junio 24, 2007

Grey de Alberto Chimal
Instrucciones para faltar al trabajo

Digamos que por un descuido de la máquina del azar que es la vida diaria (alguien olvidó tomar la pastilla roja o la pastilla azul; quizá ese alguien comió una de esas galletas con las que siempre pasa alguna cosa rara; vaya uno a saber) aparece Grey de Alberto Chimal a tu lado, es decir, amaneces y en vez de tu esposa, perro, gato o muñeco de peluche, sobre la cama, cerca de la almohada encuentras un libro.

Tú no sabes nada de Alberto Chimal y, en un principio, no te importa, siempre hay cosas más importantes que hacer que detenerse ante el autor de un libro. No sabes que Chimal nació en Toluca, que es un escritor que ha publicado libros de relatos como El rey bajo el árbol florido (1996), Gente de mundo (1998), El ejército de la luna (1998), El país de los hablistas (2001) y Éstos son los días (2004), también teatro El secreto de Gorco (1997) y Canovacci (1998), así como la colección de ensayos La cámara de las maravillas (2003).

A estas alturas ya te importó, pues has tomado el libro y entonces lees que el autor fue becario del FONCA, que ha obtenido el Premio de dramaturgia para niños de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil así como el Premio Nacional de Cuento San Luis Potosí y que recientemente ingreso al Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Enterarte de esto te ha llevado poco tiempo, el justo para olvidar que aún sigues en la cama cuando tendrías que estar ya entrando en la ducha. Y abres Grey, te encuentras con el epígrafe, una cita bíblica, recuerdas que el libro de Jonás es aquel donde se cuenta la historia de un hombre a quien Dios le ordenó que amase a sus enemigos y que fue echado al mar y tragado por una ballena y… Por una relación extraña que no alcanzas a descifrar decides no contrariar la aparición de ese libro en tu cama, no sea la de malas y una ballena o una calabacera o Nínive, así que sigues con la lectura.

Lees, deja de importarte que no esté a un lado la esposa, el perro, gato o muñeco de peluche, tienes un libro y lo estás disfrutando, sin notar el paso del tiempo, sin que te pese, ya has leído más de veinte páginas, más que sorprenderte la cantidad de hojas, te llama la atención que estos cuentos no parecen cuentos y sin embargo no podrías llamarlos de otra manera, no te atreverías a calificarlos de hagiografías (como reza la contraportada) porque aunque aparecen Santa Godovina, Santa Cata, San Ecletio y San Luto de Maguncia, no son historias de sus vidas, sino otra cosa; entonces, son cuentos, pero no a los que estás acostumbrado, donde los hechos se suceden de forma ordenada, donde hay un principio, desarrollo y fin, cuentos donde se cuentan dos historias de forma organizada y la tensión narrativa resultado de esas dos historias simultáneas te llevan a la epifanía.

En los textos de Grey, lo intuyes, se rompen estas reglas del cuento clásico, es cierto que cada texto es una revelación de algo, pero la escritura de Chimal responde a un impulso distinto, son otros los mecanismos que se emplean.

Alguien que haya leído a Seis propuestas para el próximo milenio lo primero que te diría es que parte de la virtud de los textos de Grey reside en la atracción que ejerce sobre el lector su Rapidez, la correspondecia de la escritura con la segunda propuesta de Italo Calvino, ese concepto que centra la importancia del tiempo narrativo, del ritmo con el que fluye un texto, que en sus propias palabras es la "búsqueda de una expresión necesaria, única, densa, concisa, memorable"; y los cuentos de Chimal así son, por eso no has parado de leer.

Además, te estás divirtiendo, es poco menos que imposible dejar de leer porque disfrutas el tono lúdico en que te cuentan, por ejemplo, un bautizo, porque La catarata es un bautizo, el bautizo del autor ¿verdad? Lo cotidiano es observado desde el extrañamiento, mediante el humor y la puesta en escena de lo absurdo. Más de una ocasión te descubres, ahí, en medio de la cama, la espalda sobre la almohada, sonriendo y en ocasiones doblado de la risa al reconocer la habilidad del autor para darle la vuelta a leyendas, mitos, relatos que tú ya conoces pero que revisados con esa mirada juguetona se vuelven asertivos por maliciosos, líneas que tienes que contar exactamente en la forma en que están escritas para que no pierdan su chiste.

