mayo 29, 2006

banda sonora

la espera me agotó. * no sé nada de vos. * dejaste tanto en mí. * en llamas me acosté. * en un lento degradé * supe que te perdí. * ¿qué otra cosa puedo hacer? * sin olvido, moriré. * y otro crimen quedará... * otro crimen quedará... * sin resolver. * la rápida traición. * y salimos del amor, * tal vez me lo busqué. * mi ego va a estallar, * ha ido donde no estás. * o los celos otra vez. * ¿qué otra cosa puedo hacer? * sin olvido, moriré. * y otro crimen quedará... * otro crimen quedará... * sin resolver. * no lo sé. * ¿cuánto falta? no lo sé. * ¿si es muy tarde? no lo sé. * sin olvido moriré. * ¿qué otra cosa puedo hacer? * ¿qué otra cosa puedo hacer? * ahora sé lo que es creer... * otro crimen quedara... * otro crimen quedara... * sin resolver...

Crimen (mp3), de Ahí vamos de Gustavo Cerati

Uffff.

Y Dios nos libre (mp3) del mismo disco.


I'm still only in Saigon...

Saigon... shit; I'm still only in Saigon... pienso, pero no lo digo, como Benjamin en Apocalypse now es de mañana, otra vez, y estoy ante una ventana; como el Capitan Willard pienso que voy a despertar en la jungla y que podría ser peor, que despertaré en casa (no esta oficina) y cuando lo haga allá querré estar aquí, que no diré nada hasta llegar a una palabra que detone la tormenta... algo así.

Pero no soy Willard, así que solamente me descubro (no sé si despierto) ante la ventana y pienso que no me ocurren cosas espectaculares, que es lunes, mierda, otra vez estoy en un lunes y no espero nada, ninguna sorpresa, nada imprevisto.

Sé, mejor dicho: intuyo, que la felicidad eterna no ha de llegar hoy (y si lo hiciera la negaría por no creer en ella); no ha de sorprenderme la vida con una noticia que espero hace meses (y si llegara, es posible que ya no la reconociera de tanto inventarla en el deseo); no ha de ocurrir el suceso terremoto que cambié mi vida... a lo más... a lo más... shit; I'm still only in...

Suenan, aquí también las hélices de una nave cortando el aire…

mayo 22, 2006

En letras de otros

Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada.
Goethe


mayo 20, 2006

vía láctea
banda sonora

Hasta donde tengo noticias, no pasó nada grave tras la emisión de Vía láctea, a lo más algunas moronitas de galletas de animalitos sobre las sábanas, una que otra muñeca irritada y nada más.
De regreso del programa, buscando algo que sacuda el mood nostálgico con que baña la versión de Creep de Damien Rice, me encuentro con Richard Cheese y su cover de esta misma canción (bájalo aquí).
Ahora sí, fuera de las sábanas a cambiar las galletas de animalitos por un altísimo vaso jaibolero y a mover la cabeza siguiendo el ritmo, mirando de reojo en cuál de todas las mesas de blackjack se ha de encontrar la suerte, aunque no pertenezca aquí.
Al escuchar el final de este cover de Richard Cheese and Lounge Against the Machine, no puede evitar pensar en Jeffrey Goines (Brad Pitt) en 12 Monos:
Sorry. Sorry. I got a little agitated. The thought of escape crossed my mind, and then suddenly - suddenly - suddenly I felt like bending the fucking bars back, ripping the goddamn window frames and eating them - yes, eating them! Leaping, leaping, leaping! Colonics for everyone! All right! You dumbasses. I'm a mental patient. I'm supposed to act out!

Ya me dirán


mayo 19, 2006

vía láctea

En Vía láctea: Suedehead, Morrisey. Creep, un cover de Damien Rice a Radiohead. Wish you were here, Pink Floyd. Gabriel, Lamb. The state I am, Belle & Sebastian.
Toma las galletas de animalitos y, si puedes, escucha 92.7 FM, sábado de 10:00 a 11:00, no tienes que levantarte de la cama.


mayo 18, 2006

En letras de otros

Ley de la memoria masoquista: a medida que van cayendo en el olvido las distintas etapas de su vida, el ser humano se quita de encima todo lo que no le gusta y se siente más ligero, más libre.

