noviembre 19, 2007

Decálogo para la novela actual. Vicente Verdú


Un resumen de lo que Vicente Verdú ha publicado en El País: Reglas para la superviviencia de la novela.

1. La novela deberá mostrarse enérgicamente resistente al intento de trasladarla al cine, la literatura hoy más que nunca debería alzarse como intransferible.

2. La obra literaria debe insistir más que nunca en la categoría de su escritura, en su habilidad para hacerse indispensable como medio de conocimiento y comunicación peculiar, insustituible en la iluminación y la clase de disfrute que procura.

3. No habrá de valerse la obra de ninguna estructura prefabricada, lo que cuenta es la belleza de la inmediatez, el texto convertido en un gozoso bocado de por sí.

4. La fragmentación de las historias, con sus anotaciones e intervalos mentales, tiende a copiar del blog y de la comunicación fragmentada omnipresente. Una novela contemporánea que no haya asumido esta clase de comunicación se ahogará en su jactancia.

5. El desarrollo del libro obedecerá a una red de experiencias que hiladas, entrecruzadas o en racimo planteen un tutti frutti para el multipolar lector de hoy.

6. La novela considerará la multiplicada sensibilidad del receptor mediático y la interacción, estimará la belleza eficiente de la forma, la seducción estética. Lo propio de la literatura excelente será la belleza y perspicacia de la escritura.

7. La peripecia interior es el juego especial de la escritura y su máxima legitimación.

8. Si la literatura aspira a conocer algo más sobre el mundo y sus enfermos su elección es la directa, precisa y temeraria escritura del yo. No hay comunicación sin comunión, no hay comunión sin comunidad, no hay comunidad sin sinceridad, no hay sinceridad sin volcar lo personal.

9. La voz será la de la primera persona del singular. Trato directo entre el autor y el lector, entre las aventuras, las pasiones o los dolores que se comparten en la secuencia del texto.

10. Ninguna obra sin humor forma parte de la producción intelectual inteligente puesto que ningún genio en la historia de la humanidad prosperó sin la ironía sobre sí mismo. Sin ironía no hay contemporaneidad, sin ironía no existe visión de la iridiscencia del mundo y su variable composición.


En verdad que vale la pena leer completas las Reglas para la superviviencia de la novela. La discusión está abierta, por mi parte puedo decir que me estoy convirtiendo.

noviembre 18, 2007

La propa de corcho (*)
Imaginarios musicales de la Globalización


“Yo tuve la propa de corcho” pensé al llegar a la página 111 de Imaginarios musicales de la globalización de Héctor Villarreal, la “propa de corcho”, de haber sido otro el autor de este ensayo, uno que no tuviera el estilo puntual y directo, la capacidad de citar sólo lo justo para ampliar la información sin caer en ese estilo academicista en que las referencias son medallas de lecturas acumuladas pero no digeridas, seguramente mi atención se hubiera desviado hacia la memoria del tacto en mis manos de la “propa de corcho” y no hubiera acaba de leer el libro.

Así que dejé a un lado la evocación de la “propa de corcho” (ese recuerdo feliz) y continué con la lectura de los Imaginarios, dividido en dos apartados, el libro ganador del Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos en el 2006, está construido a partir de una decena de artículos que abordan el tema de la globalización a partir del análisis de las expresiones musicales y su relación con los movimientos sociales.

Una pausa, leo “movimientos sociales” y sé de inmediato que se debe ampliar, que Héctor Villarreal intentó algo mucho más complejo que eso que acabo de decir, su ensayo es un retrato de la identidad que asume (o quiere asumir) una parte del mundo a partir de lo que está escuchando.

Una fotografía de ese enorme rostro que conforman las audiencias globalizadas que en Maravatio, Nueva York, Berlín, Bogotá y Sevilla (en todoelmundo pues) están escuchando, vibran y se conectan, disfrutan y bailan, comparten y crean, con la misma banda sonora de fondo.