Y aquí saltaría de nuevo ese imaginario lector de Calvino para decirte que la escritura de Grey responde a otra de las propuestas: Exactitud, eso que se define como la lectura “donde el lenguaje llega a ser lo que realmente debería ser”, una literatura definida, nítida, precisa, donde las palabras expresan con la mayor precisión el aspecto sensible de las cosas.

Sigues con el libro hasta llegar a La pasión según la sombra y lees, de nueva cuenta reconoces, ahí entre la historia del Jesús y del Judas y de la María y el Juan se cuelan Shakespeare, Fernando de Rojas, Dario Fo, Lope de Vega, Sor Juana, Esquilo, citas de sus obras, claro –te dices- esto es Medea, aquello La vida es sueño, esto otro La muerte accidental de un anarquista; de nuevo la experimentación, una escritura que fragmenta y combina, que alude a otras formas de comunicación, que en su juego te permite una lectura rica en posibilidades de interpretación.

Ya olvidaste que los cuentos de Grey no son a los que estás acostumbrado, lo recordarás mucho tiempo después, al leer lo que Lauro Zavala dice del autor en Paseos por el cuento mexicano contemporáneo: “La fragmentación en la narrativa mexicana contemporánea tiende a la fractalidad, es decir hacia la escritura de unidades narrativas autónomas de extensión mínima con cierta semejanza entre ellas. Por esta razón se puede hablar de novelas formadas por minificciones integradas, como las de Alberto Chimal”. En ese futuro próximo, tras leer esta aseveración, la frase unidades narrativas autónomas de extensión mínima, por un instante te sentirás timado, ¡oh, entonces Grey es una novela!; para no sentirte mal contigo mismo explicarás que ya lo habías entendido: claro, por eso el Catálogo de sectas, esos tres apartados que hilvanan con humor la columna del libro, esa es una de las formas en que se están violando las fronteras genéricas que definen a la escritura posmoderna; tres minutos después de ese pensamiento en el que no te reconoces por el tono, lo olvidarás para insistir en que el libro de Chimal es un libro de cuentos absolutamente fantástico.

De regreso a la cama donde apareció misteriosamente Grey, tú sigues leyendo, sonríes, sonríes por el recuerdo de la posibilidad de dividir el mundo de acuerdo a una cantidad inagotable de sectas, no sólo los antitactistas, materialistas, ofiditas o dulzones que menciona el libro. Lo que ha logrado Alberto Chimal en ti es que salgas al mundo con una mirada renovada por el sentido del humor, la revelación de estos cuentos es el reencuentro con la capacidad (muchas veces olvidada) de mirar el mundo en los detalles que traen la felicidad, que logran divertirnos.

Insisto, el humor de Alberto Chimal es una revelación, estoy seguro que si me oyeras miembro de la secta de los que leen en la cama coincidirías conmigo, pero en este momento lo más que puedes hacer es disfrutar la portada del libro: Madre de los cerillos de Alan Glass, al borde del descubrimiento de la relación secreta que une a las imágenes de la cajita de cerillos, el botón de rosa y el caballito del diablo con los textos que acabas de leer, lo que descubres es otra cosa: se te ha ido la mañana entera, por culpa de Grey ya es demasiado tarde para llegar a la oficina, incluso demasiado tarde para llamar fingiéndote enfermo, ahora eres un miembro de la secta de los mediocritas.

Sólo un instante, miras a tu alrededor, sigue sin afectarte la ausencia de la esposa, perro, gato o muñeco de peluche, tienes ya el pretexto perfecto para el día de mañana: llegarás al trabajo, antes de la inquisición de tu jefe, antes de que levante el dedo flamígero acusando tus faltas, tenderás la mano derecha para ofrecerle Grey, así, con el gesto suave de quien invita a bailar, con una voz que es tuya pero suena extrañamente beatífica sólo dirás: conviértete. Tú, miembro de la secta de los chimalistas darás media vuelta para regresar sereno a tu lugar de trabajo.
Texto leído en la presentación de Grey en el ciclo Literatura en las rocas. Café del Codo, junio 22, 2007

Domingo

Definitivo: habrá que mudarse. Aletazo, giro de timón. Pero cómo mudarse de ti -alzar la pieza, quemar las naves, arriesgar el pellejo. Habrá entonces que apostarlo todo al naipe de una nueva confianza, ese reino reluctante. En esta casa todas las puertas te llevan hacia el espejo que ya sabes. Hay que saltar por la ventana como el pájaro del miércoles, un instante antes del estallido. Todo está a punto de volverse mar y yo me aferro a la rama de oro que relumbra en mi pico.

