en mi interior un Estado, una política, partidos, revoluciones; y que yo sea todo eso, que yo sea Dios en el panteísmo real de este pueblo-yo, la esencia y la acción de sus cuerpos y de sus almas, de la tierra que pueblan y de los actos que comenten. Ser todos, ellos y no-ellos. ¡Pobre de mí! He aquí un sueño que no puedo realizar.
30
Esta tendencia de crear a mí alrededor otro mundo, semejante a éste pero poblado con otros habitantes, nunca dejó de perseguirme.
31
En el fondo lo que me sucede es que hago de los demás mi propio sueño, me pliego a sus opiniones para apropiármelas (como no tengo ninguna, por qué no las suyas o no importa cuáles), para plegarlas a mi gusto y hacer de sus personalidades algo que se parezca a mis sueños.
32
¿Es posible que mi costumbre de enredarme ajena, me impulsa a verme como me ven los otros o me verían si me prestasen la más mínima atención? Sí.
33
A diario la Materia me maltrata. Mi sensibilidad es una llama al viento... Camino entre fantasmas enemigos que mi enferma imaginación ha forjado y que ha fijado en personajes reales.
34
Hay que dar a cada emoción una personalidad y a cada estado de ánimo una alma.
35
¡Qué difícil ser uno mismo y no ver sino lo visible!
36
Sí, soñar que yo soy al mismo tiempo y separadamente, sin confusión, el hombre y la mujer en un paseo que este hombre y esta mujer dan a la orilla del río.
37
Mi alma es una orquesta secreta; ignoro cuáles instrumentos pulso y cuáles rechinan dentro de mí. Yo sólo me conozco como una sinfonía.
38
Sé plural como el Universo.
39
Ayer sufrí la influencia refrescante de algunas páginas de estadística. Si se reflexiona con cuidado, el misterio del Universo se encuentra también ahí. Aunque no lo parezca.
40
Paso y estoy allí, como el Universo.
41
¿Cuándo pasará esta noche interior, el Universo,
Y yo, alma mía, tendré mi día?
¿Cuándo despertaré de estar despierto?
42
Dormimos la vida, criaturas eternas del Destino.
43
Esclavos cardiacos de las estrellas,
Conquistaremos el mundo antes de levantarnos de la cama;
Pero nos despertamos, y el mundo es opaco,
Nos levantamos, y es ajeno,
Salimos de casa, y es la tierra entera,
Más el sistema solar, y la Vía Láctea y lo Indefinido.
44
El mundo no se hizo para pensarnos en él
(Pensar es estar enfermo de los ojos)
Sino para mirarlo y estar de acuerdo...
45
Enrollar el mundo alrededor de nuestros dedos como un hilo o una cinta con la que juega una mujer que sueña en la ventana.
46
¡Oh, enigma visible del tiempo, esta nada viviente en la que estamos!
47
Hacia finales de marzo (si no me equivoco) me convertí en médium. Me he dedicado a la escritura automática.
48
Creo en la existencia de mundos superiores al nuestro y en habitantes de esos mundos, que existen con diferentes niveles de espiritualidad, que se plasman en un Ser Supremo, quien, en verdad, ha creado este mundo.
49
Mi destino hace frente a otra ley, de la cual ustedes ignoran hasta su existencia, y cada vez está más sometida a los Maestros que no consienten ni perdonan. Nadie tienen necesidad de comprenderlo.
50
Sea lo que él fuere, o lo que sea, o como sea, suelto la mano de quien soy, según lo que ordena la suerte y produce el azar, fiel a un juramento olvidado.
51
Loco, sí, loco porque quise grandeza
Como la suerte no da.
52
A veces, en la noche, cierro los ojos y veo aparecer un desfile de pequeños cuadros, fugaces pero muy nítidos (tan nítidos como el mundo exterior): hay en ellos personajes extraños, dibujos y signos simbólicos, números (vi también números), etc. Y algunas veces —sensación muy curiosa— tengo de repente la impresión depertenecera otra cosa.
53
Todo eso fue impreso con letra tan pequeña en un libro a la rústica que se descose.
