julio 30, 2008

Alejandro Aura (1944-2008)

Del blog de Alejandro Aura:

DESPEDIDA

Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.


Y una nota publicada en la página de la CNL del INBA:


Se va el artista polifacético
Omar Alcántara Islas

Alejandro Aura (1944-2008) fue un hombre de teatro y poesía, locutor, conductor de programas de televisión, actor de cine, excelente lector en voz alta, gastrónomo exquisito, cronista del día a día. Artista polifacético e infatigable, llegó a decir sobre su vocación: “En 1963, yo creo, escribí los primeros poemas que me atreví a publicar; los di a las revistas de la época y sólo 10 años después los junté en un librito que llamé Tambor interno [publicado en 1985].” Poco tiempo después, Alejandro Aura llegaría al taller literario impartido por Juan José Arreola. Con este último como maestro, y con su sensibilidad despierta, fue becario del Centro Mexicano de Escritores en 1964; unos años después, en 1967, se le incluiría en el tomo Poesía joven de México (colectivo) de la editorial Siglo XXI.

Un fragmento de aquellos primeros poemas publicados es el siguiente: “Alguien dejó una flor de papel sobre mi mesa, /es linda y morada y verde, gracias. / Esperé una flor toda la vida, / y hoy, martes raspado de melancolía, / no sé de dónde, me ha llegado. / Pinche florecita de papel, / te quiero”. (“Cinco veces la flor”). En este fragmento ya se aprecia el singular estilo al que Aura le ha sido fiel durante muchos años: el hombre de casa representado por la mesa, la adjetivación colorida, la soledad, el asombro, los versos cortos; así como el lenguaje coloquial, el gusto por la naturaleza y la expresión de la ternura.

En 1969 se le otorgó el Premio Latinoamericano de Cuento, por Los baños de Celeste; y, cuatro años más tarde, obtuvo el reconocido Premio Nacional de Poesía (hoy Premio Aguascalientes) por su poemario Volver a casa.

Su labor como autor y director de escena también fue motivo de elogios y condecoraciones: en 1974, se premió como mejor coactuación su participación en la obra Los exaltados de Robert Musil, premio otorgado por la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro. En 1985 recibió el Premio a la Mejor Dirección de la Unión de Cronistas y Críticos de Teatro por Los totoles; y en 1990 obtuvo el Premio al Mejor Actor Cultural, por mencionar algunos de los reconocimientos que se le dieron en este rubro. Además, como dramaturgo también hizo muchas aportaciones creativas, entre las que destacaron Salón calavera y Las visitas y Bang.

Un poeta citadino
En la vida de Alejandro Aura, las ciudades no sólo fueron su inspiración, sino que también formaron parte fundamental de su quehacer social: en 1998 fue nombrado Director General del recién fundado Instituto de Cultura de la Ciudad de México, cargo en el que permaneció hasta abril de 2001. Su gestión se destacó por el fomento a la lectura, así como por la recuperación del Zócalo capitalino como espacio para espectáculos artísticos masivos. En las décadas anteriores, pocos habían hecho tanto como él para llevar las expresiones culturales a la mayoría de la población de una ciudad mexicana.

Mucho de ese amor hacia la ciudad fue expresado en el libro Volver a casa. Con el ritmo de un caminante solitario y pensativo, asimila los paisajes cotidianos: “Mutiladas las partes de la dicha / los citadinos buscamos en el cine, / en las revistas, en los diarios, / en las calles populosas / unos ojos ajenos / en los cuales un ancla nos detenga”.

La nostalgia persistente, su musicalidad de aliento suave, piden al lector detenerse frente a calles y callejones, compartir los lugares de reunión y poner atención a los resquicios, para mirar con otros ojos, para salir del vértigo de la modernidad y reflexionar, con las palabras precisas, sobre el curso de la vida.

En Volver a casa, como en la mayoría de sus textos, el humor es algo persistente y, junto a la ternura, es quizá lo más notable en sus creaciones. En este poemario hay, por ejemplo, una gran muestra de humor negro. Tal pareciera la sentencia de un brujo divertido, ante un caldero de palabras hirviendo, cuando el poeta expresa: “Sí, en verdad no hay límite, / aunque más nos/ prodiguemos con la muerte/ más vivimos; qué siniestro”.

