agosto 31, 2005

En letras de otros

Las cosas verdaderas que cuento sobre mí son las que antes se me antojan mentiras
Elias Canetti

agosto 30, 2005

Alguna vez pertenecí a esa élite, conozco los secretos y miserias de un oficio que se basa en las expectativas del lector, que vive de quitar alientos, de impedir que algunos salgan a la calle por el temor, o bien, impulsar a otros a afrontar la vida con una sonrisa temeraria.

Sí, escribí horóscopos en una revista, sé de la jacobiana lucha contra el angel, conozco el sufrimiento que provoca tener que elegir doce destinos distintos cada día, he batallado para que mis preferencias no incidan en un mal fario o privilegien a un signo por el simple hecho de recordar los hombros desnudos de una mujer; sé la responsabilidad que conlleva tener en la mano la determinación con que el otro ha de comenzar su día y, confieso, lo he empleado de mala manera, sacando provecho de una lectora aficionada a los pronósticos, cuando auguré a su signo el descubrimiento de nuevas sensaciones, la felicidad orgásmica, justo el día que la iba invitar a salir.

Escribí horóscopos en una revista, por eso los consulto, pues sé que el azar elige las formas más caprichosas para manifestarse como destino. Sin embargo, ese día no leí lo que de acuerdo a un oculto redactor, me tenían previsto los astros:

Es factible que tu espíritu se encuentre prisionero de las contradicciones que a veces te asaltan, entre lo que deseas hacer y lo que sabes que debes de hacer. Analízate.

Hoy me arrepiento de la ligereza con que abandoné el periódico sin consultar mis posibilidades de futuro, con un gesto de soberbia infinita, creyendo que al no darme por enterado era posible hacerlo desaparecer. De haberlo leído no me hubieran encontrado subido en la azotea de mi oficina, buscando desesperadamente una forma de bajar dos pisos para no perder el camión de regreso a casa.

La oficina se encuentra en un anexo al edificio principal, por una entrada casi oculta entre las instalaciones de un banco y una paletería se accede a un largo pasillo que disimula perfectamente el lugar de trabajo, antes de llegar a la puerta se debe evitar la tentación de unas escaleras, enseguida el consultorio de un pediatra, luego un patio interior donde inverosímilmente crece un bambú, dos espacios vacíos y, al fin, mi oficina.

Significa lo anterior que compartimos con otros la responsabilidad de la entrada principal, que el último en salir cierra la cortina negra de metal que anula toda posibilidad de paso hacia el milagro del bambú (y las oficinas, claro está) Ese último suelo ser yo, quien ya había establecido un contrato sin palabras con la recepcionista del pediatra para que a las 20:00 horas, su hora de salida, bajara la cortina sin poner el candado, lo que me permitía salir más tarde sin obligarla a esperarme.

El día que no leí mi horóscopo, con Marte en la segunda casa, tampoco me fije en que la recepcionista no era la de todos los días. Así que unos cuantos minutos antes de perder el último camión que sale de esta ciudad, contento con mi jornada laboral, dejé todo listo para el día siguiente, caminé el pasillo que lleva hacia la puerta negra y sí... nortigresamente estaba cerrada con tres candados, bueno, con uno, pero ese uno bastaba para no dejarme salir.

Como la ocasión lo ameritaba, fingí la mar de calma, mientras la mirada se me nublaba por las imágenes de mí mismo teniendo que pernoctar a un lado del bambú o bien acomodado en la silla de mi escritorio y sin mi usual almohada. Respiré hondo e hice lo que todo ciudadano sensato hubiera hecho en mi situación: corrí escaleras arriba para, pasando el segundo piso, llegar a la azotea y ahí buscar la forma de brincar hacia el edificio de junto, donde -soñaba- podía encontrar la forma de llegar a un patio y salir por la puerta principal que sé siempre abierta.

Como la ocasión en que los gatos de mi corbata volaron, no me amilanó la posibilidad de rasgar la fina tela de mi traje adquirido en una oferta del día del padre. Hecho un aventurero, salté dos bardas, recorrí la azotea, busqué pasadizos secretos, esquivé tanques de gas estacionario... Finalmente, ¡una escalera! Miré el reloj, sí, apurándome a bajar por ahí, todavía era posible tomar un taxi y alcanzar el camión antes de que se perdiera ahí donde el boulevard pierde su nombre y se transforma en autopista.

Saco en mano, corbata desanudada, ojos frenéticos, acometí la bajada por la escalera de mano. Pensé en si se estaba cumpliendo el augurio de Justes (un día vivirás El Castillo) y solté una carcajada triunfal, el agrimensor vencía al dueño bajando por esa escalera de mano. Seguí descendiendo, llegué al pretil de la ventana... una
ventana cerrada.
El ánimo no me dió para romperla, ya era demasiado tarde, ni en el más raudo de los taxis podría alcanzar mi camión. Absolutamente desmoralizado emprendí la subida a la azotea. Miré el cielo, descubrí que mi situación no debía a las profecías del poeta de Zaragoza, era otra cosa. De nuevo la mirada a la bóveda celestial, más allá del siempre relumbrante Venus vislumbre el brillo solferino de Marte, su burla, comprendí que no hay plazo que no se cumpla para cobrar venganza, ese quedarme encerrado en la oficina era la factura por haber jugado con el destino de aquella Sagitario a la que a través de su horóscopo prometí una ordalía sensual. Vencido, de rodillas, juré no volver a usar los astros de esa forma vil.

Después, bueno, después hice algo disparatado: llamé a la oficina principal, avergonzado expliqué lo que me había sucedido y alguien acudió en mi auxilio. El regreso a casa fue toda otra experiencia, por 40 minutos fui un 22-56 abordo de una patrulla, pero eso no vale la pena detallarlo.

Hoy, antes de emprender cualquier cosa, busco afanoso el destino que otro ha elegido para mí, leo:

Hoy seguramente desearás tomarte un breve descanso de tu rutina diaria, Libra, y anhelarás pasar una noche a solas con tu novia. Te sientes sensual y apasionado, pero también hay muchas novedades en cuanto a nuevas oportunidades de reciente aparición. Algunas, si las aprovechas, podrían introducir cambios profundos en tu vida. Por ello, te interesará escuchar la opinión de tu pareja, porque también le conciernen a ella. Elige las palabras con cuidado y ¡contágiale tu entusiasmo!

Al menos sé que no me van a dejar encerrado en la oficina de nuevo. Y sí, me siento un poco cachondo, pero así me ponen los cheerios en la mañana. Leo de nuevo, dudo, ¿cómo se irá a a tomar mi pareja lo de pasar una noche a solas con mi novia? Cierto, debo elegir con muchísimo las palabras, pero más allá de threesome y ménage à trois no se me ocurre nada, dudo de mi capacidad de contagiarle la mínima ilusión ¿Alguna pista?



agosto 29, 2005

Banda sonora

Vía Microsiervos me entero de la página de muchmusic.net, en la que puedes encontrar dos listas: 100 Greatest Pop Songs Since 1963 (para bajar en formato VWA) y Top 1000 Songs Of The Last 30 Years (éstas sí, en formato MP3).

Absolutamente discutible la selección de ambas listas, pero bueno, puedes bajar los archivos, ¿a quién le dan pan que lloren?



Banda sonora
Image hosted by Photobucket.com


Se recuerda la primera vez que uno oyó a Bola de Nieve como un cubano recuerda la primera vez que vio la nieve; como algo natural y misterioso que daba alegría y, desde luego, un poco de tristeza; que uno sabía que iba a contar después. Pertenezco a la estirpe feliz de gentes que han oído a Bola de Nieve.
Roberto Fernández Retamar





La primera vez que escuché a Bola de Nieve fue en un departamento de la Colonia Del Valle, donde vivía un amigo a quien en ese entonces llamaba hermano, sin saber que años después, la vida (una mujer, que es lo mismo) nos convertiría en conocidos que evitan mirarse, en dos a los que el recuerdo no permite transformarse en enemigos, dos que prefieren el olvido a la rabia; y la primer canción que escuché en la interpretación de Bola de Nieve fue Vete de mí.

Escribo que fue la primera vez que lo escuché porque antes lo había oído en casa, pero nunca como entonces, nunca como ese mirar la nieve que menciona Fernández Retamar.

Ramón y yo bebíamos, solíamos hacerlo cada fin de semana, casi siempre acompañados, casi siempre con el pretexto de un juego de cartas que se extendía hasta la mañana siguiente y al que se unían otros a los que llamábamos amigos, lo cierto es que en esa época, vivíamos con la certeza de que en esa palabra sólo cabía nuestro abrazo, la facilidad para la confidencia.

Hoy he vuelto a escuchar a Bola de Nieve, como un golpe me llegó la imagen exacta de Ramón mostrándome, cantando, Vete de mi, con la infinita tristeza que sólo nos permitimos ante quienes creemos que nos conocen, ni siquiera ante el espejo.

