recuento
Ritual de principio de año: pasar información de una agenda a otra, de un volumen de pastas negra con rojo a otro de pasta dura color azul, al vuelo del ojo pasan nombres y fechas, celebraciones, divorcios, viajes y angustias, la intensidad de algunos días se reduce a una marca hecha con lápiz debajo de la fecha.
Paso las hojas cuidado, para no perder los papeles, para que no caigan de su sitio las migajas que me he dejado para el retorno, para que queden en la fecha correspondiente los boletos de cine, de los conciertos, cuando se ajusta al tamaño incluso los programas, esas marcas a las que recurro para auxiliar a la memoria.
Anoto con el propósito de no olvidar, de recordar el placer
Me descubro anotando obsesivamente, con claves que me invento en ese momento y después me cuesta descifrar, he pasado tiempo de más intentando descubrir qué significan ciertos signos, para al final darme cuenta que aquello que refieren no tiene la mayor importancia como una visita a la peluquería.
En el recuento son pocas las cosas a la que doy importancia, las lecturas nuevas quizá (para las relecturas está el cuaderno de tapas rojas), no sé si son muchos, no me importa si son pocos, sé que el inventario me deja siempre insatisfecho pues sobre el escritorio crece la pila de libros a los que un día he de llegar; mientras tanto, en la agenda del año que se va quedarán estas marcas:
El Conde de Montecristo. Alejandro Dumas
Italo Calvino señala que una de las características de los clásicos es que ya los hemos leído aún sin haberlos tenido en las manos. El año lo comencé con el tiempo suficiente para dedicarle las horas de lectura corrida a un clásico. Como suele ocurrir con los clásicos, me sorprendió, me atrapó por completo, una anotación en el mes de enero me recuerda cómo estoy disfrutando las aventuras del Conde, el reproche por no haberme animado antes, el proyecto abandonado de leer todo Julio Verne; todavía hay resonancias de esta lectura, como saber que para el Conde la sabiduría humana se reduce a Esperar y Confiar.
El código Da Vinci. Dan Brown (reseña)
¿Hay que leer un libro porque todo mundo lo está leyendo? La respuesta es evidente: no, la única razón para leer es el placer; habrá quienes lo encuentren en El código Da Vinci. Yo no lo encontré, a cada rato me asaltaba la idea de qué encontraban otros lectores que yo no era capaz en esa escritura despeinada, en ese relato malo por inverosímil. Me queda el consuelo de no haber comprado el libro, me queda el consuelo de tener los pelos de la burra en la mano para no acercarme a Angeles y Demonios.
Aforismos y un sueño. Lichtenberg
La mejor versión de los aforismos que conozco es la publicada por el Fondo de Cultura Económica, en la traducción de Juan Villoro, se ha vuelto un libro de cabecera, así que el encontrarme con esta plaquette despertó el deseo, lo disfruté, como se goza del tiempo entre el plato fuerte y el postre, la sola idea de regresar al tomo del FCE valió la pena.
Inquieta compañía. Carlos Fuentes (reseña)
Como los libros más recientes de Carlos Fuentes (Instinto de Inez, La frontera de cristal) es un libro para seguidores, se requiere ser fan para no abandonar la lectura de textos como Calixta Brand, de un tiempo a la fecha, al menos en sus libros, el discurso que intenta representar lo mexicano se repite en estereotipos y generalizaciones que a pesar de la fluidez narrativa no dejan de sonar acartonados. No es el mejor Carlos Fuentes, sin embargo, los fans de este autor hemos de encontrar placer en la revisión que el autor hace de la leyenda de Drácula en la novela corta incluida en este volumen: Vlad.