Milan Kundera


mayo 16, 2006

Banda sonora
Madre
Lila Downs


eres linda y hechicera
Vivíamos en un edificio de cuatro pisos, mi hermano y yo recibimos instrucciones de Madre al pie de las escaleras y de inmediato, como se hace en la infancia, apostamos a unas carreras, a ver quién era el primero en llegar, los escalones fueron nubes bajo los pies que ascendimos entre empujones y obstáculos que poníamos al otro para alcanzar el primer lugar, por eso la sorpresa al descubrir que en la puerta, cuatro pisos arriba, nos esperaba Madre.

Mi hermano y yo alcanzamos la edad adulta sin descifrar el misterio, cada ocasión que preguntamos a Madre cómo le había hecho, ella simplemente se reía, entornaba los ojos y le brotaba esa carcajada con que ella imita a la Bruja del Mago de Oz.

Mucho tiempo pensé, seriamente, que mi madre volaba, pero no me atreví a decírselo a nadie. Hoy que sé cómo hizo para subir las escaleras sin que lo notáramos, cuál fue el truco utilizado para ascender los cuatro pisos antes que nosotros, tampoco me atrevo a decírselo a nadie, sé que mi madre vuela.

La Malagueña Lila Downs

En casa el pico de gallo se prepara picando finamente cebolla, chiles verdes, jitomate y perejil, se mezclan, se agrega limón y sal, un poco de pimienta, al final el aguacate, también picado.

Cada vez que preparo esta mixtura, en algún momento, me gana la risa y murmuro “capoñí”, se me sale la palabra como un insulto amoroso, como una palabra de la que no se conoce del todo el significado pero se sabe ofensa.

Mientras revuelvo los ingredientes muevo la cabeza negando, para mí mismo, sin poder creer que en todas las ocasiones se me salga “capoñí” y me den ganas de llevarme la mano a los labios, para ocultar la amplitud de la sonrisa.

Cada vez que preparo pico de gallo me acuerdo de Madre, que es la única persona que le dice “capoñí” a esa mezcla que sirve para acompañar los tacos de carne asada.

A veces, sólo a veces, me dan ganas de concederle, de creer que así es como le dicen en otomí al pico de gallo, enseguida me acuerdo de que una vez que guisó un arroz con chícharos duros, en vez de confesar que estaban viejos prefirió bautizarlos como “chícharos peruanos” y jurar que así era la consistencia del guiso.

Cumbia Maya Lila Downs

en la cantina en una mesa subió a cantar

Cuando niños visitábamos Ixmiquilpan muy seguido, íbamos a ese pueblo en Hidalgo por un lazo familiar que nunca terminé de entender, mucho menos después de la explicación de Madre, quien cada vez que le preguntaba a quién había saludado tan efusivamente siempre respondía lo mismo: “un primo”. En la infancia, Ixmiquilpan era el sitio donde todos los habitantes eran primos y la gente mayor tíos o tías, también era el lugar donde se me consentía con un plato de frijoles, crema, queso y tortillas recién hechas, supongo que les divertía mi cara de niño citadino sorprendido por comer algo que apenas unos minutos antes era una bola de masa que adquiría el color del oro en el comal, se inflaba y enseguida pasaba a mi plato.