Tu, que llenas todo de alegría y juventud
que ves fantasmas en las noches de trasluz,
y oyes el canto perfumado del azul
Vete de mí.
No te detengas a mirar las ramas viejas del rosal
que se marchitan sin dar flor
mira el paisaje del azul
que es la razón para soñar y amar
Yo, que ya he luchado contra toda la maldad
tengo las manos tan desechas de apretar
que no te puedo sujetar
Vete de mí
Seré en tu vida lo mejor, de la neblina del ayer
cuando me llegues a olvidar
como es mejor el verso aquel
que no podemos recordar.

Bola de nieve. Vete de mí, primera versión (mp3)

En ese momento escuché por primera vez a Bola de Nieve. Como tantas otras canciones de mi banda sonora, he pensado que le debo rendir tributo escribiendo algo que, sin necesariamente referir la canción, me remita a ese instante… Como con tantas otras canciones, es un pendiente en mi cuaderno de apuntes: unas cuantas líneas garrapateadas, notas que no sirven de brújula, palabras que me esperan…

Sé que durante ese tiempo no escribí esa historia porque estaba demasiado cercano a nuestra conversación, sobre todo a nuestra amistad, creía que al escribirla estaría traicionando ese momento en que lo escuché:

Esa primera vez de Bola de Nieve fue una madrugada, la fiesta había terminado, ya sólo nos encontrábamos Ramón y yo, sin razón alguna llegamos a la confidencia de cómo nos gustaría que fuera nuestro funeral, me dijo que él esperaba que ese día estuvieran todos sus conocidos, “un funeral lleno de gente, de mis amigos, como un cumpleaños”

Con la solidez que brindan
a las opiniones unos tragos le dije que la imagen me parecía patética, lo que desató un intercambio más bien agrio que pasó de los funerales al concepto de amistad para aterrizar en el amor, la discusión terminó con un “tengo más de 40 años, no vas a entender lo que es ir envejeciendo, este miedo a quedarse solo” Se levantó para cambiar el disco y dejar que se escuchara la voz de Bola de Nieve.

Bola de Nieve. Vete de mí, segunda versión (mp3)


Ramón se dejó llevar. Como muy pocas veces no interrumpí su demostración. Era tan sincero el llanto, el desgarro con que empuñaba las manos desechas de apretar que le rendí el mejor homenaje con que pude mostrar que entendía: mi silencio.

La canción la repetimos siete, nueve, quince veces... creo que también dejamos correr el disco completo, ya no sé. Estábamos demasiado interesados en nuestra conversación como para atender otras cosas. Algo aprendí esa noche, además de apreciar a Bola de nieve, por supuesto.

La resaca nos descubrió distintos en conocimiento, durante la sesión musical, Ramón había confesado temores que en manos de otro eran posibilidades de golpes bajos. Habían sido tantas las confidencias, tan íntimas, que después necesitamos transformarlo en broma, hacer referencia a ese momento frente a los demás, pero de forma tan críptica que era imposible hacerse daño.

De vez en cuando, mientras fuimos amigos, volvimos a tener intercambios de ese tipo, dolorosos siempre. Sé que así es la amistad, un dar las armas al otro para que cuando sea necesario, sea el primero en utilizarlas.

Después, después pasó una mujer, una melodrama intenso que ya me da flojera recordar pues se parece demasiado a una historia mal contada, tanto que he abandonado el intento de escribirla... y se disolvió la amistad.

Durante el tiempo de la rabia pensé que era el momento de escribir esa historia que le debía a la primera vez que escuché a Bola de Nieve. Evidentemente no logré nada, lo que intentaba era vengarme a través de la escritura y eso, al menos a mí, no funciona. Esos inicios de cuento se quedaron en los cuadernos de apuntes de la década pasada.


Pasó el tiempo y me enseñó otras cosas, no el olvido, quizá algo más cercano a estos versos de Pessoa:

Quien eres, no lo serás, que el tiempo y la suerte
Te mudarán en otro.
¿Para qué, pues, te empeñas en ser
Lo que no serás?
Tuyo es lo que eres, tuyo lo que tienes, ¿de quién
Es lo que de otro tengas?

Leí las odas de Ricardo Reis, por decirlo de alguna manera, aprendí que no es olvido el rencor cuando se oculta en un dejar pasar, dejé de ver a Ramón, abandoné una ciudad, bebí con otro compañeros, intercambié confidencias con otros amigos, escuché versiones distintas de Vete de mi.

Bebo & Cigala. Vete de mí (mp3)


Descubrí que Ramón, el haber perdido su amistad, no me dolía ya cuando me sorprendí cantando esa pieza, sin detenerme en el recuerdo de esos puños apretados por el miedo a la edad, a la soledad; al hacer mía la canción colocando el énfasis en lo terrible que es preferible transformarse en un verso que no se puede recordar pues así es mejor. Cuando revisando los cuadernos de apuntes abandoné el deseo de venganza dejando atrás esas líneas que nunca me llevaron a ninguna parte. Cuando años después me encontré con Ramón, cuando en una mesa tuve que compartir con ella, incluso conversar, y no pasó nada, acaso descubrirme capaz de una curiosidad entomológica, un mirar esa pareja como si no hubiera formado parte de mi.

Es cierto que los primeros años la vida me daba motivos para regresar al cuaderno para buscar esas líneas con que iba a escribir un cuento: alguien me contaba cómo les estaba yendo, me encontraba a su hermano en la fila del banco, a su hermana en una reunión... pero apenas llegaba a casa olvidaba el impulso.

Ahora sé que hice de Vete de mi una canción mía pues fui capaz de perder el disco, el único que conozco de ese cantante, que me conformé con otras versiones (nunca ninguna como la de Bola de Nieve), que en los últimos años acudí a otra interpretación de ese tema:

Caetano Veloso. Vete de mí (mp3)


Ahora tengo de nuevo el disco en las manos, gracias a Salvador ha vuelto al lugar privilegiado que le corresponde en mi discoteca, llegué a casa a tocarlo con el ánimo de quien recupera un mapa del tesoro, y los disfruté, sin ninguna mala memoria, sin dolor.

Un día después pasó algo (me niego a llamarlo casualidad) que me trajo a la memoria todo esto:

Regresando del trabajo suelo caminar por el pasillo de la central camionera con los ojos alerta, culpable porque me quedo dormido el viaje de regreso y siento (así: siento) que me he perdido cosas que puedo escribir, me dirigí hacia la salida buscando historias en los rostros de quienes cruzan por la terminal.

Unos diez metros antes de la salida descubrí a Ramón, iba solo y jalaba una maleta mediana. Me detuve al instante. Sólo corriendo de regreso al andén era posible no encontrarlo de frente. Me paralicé.

Llevaba una chamarra negra, los antojos de siempre, luchó un instante con la maleta para subirla por los escalones. Ha cambiado, tiene más de 50 años.

Con ese gesto instintivo de los fumadores me llevé la mano a la bolsa de la camisa, como si lo único que pudiera hacer fuera prender un cigarro, aferrarme al humo, tender una cortina de volutas.

Ramón pasó junto a mí, no nos vimos, yo lo vi.

Me quedé un largo rato ahí parado, con el cigarro todavía apagado en los labios. Cuando reaccioné y giré la cabeza, ya había desaparecido.

El camino de regreso a casa me fui preguntando cosas, como quien arranca una costra con la curiosidad de saber si la piel ha sanado. No encontré ninguna respuesta, sólo preguntas; no encontré rencor, sólo una neblina de ayer que me llevó a escuchar a Bola de Nieve.

Unas horas después fui a uno de los cuadernos, busqué los apuntes, ahí estaba uno de los tantos párrafos de lo que siempre se ha llamado Minotauro:

Era un animal hermoso, grande, fuerte. Un animal que se arrojaba sobre las cosas, los hechos, los cuerpos. Una bestia robusta, así era mi memoria, en ese tiempo me era posible recordar el mínimo detalle: una espalda, los hombros, la forma en que se curva una cintura hasta volverse nalgas, la flexión de un muslo y el contraste de los músculos con la piel, los músculos presionando la piel... Deja la taza sobre el plato y de ahí sus manos resbalan hacia abajo de la mesa, no las oculta, no las coloca sobre sus piernas porque la sangre se agolpe en las venas, sabe que aún encubriendo el temblor de los dedos, en la mirada se concentran todas las emociones; reconoce su capacidad para controlar cada movimiento del cuerpo, el mínimo gesto, mas no su mirada, no aquello que prende en su mirada.

He prendido al fin el cigarro que correspondía al momento en que lo encontré en la terminal, lo fumo dispuesto a darle una nueva oportunidad a ese ejercicio. Sé que ha caminar senderos distintos, sé que él tiene más de 50 años y no me importa cómo se le han desecho las manos, que me interesa más el verso aquel que no puedo recordar.



Post scriptum:
Mientras escribo estas líneas notó que he escrito su nombre, que no lo he ocultado. Me detengo, rectifico, pienso en cambiarlo, en usar las iniciales, en modificarlo para alejar estas líneas de la biografía, iluminarla con las crayolas de la ficción... Principalmente, recuerdo el prurito añejo de no traicionar la confesión de un amigo al escribir. Entonces me viene a la mente, en forma borrosa, la consigna de "los escritores no tienen amigos ni familia" que alguien me dijo había dicho Faulkner.