España
En 2001, Alejandro Aura se trasladó para vivir y trabajar en otra gran urbe: Madrid. Nombrado Director del Instituto de México en España, se dedicó a una intensa labor de difusión de la cultura mexicana: cine, exposiciones, presentaciones de libros, mesas redondas, conferencias, recitales, talleres de expresión teatral y lecturas en voz alta; actividades a las que también dedicó mucha parte de su vida en México. Aura estuvo a cargo de este Instituto hasta 2003; a partir del año siguiente ocupó el puesto de Representante en España del Estado de Zacatecas.

En Madrid también fue conductor del programa radiofónico Hora México entre 2002 y 2005; labor bien conocida por él, pues en tierras mexicanas fue director de varios programas para radio y televisión: Azul, En su Tinta, Entre Amigos, Un Poco Más y De Cine y Literatura; y más recientemente, De ida y vuelta.

En España tampoco mermaron sus aportaciones para revistas culturales, otra constante en su trayectoria: Cuadernos del Viento, El Nacional, La Cultura en México, México en la Cultura, Revista de Bellas Artes, Revista Universidad de México y Letras Libres, por mencionar algunas.

“Ahí les voy”: el blog de Alejandro Aura
Recientemente, siempre hurgando en otros horizontes, el poeta decidió compartir sus textos en Internet. Al iniciar su blog el 20 de febrero de 2007, Alejandro Aura escribió:

“Por lo pronto, lo que ya es cierto es que es bien fácil escribir y ser leído por los demás sin permiso de los editores, ni de los censores, ni de los que nos quieren o dejan de querernos, sin quedar bien (ni mal) con los que manejan las redecillas de poder. Ora que el chiste es que a los demás les interese lo que escribimos, que se sepa, que todo el mundo se entere y que tengamos el toque de la varita mágica, el ábrete sésamo del interés de los demás. Y como esa es la principal característica de este medio, ahí les voy”.

Hasta ayer, martes 29 de julio, Alejandro Aura no faltó a la cita con sus lectores. Junto a la publicación diaria de cada uno de los poemas que alguna vez publicó en sus libros (Alianza para vivir, Varios desnudos y dos docenas de naturalezas muertas, Hemisferio sur , La patria vieja, Cinco veces, Poeta en la mañana, Fuentes, El halcón, además de los ya mencionados), incluyó crónicas de su vida cotidiana, donde con sencillez y amabilidad, con su alegría persistente, informaba, tanto de la invasión de los hackers a su página, como de sus diversos gustos gastronómicos o literarios, donde ocupaba un lugar especial la literatura griega.

Múltiples textos, que bien pueden ir de una pintura a la experiencia del “pinche día”. De esa página se tomaron los poemas que conformarían su más reciente libro, Se está tan bien aquí, publicado en 2007 por editorial Calamus. Un poema extraído de ese libro y ese blog, es el siguiente: “Impudor. / ¡Y pensar / que debajo de la ropa / van todas / completamente desnudas!

Aura nunca pudo evitar –él mismo lo decía– los poemas a la mujer y el erotismo. En su peculiar estilo, el chiste, el juego de palabras, estuvieron siempre cercanos a la poesía. De aquí que el humor del que hemos hablado antes sea también una de las principales características de su personalidad. Por eso no era raro encontrarnos en su blog con frases como la siguiente: “No se trata de una primera impresión sino de una salsa ya muy molida en el molcajete de mis meditaciones”.

Sin embargo, los lectores de su página –más de 90,000 visitas hasta la fecha–, no sólo gozaron de su ingenio y de sus ocurrencias: también se solidarizaron con sus pérdidas. El 22 de noviembre de 2007 escribió abiertamente: “Hace rato, pasadas las cinco de la mañana, me habló por teléfono mi hermana Marta desde México para darme una noticia terrible: se murió mi hija Cecilia. De repente. Tres días antes de cumplir cuarenta años se acabó de pronto…”.