Jorge Esquinca (de Vena cava)

junio 22, 2007

Grey


Presentación de Grey, de Alberto Chimal
viernes 22 de junio, 21 horas, Café del Codo

El CIELA en su ciclo Literatura en las rocas invita a la presentación editorial de Grey de Alberto Chimal

Alberto Chimal seguramente es hijo del diablo y merece las excomuniones que ha acumulado contra su alma, pero también el cielo de nuestra risa y la indulgencia de nuestra admiración por su escritura velocísima. [En su libro] se oyen, junto a las voces de la ciudad y su infinita mezcla de clases, las bibliotecas interminables de la lengua y de las lenguas (...) y las profecías tonantes de un siglo nuevo de magnífica literatura. (de la contraportada de Grey)

Acompañarán al autor Jorge Ávila Storer y Edilberto Aldán. La cita es a partir de las 21 horas en el Café del Codo.



junio 18, 2007

El Milagro
No sé qué hice (y no me importa mucho) pero ahora en el messenger se puede leer lo que estoy escuchando, el nombre de la canción y el autor aparecen en lugar de frases como: ¡Die Poet Die!; Por una República con Poesía, sin poetas; y que si alcanzara el espacio tendría el siguiente aforismo de Lichtenberg: "Está bien que algunos jóvenes enfermen de poesía de vez en cuando, pero por el amor de Dios, que no la contagien".

Debido a estas señales, quien se quiera dar cuenta, puede notar que todo el día escucho uno tras otro, cíclicamente, los dos discos de Love of Lesbian (Maniobras de escapismo y Cuentos chinos para niños de Japón); al grado que Luis me comenta que hay algo más que ese grupo y que no es para tanto.

Bueno, el fin de semana encontré otra música para empezar el día: El Milagro. Vale la pena visitar este espacio

junio 15, 2007

"un jueguito"

Me pasa este bastón Arlette Luévano:

REGLAS
1. Cada jugador(a) comienza con un listado de 8 cosas sobre sí mismo
2. Tienen que escribir en su blog esas ocho cosas, junto con las reglas del juego
3. Tienen que seleccionar a 8 personas más para invitar a jugar, y anotar sus blogs/nombres
4. No olvides dejarles un comentario en sus blogs respectivos de que han sido invitadas a participar, refiriendo al post de tu blog: "El Juego".

Uno
But I, that am not shaped for sportive tricks,
Nor made to court an amorous looking-glass;
I, that am rudely stamp'd, and want love's majesty
To strut before a wanton ambling nymph;
I, that am curtail'd of this fair proportion,
Cheated of feature by dissembling nature,
Deformed, unfinish'd, sent before my time
Into this breathing world, scarce half made up,
And that so lamely and unfashionable
That dogs bark at me as I halt by them;
Why, I, in this weak piping time of peace,
Have no delight to pass away the time,
Unless to spy my shadow in the sun
And descant on mine own deformity:
And therefore, since I cannot prove a lover,
To entertain these fair well-spoken days,
I am determined to prove a villain


Dos
For I have known them all already, known them all:-
Have known the evenings, mornings, afternoons,
I have measured out my life with coffee spoons:
I know the voices dying with a dying fall
Beneath the music from a farther room.
So how should I presume?

Tres
La calavera, el corazón secreto,
Los caminos de sangre que no veo,
Los túneles del sueño, ese Proteo,
Las vísceras, la nuca, el esqueleto.
Soy esas cosas. Increíblemente
Soy también la memoria de una espada
Y la de un solitario sol poniente
Que se dispersa en oro, en sombra, en nada.
Soy el que ve las proas desde el puerto;
Soy los contados libros, los contados
Grabados por el tiempo fatigados;
Soy el que envidia a los que ya se han muerto.
Más raro es ser el hombre que entrelaza
Palabras en un cuarto de una casa.