Sólo por no dejar, busco la referencia, como tantas otras frases que se atribuyen a los escritores, no la encuentro en forma exacta, pero me hallo lo siguiente, de una entrevista en The Paris Review:

El artista es responsable sólo ante su obra. Será completamente despiadado si es un buen artista. Tiene un sueño, y ese sueño lo angustia tanto que debe liberarse de él. Hasta entonces no tiene paz. Lo echa todo por la borda: el honor, el orgullo, la decencia, la seguridad, la felicidad, todo, con tal de escribir el libro. Si un artista tiene que robarle a su madre, no vacilará en hacerlo: la “Oda a una urna griega” vale más que cualquier cantidad de buenas señoras.
William Faulkner

Es una petulancia mayor definirme como artista, como escritor, no lo soy; pero al menos ya tengo con qué justificarme para escribir Minotauro (y robarle a mi madre)





Banda sonora


Don't fear (The reaper)
Blue Oyster Cult (mp3) o Belle & Sebastian (mp3)

* All our times have come * Here but now they're gone * Seasons don't fear the reaper * Nor do the wind, the sun or the rain, * we can be like they are * Come on baby, don't fear the reaper * Baby take my hand, don't fear the reaper * We'll be able to fly, don't fear the reaper * Baby I'm your man *
* Valentine is done * Here but now they're gone * Romeo and Juliet * Are together in eternity, Romeo and Juliet * 40,000 men and women everyday, Like Romeo and Juliet * 40,000 men and women everyday, Redefine happiness * Another 40,000 coming everyday, We can be like they are * Come on baby, don't fear the reaper * Baby take my hand, don't fear the reaper * We'll be able to fly, don't fear the reaper * Baby I'm your man *
* Love of two is one * Here but now they're gone * Came the last night of sadness * And it was clear she couldn't go on * Then the door was open and the wind appeared * The candles blew then disappeared * The curtains flew then he appeared, saying don't be afraid * Come on baby, and she had no fear * And she ran to him, then they started to fly * They looked backward and said goodby, she had become like they are * She had taken his hand, she had become like they are * Come on baby, don't fear the reaper *



Gracias Salvador por el encuentro. Seguramente la conversación merecería otra canción y no esta, pero no me la he podido sacar de la cabeza desde el miércoles pasado, en que una parodia en Saturday Night Live me la hizo recordar.

Quizá eso es la amistad, la certeza de que no hay reencuentros sino continuidad, apenas un ligero pestañeo (que otros miden en años) para regresar la mirada al interlocutor y decir: ¿en qué estábamos?

Vale pues, ¿en qué estábamos?




agosto 28, 2005


Un texto provocador de Christopher Domínguez Michael ¿Fin de la literatura nacional? (aquí) que ya ha provocado diversos comentarios, en Ánima dispersa, Ombliguismo y Teoría del caos entre otras bitácoras.

Provocador pues en unas cuantos párrafos predica que "en las próximas décadas, no aparezcan obras de la envergadura de las de Rulfo, Lezama Lima, Guimaraes Rosa o García Márquez", la extinción de las literaturas nacionales, el fin de la identificación del escritor latinoamericano con la imagen del "embajador ontológico de su país, destinado a explicar los misterios esotéricos de México, del Perú, de Colombia al público europeo" y "que la educación sentimental de un joven escritor de nuestra época es la misma en México D.F. que en Los Ángeles, en Quito que en Madrid, en Buenos Aires que en Managua".

¿Con qué sí y qué no se puede estar de acuerdo de lo impuesto en este breve artículo? Primero, no sé en qué sentido usa "envergadura" Domínguez Michael, si se refiere a la distancia entre los extremos de los brazos humanos (a de las alas de las aves o al ancho de la vela), pues no me queda claro, ahora que si lo emplea como sinónimo de enorme estatura o importancia... bueno, hace mucho que dejé de creer en las dotes adivinatorias de cualquiera; me resulta sumamente difícil apostar a que la obra que hoy se escribe en un departamento de Monterrey, desde una casa de Puebla o una cafetería en el DF no puedan alcanzar los tamaños de La estación violenta, Pedro Páramo, Paradiso, El amor en los tiempos del cólera o Gran Sertón: Veredas... me parece francamente bobo. No veo más que una simplificación horrible de lo que la tarea de escribir implica; la imagen que tengo de lo que es ser escritor no concuerda con alguien que antes de emprender la escritura está pensando cómo construir el banquito con que alcanzará la estatura de los nombres consagrados. Es cierto que el mercado editorial presiona al escritor a buscar el método fácil, el que recompensa con la fama instantánea de un premio internacional. Es cierto que existe la multitud de arribistas que buscan en la escritura la forma de que aparezca su foto en los impresos o sus declaraciones en los medios electrónicos... pero estamos hablando de escritores, quienes escriben porque tienen algo que decir, no que tengan algo que vender.

Si ha llegado el tiempo en que los escritores ya no están obligados a ser embajadores de una sensibilidad nacional, bendito Dios, porque lo primero que había que definir es si esa sensibilidad es una y dónde se compra; así que enhorabuena. Rien ne vous tue un homme comme d'être obligé de représenter un pays, como cita Cortázar en Rayuela Cortázar la carta de Jacques Vaché a André Breton

Lo que me brinca más es la declaración acerca de que la educación sentimental es la misma en cualquier ciudad del mundo, me parece que el crítico confunde la posibilidad de acceso con elementos culturales, que pone en el mismo saco el proceso de formación con el proceso de globalización cultural.

Insisto en que me parece un texto provocador: algunas cuantes ideas con capacidad de detonar opiniones pero que no están hiladas entre sí e incluso son contradictorias, nada para rasgarse las vestiduras.

Desconectadas porque al final CDM cierra con "Pero la verdadera literatura no tiene horror a la uniformidad: ésta es una prevención propia de sociólogos de la cultura que, como muchos editores, ignoran lo que sabe el escritor solitario, que la obra artística siempre será única e intransferible, hija del talento individual" y con estas líneas no es posible estar en desacuerdo

Es posible que peque de idealista, pero esa hija del talento individual no se realiza pensando en el mercado



agosto 23, 2005

Banda sonora


Ya había colocado en una ocasión anterior esta canción, Bitter sweet symphony de The Verve, valdrá la pena darle una nueva oportunidad a los oídos, ¿motivo? darle la bienvenida a prefilósofo y su aspirar a la cultura a la blogósfera. Vale, sus lectores estamos esperando.
Desde Live 8, una versión de Bitter sweet symphony con Richard Ashcroft y Coldplay, (mp3), enlace corregido, gracias Salvador.

Y gracias al comentario me entero que ya tienes bitácora; Post it Cibernético: Marsalis, Huerta, la Wilson, Belle & Sebastian, López Velarde y más sólo en un mes... Uf. Bienvenido. Gracias por compartir.


Imposible explicar los motivos por los que un recuerdo me invade o cómo se unen diversas memorias en un solo tiempo, lo más que puedo hacer con estos momentos es dejarme ir, perderme absolutamente consciente de que, por un instante, me encuentro entre ambas orillas: aquí que me impulsó a la evocación y allá, una imagen hecha de palabras que a una velocidad inenarrable, se bifurca hacia otras frases, otros rostros, otros ámbitos.

He renunciado al intento de transcribir esos instantes, he renunciado a la libreta a un lado de la lámpara, es inútil tomar el lápiz apenas vuelto del sueño; no vale la pena garabatear iluminado apenas por la luz que entra por la ventana con la sensación feliz del hallazgo de la frase que resuelve, al fin, un texto que se niega, un final de cuento que se aplaza, un primer párrafo que por su contundencia contiene la historia completa... Vano, con la mirada ya despierta me encuentro con palabras desordenadas, sin ningún encanto, oraciones que mueren al primer aliento.

Ahora, simplemente dejo que esos arrebatos se apropien de mi tiempo, permito que me sucedan y después, mucho después, abro el cuaderno de notas (siempre una nube que mezcla volutas de café y cigarro, entre la mirada y los renglones) para intentar escribir aquello que el sueño me reveló.

La más de las veces no ocurre nada, es decir, no ocurre lo que me regaló el sueño, esa visión se desvanece ante otras observaciones, aquellas relacionadas con la mirada despierta, la que encuentra senderos hacia la escritura a partir de los mínimos detalles: la forma en que ella apretó los párpados cuando le dijo que lo amaba; la revelación de un secreto íntimo en la indiferencia con que él dejó caer la mano sobre el hombro de su compañero de trabajo; el impulso veloz con que cubrió sus labios al momento de nombrar al ausente... Lo que uno observa a la luz de la jornada diurna.

Alquimia: los dedos despiertos aprietan el lápiz que en su punta hila sueño: escribir.

