Banda sonoraHoy más que un talismán requiero de algunas certezas.
Escucho a Piazzolla, esa es una plegaria.
Banda sonoraCincuenta y dos ingredientes:
Para ocho amuletos contra todo mal y desgracia es necesario tener: el reflejo de la letra Alfa del ojo izquierdo, el círculo menor que crea la libélula en la superficie del agua, una pizca de la suavidad del polén, una cascarita de cielo del tamaño de la uña del pulgar, un susurro breve del retoño de tejo cuando crece, la prohibición eterna de volver la cabeza, la fuerza de las semillas proporcional a uno, lo doble de la esperanza, un par de alas de un sueño bonito, cuanto cabe bajo la axila del aleteo de una paloma, un almiar de ángulos de vista, tantos copos de nieve como puedan posarse sobre unas pestañas largas, tantas palabras amorosas como puedan caber en una boca, una fosa nasal del olor del tomillo, una bueeeena aspiración de cada uno de los cuatro vientos, la máxima cantidad de luz primaveral, la inmensurable firmeza del secreto, cualquier parte del arco iris, medio vaso del brillo del guijarro del arroyo, dos ingredientes que usted pueda recordar sólo el día de la preparación de amuletos, una cantidad aproximada del color de la mariposa diurna, un manojo de magia de las llaves, un granito del crujir de un escarabajo, el sonido medianamente fuerte de las trompetas angelicales, un pensamiento constante en la humedad de las ingles, una canción del grillo según el deseo, un rizo del humo del hogar, una punta de cuchillo de las llamas, un palmo de hilo de las nubes, una astilla del destello del relámpago, una simple gota de la sabiduría del agua, tanta vista como alcance para seguir el vuelo del halcón, una vertical que llegue, por lo menos, hasta la quinta esfera celeste, otra fosa nasal del olor de la tierra, risa, nunca suficiente risa, un arete del zumbido de las abejas, una mirada al bosque hasta que se pierda entre los árboles, la ufanía de la hierba llamada orgullo, una brazada de la sombra de la tarde de una higuera, una sarta de besuquitos, un poco de ruido del telar de la madera, una palma del calor de los plumones, un vaivén amplio del ramillete de la albahaca, el arte de observar el cuadrado, una circunvalación alrededor de todo y el reflejo de la letra Omega del ojo derecho.
Atlas descrito por el cielo, de Goran Petrovic
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Chulita, es tu cumpleaños. Ambos necesitamos urgentemente un amuleto contra todo mal y desgracia, hoy y siempre gracias por regalarme la risa para elaborar el talismán que requerimos para convocar tiempos mejores, los que merecemos.
Gracias Lety por la renovación de la amistad. ¡Mendiga!

Proctor (con un grito desde el fondo de su alma):

-Pues bien, ésta es una historia de libros.
-¿De libros?
-De libros malditos, del hombre que los escribió, de un personaje que se escapó de las páginas de una novela para quemarla, de una traición y de una amistad perdida. Es una historia de amor, de odio y de los sueños que viven en la sombra del viento.
Cuando vivir en otra parte que no fuera la Ciudad de México me parecía una idea digna de una borrachera de esas en que la memoria decide borrar la media hora previa a llegar a la cama, cuando salir hacia cualquier otro lado no era un plan, recuerdo haber dicho que el día que Oaxaca tuviera unos cines que valieran la pena sería una ciudad donde poder vivir.
Para mí el adios no fue una separación ni una partida. Decir adiós es alejar a la muerte, desafiarla, reducirla, deshacerse de ella porque ella se deshace de sí misma. Decir adiós, avisan los poetas, es el más fuerte de los asideros, la medida mayor de la resistencia a separarse. ¿Y se acaba un adiós? No tenía por qué dudar de su fidelidad ni por qué temer el olvido: habíamos creado un puente que ambos sabríamos atravesar de orilla a orilla sobre el río de la ausencia -¿acaso no estaba nuestro lecho tallado en el corazón mismo del olivo y no estaban en torno suyo labradas las paredes de nuestra morada como un símbolo de unión indisoluble? Estábamos tejidos el uno con el tejido del otro.
Hermano
Into each life some rain must fall
Ella Fitzgerald & Count Basie (mp3)
Into each life some rain must fall
But too much is falling in mine
Into each heart some tears must fall
But some day the sun will shine
Some folks can lose the blues in their hearts
But when I think of you another shower starts
Into each life some rain must fall
But too much is falling in mine
Bueno, ya. Gracias a todos por sus comentarios.

Madre, dije Sí por inercia, dije Sí porque siempre es un placer escucharla, Sí porque lo que menos espera uno es que a la mitad de la conversación, en cualquier conversación, quien sea, pregunte a quemarropa sobre el poema que uno prefiere de tal o cual autor, porque en medio del intercambio de notas familiares no pude evitar la sorpresa ante la mención de Ramón López Velarde. Dije Sí y no recuerdo del todo a qué respondí de esa manera, Sí me acuerdo de un poema del zacatecano, Sí más de una vez la he atosigado con mis obsesiones (no sólo a usted) acerca de los versos poderosos. Sí, porque le he contado de las ocasiones en que se murmura con melancolía lo que este corazón leal se amerita, usted ha sido testigo de las veces en que todo le ha sido ultraje y, a pesar de ello, el ánimo con que lo he lanzado a la hoguera solar. Sí porque las líneas que susurro cuando a este rostro lo invada la mueca agridulce con que hojeo el periódico, ese con que rechazo participar del brío justiciero de las multitudes que toman la calle o evito sumar mi nombre a la columna de los abajo firmantes, es: ...y una íntima tristeza reaccionaria.
Ninguna sorpresa en los resultados del concurso organizado por la revista Letras Libres para elegir por votación al "mejor poeta vivo" de una lista de 200. Ahora habrá que esperar el espéctaculo de quienes se rasgan las vestiduras como vírgenes histéricas porque la iniciativa de este medio no aporta nada a la poesía.