Cuatro
No tengo intención de tener un hijo.
De verlo crecer en esas tardes en que nada espero.
No tengo frases para amarlo
cuando me pregunte a dónde voy
o de dónde vengo tan cansado.
No tengo una mujer con suficiente alevosía,
inocencia o amor para darme ese hijo.
Tampoco la he buscado.

Por eso no lo tengo.
No tengo dinero ni paciencia para su tos,
para sus preguntas, vacunas, calificaciones,
su primitiva maldad, sus diminutas catástrofes.
Pero sobre todo no tengo corazón
para heredarle la tristeza
que madurará en sus ojos
cuando su alma abra las velas.

Cinco
Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea

Seis
Todo lo que la noche
dibuja con su mano
de sombra:
el placer que revela,
el vicio que desnuda.

Todo lo que la sombra
hace oír con el duro
golpe de su silencio:
las voces imprevistas
que a intervalos enciende,
el grito de la sangre,
el rumor de unos pasos
perdidos.

Todo lo que el silencio
hace huir de las cosas;
el vaho del deseo,
el sudor de la tierra,
la fragancia sin nombre
de la piel.

Todo lo que el deseo
unta en mis labios:
la dulzura soñada
de un contacto,
el sabido sabor
de la saliva.

Y todo lo que el sueño
hace palpable:
la boca de una herida,
la forma de una entraña,
la fiebre de una mano
que se atreve.

¡Todo!
circula en cada rama
del árbol de mis venas,
acaricia mis muslos,
inunda mis oídos,
vive en mis ojos muertos,
muere en mis labios duros.

Siete
Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden misterioso, es bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo.

Ocho
Fracasé. Fue mi culpa. Lo reconozco.
Pero en manera alguna pido perdón o indulgencia:
Eso me pasa por intentar lo imposible.


Cumplido el compromiso, lo paso a:

Adriana
Guillermo
HB
Iria
Jorge
Luis
Rene
Rod

1.Shakespeare, Ricardo III. 2. Eliot, La canción de amor de J. Alfred Prufrock. 3. Borges, Yo. 4. Fernández Granados, Non serviam. 5. Paz, Hermandad. 6. Villaurrutia, Nocturno. Cortázar, Rayuela. 8. Pacheco, Despedida.

junio 04, 2007

Voces

Ser alguien es ser alguien solo. Ser alguien es soledad.
***
Siempre busco alguna luz y siempre en la noche y no alumbrado por ninguna luz.
***
Todo juguete tiene derecho a romperse.
***
Trátame como debes tratarme, no como merezco ser tratado.
***
En el último instante, toda mi vida durará un instante.
***
El ir derecho acorta las distancias y también la vida.
***
Dios mío, casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado.
***
Dirán que andas por un camino equivocado, si andas por tu camino.
***
Cuando me cansa lo superficial, me cansa tanto, que para descansar necesito un abismo.
***
A veces, de noche, enciendo una luz para no ver.
***
Eres cuanto te necesitan, no cuanto eres.
***
Sé que no tienes nada. Por ello te pido todo. Para que tengas todos.
***
Éramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba.
***
Tú crees que me matas. Yo creo que te suicidas.
***
No comprendo cómo el hombre puede ser el hombre. Porque el hombre es lo que hay en él y lo que hay en él no es el hombre.
***
Ahora el instante, luego lo eterno. El instante y lo eterno. Y sólo el instante es tiempo, porque lo eterno no es tiempo. Lo eterno es recuerdo del instante.
***
Durmiendo sueño lo que despierto sueño. Y mi soñar es continuo.
***
Te quiero como eres, pero no me digas cómo eres.
***
Casi siempre es el miedo de ser nosotros mismos lo que nos lleva delante del espejo.
***
Casi siempre es el miedo de ser nosotros lo que nos lleva delante del espejo.
***
El sol es lo exterior de todas las noches y de todos los fríos.
***
Un ala no es cielo ni tierra.
***
Islas, puentes y alas: mis tres vidas separadas. Mis tres muertes unidas.
***
De todos modos he llegado a hoy. Y así llegué a mi fin. De todos modos.

Voces. Antonio Porchia.