Escribir entonces: bordar el nombre que une ambas orillas.



agosto 20, 2005

En letras de otros

¿Qué es lo que alumbra nuestros sueños en la oscuridad total, detrás de los párpados cerrados? ¿El recuerdo de la luz que ya no existe, o la luz del futuro que tomamos a cuenta del día siguiente, aunque no haya llegado
Milorad Pavic

Psicopatología
Image hosted by Photobucket.com


agosto 19, 2005

Image hosted by Photobucket.com


Hermana, felicita a mi monstruo favorito (y también a los del rompecabezas) qué ganas de que me dieran cuerda para acordarme y ponerme a bailar

Negrito bailarín (mp3)
Cri Cri (¿quién más?)
Dale mis brazos a tu hija, siempre.

agosto 18, 2005

Más sobre la antología de Agustín.

Alberto Buzali me envía un par de correos, el primero dice:

Te envío un párrafo, Edilberto, del prólogo de José Agustín que seguramente no has leído:

Tú escribiste:
Más allá de esta comparación tramposa (y sin tener el libro de Agustín en las manos) para este lector la lista está incompleta al no incluir a Fuentes, al menos Aura o La muerte de Artemio Cruz...

José Agustín relata en el mismo prólogo:
Por desgracia, cuando este libro ya se hallaba compuesto, surgieron dificultades porque varios autores, sus agentes o herederos se resitían a autorizar la publicación de los fragmentos correspondientes. Finalmente, después de arduas negociaciones, todos accedieron, salvo carlos Fuentes, quien se negó a que un fragmento de Aura se incluyese en esta antología. No se le pudo convencer, pero tampoco podía yo eliminarlo, así es que a pesar de que Aura no aparece aquí, el fragmento elegido corresponde a las páginas 46-50 de la edición de 1962 de Era, y si algún lector quiere tener el panorama completo de esta antología tendrá que remitirse a esas páginas. En lo personal, lamento la ausencia pues sin duda Fuentes es uno de los grandes novelistas del siglo XX.
Además, incluye José Agustín 15 textos más, para hacer una lista de 50; en el mismo prólogo, renglones abajo de donde tu concluyes.
Por supuesto que estuvo aclarado que no tenías el libro de Agustín en las manos pero creo, en lo personal, que te precipitaste.
En el segundo mensaje, Buzali comparte:
Creo que merece tanto nuestro respeto y admiración como importante reflexión este esfuerzo de José Agustín por su Antología de la novela mexicana del Siglo XX. (Nueva Imagen 2005).

Y a mi no me queda más que reiterar lo que ya habia dicho:
Sí, me precipité, mi comentario acerca de la antología lo hice sin tener el libro en las manos, sin saber que el prólogo que había leído estaba incompleto. Sin embargo, en general, no cambia mi opinión: las ausencias y presencias en esta antología de Agustín sólo resultan explicables a través del gusto del antologador, nada en el prólogo (ya completo aquí) justifica las ausencias o inclusiones, reitero ni la Poniatowska ni Laura Esquivel o Jaime del Palacio, más allá de si me gusten o no, no encuentro la explicación en la presentación de José Agustín, incluso al leer los otros 15 textos que propone me saltan más dudas, ¿El Rey Criollo de Parménides García Saldaña es una novela?, ¿porque Uno soñaba que era rey y no El miedo a los animales?, ¿La mañana debe seguir gris, de veras?, ¿y Bellatín y Toscana?, ¿de veras Volpi?
Entonces comienzo a disentir con "merece nuestro respeto y admiración como importante reflexión", no, no lo merece, ni uno ni otro, a lo más que puede aspirar es a una lectura cómplice, a nuestra disposición al placer, pero no se puede "respetar" una lista tan desordenada, ni "admirar" un catálogo cuyo único fundamento (visible) es el de quedar bien con los cuates.
Lo que a mí me ha gustado de esta lista son los comentarios que ha provocado en The art of fiction (aquí, aquí y aquí) y en Teoría del caos (acá), no todos ellos relacionados con la lista, pero sí con la literatura mexicana del siglo XX.
Y ya encarrerado aprovecho para responderle especialmente a René: Sí, sí creo que es importante leer autores mexicanos, sólo que nunca escribí que antes que los demás. Como lector no podría, no debería, hacer ninguna distinción, leer sólo por placer, mientras que a quien aspira a ser escritor me parece que está obligado a conocer la lengua en la que escribe antes que las demás y considero que la mejor forma de obtener este conocimiento es a través de la lectura, qué mejor entonces, que leer a quienes han escrito en tu propio idioma y desde tu país.

A quienes prefieren a Petrovic o a Pavic por encima de los escritores mexicanos, qué bueno, bien por ellos, nunca se trato de elegir entre unos y otros; tampoco se trata de cerrar la mirada al ombligo por el simple hecho de ser mexicano...
No se trata de una posición chovinista, lo considero un punto de referencia, de partida para quien quiere escribir, teniendo en mente lo que señala Joseph Roth: "La patria del auténtico escritor es la lengua", en eso creo. Por tanto, si uno quiere escribir, además de leer a los mexicanos, tendrá que leer a los clásicos, no sé si el canon establecido por Harold Bloom, pero al menos una gran parte de los autores ahí incluidos.



Banda sonora

English suite 3 in G BWV808 (Prelude) de Bach
Glenn Gould (mp3)
Toda habitación posee una música que, si uno sabe escuchar, cuenta cosas
Don DeLillo


En letras de otros


El que quiera pensar debe renunciar a buscar adeptos.
Elias Canetti



agosto 17, 2005

Primero: Wynton Marsalis en el Village Vanguard (mp3) Happy Birthday.
Segundo:
LOS HOMBRES DEL ALBA

Y después, aquí, en el oscuro seno del río más oscuro,
en lo más hondo y verde de la vieja ciudad,
estos hombres tatuados: ojos como diamantes,
bruscas bocas de odio más insomnio,
algunas rosas o azucenas en las manos
y una desesperante ráfaga de sudor.

Son los que tienen en vez de corazón
un perro enloquecido
o una simple manzana luminosa
o un frasco con saliva y alcohol
o el murmullo de la una de la mañana
o un corazón como cualquiera otro.

Son los hombres del alba.
Los bandidos con la barba crecida
y el bendito cinismo endurecido,
los asesinos cautelosos
con la ferocidad sobre los hombros,
los maricas con fiebre en las orejas
y en los blandos riñones,
los violadores,
los profesionales del desprecio,
los del aguardiente en las arterias,
los que gritan, aúllan como lobos
con las patas heladas.
Los hombres más abandonados,
más locos, más valientes:
los más puros.

Ellos están caídos de sueño y esperanzas,
con los ojos en alto, la piel gris
y un eterno sollozo en la garganta.
Pero hablan. al fin la noche es una misma
siempre, y siempre fugitiva:
es un dulce tormento, un consuelo sencillo,
una negra sonrisa de alegría,
un modo diferente de conspirar,
una corriente tibia temerosa
de conocer la vida un poco envenenada.
Ellos hablan del día. Del día,
que no les pertenece, en que no se pertenecen,
en que son más esclavos; del día,
en que no hay más camino
que un prolongado silencio
o una definitiva rebelión.

Pero yo sé que tienen miedo del alba.
Sé que aman la noche y sus lecciones escalofriantes.
Sé de la lluvia nocturna cayendo
como sobre cadáveres.
Sé que ellos construyen con sus huesos
un sereno monumento a la angustia.
Ellos y yo sabemos estas cosas:
que la gemidora metralla nocturna,
después de alborotar brazos y muertes,
después de oficiar apasionadamente
como madre del miedo,
se resuelve en rumor,
en penetrante ruido,
en cosa helada y acariciante,
en poderoso árbol con espinas plateadas,
en reseca alambrada:
en alba. En alba
con eficacia de pecho desafiante.

Entonces un dolor desnudo y terso
aparece en el mundo.
Y los hombres son pedazos de alba,
son tigres en guardia,
son pájaros entre hebras de plata,
son escombros de voces.
Y el alba negrera se mete en todas partes:
en las raíces torturadas,
en las botellas estallantes de rabia,
en las orejas amoratadas,
en el húmedo desconsuelo de los asesinos,
en la boca de los niños dormidos.

Pero los hombres del alba se repiten
en forma clamorosa,
y ríen y mueren como guitarras pisoteadas,
con la cabeza limpia
y el corazón blindado.

Tercero: algo que me gustaría escuchar contigo Los Elefantes, Wynton Marsalis & Arturo Sandoval (mp3)
Cuarto: Feliz cumpleaños hermano, risa de la tribu, verdadero hombre del alba.




agosto 16, 2005

Image hosted by Photobucket.com

Vine a Blogger porque me dijeron que acá podía encontrar a mi padre: un recuerdo que me persigue con la insistencia de la nostalgia de la Ciudad en la que viví, sé que a eso vine, a escribir una historia en que se mezclan la ventana del departamento en Insurgentes, el último juego entre los Diablos Rojos y los Tigres (en ese entonces ambos de a Ciudad de México) en el Parque del Seguro Social. Sé que a eso vine y no me he escrito esa memoria, he cedido a otros impulsos, no me he dejado embargar por ese.