Y como una recapitulación de lo que le llevó a abrir esa página virtual, el 1 de diciembre de 2007 hizo la siguiente reflexión: “Empecé a escribir para acompañar mis poemas porque no tenía editor para el libro último y pensaba que el cáncer podía acabar conmigo en cualquier momento; el cáncer o un piano que me cayera en la cabeza; qué incómodo, me dije, que se quede inédito. Luego lo publicaron y ya embalado me seguí escribiendo diario como en una auténtica bitácora y acabado el primer libro de poemas me seguí con los anteriores. Aunque, no; una bitácora debiera recoger acciones y omisiones de la navegación, datos concretos, rutas y derroteros y yo más bien me he puesto a escribir con entusiasmo un cuaderno de varios temas que se me van ocurriendo y que a veces tienen que ver con sucedidos cotidianos, con mis sueños, con la comida, con mi estado de salud, con lo que estoy leyendo o con recuerdos antañones”.

Inconsolable, el 9 de junio de 2008, nos compartió lo siguiente, respecto a la quimioterapia: “No puedo dejar de sentir una relativa orfandad. […] Ya desde la consulta anterior quedó apuntado que no habría más líneas de tratamiento de quimioterapia a las que acudir como no fuera repetir y recombinar algunas de las ya probadas, con el riesgo de que los efectos contrarios, que sabemos que son tan agresivos e inevitables, fueran más importantes que los posibles beneficios. […] Ante un panorama tan poco promisorio más vale suspender la quimioterapia y aplicarse a la búsqueda de tratamientos alternativos. Y en eso estamos.”

No obstante, con dignidad, con valor y esperanza, en el vórtice del dolor, Alejandro Aura siguió entregándose en sus palabras hasta el último momento.

Hoy, 30 de julio, siendo las 10 horas, tiempo de México (4 de la tarde en Madrid) el poeta falleció por causa del cáncer contra el que luchó hasta su último aliento. El Instituto Nacional de Bellas Artes lamenta profundamente esta pérdida y, a la vez, lo recuerda con cariño. Nos quedan sus letras y el recuerdo de que fue, hasta el final, ese hombre sencillo y cariñoso en busca de la verdad de la palabra: la alegría, parecía decirnos con insistencia.

Próximamente, la UNAM, la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal y el INBA, a través de su Coordinación Nacional de Literatura, rendirán en conjunto un homenaje póstumo al poeta.

julio 26, 2008

julio 20, 2008

Químicamente impuro

Minificciones, microcuentos, híperbreves, relatos cortos...

Un blog de Sergio Gaut vel Hartman con textos de Alberto Chimal, Ricardo Bernal, Doris Camarena, Angélica Santa Olaya, Marcial Fernández, Edgar Omar Avilés, José Luis Zarate...

Más de mil cuentos (y contando) en Químicamente impuro

julio 17, 2008

100 para Alberto

Alberto Chimal escribió en su bitácora (Las historias en el exilio) la siguiente entrada:

Un mensaje para todos los lectores de esta(s) bitácora(s): solicito su ayuda.

Para un proyecto literario del que por el momento no puedo decir mucho (pero es gordo, interesante, y se revelará cuando esté listo) necesito versos: versos sueltos de poemas. Pueden ser de cualquier época, de cualquier lugar y tradición, de poetas consagrados o desconocidos; pueden ser frases completas o bien partes de una frase mayor que abarque varios versos. Lo importante es que sean del interés de ustedes, ya sea por bellos o por desconcertantes.

Si les interesa la poesía, si tienen algún poema favorito, si de pronto se encontraron con uno por casualidad en un libro o en la red y un solo verso les llamó la atención (si dijeron: “Éste es el verso, éste”), en todos estos casos agradeceré que dejen dicho verso en los comentarios de esta nota, incluyendo además el título del poema del que procede, su autor y (de preferencia) el lugar (libro, revista, sitio web) en el que el poema apareció.