Publicado en Alforja, revista de poesía (primavera 2006)

junio 01, 2007

Un cuento de Haruki Murakami

Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril
Haruki Murakami

Una bella mañana de abril, en una callecita lateral del elegante barrio de Harajuku en Tokio, me crucé con la chica 100% perfecta.

A decir verdad, no era tan guapa. No sobresalía de ninguna manera. Su ropa no era nada especial. En la nuca su cabello tenía las marcas de recién haber despertado. Tampoco era joven –debía andar alrededor de los treinta, ni si quiera cerca de lo que comúnmente se considera una “chica”. Aún así, a quince metros sé que ella es la chica 100% perfecta para mí. Desde el momento que la vi algo retumbó en mi pecho y mi boca quedó seca como un desierto.

Quizá tú tienes tu propio tipo de chica favorita: digamos, las de tobillos delgados, o grandes ojos, o delicados dedos, o sin tener una buena razón te enloquecen las chicas que se toman su tiempo en terminar su merienda. Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. A veces en un restaurante me descubro mirando a la chica de la mesa de junto porque me gusta la forma de su nariz.

Pero nadie puede asegurar que su chica 100% perfecta corresponde a un tipo preconcebido. Por mucho que me gusten las narices, no puedo recordar la forma de la de ella –ni siquiera si tenía una. Todo lo que puedo recordar de forma segura es que no era una gran belleza. Extraño.

-Ayer me crucé en la calle con la chica 100% perfecta –le digo a alguien.
-¿Sí? –él dice- ¿Estaba guapa?
-No realmente.
-De tu tipo entonces.
-No lo sé. Me parece que no puedo recordar nada de ella, la forma de sus ojos o el tamaño de su pecho.
-Raro.
-Sí. Raro.
-Bueno, como sea –me dice ya aburrido- ¿Qué hiciste? ¿Le hablaste? ¿La seguiste?
-Nah, sólo me crucé con ella en la calle.

Ella caminaba de este a oeste y yo de oeste a este. Era una bella mañana de abril.

Ojalá hubiera hablado con ella. Media hora sería suficiente: sólo para preguntarle acerca de ella misma, contarle algo acerca de mi, y –lo que realmente me gustaría hacer- explicarle las complejidades del destino que nos llevaron a cruzarnos uno con el otro en esa calle en Harajuku en una bella mañana de abril en 1981. Algo que seguro nos llenaría de tibios secretos, como un antiguo reloj construido cuando la paz reinaba en el mundo.

Después de hablar, almorzaríamos en algún lugar, quizá veríamos una película de Woody Allen, parar en el bar de un hotel para unos cócteles. Con un poco de suerte, terminaríamos en la cama.

La posibilidad toca en la puerta de mi corazón.

Ahora la distancia entre nosotros es de apenas 15 metros.

¿Cómo acercármele? ¿Qué debería decirle?

-Buenos días señorita, ¿podría compartir conmigo media hora para conversar?

Ridículo. Sonaría como un vendedor de seguros.

-Discúlpeme, ¿sabría usted si hay en el barrio alguna lavandería 24 horas?

No, simplemente ridículo. No cargo nada que lavar, ¿quién me compraría una línea como esa?

Quizá simplemente sirva la verdad: Buenos días, tú eres la chica 100% perfecta para mi.

No, no se lo creería. Aunque lo dijera es posible que no quisiera hablar conmigo. Perdóname, podría decir, es posible que yo sea la chica 100% perfecta para ti, pero tú no eres el chico 100% perfecto para mí. Podría suceder, y de encontrarme en esa situación me rompería en mil pedazos, jamás me recuperaría del golpe, tengo treinta y dos años, y de eso se trata madurar.

Pasamos frente a una florería. Un tibio airecito toca mi piel. La acera está húmeda y percibo el olor de las rosas. No puedo hablar con ella. Ella trae un suéter blanco y en su mano derecha estruja un sobre blanco con una sola estampilla. Así que ella le ha escrito una carta a alguien, a juzgar por su mirada adormecida quizá pasó toda la noche escribiendo. El sobre puede guardar todos sus secretos.

Doy algunas zancadas y giro: ella se pierde en la multitud.