Vine a Blogger y abrí una cuenta, mucho antes de decirme a instalar una casa para ese recuerdo, de hecho, la verdad es que llegué por los senderos que me hacía recorrer el trabajo de ese entonces, buscaba una forma de comunicación para que los integrantes de un equipo que laboraban en diversos estados de la República se mantuvieran al tanto de ciertas instrucciones, y me quedé... mirando.

Me quedé mirando con toda la intención de algún día participar, prometiendo que algún día el tiempo preciso para escribir ese recuerdo llegaría... pero no me han alcanzado _______ (y la línea se puede intercambiar por: las ganas, la memoria, el tiempo, las manos y un largo etcétera). Hasta que una noche me animé y en vez de espuma me salió una cita. Es mi karma, lo asumo, hace un año me inauguré este espacio así:

Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos según mi experiencia, es el más saludable desde un punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional. (Harold Bloom. Cómo leer y por qué)

Hoy me sigo felicitando por haberme animado, por tender un puente desde esta isla para formar parte del archipiélago.

A ti lector, sencillo, incluso simple, como las palabras que encierran el universo: Gracias.


agosto 15, 2005

Griselda (cuidado: spoilers)

Image hosted by Photobucket.comEl domingo no me pude sacar de la memoria las lágrimas de Griselda, el rostro desencajado con que salió corriendo del salón de sexto de primaria para refugiarse en la dirección de la escuela: el cabello largo volando por la prisa, el sueter gris abombado, la ráfaga de las calcetas blancas... mientras agitaba la cabeza al ritmo de un frenético no, no, no. Y seguro que me estuve acordando de ella debido a que este fin de semana la señora de la casa no accedió a que malgastaramos el presupuesto familiar en un Darth Vader (versión unleashed) que encontré en la sección de juguetes del supermercado, ni siquiera porque lo subí al carrito y nos acompañó durante el recorrido, al final se tuvo que quedar en esa sección de las cajas donde el arrepentimiento abandona paquetes de jamón.
Y me acordé de Griselda porque estuve a punto de utilizar la técnica de "compramelo o dejo de respirar" con tal de convencer a Laura de que me lo comprara, fue entonces cuando me acordé de las lágrimas de esa niña con la que nunca crucé una sola palabra, pues iba un grado arriba que yo y en ese entonces (bueno, todavía) la lengua se me traba ante cualquier intento de conversación con alguien que me atrae.
Griselda me gustaba por inalcanzable, pertenecía a la tribu de las niñas bonitas, las que durante el recreo se acomodaban en una banca a degustar su almuerzo, ese que surgía de loncheras rosas con los Ángeles de Charlie o Barbie, cruzaban las altas piernas y dejaban que el resto de los súbditos las admiraran.
Yo pertenecía a la clase de súbdito más baja en la escala, esos que se invariablemente traen amarrado el sueter en la cintura y no les preocupaba tener que sacrificar la limpieza del pantalón ante la posibilidad de robar la base en el juego de béisbol, al grupo que lo más que podía aspirar era a que las pestañas de Griselda abanicaran indolentes una mirada descuidada hacia uno, uno que se resignaba a ceder el paso, siempre con los ojos bajos, justo para descubrir que, una vez más, había olviddo bolear los zapatos.
Me gustaba Griselda pues, pero no tanto como para obsesionarme, regularmente sólo la observaba unos segundo antes de perderme en el juego de ese día. Y sin embargo, en el fondo, mantenía la esperanza de la ocasión propicia para brindarle ayuda, que ella necesitara algo y yo fuera el único a quien pudiera acudir... sí, esa esperanza de los perdedores que mantiene alerta los sentidos ante el paso de las inalcanzables.
Y el día se presentó. Era enero, todos esperábamos el toque que anunciaba el inicio del recreo, con un poco más de emoción que otras veces, ya que la mayoría de los niños traía alguno de los juguetes que les dejaron los Reyes Magos. Sonó la campana y salimos, con los madelman, las figuras de las guerras de las galaxias, con los lego y castillos exin, con los mocos de King Kong... También salió Griselda, ya lo dije: aullando que no.
Mi oportunidad.
La vi pasar corriendo, incapaz de extenderme en abrazo, en consuelo, me ganó Rosita, la esposa del Director de la primaria, quien recibió a Griselda, la niña no paraba de gritar que no, que no era cierto y nadie de los que estábamos alrededor entendíamos nada.
Pocas veces he visto a alguien llorar como ella.
Rosita nos alejó con un gesto de su poderoso brazo (además de ostentarse como la esposa del Director, era quien repartía los puntos extra por buena conducta, un vale color verde que distribuía de acuerdo a su antojo), el montón de niños nos fuímos alejando hacia el patio, ahí, gracias a una de las inalcanzables nos enteramos de lo que sucedió.
Estoy seguro que muchos, como yo, pensamos que era algo terrible, algo que podía cambiarnos la vida, tan grave que incluso transformaba el rostro de la reina de las inalcanzables.
-Bueno, ya digan, ¿qué le pasó?
-Nada, que ya se enteró.
-¡¿De qué, de qué?!
-Pues de que los Reyes Magos son los papás.
-¿Y?
-Y pues ya...
Eso era todo, algún compañero le había revelado a Griselda toda la mentira acerca de Melchor, Gaspar y Baltazar, nada de camello, caballo y elefante, nada de visitantes mágicos que surcan los cielos para cumplir los caprichos jugueteros que uno imponía a través de una carta. No, simple y sencillo: eran los padres quienes depositaban los juguetes al pie del árbol de Navidad.
Y Griselda, la inalcanzable lloraba desconsolada, a pesar de cursar el sexto grado todavía no sabía, no se había dado cuenta de lo que sucedía esos días de enero en su casa, mientras que el resto del mundo, al menos esa parte del mundo que conformábamos el grupo que atendía la noticia, ya lo sabía desde mucho antes, o al menos fingíamos que ya lo sabíamos.
Creo que ese mismo día me dejó de gustar Griselda, a pesar de ser mayor que yo se me hacía tan niña, tan pequeña, tan a la mano; dejé de mirarla deslumbrado por su actitud, ya su paso por el patio era el de alguien que no se había dado cuenta de eso, de nada.
Lo que restaba de ese año escolar preferí seguir jugando béisbol y brincando desde lo más alto de la escalera, perdió interés observar a Griselda.
Y este fin de semana me acordé de ella porque no me compraron mi Darth Vader (que ya tengo muchos dice). Y hasta este fin de semana, quizá, entendí la calidad del llanto de Griselda, cuando me di cuenta que ya no se lo puedo pedir a los Reyes.
Luego pensé en escribirlo aquí y me tardé, me tarde bastante pensando en cómo podía afectar a alguien que todavía no supiera lo de los Reyes o lo del Ratón que deja dinero a cambio de dientes o lo del Niño Dios o Santa Claus o... e irresponsable como soy, me bastó escribir entre paréntesis cuidado: spoilers, en el fondo resentido porque a alguien sí le van a comprar el Darth Vader unleashed que estaba en el super y ya sólo quedaban dos.




Una iniciativa de Jorge Gómez Jiménez


Gracias por la inclusión


agosto 14, 2005

En letras de otros
Hacia altos portales
Marc Chagall

Sólo es mío
el país que está en mi alma.
Entro allí sin pasaporte
como a mi casa.
Él sabe mi tristeza
y mi soledad.
Él me depara el sueño
y me arropa con una piedra
perfumada.

En mí florecen verdes jardínes;
flores inventadas.
Las calles me pertenecen
pero no hay casas;
desde la niñez fueron destruidas.
Sus habitantes vagan por el aire
en busca de alojamiento.
Pero viven en mi alma.

He ahí por qué sonrío
cuando el sol apenas brilla
o lloro
como leve lluvia en la noche.

Recuerdo un tiempo en que yo tenía dos cabezas...
hubo un tiempo en que mis dos rostros
se cubrían de un velo enamorado
y se desvanecían como el perfume de una rosa.