Va una centena de versos para el proyecto de Chimal, además de las condiciones señaladas por Alberto, yo me puse restricciones: únicamente versos escritos en español, “frases completas” y previamente subrayadas (sí, subrayo mis libros) y no tener que levantarme de mi silla para copiarlos (sí, tengo que ordenar el escritorio):



Llamar al pan el pan y que aparezca (La vida sencilla. Octavio Paz)

Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla (Cuerpo a la vista. Octavio Paz)

Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio (Refranes. Octavio Paz)

Ver al mundo es deletrearlo (Pasado en claro. Octavio Paz)

Y así ahora de mi frente zarpa un barco cargado de iniciales (Semillas para un himno. Octavio Paz)

Y hundo la mano y cojo el grano incandescente y lo planto en mi ser: ha de crecer un día. (Mutra. Octavio Paz)

amar es denudarse de los nombres: (Piedra de Sol. Octavio Paz)

tu pelo al desatarse la tempestad en las terrazas del alba (Noche en claro. Octavio Paz)

Uno frente al otro uno contra el otro uno en torno al otro (Custodia. Octavio Paz)

en un presente que no acaba las imaginaciones de la arena (Blanco. Octavio Paz)

los substantivos óseas y llenos de raíces, plantados en las ondulaciones del lenguaje (Proema. Octavio Paz)

Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos (El cántaro roto. Octavio Paz)

hablo de la ciudad construida por los muertos, habitada por sus tercos fantasmas, regida por su despótica memoria (Hablo de la ciudad. Octavio Paz)

Óyeme como quien oye llover, (Como quien oye llover. Octavio Paz)

Cuánto murientes somos bajo el oro del gozo (Singladura. David Huerta)

Y el ilegible deseo de que insistas contra mi sombra (Destiladeras. David Huerta)

Toda mi memoria está en el desierto de tus manos. (Oración del 24 de diciembre. David Huerta)

Ahora mi sede o mi extremo es la cosa que el otro deberá tomar por los cabellos: ahí soy como luz (Prólogo. David Huerta)

No distingo en ti nada que no sea mi propia semejanza (Declaraciones. David Huerta)

Diseminado en ti, el fuego de una duda será después palabra (Arte de la duda. David Huerta)

Adivinar en los almacenes de las palabras dónde se esconde el rayo, el escondrijo del mundo en la bolsa del día, (Incurable. David Huerta)

El Sí Mismo hurga en la escritura, en la escena, el texto de sus enrancias: quiere fundar una ciudad. (Incurable. David Huerta)

Yo aparecí en la sangre de octubre, mis manos estaban fúnebres de silencio (Nueve años después. David Huerta)

Donde termina mi mano izquierda empieza el vacío, la región del misterio, la zona inexplorada donde muchos de los que han muerto bailan como si estuvieran vivos. (Oda a mi mano izquierda. Jorge Hernández Campos)

Resiste como hielo, felizmente, no como roca (Venturas criollas. Lezama Lima)

Cada árbol que toca el sol es una barca (En el país de la sal… Jorge Esquinca)

One: Puedo llevar sobre mi espalda a la ciudad, pero una de tus lágrimas hará que el trasatlántico irrumpa contra el muelle (Quasi Stellar Objects. Jorge Esquinca)

El poema: el instante encarnado. Su lectura: flor de las disipaciones. (Residual. Jorge Esquinca)

Tú, la sombra que abrevia –Tú, la parcela no tocada- Tú, el vocablo que germina. (La eternidad más breve. Jorge Esquinca)

Pertenezco a una era fugitiva, mundo que se deshace ante mis ojos (Descripción de un naufragio en ultramar. José Emilio Pacheco)

Písale el rabo al tigre de papel o de encaje, dales las lilas a las niñas, (Épodo. Gerardo Deniz)

este poderlo hoy todo pero nada mañana (Remordimiento. Rodolfo Usigli)

Estas manos en que se borran poco a poco las huellas (¿Cuándo vendrán las noches claras…? Rodolfo Usigli)

Un cuerpo –isla rodeada de daños (No todos los días se cumplen años. Rodolfo Usigli)

Amarte es no ser ya sin ti conmigo (Amarte es como haber llegado. Rodolfo Usigli)

las aguas de tu vientre cantan al fondo del país/ (Incompletamente. Juan Gelman)