Once Minutos. Paulo Coelho
Si los regalos que se otorgan hablan más de quien ofrece que de quien recibe, la lectura de este libro habla muy mal de mí. Con la intención de quedar bien compré este libro para un presente y terminé quedándomelo. Me ganó la curiosidad, en vez de cambiarlo, me lo quedé, en mucho para saber qué le atraía tanto a mi amigo. Pasé una tarde sin sorpresas: un relato monótono, un escritor lleno de buenas intenciones, una fantasía melodramática sobre una prostituta a la que redime el amor. Como ya he visto suficientes películas de Ninón Sevilla, el texto sólo me dejó la sensación de haber perdido el tiempo… bueno, no del todo, ya tuvo suficiente mi curiosidad, no he de volver a acercarme.
El gaucho insufrible. Roberto Bolaño (reseña)
Suelo recorrer con ojos avariciosos el catálogo de Editorial Anagrama, mi esposa lo sabe, sabe también de mi afición por este escritor chileno. Un día, al regresar del trabajo la paquetería ya había dejado este regalo, que devoré, con gozo ilimitado, con la sensación de estar leyendo a un escritor que libro tras libro seguía llamando al deslumbre. Cinco historias tensas, cinco historias llenas de humor corrosivo y dos conferencias sarcásticas que sí ejemplifican las razones por las que el chileno en un breve periodo de tiempo se transformó en un esencial de la literatura latinoamericana.
Angeles del abismo. Enrique Serna (reseña)
En esta novela actualiza el modelo de la picaresca para describir la corrupción de la jerarquía católica novohispana, denunciar el antisemitismo de la Inquisición, el servilismo de los intelectuales cortesanos, la lucha por el poder financiero, la refinada astucia de los teatreros y, unificando espacios opuestos, ridiculizar las prácticas religiosas, sexuales y sociales de todos los grupos. Moralista sarcástico que no deja títere con cabeza, ya que la mirada crítica no distingue entre “ricos” y “pobres” o “blancos” e “indios”, de nueva cuenta: no hay personajes puros, el retrato que Serna logra es el de seres humanos en conflicto por sus pasiones, de ahí que el relato de Ángeles del abismo sea verosímil y, además, sea capaz de narrar un reflejo del presente a través del pasado, ya que el relato de estas pasiones en la época colonial acentúa las semejanzas entre los vicios privados y las virtudes públicas de aquel tiempo con los nuestros.
Delirio. Laura Restrepo (reseña)
¿Qué se le puede reprochar a Delirio?, realmente muy poco, nada relacionado con su estructura, que fragmenta las historias, quizá la suma de melodramas, el retrato somero de Pablo Escobar que calza con fuerza en el relato, sobre todo la ligereza con que se soluciona la historia, este quedarse en la superficie de la locura, un mero enunciar el delirio sin llevarlo a las consecuencias finales. De este libro prefiero recordar cómo fue que llegó a mis manos, ese recuerdo lo acaricio de vez en cuando, ilumina tardes tristes.
El ángel de Nicolás. Verónica Murguia (reseña)
Entre los libros que más disfruté este año, si bien ya conocía las novelas de esta autora, su labor como cuentista fue toda una revelación, El ángel de Nicolás tiene el encanto de las historias ya escuchadas, esas que no se cansa una de volver a oír, es un libro que devuelve el entusiasmo al lector que vive un escenario abigarrado por la prosa fácil, por la narrativa que le apuesta al autor que escribe grabadora en mano y presa de los libros “maruchan”, esas sopas literarias que se cocinan al vapor para satisfacer las necesidades del mercado. En El ángel de Nicolás se unen la aurora y el poniente, tiene siglos, armas y el mar que une y separa.
