octubre 31, 2004

Agua para Narciso

¿Donde estan mis ligas? es un servicio de Who Links to me? para quien desee saber quién ha colocado enlaces a tu bitácora.
El procedimiento es sencillo, basta copiar el un código html, ya sea en un post (como en este caso) o en cualquier parte del blog y listo.
Me enteré de este servicio gracias a un
post en La pecera del Tiburón, bitácora que vale la pena visitar, muy bueno también el listado de blogs referenciados ahí incluido.


Banda sonora

En el soundtrack diario resuena desde hace horas una rola de Los amantes de Lola. Grupo que tiene cabida en la discoteca por su sentido del humor, todavía hoy, más de una década después, Don Juan, Mamá o Valiums a tu tía me hacen esbozar una sonrisa.
en YouSendIt
Será que es cumpleaños de la tía. ¡Felicidades!
Será que últimamente he visitado con demasiada frecuencia al joven que escuchaba estas canciones, uno que en aquel entonces escribía en un cuaderno profesional de pasta dura, gris, de cuadrícula chica. Será que a veces, sólo a veces, siento que no lo he traicionado del todo.


WIlde lo sabía, cuida lo que deseas porque se te puede cumplir. Santa Teresa lo advirtió también: "Más lágrimas se han derramado por las plegarias atendidas que por las no cumplidas". Supongo que en algunos casos la culpa será de la pasión.

La pasión es instantánea, no dura, es lo alto de la llama, es fugaz, ciega y abrasadora.

La pasión no es el amor que permanece, es la novedad.

No Flaubert, sus cartas no pueden titularse La pasión de escribir, mienten, sus cartas son la constancia, la preocupación cotidiana que alimenta la disciplina, las horas robadas a toda actividad para escribir.

La pasión no se puede controlar, no cumple un objetivo, llega y lo abraza, lo destruye al tenerlo, se cumple, como sentencia.

La pasión y el deseo, que no son lo mismo, pero se caracterizan por el mismo ánimo destructivo, we want the world and we want it now... Sí, ¿para qué? No importa, no se ha detenido a pensar.

El deseo es la máscara que la pasión se pone para ocultar su voracidad.

octubre 30, 2004

Leáse a ritmo de banda:

¿Y cómo quieres que te lea, si tú nunca me has leído?


o

¿Y cómo quieres que te enlace, si tú nunca me has linkeado?

Soy un perfecto desconocido y me resulta difícil destacar en la extensa oferta de la comunidad bloguera, pero ya no sufro, ya leí los 12 pasos para ganar un link en tanteos: bagatelas mutantes, un post que es un must para quienes abren su bitácora y desean ser leídos...

Divertidos los 12 pasos.

octubre 29, 2004

Un comercial pregunta en la televisión, ¿qué haría usted por un millón de dólares? La pregunta no me mueve en absoluto, vamos, que apenas y me hace recordar la figura de Demi Moore en aquel brodrio del que afortunadamente ya estoy olvidando el nombre...
¿Qué haría usted por una enciclopedia en CD de Enciclonet? La pregunta tampoco me mueve en absoluto, mas no deja de sorprenderme la iniciativa de algunos sitios por realizar concursos de blogs, ahí está la de Ya.com, en el que la bitácora más votada se gana el cd mencionado.
¿Concursos de bitácoras? Será que a últimas fechas tengo una aberración especial por las competencias inútiles. ¿Qué signfica ser la bitácora más votada?, no necesariamente la más leída, tampoco la más citada, mucho menos la que tiene el mayor número de visitantes, además, el único criterio es que tus lectores (es un decir, en verdad yo leo: amigos) envíen la dirección de tu bitácora para ir ascendiendo en el palo encebado de la lista.
Soy un lector fanático de blogs, lo que enlisto acá a la derecha lo leo, no creo en el enlace por el enlace mismo, tampoco en socializar a través del tag board, no me veo votando por alguna de las bitácoras que leo, ¿con qué criterio puedo elegir entre X y Z?
Al igual me pasa con el top 500 de
Bitacoras.com, si bien dice que es sólo una lista y no intenta "fomentar la competitividad entre los webloggers" (¿competitividad?, ¿algo así como el "empoderamiento?), lo cierto es que lo único que fomenta es la caza del link. ¿Qué querrá decir ser el blog N° 258 o el 25 o el 1008 de esa lista?