Hoy me parece
que aún cuando retrocedo
voy hacia adelante,
hacia altos portales
detrás de los cuales yacen muros
donde duermen truenos extinguidos
y relámpagos quebrados.


agosto 12, 2005

agosto 10, 2005

Los tres caballeros

Image hosted by Photobucket.com
Para Andrés, quien me pregunta que dónde compro mis juguetes

agosto 09, 2005

Hacia una anécdota (o Porque creo que todos los textos que escribo cuentan algo de mí pero no necesariamente son autobiográficos o No hagas caso cuando te digan que escribas lo que te sucedió)
Iba a comenzar este texto escribiendo que mi corbata favorita me la regaló CS, hace un buen rato, que a pesar del paso del tiempo y uso se mantiene en magnífico estado, supongo a que es una Scappino tela 100% seda importada de Italia con forro 70% acetato y 30% cupro que se debe lavar en seco con plancha a vapor a mano... o quizá simplemente porque algunos objetos son capaces de atesorar entre sus fibras el amor que uno siente por la persona a la que recuerda y eso les otorga cierto brillo.
Aparte de la memoria, la corbata es mi favorita por su combinación de tonos azul claro y el dibujo de gatos, inumerables gatos que a pesar del trazo simple que los define (quizá debido a eso) proyectan características propias de esos animales, encuentro cierta serenidad alerta (¿oximoron?) en la forma en que, a la expectativa, una hilera mira a la izquierda y otra a la derecha...
Así iba a empezar este texto, mas en el momento de pensar la palabra serenidad decidí que no eran el inicio adecuado.
Luego pensé que una forma mejor era señalando que La Palma 1 es una localidad ubicada en los límites entre Aguascalientes y Zacatecas, tan cercana a la frontera entre los municipios de Calvillo y Huanusco que si no fuera por los señalamientos uno no podría distinguir que ha pasado de un estado a otro. El lugar no debe rebasar los cinco mil habitantes, eso es evidente a simple vista: las pocas casas crecen lejanas entre sí a ambos lados de la carretera, a primera vista sobresale un altar a la virgen (supongo que de Guadalupe), rodeado de flores y ofrendas, a menos de 50 metros una tienda de abarrotes con un enorme anuncio de cerveza Corona, al pie del sitio de culto nace un camino de terracería, enseguida una construcción se anuncia como la cancha de usos múltiples...
Pero no puedo empezar a contar así porque no estoy muy seguro de que el lugar fuera La Palma 1, eso lo concluí a partir del nombre que leí en el primer anuncio que encontré al ir asomándome por la ventanilla del camión de regreso.
Consideré que otra forma de iniciar el relato era a partir de un hecho que, en primera instancia no tuviera relación con lo que quiero contar, confesar, por ejemplo, mi infancia citadina y la primera ocasión en que muy pequeño me llevaron al campo y confundí con vacas a las hormigas rojas... pero no, eso hablaría muy mal de mí, además de que sería un enorme rodeo para llegar a lo que iniciaría formalmente el relato, que es la capacidad de asombro que últimamente me despiertan ciertos paisajes, me hipnotiza el poder que tienen unos cuantos días de lluvia para transformar el entorno, la variedad múltiple de verdes en que es capaz de crecer la hierba, la vida súbita que el agua inyecta a los árboles...
Decidí que tampoco era la mejor manera, demasiados caminos que se bifurcan: primero la infancia que sabía de parques pero no de bosques, luego la búsqueda de los adjetivos necesarios y precisos para no generalizar con un simple "múltiples verdes", más adelante otro sendero que me guiñaría el ojo: la absoluta ignorancia que me abruma ante el espectáculo de las nubes, la forma de las hojas, la infinidad de árboles... y esta memoria que es incapaz de nombrarlos para distinguirlos, sofocado por todo lo que no sé o he olvidado, me resultaría imposible regresar al sendero de lo que deseo contar.
"Rocío se va a reír", decidí en algún momento. La sencilez de la oración se transformaría en la guía para el relato; al incluirla en el inicio podría, incluso, mencionar que gracias a ella he gozado como pocas veces una relectura de Pedro Páramo, ya que el párrafo en que Rulfo refiere cómo Abundio perdió el oído: "Era un gran platicador. Después ya no. Dejó de hablar. Decía que no tenía sentido ponerse a decir cosas que él no oía, que no le sonaban a nada, a las que no les encontraba ningún sabor. Todo sucedió a raíz de que le tronó muy cerca de la cabeza uno de esos cohetones que usamos aquí para espantar a las culebras de agua. Desde entonces enmudeció, aunque no era mudo; pero, eso sí, no se le acabó lo buena gente", bueno, esas líneas (y muchas más) adquirieron un nuevo sentido tras que Rocío me explicó lo que los ancianos de su tierra saben: cómo una tormenta se transforma en culebra e incluso toma forma de lagarto y con el látigo de su cola les es posible desgajar cerros...
Evidente, la frase sencilla en que incluí a Rocío tampoco era la más acertada, de nueva cuenta la posibilidad de extenderme y extenderme en otro tema (Pedro Páramo) que no venía al caso y tras varios párrafos me inquietaría la necesidad de explicar las razones de mi certeza acerca de la carcajada de Rocío, lo que me llevaría a contar al menos parte de las reuniones que bajo el nombre de Las Babas del Diablo cobijan cada tercer viernes del mes a varios de los propietarios de las iniciales que suelo incluir como guiños... No.
Bien. Otro intento: Es increíble la velocidad a la que avanza un camión cuando uno se queda dormido. Sí, el sueño equivaldría al peatón que mira como el viajero de un ferrocarril deja caer una piedra y... Tampoco, demasiado complicado explicarme con el sueño la parábola simple con que Einstein expuso la teoría de la relatividad; esfuerzo excesivo para contar que el cansanció me venció y terminé a varios kilómetros de mi destino.
Quizá esa sea la solución: los hechos concretos, el corazón de la anécdota, sin adornos: cuatro hombres se encuentran a un lado de la carretera, tres de ellos hablan entre sí, haciendo lo posible por no voltear hacia el otro lado, donde el cuarto hombre, en un intento desesperado por aparentar tranquilidad, bebe sorbos lentos de café, con la mirada perdida en el punto donde el camino adquiere se desvanece entre los cerros...
Sí, quizá, por ahí, aunque me llevaría un buen tiempo pues no podría evitar la tentación de acercar la mirada hacia los detalles que delatan el fingimiento del hombre que bebe café: el puño cerrado dolorosamene alrededor de las asas del portafolios, el temblor con que detiene el impulso de llevar el índice al cuello de la camisa para superar el ahogo que le impone la corbata... Claro, es por ahí. Primero los tres hombres, la descripción que los ubique como lugareños, hombres de campo que se han encontrado al principio del camino de terracería y se cuentan cosas, sus cosas, mientras alrededor de ellos un caballo pasta, un par de perros fornica y otro los observa con toda la intención de unírseles, en una celebración de la época de lluvias que al fin ha comenzado y plena de color el paisaje usualmente árido. La lluvia trae cosas extrañas, tendría que ser una de las líneas del texto, para enseguida hacer que un camión de segunda clase se detenga en la curva y de él descienda el cuarto hombre, portafolios de piel en mano se instalaría muy cerca del borde de la carretera, tras un largo silencio (de todo, de los tres hombres, de los perros que fornican, del caballo que pasta, de la virgen que preside el altar, del paisaje mismo), el hombre que descendió del camión haría un gesto sospechoso, aquí desarrollaría al menos tres pensamientos distintos acerca de lo que puede tramar el trajeado, uno por cada uno de los testigos, un arma, un sobre con una dirección, una cuenta pendiente quizá... para llegar al momento en que lo observan beber (absurdamente, por supuesto) beber una taza de café que obtuvo de algún compartimiento del portafolios. Sí. En otro momento del texto tendría que hablar de la falsa serenidad con que el cuarto hombre se desabrocha el saco y por un golpe de viento le brotan alas a su corbata, una corbata azul con dibujo de gatos, la lluvia trae cosas extrañas, hace que los gatos vuelen...
Pero... siempre el pero, pero no lo voy a escribir, no es un cuento que me interese, yo quería contar una anécdota.
Quizá lo mejor sea repetir lo que confié a Laura de regreso a casa:
-De la chingada, perdí el primer camión, tomé otro que hacia escala y pocos minutos antes de llegar me quedé dormido, fue apenas una cabeceada, pero al abrir los ojos miré por la ventana y no reconocí el paisaje, demasiado verde, demasiadas curvas. Todo imbécil le pregunté al chofer si ya habíamos llegado y que se empieza a reir: "híjole joven, es que estaba tan dormido que me dio pena despertarlo", y que se sigue riendo.
-¿Y qué hiciste?
-Me bajé en no sé dónde chingaos a esperar a que pasara un camión de regreso a la ciudad.
-A la orilla de la carretera bebí el primer café de la mañana, mientas los gatitos de mi corbata jugaban a volar.
Y así fue como lo conté, ella se río, yo también, aunque ella más. En algún momento me dijo "esas cosas las deberías escribir" y yo, observando la corbata de gatitos dije que sí, sin pensarlo, creyendo que sería lo más sencillo del mundo, ¿qué trabajo puede costar contar que me quedé dormido?
Ah, una versión más de cómo contaría lo que me pasó: Englishman in New York, de Sting (mp3), aja:
If, "Manners make the man" as someone said, then he's the hero of the day, it takes a man to suffer ignorance and smile, Be yourself no matter what they say.