Ensayo sobre la lucidez. José Saramago (reseña)
Hay cosas que uno se promete en la vida, por ejemplo, no leer más las declaraciones ramplonas de algunos buenos escritores, por eso cuando los ojos descubren “dice Saramago que…” inmediatamente cambio de página, el discurso radical chic del portugués no despierta más que bostezos y, de vez en cuando, el cabeceo con que suelo bostezar ante el “este puño sí se ve”. Este libro era la reconciliación o el divorcio, a su favor varios tomos: Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres y los cuentos de Casi un objeto, en su contra La caverna y la desigual El hombre duplicado. Después del Ensayo sobre la lucidez, sigo sin leer sus entrevistas, disfrutándolo como novelista. Ningún hombre es una isla, obliga a reflexionar la liga entre el destino colectivo y la toma de decisión individual, ningún hombre es una isla y lo que haga, por mínimo que sea, afectará a los otros. En Ensayo sobre la lucidez el lector encontrará al mejor Saramago, el autor que se atreve a ser un moralista imaginativo, uno que sin dejar de poner el dedo en la llaga, augura un destino mejor si la sociedad civil se organiza; un libro que vale la pena leer porque la capacidad fabuladora de Saramago invita a la reflexión.
Los patriotas. Julio Scherer/Carlos Monsiváis (reseña)
Los patriotas, de Tlatelolco a la guerra sucia, es un libro para estremecerse, ahí están las voces, los documentos, las cartas que a pesar del lenguaje burocrático no ocultan la represión brutal, es también un libro que ayuda a no olvidar; como señala Monsiváis en su ensayo: “No se preserva el orden potenciando la impunidad, no se construye una sociedad mutilando la memoria histórica, no se trascienden los crímenes del pasado remitiendo al olvido los nombres y las trayectorias de los criminales, aún pendientes de la sentencia justa”.
Cosmopolis. Don DeLillo (reseña)
¿Qué busca un hombre que ya lo tiene todo? El autor norteamericano Don DeLillo traza el itinerario de esa búsqueda a través del personaje Eric Michael Packer, joven multimillonario, quien durante un día de abril en Manhattan, sale a la calle tras un largo insomnio, con la necesidad apremiante de cortarse el pelo y, además, cargando a cuestas la certeza de que al morir no sólo será su fin, sino el del mundo. Encontrarme a DeLillo en la librería de Casa Terán fue una tarde de reconciliación con esta ciudad.
Siete pecados capitales. Milorad Pavic
Tras la lectura del Diccionario Jazaro, no había vuelto a saber nada de este autor, hasta que Alberto Buzali me acercó a este libro de cuentos de Pavic. También colocaría entre los primeros puestos esta lectura, considero que los serbios, al menos Pavic y Petrovic, muestran que la experimentación no está reñida con un texto cálido, con el humor, con la posibilidad de contar historias. Con Siete pecados capitales renové mis ganas lectoras. Todavía hoy no me he encontrado suficientemente lúcido para escribir la recomendación de este libro, que sé merece unas líneas más inteligentes que estas que se me ocurren.
Atlas descrito por el cielo. Goran Petrovic (reseña)
Mientras que con este libro de Petrovic me reconcilié conmigo mismo, hace mucho que no leía una novela que me sorprendiera tanto, en estricto sentido, Atlas descrito por el cielo es la novela sobre los motivos de la mudanza de ocho personajes (Sasha, Bógomil, Andrei, Herrero, Tatiana, Drágor, Esther y Lusilda). Inicia con la decisión de de cambiar el techo de la casa, deshacerse de la teja roja que iguala el edificio a otros y cambiarlo por uno azul. Tras la modificación, comienzan a ser acosados por la autoridad, al final reciben una carta en la que se les informa que deben abandonar el hogar pues en ese terreno se construirá un magnífico centro de negocios, por lo que se les ha designado un departamento en la ciudad. La historia finaliza con los preparativos de los personajes para huir. Pero describir la trama no dice nada de la inmensa inteligencia e imaginación con que el lector va desmenuzando la historia. Es un libro de esos que difícilmente se puede dejar de recomendar. Sé que gracias a mi entusiasmo por este autor Rocío y Luis se han acercado a él, sé que lo han disfrutado, ahora me siento parte de una cofradía, esa es otra de las cosas que le debo a este título, uno de esos a los que cualquier elogio le queda corto.