Me gusta escribir en esta bitácora, se ha vuelto adictivo, tanto o más que la lectura de otros cuadernos, la simple idea de la competencia me aburre, creo que va en contra del espíritu de elaborar un blog (¿espíritu?, bueno, ya es tarde).

No me imagino a lo blogueros que leo cruzando mensajes que digan "regálame un link", "vota por mi"...

Al final lo único que queda es el derecho a negarse.

octubre 28, 2004

Banda sonora

Cumbiera intelectual. Hace mucho que no escuchaba algo tan divertido, de esas pistas que apenas lo comienzas a escuchar te atrapan e inmediatamente la quieres compartir:

...cuando le dije si quería bailar conmigo
se puso a hablar de Jung, de Freud y Lacan
mi idiosincrasia le causaba mucha gracia
me dijo al girar la cumbiera intelectual


¡Y los coros!:

Jung, Freud, Simone de Beauvoir, Goethe, Beckett, Cosmos, Gershwin, Kurt Weil, Gugghenheim...

Enumeración de vacas sagradas, de alta kultura, mientras Kevin Johansen canta: Yo no quiero que piense tanto, cumbiera intelectual.

Cumbiera intelectual en YouSendIt

Se lo debo a Adriana Sing, que ya se ganó el cielo con este track.

octubre 27, 2004

Mirar al cielo


Eclipse total de luna
Esta noche valdrá la pena mirar al cielo



• A las 22 horas 04 minutos se podrá observar el Eclipse en su fase máxima

• El siguiente eclipse de este tipo será en el 2008, el 21 de febrero.

• Será visible en el centro y occidente de México, los Estados Unidos y Canadá, Centro y Sudamérica, el Océano Atlántico, Groelandia, así como el occidente de África y Europa.

• Tendrá una duración total de 5 horas y 57 minutos. El tiempo en el que la Luna cruzará por la sombra de la Tierra, al interponerse ésta entre el Sol y la Luna, será de 1 hora, 21 minutos y 18 segundos, la fase de eclipse total.

• El inicio de la fase total del eclipse será a las 21 horas 23 minutos; el máximo se dará a las 22 horas 04 minutos y terminará en su fase total a las 22 horas 44 minutos, iniciando de nuevo la fase parcial. El final del eclipse ocurrirá a las 01 horas 02 minutos de la madrugada del jueves 28 de octubre.

• Se podrá observar a simple vista, con binoculares, telescopios, cámaras de video o fotográficas, no representa ningún peligro para el ojo humano

octubre 26, 2004

La patria del auténtico escritor es la lengua
Joseph Roth

octubre 25, 2004

En otras partes

Pasión por Aguascalientes

I
Italo Calvino escribió “Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos”, la antología Letras sobre Aguascalientes de Antonio Acevedo Escobedo es una llave de entrada para acceder a ese intercambio, un mapa que oriundos, avecindados y visitantes podrían consultar para que esta ciudad les cuente sus secretos.

En este volumen está la mercancía que el viajero puede intercambiar, suma de recuerdos y deseos, de las razones del amor que en muchos ha despertado esta ciudad.

Es un álbum fotográfico que invita al recorrido, visitar la Plaza de Toros, el Barrio de Triana, los talleres generales de reparación del ferrocarril, el templo de San Diego, el Jardín de la Paz; a pasear por sus costumbres, la Feria de San Marcos, las peleas de gallos, la botica de San Pablo, El colegio de Don Celso, las barberías donde uno se enteraba de todos los sucesos; convocatoria al festejo de sus tradiciones, la romería de la Virgen de la Asunción, la del Señor del Encino y la fiesta de la Candelaria.

II
A más de 40 años de su primera publicación (1963) Letras sobre Aguascalientes mantiene su vigor, es lógico, es el resultado de una pasión, y la pasión no suele fijarse límites, es desordenada, abrasadora, ciega incluso, se lanza sobre el objeto del deseo con el afán único de conseguir su propósito.

En las casi 500 páginas de esta antología, la pasión de Antonio Acevedo reunió los textos de más de 40 autores (Pedro de Alba, Antonio Castro Leal, Salvador Gallardo Dávalos, Celestino Gorostiza, Martín Luis Guzmán, Ramón López Velarde, Mauricio Magdaleno, Mario Mora Barba, Alejandro Topete del Valle y Agustín Yañez, entre muchos otros), sin hacer distinción alguna por el género literario, en este libro se incluye, como en las vitrinas de un tendajón mixto, de todo un poco: la letra y música del Himno de Aguascalientes, estampas sobre personajes de la ciudad, crónicas como la del incendio de un polvorín insurgente ocurrido en diciembre de 1810, artículos, reseñas, ensayos, poemas, leyendas, todos con un solo referente.