54
Estoy en un estado de angustia y alteración intelectual que nadie puede imaginar.
55
Siento que no soy nada sino la sombra
De una silueta invisible que me espanta.
56
He dedicado estos últimos meses a vivirlos. Nada más, un muro de fastidio coronado con pedazos de cólera.
57
Estoy en uno de esos días en los que jamás tuve futuro. No hay sino un presente inmóvil rodeado de un muro de angustia.
58
Al final de este día queda lo que quedó de ayer, lo que quedará de mañana: la angustia insaciable, innombrable de ser siempre la misma y siempre otra.
59
Es por eso que el príncipe no ha reinado. Esta frase es del todo absurda. Y siento que en este momento las frases absurdas me provocan ganas de llorar.
60
Me hace mal la vida, a pequeños golpes, a pequeños rasgos, por intervalos.
61
Mi alma es un negro remolino, inmenso vértigo alrededor del vacío, aspiración de un océano sin fin hacia un hoyo en la nada; y en esas aguas, mejor dicho, en ese vértice, flotan siempre las imágenes que he podido ver y escuchar a través del mundo.
62
En el vértigo físico, el mundo exterior gira a nuestro alrededor; en el vértigo moral, es nuestro mundo interior el que gira. Tuve un instante la impresión de perder la conciencia de las verdaderas relaciones entre las cosas, ya no comprender, de colgar en un abismo de vacío mental. Es una sensación horrible, que golpea con un miedo desmesurado. Estos fenómenos se presentan con frecuencia, parecen desviar mi camino hacia una nueva vida mental, que sería naturalmente la locura.
63
Físicamente, estoy cercado.
64
Desde el punto de vista de la psiquiatría, soy un histérico-neurasténico, pero por fortuna mi neuropsicosis es muy débil; el elemento neurasténico domina al elemento histé-rico...
65
Uno de los males de mi espíritu —un inexpresable horror— es el miedo a la locura, que es ya la locura. Es imposible definir estos impulsos, algunos de ellos criminales, y otros insensatos, que me llevan, lo que me tortura, a una horrible necesidad de actuar, una terrible muscularidad, una sensación en los músculos, que me parece ahora mayor que nunca, tanto por su frecuencia como por su violencia.
66
Un hombre, si es verdaderamente sabio, puede gozar desde una silla todo el espectáculo del mundo, sin saber leer, sin hablar con nadie, utilizando sólo sus sentidos, con la condición de que su alma no esté jamás triste.
67
Sentir todo, de todas las formas.
68
Padecer todas las cosas, ¡qué fastidio!
69
Soy un guardador de rebaños.
El rebaño es mis pensamientos
Y mis pensamientos son todo sensaciones.
70
¡Ah, nuestros sentidos, los enfermos que ven y oyen!
Ah, si fuéramos como deberíamos ser
No habría en nosotros necesidad de ilusión...
Nos bastaría sentir con claridad y vida
Y no saber para qué hay sentido.
71
Me multipliqué para sentirme,
Para sentirme, necesité sentir todo;
Me desbordé, no hice sino rebasarme...
72
Lo que se necesita es ser natural y sereno
En la felicidad y la desdicha.
Sentir como quien mira,
Pensar como quien anda,
Y, al borde de la muerte, acordarse de que el día muere...
73
Poco importa que sintamos lo que expresamos: basta que, habiendo pensado, sepamos fingir que lo hemos sentido.


*Miguel Ángel Flores es profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Sus libros más recientes son Himno entre luz (UAM Azcapotzalco) y Saldo ardiente (Conaculta, colección La Centena). [publicado originalmente en la revista Casa del Tiempo, septiembre 2003]

noviembre 03, 2008

Entrevista a Alberto Chimal


La literatura fantástica nos hace ser menos arrogantes, nos obliga a entendernos mejor
Entrevista con Alberto Chimal en Las patillas de Asimov

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