El cortejo nupcial helado en la nieve. Ismail Kadaré
A Kadaré le vengo siguiendo la pista desde El palacio de los sueños y siempre me deslumbra, veo en su escritura una intención y compromiso con la memoria sumamente atractivo. Albanés exiliado en Francia, Kadaré es un escritor de los que difícilmente se puede encasillar sin caer en el simplismo, lo más sencillo es decir que hay una influencia evidentemente kafkiana, pero describirlo así implica reducir el tratamiento magistral que este escritor hace de los conflictos entre el individuo y el poder. Líneas arriba escribí lo que me provoca el discurso arcaico de Saramago, quizá es porque considero que el verdadero compromiso del autor se demuestra con libros como los que escribe Kadaré, no con arengas revolucionarias desde el penthouse.
Obra poética II, Tomo 12 de Obras completas. Octavio Paz (reseña)
Al fin, las obras completas de Paz están ya completas, sé, creo, que la obra poética de un autor nunca se cierra, no se puede dar por clausurada, siempre habrá por ahí la posibilidad de un texto que le pueda dar otro sentido al conjunto, sin embargo, a mi fascinación por la poesía de Paz le hacía falta este tomo “definitivo”, el tomo 12 establece lo que Paz decidió que conformara su obra poética, las páginas definitivas de su diario, como el poeta indica en el prólogo al tomo 11: “La poesía puede verse como un diario que cuenta o revive ciertos momentos. Sólo que es un diario impersonal: esos momentos han sido transfigurados por la memoria creadora. Ya no son nuestros sino del lector. Resurrecciones momentáneas pues dependen de la simpatía y de la imaginación de los otros”
Me parece que es la ocasión perfecta para que quienes desdeñan al mejor poeta mexicano se acerquen a una de las poéticas más deslumbrantes, ya sea por su variedad temática o su capacidad de experimentar.
Antología de lo indecible. Guillermo Vega Zaragoza (reseña)
Lo escribí y lo sostengo: cada uno de los catorce textos que componen la Antología de lo indecible son un intento del narrador por no permitir el silencio, de revisar la experiencia y ofrecerla al lector desde una perspectiva donde lo que se da no puede ser tomado con neutralidad, sino que obliga a asumir una posición, ya sea por la repulsión o el identificarse con los personajes o la situación, en muchas de las ocasiones reaccionar al texto a partir del sentido del humor, humor negro, desesperado, del humor empleado cono último recurso del vencido. Fue un encuentro muy afortunado. Creo que de Memo Vega todavía nos falta leer lo mejor, ya vendrá.
Letras sobre Aguascalientes. Antonio Acevedo Escobedo (reseña)
La invitación a presentar este tomo en la Feria del Libro de Aguascalientes me acercó a la posibilidad de conocer desde otra perspectiva el lugar en el que vivo, fue enriquecedor leer bajo presión y con el propósito de decir algo acerca del libro. En El agua y los sueños, Gaston Bachelard señala: Lo que amamos por encima de todo en el hombre es lo que de él puede escribirse. Lo que no puede ser escrito, ¿merece ser vivido?; en la recopilación Letras sobre Aguascalientes de Antonio Acevedo Escobedo el lector se enfrenta a la forma en que otros amaron sta tierra, una pasión así merece ser leída.
Secreciones, excreciones y desatinos. Rubem Fonseca y Pequeñas criaturas. Rubem Fonseca (reseña)
Uf, Fonseca, uno de esos autores que no decepcionan, que soportar y exigen la relectura, ya no recuerdo cuántas veces he vuelto a su novela Grandes emociones y pensamientos imperfectos, siempre ha valido la pena. Como cuentista no deja de atraerme su capacidad de observación, si decidida incorrección, los ambientes que describe. Sus amorosas historias de personajes sórdidos (en el sentido que implican han perdido toda su pureza) cuentan además con una característica que los hace apetecibles para el lector, que impide soltar el libro una vez iniciada la lectura: un ácido sentido del humor, incluso en la más extrema de las situaciones, Rubem Fonseca logra insertar una nota humorística (generalmente negra), ya sea a través de una observación hecha por el personaje para burlarse de sí mismo o bien de una referencia cultísima que permite al relato expresar el aspecto más ridículo de la condición del mundo contemporáneo.