Además, se incluye una selección de imágenes que auxilia al viajero en su andar por esta ciudad, una que permite a la mirada demorarse en las panorámicas de un Aguascalientes que no sabía de vueltas inglesas, pasos a desnivel o anillos de circunvalación, una con un ritmo y tránsito distintos, de pasos serenos, sosegados, esos que sí tenían tiempo para una conversación.

Mencioné que este libro es un mapa, también un álbum fotográfico, con la característica de que nada en el es inmóvil, cada uno de los recuerdos aquí incluidos cuentan con una voz que los distingue, el libro de Antonio Acevedo tiene todas las características de una plática entre amigos, hay incluso algunos textos de tono confidencial, ese que se emplea a la hora de contar la intimidad, sobre todo aquellos donde el autor intenta el homenaje al ciudadano común, como la viñeta donde se menciona a Chicha Gómez, “niña morena, coquetona y agraciada, que nunca dejaba de tener siete u ocho novios y con todos loqueaba”.

III
Si bien este libro resulta invaluable para el historiador, la selección aquí incluida no excluye a quien busca gastar su tiempo de ocio en una lectura sin mayor propósito que el placer, ya que no hay imposición en el orden que aparecen los textos; insisto en la pasión de Antonio Acevedo al recopilar este volumen, devoción a la que no importa la califiquen de “farragosa” o “desigual”, la invitación es, como se indica en el prologo, a un “conocimiento entrañable, familiar, de las virtudes y defectos que en otras épocas le impartieron un sello distintivo” a Aguascalientes.

Esta serie de impresiones son un digno compañero de viaje o de alcoba, uno que se puede tomar por cualquier parte y retomar la conversación, con la posibilidad de sorprenderse o maravillarse ante las noticias de una ciudad que todavía puede ser nuestra a partir de la evocación.

Como habitante de Aguascalientes, el lector se encontrará con más de un nombre o situación conocida, así que le espera el placer del reencuentro, mientras que al visitante este libro le ofrece el tono amable de quien brinda su hospitalidad. Cualquiera que sea la circunstancia de quien se acerque a esta antología, se le asegura un viaje placentero.

IV
Por último, en El agua y los sueños, Gaston Bachelard señala: Lo que amamos por encima de todo en el hombre es lo que de él puede escribirse. Lo que no puede ser escrito, ¿merece ser vivido?; en la recopilación Letras sobre Aguascalientes de Antonio Acevedo Escobedo el lector se enfrenta a la forma en que otros amaron esta tierra, una pasión así merece ser leída.

octubre 23, 2004

En otras partes

Presentación del libro
Letras sobre Aguascalientes
de Antonio Acevedo Escobedo
Segundo patio de la Casa de la Cultura de Aguascalientes
Domingo 24 de octubre, 19:00 horas

octubre 21, 2004

En letras de otros

El tema de la nota de aquel día, cómo no, eran mis noventa años. Nunca he pensado en la edad como en una gotera en el techo que le indica a uno la cantidad de vida que le va quedando. De muy niño oí decir que cuando una persona muere los piojos que incuban en la pelambre escapan pa­voridos por las almohadas para vergüenza de la fa­milia. Esto me escarmentó de tal suerte, que me dejé tusar a coco para ir a la escuela, y las escasas hebras que me quedan me las lavo todavía con el jabón del perro agradecido. Quiere decir, me digo ahora, que de muy niño tuve mejor formado el sentido del pudor social que el de la muerte.
Desde hacía meses había previsto que mi nota de aniversario no fuera el sólito lamento por los años idos, sino todo lo contrario: una glorificación de la vejez. Empecé por preguntarme cuándo to­mé conciencia de ser viejo y creo que fue muy poco antes de aquel día. A los cuarenta y dos años había acudido al médico con un dolor de espaldas que me estorbaba para respirar. Él no le dio impor­tancia: Es un dolor natural a su edad, me dijo.
-En ese caso –le dije yo-, lo que no es natural es mi edad.
Gabriel García Márquez. Memorias de mis putas tristes.

octubre 20, 2004

Tigre


Acaricié al Tigre, justo después de encontrar en mi lengua los puñales con que herí tu mirada sin explicaciones, tus manos sin argumentos; demasiado tarde ya, sangrabas en medio de la cama, tus piernas fallecidas a cualquier invitación.