La ciudad está en mí como un poema (Vanilocuencia. Jorge Luis Borges)

Sé que los únicos paraísos no vedados al hombre son los paraísos perdidos (Buenos Aires. Jorge Luis Borges)

Siento el pavor de la belleza: ¿quién se atreverá a condenarme si esta gran luna de mi soledad me perdona) (Casi Juicio Final. Jorge Luis Borges)

El mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones (Manuscrito hallado en un libro de Joseph Conrad. Jorge Luis Borges)

Ciudad que se oye como un verso (Montevideo. Jorge Luis Borges)

Volverá toda noche de insomnio: minuciosa. (La noche cíclica. Jorge Luis Borges)

Sólo una cosa no hay. Es el olvido (Everness. Jorge Luis Borges)

Ah, ciudad que viaja para desconcierto de las caravanas (Ciudad interior. Elva Macías)

Estar simplemente como delgada carne ya sin piel, (Declaración de odio. Efraín Huerta)

Recuerdo que el amor era una blanda furia (Eduardo Lizalde)

Grande y dorado, amigos, es el odio, (Grande es el odio. Eduardo Lizalde)

Sólo somos inmortales por irrepetibles (Eduardo Lizalde)

Cósmica soledad del lanzador al centro del diamante. (Charlie Brown en la loma. Eduardo Lizalde)

Parecería que Dios es el verdugo de su criatura predilecta, (Im Abendrot. Eduardo Lizalde)

No soy bello, pero guardo un instrumento hermoso (Bravata del jactancioso. Eduardo Lizalde)

Ven, cosa, yo te diré tu nombre (Cada cosa es Babel. Eduardo Lizalde)

La palabra no es el sitio del resplandor, pero insistimos, insistimos, nadie sabe por qué (Recuento. Rafael Cadenas)

Se abre la noche como un gran libro ilegible sobre la selva (La Venta. José Carlos Becerra)

Me duelen todos ustedes que tienen por hombro izquierdo una lágrima, (Elegía. José Carlos Becerra)

dame la mano volvamos a inventar el mundo los dos solos (Dime mujer dónde escondes. Tomás Segovia)

Hablo y en la palabra permaneces. (Responso del peregrino. Alí Chumacero)

Tú, yo mismo, seco como un viento derrotado (Nuevo amor. Salvador Novo)

Los que hemos rodado por los siglos como una roca desprendida del Génesis (Elegía. Salvador Novo)

Never ever clever lever sever ah la rima (Never ever. Salvador Novo)

Nuevos Adanes muerden con dientes firmes manzanas sin pecado (Adán desnudo. Salvador Novo)

porque el sueño y la muerte nada tienen ya que decirse. (Nocturno en que nada se oye. Xavier Villaurrutia)

Todo en la noche vive una duda secreta: (Nocturno miedo. Xavier Villaurrutia)

porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte (Nocturno amor. Xavier Villaurrutia)

¿Qué nombre dar a la blancura sobre lo blanco? (Cementerio en la nieve. Xavier Villaurrutia)

Pesa el pasado como un ciervo en el tallo plumoso de los cisnes (Bajo la tórrida ceremonia sin eclipse. Marco Antonio Montes de Oca)

Mil hombres de granito son las nubes (Rendición de Ulises. Carlos Illescas)

Ahora sé cuál es mi raquítica inmortalidad y quién viene a dibujarme. (Exhumaciones. Carlos Illescas)

Qué silenciosamente cabe un mundo en esos ojos (Los ojos. Jorge Fernández Granados)

el arte de olvidar comienza recordando (Los fantasmas. Jorge Fernández Granados)

si un solo día todo lo que existe tomara la palabra (Alteridad. Jorge Fernández Granados)

cada viajero deja una huella distinta que no es sino otra forma de recorrer la superficie de una esfera (Andadura. Jorge Fernández Granados)

Quizá no hay más amor del que cabe una noche entre las manos (Alondras que mueren deslumbradas. Jorge Fernández Granados)