En el primer apartado ("Imaginarios etnomusicales") el ensayista establece que esta banda sonora compartida es uno de los resultados de la globalización, que si algo distingue a esta época es el flujo vertiginoso de mercancías, información, prácticas, ideas y creencias, diluyendo lo que en algún momento fueron fronteras muy bien definidas, afectando primeramente los comportamientos (sobre todo en los más jóvenes) y con ello obligando que la identidad se delimite de una forma distinta a lo que establece Constantin von Barloewen en Superando lo extraño. Rutas de la interculturalidad al señalar que “la identidad siempre surge delimitándose con lo foráneo y extraño”.

¿Qué sería lo extraño, qué lo foráneo, si el flujo, la globalización, ha borrado esos límites?, enseguida del consumo que es lo primero que viene a la mente, considero a partir de la lectura del ensayo de Villarreal, es la participación, participación que se da partir de compartir códigos ajenos hasta hacerlos propios, escuchar hasta diluir lo exótico en aceptación de las expresiones musicales de las Antillas y Costa Verde o interpretes como Bebel Gilberto o Habib Koité.

La World music, esa etiqueta mercadológica como señala el propio Villarreal como una forma de alcanzar una identidad, cito de los Imaginarios: “ha venido configurándose como un puente para el establecimiento del diálogo intercultural, que favorece la aceptación y el respeto del otro en la medida que uno conoce y se apropia de las expresiones musicales ajenas”, es decir, de la otredad a la nostredad. Las audiencias globalizadas no son más yo, sino nosotros.

En el retrato que Villarreal logra en este primer apartado en el que se analizan los casos de Womad de Peter Gabriel, Putumayo, la Womex y el Ollin Kan, entre otros, la audiencia está sonriendo, si algo la caracteriza es la tolerancia, la promoción de los derechos humanos y nuevas formas de convivencia democráticas.

En el segundo Imaginario, los "tecnomusicales", se aborda la música electrónica y sus múltiples ramificaciones en géneros y subgéneros, sobre todo el festejo y la danza. Con precisión Villarreal nos cuenta el surgimiento del Love Parade, la propuesta estética del Kraftwerk, la experiencia del dance y el tecnochamanismo, cómo pasamos del rock al hip hop, la cultura de la música electrónica que “no es únicamente lo que se oye. Es diseño gráfico, performance, videoarte, moda y es insumo de todas las industrias culturales, incluyendo el turismo”.

Este segundo apartado de Imaginarios musicales de la globalización es vertiginoso, confronta datos, aporta anécdotas, abre al mundo, es en estos artículos donde Héctor como ensayista brinda sus mejores momentos, sin importa cuán lejano pueda estar uno del fenómeno musical explicado, estética o geográficamente, es posible aprehender en unas pocas líneas de qué se trata, qué es lo que mueve o persigue, incluso acecha.

Es en este apartado también, el autor desarrolla sus dotes de reportero, cronista e historiador, explicando qué ha sucedido con la música electrónica en México, desde la aparición de los “sonidos” hasta el desvanecimiento de lo underground ante las nuevas tecnologías, ya nada puede (a menos que quiera) permanecer en la sombra, ahí está la luz de Internet para colocarlo en el centro del escenario; y por encima de todo eso, el baile, el baile tribal.

Menciona Villarreal: “Cuando la humanidad, o lo que queda de ella, está a punto de ser exterminada o de pasar a una nueva etapa de su historia sólo queda una cosa por hacer: bailar. La tribu de los liberados de Matrix baila y baila mientras los tambores resuenan en la caverna. “No tengo miedo”, dijo Morfeo (¿el dios de los sueños?). En la que puede ser la última noche de todos o la alborada del resurgimiento a la superficie –retorno al paraíso perdido-, todos a bailar, a saltar tan alto como se pueda, tan frenéticamente como es posible sentir, tan salvajemente como se pueda vivir, rodeados de tecnología o amenazados por ella. ¡Qué más da que sea la última noche!”