Lo acaricié desde un dedo solo, con la delicadeza con que se bordea una copa, una mirada naciendo en la yema: cicatriz fresca sobre la que aún arde la sal de tus melancolías. La caricia fue a un viejo conocido que encuentras al cruzar la esquina y saludas con los hombros cargados de nostalgias improbables, con los labios llenos de las disculpas por el fracaso que fechamos en la hora exacta de la adolescencia.


Acaricié al Tigre con la intención de ser devorado, como si sólo así fuera posible girar a la izquierda el minutero, con la intención de volver invisible a la cama y no dejar marca en tus sábanas.

Acaricié al Tigre y hasta ese momento descubrí cuál era mi lengua, las palabras necesarias para emprender el camino de regreso.

Ya el Tigre duerme entre nosotros, es quien susurra esta forma en que busco acomodarme en tu dormir.


Hay días que el Tigre anochece pleno de dudas, en que la luz de sus certezas cambia, hace rebotar la luna de forma tal que su sombra se vuelve un signo de interrogación. Entonces el Tigre se cuestiona sobre su oficio, sobre el sentido de su andar, acerca de sus características. Cada deslizarse es una pregunta. Va el Tigre, rondando el agitar de su cola, buscando en sí mismo las palabras que lo definan, que lo defiendan ante la necesidad de nombrarse.

Sabe el Tigre su condición de tigre, se la dicta la violencia plaga con que acecha a su presa, la velocidad colérica de su ataque, el trazo furibundo de su figura en el salto y la mezcla rabiosa de colores en su rostro, los alcances de su mirada látigo; ¿qué otra condición merece su melancolía que ese nombre?, ¿qué esa espera en que el tiempo se conjuga súbito?, ¿cuál que no sea la facultad de contenerse en el silencio?


Descubre el Tigre su condición de tigre al reconocer que de nada vale mirarse a menos que sea como reflejo, que entiende su condición a partir del descubrirse preso de una mirada, llamado por un adjetivo, vuelto sustantivo en los labios del otro.

Sigue el Tigre persiguiendo su sombra en busca de respuestas, con una tristeza digna de versos endecasílabos.

Amanece y el Tigre cambia el signo de interrogación por el sueño.

En el sueño, el Tigre se mira a sí mismo. Al despertar saborea los placeres del silencio.


Hay noches que el Tigre anochece con un estruendo de violines, su cuerpo ronda el pentagrama con violencia de bandoneón y nada detiene la música que busca. Esas noches de fiesta, enciende la mirada fascinado por su naturaleza musical, son propicias para el encuentro con el otro. Entonces el Tigre acecha a su presa con palabras ajenas pero efectivas, recita sus ansias en canon:

Fugado de sí, en perpetuo movimiento, el Tigre caza los sentidos del otro, en busca del momento oportuno para desatar la repetición sucesiva de voces que ha hecho suyas.

El Tigre se repite, ajeno de sí, lleno de otros tigres, cada voz golpea sucesivo el punto exacto en que el pecho se abre, se torna jilguero, a veces lechuza, otras simple canto. El Tigre se repite, pleno de sí, justifica la ruptura del silencio con ese canto que no es felino y, sin embargo, es tan suyo.


Suceden así las noches del Tigre, cantando sin motivo, con objeto; hasta que lo alcanza el alba y, en ese instante en que las sombras son posibilidad, se lanza a su presa para dejarse ganar, en un juego propiciado por su paso: se finge ingenuo, camina a la trampa sabiendo que así no se pierde. El primer paso siempre es decisivo, con él define la certeza de ser atrapado, su huella es aceptar las reglas que lo permitan víctima.


Cuando el Tigre llega, el espacio se torna pleno de contradicciones, todo lo envuelve su lengua llama, es él en sí mismo: incendio, la lucha desatada de todos los verbos.

El verbo del Tigre es todos los verbos en imposible simultaneidad, uno contra todos, todos contra uno, todo en el Tigre.

La aparición del Tigre desata un tiempo distinto: se detienen los calendarios y las hojas del reloj cristalizan su fuga, ¿qué otro tiempo podría aceptar su estancia?, ¿cuál que no fuera este entierro del mismo tiempo?