agosto 06, 2005

Hay madrugadas que me descubro de pie, en medio del cuarto, en una postura inusual: la pierna izquierda apenas flexionada y el pie unos centímetros adelante de la pierna derecha, sobre la que reposa el peso del cuerpo, la espalda y el cuello en línea, la cabeza firme (como si no acostumbrara divagar) y los brazos... ah, los brazos, el izquierdo se extiende hacia su extremo trazando una L que se desmaya, mientras que el derecho dibuja un arco en el que debería haber otra cosa que no fuera aire. Esas madrugadas en que así siento el cuerpo abro los ojos para casi inmediatamente mirar las manos vacías, en espera de algo. La izquierda, supongo, ha de recoger el mana que caiga del cielo, al menos esa intención me dictan los dedos flexionados, el puño que no acaba de formarse, mientras que en la mano derecha el pulgar levantado vigila la formación de los otros cuatro dedos, como si ante cualquier descuido fueran a intentar romper la fila hacia una caricia conjunta.
Esas madrugadas en que me descubro así, basta mirar mis manos para saber que te he estado recordando, que una vez más el poder de la memoria mueve este cuerpo para replicar las noches en que hemos bailado... hace tanto ya.
Y sé que es contigo con quien quiere bailar este cuerpo pues apenas me sacudo la postura de un cuerpo dispuesto a la música, siento la inmensa queja de los oídos que estaban ansiosos por devorar tu risa, sobre todo las palabras maliciosas, las intenciones siempre malévolas con que, al ritmo de la danza, mientras los pies se deslizan sin rozarse, nuestras miradas se posan en el resto del mundo con la intención de encontrar los defectos que desaten las lenguas.
Sacudo el cuerpo de esa disposición y una tristeza inmediata se apodera del hombro donde sueles descansar tus carcajadas, el humor que te hace la cómplice perfecta pues basta la mera intención para que tú te rías.
Sí, extraño bailar contigo, fingir que sostengo tu brazo con mi izquierda cuando lo cierto es que me aferro a tu fortaleza; hace demasiado tiempo que no llenas el espacio entre este brazo derecho, con esos gestos tan tuyos, con ese movimiento que dice: aquí estoy.
Sí, extraño nuestro baile que invariablemente se olvida de la música porque nos hemos quedado en medio de la pista riéndonos de cualquier cosa. La danza cómplice que siempre termina en conversación mientras afuera sucede el mundo. Los pasos que se vuelven anécdotas que nos urgimos a contar. Los giros que se tornan interrupciones porque justo en ese momento, cuando el otro habla, nos hemos acordado de algo de suma importancia y que sabe ha de arrancar una carcajada.
El baile siempre que eres Nayely, esa conversación sin fin que disfrazamos de coda, jira y giros.
Feliz cumpleaños hermana, guárdame una pieza, quiero comerme el mundo mientras nos reimos de nuestra capacidad de estar de acuerdo.
Dancing Queen de Abba (mp3 de un super cover de Belle & Sebastian)
You can dance, you can jive, having the time of your life * See that girl, watch that scene, dig in the dancing queen * Friday night and the lights are low * Looking out for the place to go * Where they play the right music, getting in the swing * You come in to look for a king * Anybody could be that guy * Night is young and the music’s high * With a bit of rock music, everything is fine * You’re in the mood for a dance * And when you get the chance...
You are the dancing queen, young and sweet, only seventeen * Dancing queen, feel the beat from the tambourine * You can dance, you can jive, having the time of your life * See that girl, watch that scene, dig in the dancing queen You’re a teaser, you turn ’em on * Leave them burning and then you’re gone * Looking out for another, anyone will do * You’re in the mood for a dance * And when you get the chance...
You are the dancing queen, young and sweet, only seventeen * Dancing queen, feel the beat from the tambourine * You can dance, you can jive, having the time of your life * See that girl, watch that scene, dig in the dancing queen


Banda sonora

Para quien no se ha acercado a Belle & Sebastian, la salida de su material más reciente puede ser una buena ocasión, Push the barman to open old wounds es una recopilacion de 25 tracks que permiten un primer acercamiento del que seguramente quedarán con ganas de buscar el resto de los otros discos, mientras que los fans podemos disfrutar en lo que se repite, con un disco con material nuevo, la emoción aquella que vino con la ruptura del plástico que envolvía Tigermilk, a mi parecer lo mejor que ha grabado este grupo.

The loneliness of a middle distance runner (mp3)


Krusty time
Image hosted by Photobucket.com

agosto 05, 2005

(...) esta ciudad es inabarcable por un solo escritor. No tenemos los arrestos de Balzac, pero Mexico City es un monstruo comparada con París. Tendríamos que repartirnos la ciudad por zonas, por colonias, por barrios o hasta por calles, y escribir entre muchos la gran novela de la ciudad de México, en la que aparezcan personajes de todos los estratos sociales, desde el lumpen hasta la élite económica y política. Eso no lo estamos haciendo, o lo hacemos pero muy tímidamente. Escribió Guillermo Vega Zaragoza en su bitácora.

En la sección de comentarios Alberto Chimal contestó:
La iniciativa me intriga: tendríamos (digo, me gustaría poner mi parte) que ser miles, y escribir más bien cuentos que novelas, porque si no al terminar estaríamos ya desfasados; pero valdría la pena, en especial por la naturaleza múltiple del trabajo. ¿Por qué no?

Ahí mismo me animé a escribir lo siguiente:

La Novela de la Ciudad... Ah, LA NOVELA... bien, una vez extasiado por la idea, dejo paso a la coincidencia plena con lo que comenta Alberto Chimal. Y agrego: ninguna novela (no al menos como ahora las conocemos y concebimos) sería capaz de abarcar la Ciudad de México (o New York o Tokio o Buenos Aires, etcétera), en todo caso lo más que se puede alcanzar es la representación de un fragmento de esa Ciudad. Así que le apostaría más a una narrativa de la Ciudad que intentara abarcar sus infinitas voces que a una novela que sólo reflejara un pequeñísima parte.
Al igual que Chimal me intriga la iniciativa, así que propongo un intercambio de correos electrónicos para darle forma al proyecto, ¿cómo ve Maese Vega?
Ah, sé que me estoy adelantando, pero si me permiten participar pondría dos condiciones:
1) La iniciativa partió de una bitácora y en internet debe arrancar (ya luego pensamos en el otro mundo, con este es suficiente), por tanto le apostaría a una escritura de características multimedia (what ever that means)
y
2) Pido la Colonia San Rafael, es decir, el monstruo atrapado entre Insurgentes Centro, San Cosme, Circuito interior y Sullivan (incluye Parque de las Artes y Monumentos a la Madre)
Pateado el balón, espero el pase

Y el pase llegó, un nuevo post en Ombloguismo en que Maese Vega proponía está haciendo crecer este proyecto. No hay nada concreto todavía, aunque ya están apartados el Panteón Francés y el Aeropuerto, entre otros sitios. Así que ahí está la iniciativa, algo se cocina -lo sé- pero más allá de ese posible guisado,
valdría la pena unirse, aportar ideas, porque al final de eso se trata, no encuentro mejor definición de la blogósfera que el nacimiento de este tipo de proyectos.

Salud pues.

agosto 03, 2005

Image hosted by Photobucket.com Y otro y otro y otro y otro y otro... apenas actualizaba mis enlaces con la entrada a la blogósfera del Boiler cuando me fue revelada la identidad de quien postea bajo la sugerente imagen de la izquierda, debí suponerla por la cita de Wilde...
Como sucedió con La Vidita Literaria, ahora Maese Vega deja a un lado el que no siempre puedas obtener lo que deseas para dedicarse al Ombloguismo.
Muda su bitácora Don Guillermo con la promesa de más y mejores blues. Salud pues.


el boiler blog
cafebrería y literantro
Image hosted by Photobucket.com
La lectura se apodera de uno, sin apenas darnos cuenta; la escritura enfrenta más obstáculos pero encuentra el modo: Se abre camino por sendas que otros están abriendo, mientras nosotros sollozamos por el tiempo pérdido.
Bienvenido, pues mi queridísimo Luis.