Además de sus dotes como narrador, otra de las virtudes en el estilo de Villarreal como ensayista es la realización de las preguntas precisas en el momento justo, ahí donde uno podría perderse en medio de la explicación, en el enjambre de géneros y subgéneros, se despereza el lector ante un ¿cómo y con qué se va a hacer la música, cómo va a sonar?, el cuestionamiento tiende un puente que va de la música de estudio a la música que se hace en la calle.

Si ahora todos bailamos (porque el mundo se va a acabar) es posible que mañana todos estemos haciendo música, incluso que en este momento, al decir, “momento”, la presentación de este libro no sea tal, sino el inicio de un concierto.

En esta fotografía la identidad de la audiencia globalizada sale un poco fuera de foco, no es un error del fotografo/ensayista, somos nosotros que nos movemos porque no paramos de bailar, a pesar de los trazos de colores, los haces en que se desvanecen los rostros, observando la mancha un rasgo es notable, no sólo bailamos con desenfreno, también sonreímos.

Los flujos culturales de la globalización a los que esta audiencia se aferra le permite sentirse bien consigo misma, es políticamente correcta, se preocupa por el otro, por los derechos humanos y civiles, emprende acciones definitivas (conciertos, por ejemplo) contra la pobreza y las dictaduras.

Con sus Imaginarios musicales de la globalización Héctor Villarreal logra una espléndida fotografía en que, bailando, se va de la otredad a la nostredad, todos al ritmo de la misma banda sonora.

http://www.flickr.com/photos/recuerdosinutiles/recuerdo inútil:
Ah, la propa de corcho, sí regreso a la página 111, donde se cita un relato de DJ Mike:

Algo que me llamó mucho la atención en el último año de la secundaria era el grupo de compañeros que intercambiaban "propagandas". Los dibujos que contenían éstas eran muy curiosos, imaginativos y en algunas ocasiones ¡buenísimos! Después me enteraría que esta era una forma que utilizaban algunos sonidos para promover sus fiestas [...] nada más que éstas no eran gratis. El equipo de sonido que más frecuentemente daba propagandas a la salida de la escuela era uno llamado Polymarchs. Lo que me llamaba mucho la atención es que tanto el papel como los dibujos que utlizaban para promocionar [sic] sus fiestas eran diferentes a los utilizados por los demás. Los temas relacionados con la mitlogía, la magia y la tecnología eran frecuentemente explotados en los dibujos de las propagandas de Polymarchs. Por esta razón las "propas" comenzaron a ser objeto de colección entre los asistentes (y los que no íbamos), incluso se llegaba al extremo de coleccionar los posters que se utilizaban para pegarlos en las paredes. El fenómeno era algo parecido a coleccionar "estampitas", se intercambiaban propagandas e incluso se llegaban a ¡vender! Y por supuesto existían "propas" por las que algunos coleccionistas daban hasta las ¡"nachas"! Recuerdo una muy famosa de Polymarchs que fue impresa en corcho, era una "propa" que necesitaba de un cuidado especial debido a la naturaleza del material y por la cual el poseedor se mostraba orgulloso de tener tan preciado tesoro.

Yo tuve la propa de corcho, en 1984 cambié todas mis propas de Patrick Miller y Polymarchs, unas 20, por la propa de corcho, era magnífica, valía la pena, una tarde entregué a mi compañero de la secundaria mi álbum de propas a cambio de una sola, una que no se pegaba en álbum, que no adornaba las carátulas de los cuadernos, pues el chiste era deslizarla entre los dedos, sentir su textura, así que se guardaba en una bolsita de plástico para cargarla orgulloso todos los días y mostrarla, presumirla.

Mientras leía Imaginarios musicales de la globalización de Héctor Villarreal me vino el recuerdo de esa sensación, la felicidad instantánea que me provocaba tenerla, supongo que algo parecido a la pertenencia, no únicamente ser yo sino ser en el nosotros, aunque en ese tiempo no pensaba así, de hecho, todo esta memoria es previa a lo que ensaya Villarreal, el Muro de Berlín era una presencia contundente, no hablábamos en inglés y por eso a los flyers les decíamos “propas” pues eso eran, propagandas y apenas estábamos aprendiendo a bailar en pareja, sin saber que más tarde, unos cuantos años (ahí donde empieza el texto de Héctor) sería inútil pues la onda (palabra anacrónica ya) sería el baile tribal del rave.