Bajo la manifestación súbita del Tigre se tiende el cadáver del tiempo primero: columna evanescente en que expiran —apenas un instante, pues han de volver— los ritos cotidianos con que se despierta, los realizados para el amor, los elaborados para el descubrimiento y permanencia del otro; ahí quedan, abatidos, laxos, al acecho de la oportunidad para que, a través de las palabras, solo exista la posibilidad de un sentido.

Mientras tanto, pleno de sí, de sentidos, el Tigre es una y todas las palabras. Tigre que dice Tigre, Tigre que genera tigres. Creado por la palabra, en su palabra, para la palabra: el Tigre es una metáfora de sí mismo.


El movimiento del Tigre es puro ritmo, no hay melodía posible para el paso con que devora –su lengua de fuego– el sentido equívoco de las palabras, enterradas con el tiempo primero, el delirio gentil con que las devuelve a su estado original.

El ritmo del Tigre es el fluir de la llama –su lengua de fuego–, el círculo con que se prende de las palabras y las prende, las hace suyas, acechando en círculo, devorando en círculo.


El Tigre se mueve alto, despunta en sus líneas, hasta arrancar de raíz el abrojo de su sentido diario.

El Tigre se mueve grave, arrastra su mirada, hasta que las palabras florecen en multiplicidad de sentidos.

El ritmo del Tigre engendra la chispa. La llama del Tigre revela quien es. La llama del Tigre propone quienes somos.


En el incendio ya todo es Tigre; no hay posibilidad de distinguir entre la oscuridad de sus líneas y las cenizas de las viejas palabras; entre el tiempo primero, su alta llama donde se evanescen los sentidos, y las marcas cítricas que en su cuerpo fundan la multiplicidad. Entonces, la única posibilidad de enunciar ese fuego es como la mirada misma del Tigre:

El Tigre está reflejando otro Tigre, un espejo en que todo es destello original, movimiento simultáneo, donde la izquierda no es la derecha y la izquierda es siempre un desplazarse hacia ese lado; donde esa imagen explica al otro Tigre.


El andar del Tigre, su reflejo, es el mismo Tigre, es ahí, en el origen de ese nuevo orden donde los contrarios se funden, donde el Tigre es él mismo y aquel otro.

En la fusión de las miradas el Tigre encuentra la explicación a sí mismo, encuentra sentido la metáfora en la construcción del otro. La aparición del Tigre es el incendio.

Después... después una brevísima ruptura: los engranes del tiempo inician el regreso a un nuevo caos. En esa brecha instantánea, el Tigre es todos los tigres; encuentro con la palabra inicial.


He vuelto del Tigre, de la caricia con que desperté su memoria; llevo en las manos la prueba de haber estado ahí: un incendio en las palmas semejante al que deja en mi lengua recorrer tu espalda.


Fui al Tigre para hallar las palabras con que se inicia el camino de regreso, con la imagen preconcebida de que todo tiempo es circular, que a cada hombre corresponde un periplo, que siempre hay un sendero que devuelve a la orilla de río desde donde se inicia el primer salto.

Hallé del regreso que el viaje es todos los fuegos, un solo incendio en que la ausencia de palabras se torna la única certeza.


En el incendio fui encuentro, brillamos en la llama viva de su andar musical; en el incendio descubrí que para la búsqueda no hay camino, sólo estancia. Tus muslos en fuego eran una señal que hasta entonces lamí, como caricia a una sombra.


De vuelta, me deslizo a tu mirada, en el encuentro deslumbra la imagen en que me tienes, el silencio en que envuelves este regreso de todas partes.

Ya en tus labios florece pleno el instante en que se resuelve la lucha de todos los verbos; me acaricias.

¿He vuelto del Tigre?

octubre 19, 2004

Banda sonora


Era otra vida, quizá el mismo destino, cuando escuché por primera vez esta canción.
Era otro el grupo, otro el ritmo, otra las razones para escucharla, más relacionadas con la fiesta, con el atreverse a levantarse de la silla, dejar el vaso a un lado, extender la mano e invitar a bailar.
Era un verano en que mi primo se empeñaba en las clases particulares de baile, en el regaño, en el movimiento de cabeza negativo ante mi incapacidad de seguir sus instrucciones, mientras del otro lado de la ventana una muchacha de mi edad se empeñaba en el ensayo de sus XV años.
Quizá esa fue la razón por la que el título de esta canción me dijo nada durante mucho tiempo.
Durante mucho tiempo Que nadie sepa mi sufrir era una de las tantas piezas que no se escuchaban, sólo el fondo para iniciar el ritual de sacrificio adolescente, cuando abandonando la vergüenza uno se animaba a preguntar: ¿Bailamos?
Mucho años después, frente a un batallón de hielos y ron, no podría explicar la extrañeza que me invadía al escuchar el disco La pistola y el corazón de Los Lobos, no era escucharlos cantar música mexicana, hacía poco que habían participado en el soundtrack de la película La Bamba, era otra cosa, era refrendarse en el descubrimiento de las múltiples posibilidades de la música, escuchar, realmente escuchar Que nadie sepa mi sufrir, hallar que era un vals:

No te asombres si te digo lo que fuiste:
una ingrata con mi pobre corazón
porque el fuego de tus lindos ojos negros
alumbraron el camino di otro amor

Y pensar que te adoraba ciegamente
que a tu lado como nunca me sentí
y por esas cosas raras de la vida
sin el beso de tu boca yo me ví

Amor de mis amores, alma mía qué
me'iciste
que no puedo consolarme, sin poderme contemplar
ya que pagaste mal mi cariño tan sincero
sólo conseguirá que no te nombre nunca más

Amor de mis amores, si dejastes de quererme
no hay cuidado que la gente de esto no se enterará
me gano con decir que tu amor cambió mi suerte
se burlarán de mí, que nadie sepa mi sufrir

Y pensar que te adoraba ciegamente
que a tu lado como nunca me sentí
y por esas cosas raras de la vida
sin el beso de tu boca yo me ví

Amor de mis amores, alma mía qué
me'iciste
que no puedo consolarme, sin poderme contemplar
ya que pagaste mal mi cariño tan sincero
se burlarán de mí, que nadie sepa mi sufrir


Un vals interpretado espléndidamente, una canción que decía otra cosa y no sólo: "párate y baila". Una pieza que se ha vuelto indispensable para la banda sonora familiar.

Que nadie sepa mi sufrir y La pistola y el corazón
Los Lobos
del disco La pistola y el corazón


Sigue el enlace y disfrútalo, disponible por breve tiempo en YouSendIt

octubre 18, 2004

Leer: recuperar la conversación [*]

Literatura para leer

Escribo: Estoy buscando al otro, tengo algo que decirle: Leo.

Escribir es iniciar el diálogo. La escritura es la taza de café frente a la que se disponen dos amigos para contarse, para encontrarse; es la señal íntima que dos se hacen cuando necesitan desaparecer para quedarse uno con el otro, la caricia en el lóbulo de la oreja que no requiere de palabras para iniciar el placer. La lectura es la respuesta del otro a esa invitación. Leo, estoy aceptando la mano tendida, el roce que incita. Escribir y leer, actos de correspondencia, una disposición a mirar y a ser mirado, a descubrirse.

¿Literatura para leer? No sé si exista una literatura elaborada para no ser leída en el sentido en que yo entiendo esas palabras. Intento acercarme al título de esta mesa por oposición: si leer es la mitad del diálogo, lo que no es para leer son los recetarios seudo filosóficos que pretenden encaminar el rumbo de una vida a través de encontrar un queso o transformarse en un guerrero de la luz, no son para leer porque no contienen ninguna invitación, funcionan como las órdenes militares, se oyen y se obedecen, no hay posibilidad de replica ante un tú estás mal, yo estoy bien.

Tampoco son para leer los pasquines donde se pregona la talla más reciente del sostén de la actriz de moda o se divulgan las preferencias sexuales del modelo que anuncia electrodomésticos, esos que en su portada gritan al lector que el cantante de moda ayer se casó, hoy salió con otra y mañana se divorcia; porque si bien es cierto que un buen chisme siempre adereza la plática, una conversación formulada únicamente a través de dimes y diretes siempre dejará insatisfechos a los comensales, al final del encuentro, del mantel sólo se pueden recoger las migajas de la maledicencia, sin haber degustado ningún platillo.

¿Para leer los semanarios de nota roja? Lo dudo, qué diálogo es posible con quien irrumpe en casa, las manos manchadas por la violencia, barboteando frases ofensivas y muestra fotografías sobre la absoluta soledad de los muertos o detalla los rasgos de un criminal; no, la mayoría de las veces se acude a esas lecturas para constatar que no fueron los nuestros las víctimas de alguna desgracia, o bien, alimentar en forma egoísta la certeza de no formar parte de los malvados. Para leer, entonces, las hojas rosas de la novelita amorosa, donde ellas tienen nombre de princesa a pesar de su origen plebeyo, las de los lugares comunes que exaltan una pasión artificial, enmarcada en la escenografía exótica de un país lejano, donde el mundo se divide en blanco y negro, ese sin matices donde siempre triunfa la decencia: la bonita bondadosa vence a la mala diabólica para quedarse con el guapo y millonario; ¿para leer?, no lo creo.