Memorias de mis putas tristes. Gabriel García Márquez (reseña)
¿Escapar del libro más reciente del nobel colombiano?, imposible. Salí satisfecho del encuentro, comprendí, sobre todo, que quien busque en esta novela al García Márquez de Cien años de soledad, no lo va a encontrar, con todo lo simple de la frase me atrevo a escribir: lo que va a encontrar en esta novela es al García Márquez de Memorias de mis putas tristes, es decir, a un autor en pleno dominio de sus trucos literarios, el de las frases deslumbrantes, el de las referencias evocadoras, uno que se concentra en el tránsito de un solo personaje, que hace girar el mundo en torno a los cambios que sufre el anciano cuando a un ritmo lento, pausado, se van disolviendo los obstáculos que impedían al anciano sentir el amor.
Una novelita lumpen. Roberto Bolaño Una historia sencillísima en 16 capítulos, la de una mujer que al perder a sus padres tiene que encontrar la forma de sobrevivir en Roma. La escritura de Bolaño es punzante, el pesimismo de sus personajes simples que transforman la necesidad en sueño o, mejor dicho, que encuentran que sólo a través del sueño se construye la realidad. Este fue el último libro publicado, en vida, por el escritor chileno y forma parte de la colección Año Cero, una propuesta en que Random House pidió a varios escritores a elaborar relatos a parir de ciudades como Moscú, Beijing, El Cairo, México y Nueva York, Roma le correspondió como pretexto escénico a Bolaño.
Ochenta y seis cuentos. Quim Monzo
Ya no recuerdo cómo es que llegué a este autor, si fue una de esas premoniciones que en la librería alumbran la mano y hacen tomar el libro, o bien la lectura de algún comentario; apuesto por la primera, ya que hace mucho que no leo sobre este estupendo cuentista catalán y me siguen pareciendo atractivos tanto el título como la ilustración de la portada de El porqué de las cosas. Ochenta y seis cuentos, publicado por Anagrama es una buena forma de acercarse ya que recopila varios tomos de cuentos, todos ellos con piezas magistrales, de una escritura delirante, de fantasía desbordada, especialmente brillantes sus revisiones de cuentos infantiles, y no menos buenos sus cuentos sobre el desamor, hay que leerlo, tiene un sentido del humor fantástico.
Sobre la historia natural de la destrucción. W. S. Sebald
A Sebald sí recuerdo cómo llegue, buscando información sobre Ian McEwan una liga me llevó a una reseña del periódico La Crónica, en el suplemento cultural destacaban Austerlitz de este autor, la crítica hablaba tan bien de este autor que estuve buscando este volumen, que todavía no leo, pero a mis manos llegó este título, bajo el cual agrupa el autor una serie de conferencias acerca de historia y desmemoria, sobre la voluntad del pueblo alemán de olvidar, una especie de revisión a la visión de los vencidos. El libro abre con la descripción de los efectos del bormbardeo de las fuerzas aliadas a las ciudades alemanas e intenta encontrar las razones por las cuales se ha borrado de la memoria histórica ese hecho.
Glamourama. Bret Easton Ellis
Este autor es de los pocos que ha logrado que deje a un lado el libro para tomar aire, su American Psycho lo consiguió, con esa experiencia y la sorpresa de encontrar Glamourama en un estante del supermercado, a un precio inverosímil, fueron motivos suficientes para emprender la lectura... Sin embargo, me costó mucho trabajo finalizarla, la trama no despertó emoción alguna, las descripciones que en American Psycho eran fabulosas en este tomo me parecieron excesivas, como con la intención de agregar páginas a una trama bastante boba, sin duda alguna este autor sabe contar, pero me parece que este intento de retrato del mundo de la moda y la crítica al modelo consumista de la alta sociedad no logran cohesionar en una novela. Otra vez será.