Si me hubieran tomado una fotografía con mi propa de corcho en la mano, estoy seguro de que estaría sonriendo, de forma parecida a la que imagino sonríen las audiencias globalizadas, disfrutando el flujo sin analizarlo, escuchando la música sin entenderla, dejándose llevar, así, con una sonrisa satisfecha de sí misma que poco sabe y no le importa.


(*)Texto leído durante la presentación de Imaginarios musicales de la globalización, de Héctor Villarreal, en el Café del Codo, noviembre 16, 2007, aguascalientes

noviembre 15, 2007

Misterios sin resolver

Si es cierta la hipótesis de que los sueños tiene un papel fundamental en la consolidación de la memoria... debo preocuparme. Si es cierto que los sueños tienen una connotación premonitoria... también debo preocuparme. Si los sueños... como sea, debo preocuparme.

Soñé con la Milonga del Marinero Bioy y el Capitán Borges:


El marinero y el capitán se reunieron en un bar y encargaron otra botella de ron, ése sería el puerto final, y lo fue tanto de verdad que bajo el mar ahora descansan juntos los dos.

Fue por una rubia loca, que bailaba sola hasta el amanecer. Y se movía, pero tan bien, que fue mirarla y fue perder todo por ese cuerpo y esa promesa.

Ya no era joven pero era audaz y bailaba siempre al compás; no le importaba que se la echaran a suerte

Llegó la noche, llegó el champán, llegó la hora de la verdad
y esa apuesta, al final, la ganó la muerte.

Cuando el barco llega a la ciudad las mujeres salen y los hombres solos bajan a los bares, y esa noche todo vale. Y sientes tu corazón latir al ritmo de esta milonga que es la milonga del Marinero y del Capitán.


Y soñé el video tal y como ahora lo veo, sólo que con el marinero Bioy y el capitán Borges.

Despierto, sí muy bien, Los Rodríguez; el marinero Bioy, claro, pues si el capitán es Borges, pero (voz de Robert Stack): ¿quién era la rubia misteriosa?, ¿quién esa chica audaz que bailaba al compás y no le importaba que se la echaran a suerte?

Cansado de buscar en los libros de interpretación de sueños, se acepta cualquier ayuda.

noviembre 10, 2007

Cabrera Infante

SEGÚN LA FÍSICA cuántica se puede abolir el pasado o, peor todavía, cambiarlo. No me interesa eliminar y mucho menos cambiar mi pasado. Lo que necesito es una máquina del tiempo para vivirlo de nuevo. Esa máquina es la memoria. Gracias a ella puedo volver a vivir ese tiempo infeliz, feliz a veces. Pero, para suerte o desgracia, sólo puedo vivirlo en una sola dimensión, la del recuerdo. El intangible conocimiento (todo lo que yo sé de ella) puede cambiar algo tan concreto como el pasado en que ella vivió. Una canción contemporánea parece decirlo mejor que yo: <>. Los fotones pueden negar el pasado, pero siempre se proyectan sobre una pantalla –en este caso este libro. La única virtud que tiene mi historia es que de veras ocurrió.


Así inicia La ninfa inconstante, novela que dejó acabada y sin publicar el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante. Más en El País


noviembre 09, 2007

Banda sonora
horny corny & happy...


Lovin' you I see your soul come shinin' through
And every time that we oooooh
I'm more in love with you
La la la la la la la... do do do do do... Aaaaaaaaaa... Lovin' you

Caray, hay días en que me doy vergüenza, pero luego me comienzo a reír y se me olvida. Me pongo a escuchar esos discos que me encuentro de chiripada (bonita palabra) y me sigo riendo hasta olvidar los motivos de la risa y me instalo en el disfrute.