Sé que Madre vivió parte de su infancia en Ixmiquilpan; alguna vez me contaron que en la tienda de la esquina pasaba sus tardes, escapaba de casa para esconderse en ese local donde terminaban su jornada los campesinos del lugar, “tendajón mixto” se les llama a esas tiendas donde se puede encontrar de todo, donde en la entrada del local comparten sitio los costales de arroz, azúcar y harina con rollos de tela, cajas de cerveza y el refrigerador de los refrescos…

En ese tendajón mixto, hoy cerrado, mi madre se subía a la barra a bailar para los peones que regresaban del campo; así me lo contaron:
Por las tardes se nos escapaba, a veces ya sabíamos que la íbamos a encontrar leyendo historietas en el baño o preparándose unos cigarros larguísimos con zacate y papel periódico, pero la más de las veces la niña se nos iba al tendajón de la esquina, ah cómo le gustaba bailar, como había una sinfonola se iba a que le dieran veintes por bailar, bien que se subía a la barra y los peones pues tomando pulque y échele y échele monedas para que siguiera la música…

El Corrido de Tacha la Teibolera Lila Downs

La primera vez que escuché la historia, sin razón, me disgustó la imagen de Madre zapateando sobre la barra, al son de las palmadas de los peones… Tiempo después, una navidad la celebramos sólo mi hermana y yo, tras la cena, las copas y la conversación se puso a bailar, bailó sola, algunos de sus gestos me recordaron a Madre bailando; entendí.

Desde entonces, suelo cargar monedas para la sinfonola.

deja que yo te busque y si te encuentro, y si te encuentro

¿De todo eso te acordaste? Suele preguntarme Laura de vez en cuando, no del todo sorprendida, más bien corroborando la facilidad con que me voy por las ramas, no me queda más remedio que afirmar con la cabeza, mientras intento volver de tanta palabra que me lleva a otras partes.

A pesar de tener la mirada ocupada en acomodar esos recuerdos que se amontonaban ahí atrás, donde la luz se hace en silencio, no me lo preguntó, como tantos otros, como muchos de nosotros estaba ocupada en escuchar a Lila Downs, coreando las canciones.

La Cucaracha Lila Downs

Y pensé que de eso estamos hechos, mientras miraba cómo incrementaba el público que asistía al Teatro del Pueblo, no sólo quienes ya sabía que iban a estar ahí, más de los que imaginaba que pudieran gustar de la Downs, paso obligado hacia la Velaria de la Feria Nacional de San Marcos, algunos que sólo pasaban se quedaron, quiero suponer que era la primera vez que escuchaban a esa cantante y si se quedaban era porque en su repertorio.

Yo mismo coreaba, incluso canciones que en absoluto disfruto, como de piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera, la mujer que a mí me quiera, me ha de querer de a de veras, ay, ay, ay Me quedaba claro que si brota de mis labios que en estas noches de frío, de duro cierzo invernal llegan hasta el cuarto mío las quejas del arrabal es porque he estado dispuesto a que me arranquen la vida con el último beso de amor y así lo he cantado en una cantina, dispuesto a llevarme unos ojos, a pesar de los pesares, o que si me dado por susurrar (porque eso de cantar nomás no) que ya me canso de llorar y no amanece, ya no sé si maldecirte o por ti rezar es porque he bebido algo distinto al ron acostumbrado, quizá mezcal, quizá tequila e invadido por el espíritu de Lola Beltrán me dejé llevar por la emoción, pero pensar (y decir) que por caja tengo un sarape, por cruz mis dobles cananas, escriban sobre mi tumba mi último adios con mi balas, nomás no… y sin embargo.

¿Esto soy?, ¿corear La cama de piedra de Cuco Sánchez? Afortunadamente no me dio tiempo para la respuesta, raudas me invadieron otras memorias.

Aparte de las ya escritas, recordé las fiestas familiares en que el abuelo llegaba con sus compañeros y la atención se volcaba sobre el rincón donde se acomodaban a tocar boleros, interminablemente, complacientes.

Pensé en la música que escucho hoy, cómo en la misma hora saltó de Bach por Gould a Soda Stereo, de ahí a Piazzolla para caer en The Tears y si esos gustos no son un intento por escapar de la educación sentimental de la infancia, de la educación musical, con lecciones de radio diarias que inundaban la casa, mi oído, con la balada sentimental de José José y Emmanuel; cómo se relaciona un hoy repleto de Regina Spektor y Elvis Costello, de Damián Rice y Belle & Sebastián con las noches bohemias en que el abuelo cantaba Noche criolla, Morenita, El andariego y Nuestro juramento, mientras los suspiros inundaban el pecho de Madre que no le quitaba la vista de encima.