agosto 01, 2005

Las azoteas causan efectos extraños en la conversación, debe ser la altura. Así me explico el que con aires doctos conminara al Boiler a leer a Juan García Ponce, Francisco Tario y Elena Garro, o quizá tenga que ver con la arraigada convicción de que si uno desea escribir es indispensable conocer lo que otros escritores en tu misma lengua, desde el mismo país, propusieron.
Recuerdo haber confesado la sorpresa que me producen algunos jóvenes escritores que ostentan un conocimiento envidiable acerca de la ultimísima novedad literaria de incógnitos países bálticos, que hablan de los libros que justo en este momento están causando sensación en Nueva York o San Francisco, pero (siempre un pero) no conocen lo que literariamente forjó a este país al menos durante el siglo XX, fuera de los grandes nombres. Como si aparte de Fuentes, Paz, Rulfo o Arreola no existieran otros escritores.
Me faltó decirle al Boiler que si eso ocurre con los narradores, con los poetas el caso me parece todavía más catastrófico, entre los poetas jamás falta una referencia bukowskiana, un guiño a Carver, una cita de Auster, y cuando uno mencioan que primero son narradores que poetas, lo miran con cierto sarcasmo, una mirada de arriba a abajo que quiere decir: por supuesto que lo sabemos, pero yo sí conozco su poesía. Y uno se va a otro lado con su Jorge Cuesta, su Villaurrutia, las traducciones de Novo y sus Seamen Rhymes, el hallazgo del Usigli poeta, ni qué decir de Zozobra de López Velarde o Perlas negras de Amado Nervo...
Por supuesto, estoy exagerando, pero yo mismo he caido en lo que critico, soy capaz de buscar afanosamente el libro más reciente de Julian Barnes y caer de rodillas ante Petrovic, por lo tanto, son mis recomendaciones de primera mano, pero he dejado a un lado el entusiasmo de Crónica de la intervención de García Ponce, la Semana de colores de Garro, los primeros cuentos de Agustín, Ifigenia cruel de Reyes... en fin, una lista interminable.
Y bueno, eso sucede con mi cabeza cuando suelo conversar en las azoteas.
Todavía con hilachos de esa conversación llego a casa y me encuentro con un comentario de Mauricio en The Art of fiction sobre las novelas escogidas por José Agustín para su Antología de la novela mexicana del siglo XX
Nunca es fácil estar en acuerdo total con una antología (a menos que uno mismo la haya realizado), invariablemente en una selección juegan un papel preponderante el gusto y, ahí sí, nada que discutir.
Antes de seguir con el comentario que ya está quedando larguísimo, la lista de las elegidas de José Agustín:
Mariano Azuela: ‘Los de Abajo’ (1915)
Martín Luis Guzmán: ‘La sombra del caudillo’ (1929)
Rodolfo Usigli: ‘Ensayo de un crimen’ (1944)
Agustín Yáñez: ‘Al filo del agua’ (1947)
Josefina Vicens: ‘El libro vacío’ (1952)
Juan Rulfo: ‘Pedro Páramo’ (1955)
Rosario Castellanos: ‘Balún Canán’ (1957)
Sergio Galindo: ‘El bordo’ (1960)
Elena Garro: ‘Los recuerdos del porvenir’ (1963)
Juan José Arreola: ‘La Feria’ (1963)
Vicente Leñero: ‘Los albañiles’ (1963)
Jorge Ibargüengoitia: ‘Los relámpagos de agosto’ (1964)
Gustavo Sainz: ‘Gazapo’ (1965)
Salvador Elizondo: ‘Farabeuf’ (1965)
Rafael Bernal: ‘El complot mongol’ (1969)
José Revueltas: ‘El apando’ (1969)
Elena Poniatowska: ‘Hasta no verte Jesús mío’ (1969)
Juan Vicente Melo: ‘La obediencia nocturna’ (1969)
Paco Ignacio Taibo II: ‘Días de combate’ (1976)
Luis Zapata: ‘El vampiro de la colonia Roma’ (1978)
Gerardo de la Torre: ‘Muertes de Aurora’ (1980)
José Emilio Pacheco: ‘Las batallas en el desierto’ (1981)
Jaime del Palacio: ‘Parejas’ (1981)
Juan García Ponce: ‘Crónica de la intervención’ (1981)
María Luisa Puga: ‘Pánico o peligro’ (1983)
Sergio Pitol: ‘El desfile del amor’ (1983)
Angeles Mastretta: ‘Arráncame la vida’ (1985)
Héctor Manjarrez: ‘Pasaban en silencio nuestros dioses’ (1987)
Fernando del Paso: ‘Noticias del imperio’ (1987)
Laura Esquivel: ‘Como agua para chocolate’ (1989)
Enrique Serna: ‘Uno soñaba que era rey’ (1989)
Carlos Montemayor: ‘Guerra en el paraíso’ (1991)
Juan Villoro: ‘El disparo de Argón’ (1991)
Luis Humberto Crosthwaite: ‘El gran preténder’ (1993

Ahora, algunos enlaces: Aquí una entrevista al autor de Vida con mi viuda, acá una nota de El Universal, enlace al post de The Art of Fiction que disparo este comentario, finalmente, acá el Prólogo a esta antología de José Agustín que tomé de un correo que el Maese Vega (siempre un abrazo) mandó hace un buen rato, debería incluir una liga a la antena del Boiler sólo que no cuento con esa imagen, a falta de pan: tortillas.
Sobre la selección. Bueno, todo esfuerzo en este campo es apreciable, aunque queda muy por abajo de lo seleccionado por Christopher Domínguez Michael en su Antología de la narrativa mexicana del siglo XX (dos tomos en el Fondo de Cultura Económica), además que son de naturaleza distinta pues en estos libros el antologador se las ingenió para ser casi exhaustivo en su trazo de la literatura del siglo XX al señalar que se recopilaba narrativa y no sólo cuento o novela.
Más allá de esta comparación tramposa (y sin tener el libro de Agustín en las manos) para este lector la lista está incompleta al no incluir a Fuentes, al menos Aura o La muerte de Artemio Cruz; falla al incluir a Elena Poniatowska y a Laura Esquivel, pues nada en el prólogo me deja adivinar el criterio con que se prefiere éstas ante cualquiera de las novelas de Carmen Boullosa o Esther Seligson (si de incluir mujeres se trataba); igual no me queda claro el criterio para incluir El libro vacío, con el mismo argumento se podría haber antologado El café de nadie de Arqueles Vela o Jardín secreto de Francisco Tario; también discutible (siempre de acuerdo a lo señalado en el prólogo) el optar por la novela de Zapata en vez de Las púberes canéforas de José Joaquín Blanco...
Pero, bueno, se incluye la sobrevaluada Parejas de Jaime del Palacio y se deja afuera a Hernán Lara Zavala (Charras, que cabe en la medida que Guerra en el paraíso fue incluida), a Dama de noche de noche de David Martín del Campo, Cadaver lleno de mundo de Aguilar Mora, aunque pareciera que basta con mencionarlos en el prólogo...
En fin, para gustos los colores. Me he extendido demasiado y lo que en un principio fue conversación en la azotea y quiso ser invitación desde esta ventana, se ha tornado comentario desde el balcón de uno de los viejitos de los muppets.




Blogs y escritura de Alberto Chimal

Siempre me sorprendió (me sorprende) de la blogósfera, la necesidad recurrente de discutir la naturaleza de este medio (y al calificarlo de medio ya estoy tomando una posición), una y otra vez en diferentes bitácoras aparece el comentario en que se intenta definir qué, cómo y con qué se come... Lo que me queda claro es que es una discusión sin fin, de ventanas y puertas siempre abiertas, que cualquier postura que intente una definición definitiva topará con pared. También me queda claro que no hay nada más sano que este ejercicio de reflexión acerca de la blogósfera desde quienes le dan forma, que resulta indispensable.

Hace poco en la Ciudad de México se llevó a cabo la Primera Conferencia Weblogs-Comunicación (aquí el enlace), en ella participó Alberto Chimal (Ánima dispersa), quien ya colocó en la red su intervención (aquí).

La puerta a la reflexión siempre está abierta, dejo la invitación a leerla en el sitio de Alberto y, abajo, algunos fragmentos que me parecen provocadores, merecedores de una mejor hora para el comentario:

Image hosted by Photobucket.com

ni las posibilidades del blog se agotan la literatura o sus alrededores, ni los bitacoristas o blogueros o bloggers necesitan asumirse todos como literatos o habitantes del mundo “cultural”, ni las autoridades de un medio, de un estrato social o de un oficio, lo son necesariamente de otro

Image hosted by Photobucket.com

[en muchas bitácoras]se describe a los escritores como una minoría vanidosa, petulante, que pretende convertirse en la élite de un medio al que no debería tener acceso en absoluto; que sólo emplea sus conexiones a Internet como extensiones de sus máquinas de escribir o sus procesadores de texto, y cuyos blogs, cuando se dignan tenerlos, son depósito de presunciones y arrogancias, de expresiones caducas y párrafos interminables, de textos que ya no dicen nada a quienes los leen impresos y menos dirán todavía desde una pantalla. O, peor todavía, son simples carteleras de eventos, anuncios de narcisista o de mercachifle. Para esas personas, en fin, los escritores parecemos menos interesados en participar en una comunidad que en presumir sabidurías dudosas o en luchar por un poder que casi con seguridad no existe y que, de tener alguna realidad, no la tiene en la red.

Image hosted by Photobucket.com

La blogósfera está lejos de ser un medio perfectamente democrático, abierto por igual a todos. Pero está, junto con el resto de Internet, más cerca de ese ideal que cualquier otra invención de la especie: más cerca de ese regreso al origen mítico de las comunidades humanas, aquellas que tenían su poeta o su contador de historias.

Image hosted by Photobucket.com

La objeción más habitual que se hace, en esos ámbitos, a los creadores de blogs es la pobre calidad de lo que escriben, y que los más de nosotros no somos Cervantes, y muchos rondan lo ininteligible: el silencio. Pero debería ser posible hablar de algo más que de los malestares y los prejuicios habituales, y tal vez deberíamos intentarlo aquí.

Image hosted by Photobucket.com

Finalmente, gracias a Chimal por la mención.




Puede interesarte

Related Posts with Thumbnails