Como tampoco considero que la categoría para leer incluya los cuadernitos plenos en dibujos donde más que interpretar se pasean los ojos por historias inverosímiles, donde la lógica se vence a la velocidad del relato, ya sea policíaco o del viejo oeste, y al final no importa, porque cada dos o tres cuadros se ilustra la acción con el primer plano de una voluptuosa pero imposible mujer, que de existir sería un monstruo con cadera de 220, cintura avispada y busto como mesa de conferencistas.

Y sin embargo, ese tipo de literatura, las revistas de chismes, los manuales de autoayuda, los periódicos de nota roja, el libro vaquero y el sensacional de traileros, es el que más se vende.

Quizá es que entre tanto ruido, tanto alboroto, hemos olvidado escuchar. Canjeamos el arte de la conversación por la enajenación del entretenimiento.

La vida: ¿arte de solitarios?

¿Dónde encaja el acto de leer?, dónde, si todo indica que es un placer solitario, por ejemplo Harold Bloom, en su libro Cómo leer y por qué[①] menciona: “Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos según mi experiencia, es el más saludable desde un punto de vista espiritual. Hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo. La invención literaria es alteridad, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es imposible conocer a toda la gente que quisiéramos, sino porque la amistad es vulnerable y puede menguar o desaparecer, vencida por el espacio, el tiempo, la falta de comprensión y todas las aflicciones de la vida familiar y pasional.”

Sobre este relacionarse con la alteridad, Octavio Paz señaló en 1943
[②]: “El arte de escribir, como el arte de leer, son artes de solitarios, de seres que viven en soledad. A solas leemos y a solas escribimos. Y leemos y escribimos, cuando estamos solos, para romper esa soledad, para poblar esa soledad con un diálogo silencioso. Escribo para ese solitario que me lee. Y ese solitario que me lee, al hacerlo rompe su soledad y rompe esta soledad mía, esta soledad que ya lo presiente y en la que escribo algunas pocas cosas, sin gran substancia ni fundamento, no para asombrar a nadie, ni para instruir o aconsejar, sino para sentirme menos solo, para sentirlo a él en mi soledad.”

Leer es la disposición a escuchar y a ser escuchado, un aprendizaje de vida, de convivencia. Hay que dejar atrás esa imagen desgastada del lector como un ratón de biblioteca, como aquel que no sabe levantar la mirada del libro y se esconde en un cuarto, ese que rehuye compartir la vida que sucede afuera, al otro lado de la ventana, donde los atléticos y musculosos pasean su físico al sol, donde se divierten y forman parte de algo.

A pesar del mensaje con que los medios nos bombardean, en todas partes: el pasillo del autobús, el cartel de la esquina, a través de la radio o el rayo catódico de la televisión, no se vive la vida a través de comer tofu, amanecer con kilos de menos, cocinar pasta en una olla con agujeros, levantarse los senos, o hacer las donas más perfectas del mundo. La vida, creo, está en el arte de la conversación, es ahí donde entra la lectura, ya que si bien es un arte de solitarios, es en su ejercicio donde se cosechan las experiencias de una vida plena, donde nos hacemos humanos. La vida está a ambos lados de la ventana, es el diálogo lo que construye el puente que les da sentido.

Así ocurre en uno de los momentos culminantes de la película Blade Runner (Ridley Scott, 1982), cuando el replicante Roy le dice a un atónito Rick Deckard: “He visto cosas que la gente no creería. Naves de ataque en llamas más allá del hombro de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tanhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es tiempo de morir”.

La Puerta de Tanhäuser

Leer es dialogar, la posibilidad de cruzar sobre el hombre de Orión y vivir cosas que nadie creería.