Cielo Rojo Lila Downs

En ningún momento dejé de gozar el estupendo concierto de Lila Downs, del que se supone que iba a escribir, tampoco en ningún momento dejé de pensar en esa conversación a la que Adriana y yo volvemos una y otra vez sobre las canciones que nos formaron. Todo el tiempo estuve pensando (insistí en la perogrullada) en que la música es otro lenguaje.

Un lenguaje que es capaz de vencer las leyes que nos impone la física, para el que no hay tiempo o distancia imposibles de salvar. En algún momento, la Downs comenzó a cantar que Cuentan que en Oaxaca se toma el mezcal con café, que en Oaxaca con agua es el chocolate

La Cumbia del Mole y La Cumbia del Mole (versión en inglés) Lila Downs

…y rememoré una conversación con mi hermano en la que me contaba entusiasmado que Madre, mi hermana y él asistirían al concierto de Lila; visualicé la foto con que testimonió ese concierto, una en la que junto a la cantante está él –todo sonrisa gatuna cheshiriana- cargando al sobrino que todavía no abrazo y que al verla supe que a pesar de no estar a cuadro, ahí estaba Madre también.

Estoy seguro que en algún momento de la noche, esa foto enviada por mi hermano, nos incluía a todos …por el cielo de Monte Albán, de noche sueño contigo creo que cantaba Lila Downs a esa hora, si alguien, si Laura me hubiera preguntado en qué pensaba, hubiera contestado que en la certeza de que la música es otro lenguaje, como el amor, que te lleva a estar a un lado de quienes quieres.

mayo 15, 2006

entre star wars y el imperio

Lo sé, yo lo sé y ella lo sufre, hay días que todo me hace reír, no he parado de hacerlo desde que vi este video

¿Qué pasó entre Star Wars y el Imperio contra ataca?

anuncios locales


Gracias a la _____ generosidad de Penélope Franco (no encuentro el adjetivo sinónimo de locura que no sea ofensivo), todos los sábados estamos invitados (yo y mis múltiples personalidades) a Vía Láctea, programa de radio que se transmite por 92.7, Aguascalientes FM, de 10:00 a 11:00.
Al momento de aceptar la invitación sólo pedí que me dejara seleccionar algo de la música del programa... Ella dijo que sí, es evidente que Penélope no sabe que en cuestión de gustos musicales lo mío es la terapia de shock.
Están invitados.

Banda sonora


Ya los ves, lo he vuelto a hacer * Me he puesto en marcha he dicho “nunca pienso volver” * Me despedí con un vistazo más * No añoraré lo que he dejado atrás * Ya desgasté esta ciudad * Mis pies me piden nuevas calles que andar * Este lugar no me hará rey * Mejor me irá en donde valga mi ley

Tendré que moverme más rápido * El horizonte brilla eléctrico * Y seguir, el futuro está ahí

La humedad y el neón transforman viejos fantasmas en sólidos * Mi corazón no aguante más, ¿sientes? * Mejor me voy * Historias de incierto final * Antes ya me fui y no me ha ido mal

Tendré que moverme más rápido * El horizonte brilla eléctrico * Y seguir, mi futuro está ahí

Escribiré o tal vez no * No sé lo que hay, no sé si es mejor * Asfalto y luz, ruedas y bares * Si nada me detiene no esperes que pare * Sube la música más o ¿quieres oír las culpas que arrastras?

Tendré que moverme más rápido * El horizonte brilla eléctrico * Y seguir, el futuro está ahí…

Horizonte eléctrico, Los Deltonos (mp3)

Tanto como renunciar a una ciudad no… pero sí a una vista de la ciudad, si algo extrañaré será la ventana.

mayo 13, 2006

En letras de otros

Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados,
mientras las manos llueven,
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
cataratas de manos que fueron un día
flores en el jardín de un diminuto bolsillo.