Baja El evangelio según mi jardinero de Martin Buscaglia

La poesía como alivio

Estupendo encontrarse con lo escrito por Jesús Silva Herzog Márquez en su blog acerca del ensayo The fire of life de Richard Rorty:

la razón sólo puede caminar por senderos que abre la imaginación. Sin palabras no hay argumento; sin imaginación no hay palabras nuevas. Poco después de terminar el escrito, Rorty recibió la noticia de que padecía un cáncer inoperable. Tras la noticia, un primo suyo le preguntó si había buscado el consuelo de dios. Le respondió que no. "¿Y la filosofía?," le preguntó su hijo. Tampoco. "¿Nada de lo que has leído te ha ayudado en algo?", insistió. Rorty se sorprendió diciendo impulsivamente que sí: la poesía. Imagen, ritmo y rima de la expresión poética le ofrecían un alivio.

noviembre 06, 2007

Rodolfo Hinostroza



Durante la extensión del Encuentro de Poetas del Mundo Latino en Aguascalientes, tuve la oportunidad de entrevistar al poeta peruano Rodolfo Hinostroza, en la conversación intenté abordar únicamente los aspectos literarios de su trayectoria, sin embargo no pude evitar la tentación de aplicar el cuestionario Proust al autor de Consejero del lobo, Contrantura y Memorial de la Casa Grande, aquí sus respuestas:

1. Los principales rasgos de mi carácter
La curiosidad, la impaciencia y diría la audacia también.

2. La cualidad que deseo en un hombre
La bondad

3. La cualidad que deseo en una mujer
La belleza por dentro y por fuera

4. Lo que más aprecio de mis amigos
La lealtad

5. Mi principal defecto
La impaciencia

6. Mi ocupación favorita
Cocinar

7. Mi sueño de felicidad
Una familia feliz

8. Lo que para mi sería la mayor desgracia
La muerte de uno de los mios

9. Quién me gustaría ser
Yo mismo

10. Dónde me gustaría vivir
En México, alguna parte alrededor del DF

11. Mi color preferido
El rojo

12. La flor que más me gusta
Debe ser la rosa

13. Mi ave favorita
El ave del paraíso

14. Mis autores preferidos
Uy, tengo muchos, vienen por épocas, los más estables deben ser Whitman, Rilke, Vallejo, Eliot, Catulo, tengo una lista muy larga

16. Mis héroes de ficción
James Bond

17. Mis heroínas de ficción
Diondre de Los pesares, irlandesa

18. Mis compositores preferidos
Bach, Beethoven, también es una lista larga, Purcell, Schoenberg

19. Mis pintores favoritos
Pollock, los pintores americanos, también los antiguos Brueghel, es muy amplio el repertorio, no te podría decir todos los que me impresionan

20. Mis héroes en la vida real
Wamán Poma el cronista de indias peruano
-¿Tu padre entraría ahí?
Sí, claro que sí, mi padre es un héroe intelectual, un héroe moral mi padre


21. Mis heroínas históricas
La que me gusta mucho es Hatshepsut, la Faraona, la hija de Tutmosis I, es maravillosa

22. Los nombres que más me gustan
Los que les puse a mis hijos, mi hija Cayetana, Ruy se llama mi hijo y Lorenzo se llama el otro

23. Lo que más odio
Hay muchas cosas que odio, la deslealtad, la avaricia, la insensibilidad, la arrogancia, la violencia

24. Los personajes históricos que menos me gustan
Los que menos me gustan son los dictadores y los traidores, la gente desleal, los que actúan en total impunidad

25. La campaña militar que más me gusta
En general no me gustan las campañas militares, pero hay algunas que son como partidas de ajedrez, Austerlitz, esas batallas que son muy afortunadas