Nana. Chuck Palahniuk
El simple hecho de ser el autor de la novela en que se basó El Club de la Pelea, bastaba para acercarse a este novelista. La narración navega de la costa de la realidad a la fantasía con suma facilidad: existe un libro que contiene una canción de cuna que una vez cantada hace morir a los niños. Siguiendo el esquema de una novela policiaca Palahniuk presenta una serie de personajes frenéticos que se involucran en una búsqueda de todos los ejemplares del "libro asesino". Lamentablemente leí este libro en una pésima traducción, si te es posible, lector, sobreponerte a ello, es un libro que se disfruta.
El despertar de México. Julia Preston/Samuel Dillon
La tradición del reportaje de fondo que mantienen algunos periodistas de Estados Unidos y la posibilidad de acercarse a una revisión de la historia de México desde la perspectiva de una mirada extranjera, hacen de este libro una lectura indispensable para el entender la historia reciente de este país, si bien en algunos temas como los sucesos del 68 se queda en la superficie, no se le puede exigir más a un tomo que relata algunos de los hechos más relevantes de la tragicomedia política nacional. Tan sólo el capítulo dedicado al hermano incómodo, grandeza y caída de Raúl Salinas de Gortari, valdría lo que se pagara por el libro.
Vida con mi viuda. José Agustín
En mi historia personal como lector, la publicación de un libro de Agustín es un acontecimiento por sí mismo. Además, tras la publicación de Cerca del fuego este autor no había sacado al mercado otra novela. José Agustín, creo, tiene que combatir contra sus propios fans, quienes lo encasillamos en un autor que escribe sobre jóvenes y rock, es casi imposible que no se le exija seguir siendo el representante de la contracultura literaria. A veces, esos prejuicios impiden notar el crecimiento, la madurez, que como narrador ha alcanzado este escritor, decidido a hacer de la escritura una experiencia lúdica y erótica. En Vida con mi viuda lo consigue, hay pasajes y descripciones que me arrancaron carcajadas, además, me resulta imposible no admirar la voluntad de escribir sin solemnidad, esta apuesta por el sentido del humor.
Dictamen sobre Dios. José Antonio Marina
Los maestros que más se disfrutan, que mejor se recuerdan (al menos yo) son aquellos que te enseñan a preguntar, creo que Marina es ese tipo de ensayista, su teoría de la inteligencia creadora sigue alimentando mi esperanza en la posibilidad de un mundo más inteligente. Este filósofo se empeña en hacer ameno el recorrido por el tema que aborda, ya sea la ética, los derechos humanos o el papel de los sentimientos, además de que sus investigaciones están llenas de citas literarias, más que ejemplos, invitaciones a acercarse a otros textos, el que se deciciera a investigar sobre la naturaleza de "Dios" era una invitación que no podía rechazar. Un ensayo para leer con el lápiz y el cuaderno de notas a la mano.
La noche del oráculo. Paul Auster
De Auster me impresiona la decidida voluntad de contar, y de contar elaborando el entramado sutil con que enreda el azar cada uno de nuestros actos. A veces he escuchado que es un escritor para escritores, no sé muy bien qué se quiera decir con eso, quizá se refiera a que en cada texto de este autor es posible hallar múltiples referencias literarias, hipertextualidad que le dicen, lo que sí sé es que ha encontrado una fórmula sumamente efectiva para contar y siempre da en el blanco (bueno, a excepción de Tumbuctú, que me parece su novela más floja), a cada libro de Auster uno como lector se plantea si eso que llamamos azar no es la regla con que se rige la vida.
Y aquí acaba mi año en libros, de nuevo, no sé si son muchos, no me importa si son pocos, sé que lo más importante es el placer con que me acerqué a cada uno de estos títulos.