Las flores son arena y los niños son hojas,
y su leve ruido es amable al oído
cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
cuando besan el fondo
de un hombre joven y cansado
porque antaño soñó mucho día y noche.


Mas los niños no saben,
ni tampoco las manos llueven como dicen;
así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
invoca los bolsillos que abandonan arena,
arena de las flores,
para que un día decoren su semblante de muerto.

Qué ruido tan triste. Luis Cernuda

mayo 05, 2006

Salif Keita
Banda sonora



Suelo decir con énfasis que la música es otro lenguaje, lo digo con tal convicción que pareciera sé lo que digo (así suelo ser de irresponsable en los talleres), sin embargo, hay ocasiones en que tengo que explicarme, son minutos decisivos en los que debo de consolidar ante los otros las razones por las que estoy sentado en la cabecera y suelo tomar la palabra al final de las intervenciones. Diestro como me considero en el arte de darle vueltas al asunto, comienzo el rodeo, uno que va desde 1810 de Tchaikovsky, pasa por Stravinsky, planea largo tiempo por Philip Glass y comienza el aterrizaje en Piazzolla donde juego un rato con el lapicero para desviar la atención, con el fin de que miren las manos y no los ojos, con el oculto propósito de hipnotizar al auditorio y que no se den cuenta de los baches del discurso.

La próxima vez que tenga que arriesgarme a esa explicación y relacionarla con la narrativa intentaré ser más práctico, preguntar, por ejemplo ¿alguien asistió al concierto de Salif Keita?

Y con eso tendría que bastar…

Aunque cuando reciba la respuesta > No, no fui y no sé quién es emplearé esa línea para evitar el rodeo antes mencionado y cambiarlo por un intento de crónica sobre el concierto del 2 de mayo.

¿Quién es Salif Keita?, no importa, no importa la nacionalidad, ni los antecedentes, no se requiere de una presentación previa para escucharlo, para dejarse llevar, al menos así lo sentí durante el concierto, ahí, en ese momento, cualquier información previa estorbaba, ¿qué más daba si uno llegó a él buscando un disco de otro africano, si sabe que le dicen la voz de oro de África o que es descendiente de no sé qué rey guerrero… No, no importa, sólo se escucha atentamente, sin importar que no hable español y que su inglés esté champurreado de francés, se escucha.

El cuerpo responde a ese lenguaje, el cuerpo se mueve, tampoco importa que parezca imposible seguir el ritmo hipnótico de las coristas que en sí mismas son todo un espectáculo, uno desea bailar con ellas, bailar como ellas; muchos, lo más que podemos hacer es dejar que surja el cumbiero que uno trae por dentro, unos metros adelante un abandonado del ritmo agita la mano y se contonea, todos se mueven, asienten, se agitan… algo le dice la música al cuerpo.

¿Un cantante de Djoliba en Aguascalientes? Nada pareciera menos atractivo para una noche de calor, no cuando a unos metros uno se puede pasear con una litro de cerveza en mano o beber un mojito en el Pabellón Cubano o perder la camisa en el casino, pasear por la Feria con ganas de morder los hombros desnudos de las jóvenes que caminan con sus mejores prendas, de lamerles el ombligo a todas ellas que traen pintados los párpados con la máscara de fiesta… y en cambio, somos muchos los que piden otra y otra y otra… Keita responde y sólo pide que bailen, que por favor no se queden sentados, que bailen y se dejen llevar.

Bailamos sin entender qué dice la letra, de qué va o qué reclama, qué alegría mueve ese canto o cuál es la plegaria que lo alienta… Bailamos.

La música es otro lenguaje, he de concluir la crónica que hoy no he hecho, uno que no requiere de palabras para tener sentido… como el amor.



Sitio oficial de Salif Keita



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