26. La reforma que más aprecio
Yo aprecio mucho cuando Zeus instala a las musas, es una revolución enorme

27. El don de la naturaleza que me gustaría tener
No sé si sea de la naturaleza pero me gustaría del don de la videncia

28. Cómo me gustaría morir
Como Maese Manrique, rodeado de los suyos

29. El estado actual de mi alma
Está bien mi alma, está conforme, está conforme conmigo mismo

30. Las faltas que puedo soportar
Muchas, soy muy tolerante con los otros y muy implacable conmigo mismo

31. Mi lema
No tengo lemas. No aburrirme a mi mismo, no aburrir a los otros

Y en este podcast puedes escuchar esta parte de la entrevista:


noviembre 05, 2007

Be Gorostiza, my friend


Empty your mind. Be formless, shapeless. Like water. You put water into a bottle and it becomes the bottle. You put in a teapot, it becomes the teapot. Water can flow, or it can crash. Be water, my friend!

Vacía tu mente. Libérate de las formas. Como el agua. Pon agua en una botella y será la botella. Ponla en una tetera y será la tetera. El agua puede fluir… o puede golpear. Sé agua amigo.

Be water, my friend es ya una de esas frases integradas a la cultura popular gracias a un anuncio de autos. Hace unos días, necesitado de un mantra que apaciguara el espíritu me la repetía: Be water, my friend, si lo dice Bruce algo ha de tener; la verdad es que no sirvió de mucho.

Hoy, en descanso, me dejo llevar, soy agua y me hipnotiza el centrífugo andar de la lavadora. Soy agua, soy un ojo que mira el ojo que lo mira, el rigor del vaso:

VII

En el rigor del vaso que la aclara,
el agua toma forma
-ciertamente.
Trae una sed de siglos en los belfos,
una sed fría, en punta, que ara cauces
en el sueño moroso de la tierra,
que perfora sus miembros florecidos,
como una sangre cáustica,
incendiándolos, ay, abriendo en ellos
desapacibles úlceras de insomnio.
Más amor que sed; más que amor, idolatría,
dispersión de criatura estupefacta
ante el fulgor que blande
-germen del trueno olímpico- la forma
en sus netos contornos fascinados.
¡Idolatría, sí, idolatría!
Mas no le basta el ser un puro salmo,
un ardoroso incienso de sonido;
quiere, además, oírse.
Ni le basta tener sólo reflejos
-briznas de espuma
para el ala de luz que en ella anida;
quiere, además, un tálamo de sombra,
un ojo,
para mirar el ojo que la mira.
En el lago, en la charca, en el estanque,
en la entumida cuenca de la mano,
se consuma este rito de eslabones,
este enlace diabólico
que encadena el amor a su pecado.
En el nítido rostro sin facciones
el agua, poseída,
siente cuajar la máscara de espejos
que el dibujo del vaso le procura.
Ha encontrado, por fin,
en su correr sonámbulo,
una bella, puntual fisonomía.
Ya puede estar de pie frente a las cosas.
Ya es, ella también, aunque por arte
de estas limpias metáforas cruzadas,
un encendido vaso de figuras.
El camino, la barda, los castaños,
para durar el tiempo de una muerte
gratuita y prematura, pero bella,
ingresan por su impulso
en el suplicio de la imagen propia
y en medio del jardín, bajo las nubes,
descarnada lección de poesía,
instalan un infierno alucinante.

Muerte sin fin, de José Gorostiza.

Y soy agua, soy el rigor del vaso, me lleno de pensamientos inútiles: la habilidad limpiadora de las cápsulas naranjas del Ace Acti-Blu, el trabajo publicitario de Salvador Novo (Siga los tres movimientos de FAB: remoje, exprima y tienden), luego Gorostiza y Muerte sin fin, mientras los pantalones de mezclilla giran y giran en la lavadora, para terminar inteligencia, soledad en llamas que todo lo concibe sin crearlo.