¿Dónde estuviste que olvidé tu nombre cuando entré a las llamas? (Montsalvat. Jorge Fernández Granados)

si alejarse es preciso para mirar y entender aproximarse es preciso para pertenecer (Principio de incertidumbre. Jorge Fernández Granados)

el mar se quitaba corpiños a cada ola un poco más delgado (Remordimiento. Gilberto Owen)

fantasma anochecido de aquel río que se soñaba encontrado en un solo cauce (Autorretrato o del subway. Gilberto Owen)

Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos: (Sinbad el varado. Gilberto Owen)

Qué hermosa eres, Diablo, como un ángel con sexo pero mucho más despiadada, (Jacob y el mar. Gilberto Owen)

Traes un viento que lame tu nombre en las cien lenguas de Babel, y en él me traes a nacer en mí. (Booz encuentra a Ruth. Gilberto Owen)

dame todas las lágrimas del mar. (Hermana, hazme llorar… Ramón López Velarde)

No soy más que una nave de parroquia en penuria, (Hoy como nunca… Ramón López Velarde)

ojos inusitado de sulfato de cobre. (No me condenes… Ramón López Velarde)

Mi corazón leal, se amerita en la sombra. (Mi corazón se amerita… Ramón López Velarde)

…Y una íntima tristeza reaccionaria. (El retorno maléfico. Ramón López Velarde)

mis besos te recorren en devotas hileras (Te honro en el espanto… Ramón López Velarde)

Corazón que en fatigas de vivir vas a nado (Mi villa. Ramón López Velarde)

Cansada de dormir y no poder mirarme (Siempre. Alejandra Pizarnik)

Oh perforar con vino la suave necesidad de ser (Fiesta en el vacío. Alejandra Pizarnik)

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte. (La noche. Alejandra Pizarnik)

danzando como palabras en la boca de un mudo (Árbol de Diana. Alejandra Pizarnik)

los vestidos de pájaro desolado en la lluvia (Anillos de ceniza. Alejandra Pizarnik)

y vienen las sombras que ya tienen nombre (Historia antigua. Alejandra Pizarnik)

Mis fantasmas galopan en blanco caballos hacia el alba (Lapsus linguae. Juan Manuel Roca)

Aún vibran palabras en sus dedos memoriosos (Biblioteca de ciegos. Juan Manuel Roca)

Algo había de trenes en el cruce de las horas: la vida misma era el tren que conducía un desconocido maquinista. (La luna de Otrabanda. Juan Manuel Roca)

Con solo abrir un libro rumoroso en nuestra alcoba, el aire se puebla de voces. (Rumores de Comala. Juan Manuel Roca)

Te lloverán las voces de Babel: te dirán que ese asunto del poema es cosa de hombres desdichados. (Zona de riesgo. Juan Manuel Roca)

Quédate engullendo lotos, habitando el olvido (Antiodisea. Juan Manuel Roca)

Un hombre arroja al aire una moneda y mientras cae alternando su cara y cruz, se queda suspendida en el aire como una luna de níquel. (Dos sueños, dos imágenes. Juan Manuel Roca)

julio 05, 2008

Mood

You do it to yourself, you do and that's what really hurts



You want to know why I`m lying here?
You really want to know?

julio 03, 2008

Un ensayo de Geney

La materia de toda narración estrictamente poderosa es lo humano, a secas.
Y si bien ningún escritor debe redactar una frase que contenga seguidas las palabras «el escritor debe» o «el escritor no debe», acaso se exigiría hablar de autenticidad, otro concepto huidizo y complicado. El escritor debe ser auténtico al mentir, al construir un mundo ficticio, al saquear la «realidad» (la interior, la «real», la fantástica, alegórica, erótica, memoriosa...) para dar forma a una irrealidad textual más inclemente y de mayor orfandad, y quizá sólo así habrá de trascender toda frontera del espacio o del tiempo.
El escritor debe ser inclemente con su mundo. Más todavía si ese mundo no existe.

Historias para un país inexistente, un ensayo de Geney Beltrán Félix, léelo completo en su blog

julio 01, 2008

Sexto día

Entonces dijo Dios: Hagámoslo a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.

No encontrando espejo alguno donde cotejar la semejanza con su imagen moldeó a ciegas. Y creó Dios al hombre.

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