Ahora, por supuesto, sé exactamente qué tendría que haberle dicho. Tendría que haber sido un largo discurso, pienso, demasiado tarde como para decirlo ahora. Se me ocurren las ideas cuando ya no son prácticas.

Bueno, no importa, hubiera empezado “Érase una vez” y terminado con “Una historia triste, ¿no crees?”



Érase una vez un muchacho y una muchacha. El muchacho tenía dieciocho y la muchacha dieciséis. Él no era notablemente apuesto y ella no era especialmente bella. Eran solamente un ordinario muchacho solitario y una ordinaria muchacha solitaria, como todo los demás. Pero ellos creían con todo su corazón que en algún lugar del mundo vivía el muchacho 100% perfecto y la muchacha 100% perfecta para ellos. Sí, creían en el milagro. Y ese milagro sucedió.

Un día se encontraron en una esquina de la calle.

-Esto es maravilloso –dijo él- Te he estado buscando toda mi vida. Puede que no creas esto, pero eres la chica 100% perfecta para mí.

-Y tú –ella le respondió- eres el chico 100% perfecto para mi, exactamente como te he imaginado en cada detalle. Es como un sueño.

Se sentaron en la banca de un parque, se tomaron de las manos y dijeron sus historias hora tras hora. Ya no estaban solos. Qué cosa maravillosa encontrar y ser encontrado por tu otro 100% perfecto. Un milagro, un milagro cósmico.

Sin embargo, mientras se sentaron y hablaron una pequeña, pequeñísima astilla de duda echó raíces en sus corazones: ¿estaba bien si los sueños de uno se cumplen tan fácilmente?

Y así, tras una pausa en su conversación, el chico le dijo a la chica: Vamos a probarnos, sólo una vez. Si realmente somos los amantes 100% perfectos, entonces alguna vez en algún lugar, nos volveremos a encontrar sin duda alguna y cuando eso suceda y sepamos que somos los 100% perfectos, nos casaremos ahí y entonces, ¿cómo ves?

-Sí –ella dijo- eso es exactamente lo que debemos hacer.

Y así partieron, ella al este y él hacia el oeste.

Sin embargo, la prueba en que estuvieron de acuerdo era absolutamente innecesaria, nunca debieron someterse a ella porque en verdad eran el amante 100% perfecto el uno para el otro y era un milagro que se hubieran conocido. Pero era imposible para ellos saberlo, jóvenes como eran. Las frías, indiferentes olas del destino procederían a agitarlos sin piedad.

Un invierno, ambos, el chico y la chica se enfermaron de influenza, y tras pasaron semanas entre la vida y la muerte, perdieron toda memoria de los años primeros. Cuando despertaron sus cabezas estaban vacías como la alcancía del joven D. H. Lawrence.

Eran dos jóvenes brillantes y determinados, a través de esfuerzos continuos pudieron adquirir de nuevo el conocimiento y la sensación que los calificaba para volver como miembros hechos y derechos de la sociedad. Bendito el cielo, se convirtieron en ciudadanos modelo, sabían transbordar de una línea del subterráneo a otra, eran capaces de enviar una carta de entrega especial en la oficina de correos. De hecho, incluso experimentaron otra vez el amor, a veces el 75% o aún el 85% del amor.

El tiempo pasó veloz y pronto el chico tuvo treinta y dos, la chica treinta

Una bella mañana de abril, en búsqueda de una taza de café para empezar el día, el chico caminaba de este a oeste, mientras que la chica lo hacía de oeste a este, ambos a lo largo de la callecita del barrio de Harajuku de Tokio. Pasaron uno al lado del otro justo en el centro de la calle. El débil destello de sus memorias perdidas brilló tenue y breve en sus corazones. Cada uno sintió retumbar su pecho. Y supieron:

Ella es la chica 100% perfecta para mí.

Él es el chico 100% perfecto para mí.

Pero el resplandor de sus recuerdos era tan débil y sus pensamientos no tenían ya la claridad de hace catorce años. Sin una palabra, se pasaron de largo, uno al otro, desapareciendo en la multitud. Para siempre.

Una historia triste, ¿no crees?



Sí, eso es, eso es lo que tendría que haberle dicho.



On Seeing the 100% Perfect Girl One Beautiful April Morning, from "The Elephant Vanishes" by Haruki Murakami and translated by Jay Rubin



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