Eso, todo lo concibo sin crearlo... Y luego Laura me pregunta porqué tardo tanto en lavar.

noviembre 04, 2007

en letras de otros


CADA VER

Jorge Fernández Granados

cada ver

nudos ocultos de cuerpos mutilados en el amanecer del desierto donde pequeñas telarañas invaden con la certeza acumulada de la quietud sus cabellos sus párpados sus labios abiertos aún en la congelada y secreta palabra del instante frente a la muerte tan parecida al silencio de este páramo ahora que al caer la noche se llena de laboriosos insectos que brotan de las grietas del suelo y exploran esos cuerpos como si se tratara para ellos de un extraño meteoro que hubiera caído hace días en el desierto examinan con destreza el cir-cular espacio de aquel grito sin garganta

cada verdad

cuenta una historia inconclusa que persiste semienterrada en las dunas terrizas cuenta los huesos que interrumpen la arena en la orilla de la carretera a casas grandes los torturados vestigios de la mutilación de cuerpos jóvenes y flexibles repentinamente tomados por asalto borrados de la tierra y entrando sin voluntad sin anuencia en la región oscura de la destrucción cuenta el osario de la soledad que descompone este prehistórico sol del de-sierto una por una cuenta esas calcinadas formas de lo desaparecido

cada verdad es un ver

cuerpos fulgurantes en el lecho de un reseco río o de campos de algodón o de lomas de po-leo en la orilla de una urbe de inmigrantes y máquinas seriales para siempre detenidos en un hereditario gesto ante el encuentro con el último estamento del dolor como una pista del combatiente negro de humo en la punta de sus dedos azules restos de esmalte en sus uñas rotas sus manos atadas con sus propias agujetas su cuello casi de niña estrangulado ánimas ya si existe el ánima cuerpos en la tierra de los cuerpos inocultables costillares que esplenden descarnados como el fósforo bajo el fanal de la luna del eriazo y hablantes vértebras adolescentes aún vibrando bajo la quemada música del sueño

cada verdad es un cadáver

viviente en la memoria de los desenterradores los que diariamente rondan desde el crepús-culo hasta la madrugada en no oficiales vehículos en desvencijadas trocas o en cuadrillas a pie armados de una vara y una bolsa buscando en horas robadas al trabajo o al sueño disimulados vestigios no del todo desintegrados aún por el tiempo la podre y los animales piezas rotundas del rompecabezas de la prevaricación todos lo saben desperdigados en ciertos lugares recurrentes como la carretera a casas grandes o esos terrenos del margen los desenterradores que a diario persisten sin recompensa civiles laboriosos como los in-sectos del desierto que no duermen peinando las afueras de la ciudad con el único deseo de no hallar esta jornada tampoco un arete una pulsera un jirón de ropa cualquier objeto que dé aviso de otro nuevo descubrimiento

cada verdad es un cadáver de eva

que a pesar de todo comienza su accidentada emersión como esfera de aire en la hondura del agua y parece decir en ese demorado ascenso en ese zigzagueante trayecto de la as-fixia oye el rumor bajo este engañoso silencio oye la tempestad que rojamente escribe ciertos nombres en los muros oye la mutilada multitud que va buscando cada noche sus huellas en el polvo para volver a caminarlas y volver a caminarlas hasta que se cierre el gran círculo de las sacrificadas oye la repetida la impune la numerosa estrategia de la muerte con la que se ocultan oficiosamente esas mismas huellas evidentes oye subir poco a poco estos cuerpos a la superficie calcinada del desierto de chihuahua como el mar tar-de o temprano arroja a la tierra los delicados objetos de un naufragio

cada verdad es un cadáver de evaporable luz



noviembre 02, 2007

lecciones sociales en literatura

Enrique Noriega, un poema guatemalteco, salta de su silla cuando le digo que no voy a leer a Doris Lessing, me explica que más allá del Premio Nobel tendría que conocer dos o tres títulos fundamentales de esa autora. Mientras me explica, a pesar de la atención con que apunto los libros que él promete me causarán placer, me estoy acordando de un artículo de Rafael Pérez Gay con el que coincido: "No pongo en duda que su obra pueda guardar la sorpresa de un libro extraordinario. Quizás empobreceré mi espíritu alejándome de esas páginas, pero a mí las lecciones sociales en literatura me matan de tedio"

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