Leer el descubrimiento de un punto en el espacio que contiene todos los puntos es compartir el hallazgo de Borges; leer la búsqueda de una mujer es vivir la certeza de que a pesar de todo encontraremos a la Maga; o bien sufrir el incendio de una biblioteca rodeado por la risa liberadora del sinólogo Kien; es cabalgar por tierras agrestes para llegar a la ciudad de Isidora y sentarse con los viejos ahí donde los deseos ya son recuerdos; descubrir que incluso nuestros actos mínimos han sido fotografiados para la posteridad por la invención de Morel; es el inexplicable abandono de Dios cuando nos revolcamos en la cenizas con Job; desafiar los presagios, descubrir con Hamlet que si ha de ser ahora, no será luego y lo que importa es estar preparado; urdir complots para probarse cual villano junto con Ricardo III; leer que alguien renuncia al amor para fundar una civilización es vivir (me atrevo a decir: en carne propia) la decisión de Eneas al abandonar a la desdichada Dido; igual que se vive el fuego con que aprietan las sogas las muñecas cuando nuestros compañeros de viaje, los amigos que se cuentan con una sola mano, nos han amarrado al mástil para no sucumbir al canto de las sirenas. Sorprenderse al leer a T.S. Eliot por que el tiempo presente y el tiempo pasado están, quizá, presentes en el tiempo futuro, y éste contenido en el tiempo pasado. Leer es elaborar nuestra Puerta de Tanhäuser

Leer es la posibilidad de abandonar las baladas melosas y los textos superficiales para lograr que otro nos preste sus palabras (que son de todos), para cantarle a la esposa con el Libro en la mano:
Tus dos pechos, como gemelos de gacela,
Que se apacientan entre lirios.
Hasta que apunte el día y huyan las sombra,
Me iré al monte de la mirra,
Y al collado del incienso.
Toda tú eres hermosa, amiga mía,
Y en ti no hay mancha.
descubrir que todos los libros son un solo libro, pues se puede pasar del Cantar de los Cantares a los versos de Piedra de Sol:
amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, se encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado

Salir del ruido y regresar a la conversación, invitar a leer, no como una imposición, no como un deber, abrir la puerta de la casa a los seres queridos, invitarlos a dialogar.

Tengo hermanos menores, jamás les he dicho que tienen que leer la Odisea porque a mí me gustó, tampoco que es su obligación leerla porque es un clásico, ni porque los hará mejores... Lo que sí he hecho, con una copa de ron entre nosotros, es conversar, compartirle la infinita tristeza que sentí en el Tártaro, sin la posibilidad de abrazar a mi madre muerta o la melancolía que a veces me despierta ya en Itaca, la culpa de haber renunciado a Circe. Me ganó la arrogancia -le conté uno de esos días a mi hermano- de no haber presumido mi nombre al cíclope, hace veinte años que hubiera llegado a casa.

Esto es una profesión de fe, la literatura para leer es la búsqueda por recuperar la conversación.

Escribo: Estoy buscando al otro, tengo algo que decirle: Léeme.


[①] Bloom, Harold. Cómo leer y por qué. Editorial Anagrama, Colección Argumentos. Barcelona, 2000, p. 13
[②] Paz, Octavio. Miscelánea I. Primeros escritos. Obras completas, Tomo 13. Fondo de Cultura Económica, México, 1999, “Divagaciones en torno al lector”, p. 351.
[*] Texto leído en el Museo de Arte Contemporáneo N° 8. Mesa foro Literatura para leer.
Aguascalientes, octubre 2004


octubre 15, 2004

En letras de otros


Hermandad

Homenaje a Claudio Ptolomeo

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea

octubre 14, 2004

En otras partes

Museo de Arte Contemporáneo N° 8

Literatura para leer
Mesa foro

Jueves 14 de octubre a las 20:30 hrs.


Claudia García Parada, Leticia Figueroa
Ricardo Esquer y Edilberto Aldán

Banda sonora

Mano a mano... nada que decir, no por el momento, sólo compartir.

Me regalé
Paco de Lucía
del disco Luzía


Come rain or come shine
B.B. King y Eric Clapton
del disco Riding with the King

octubre 13, 2004

En otras partes

Blogósfera, un vistazo
En el discurso de aceptación del Premio Internacional Catalunya 2002, el maestro Harold Bloom señaló algunas pistas sobre el futuro de la narrativa en la era de la información, entre ellas destaca una: el arte narrativo será una elipsis, ese que “en la transición entre memoria oral y escrita, nos cautiva con la autoridad de historias contadas sólo en parte”, a quien esto escribe le parece que los weblogs son el medio perfecto para ese tipo de arte narrativo, va un vistazo (…) La relación entre literatura y las bitácoras es evidente, al contar con la posibilidad de un cuaderno electrónico en línea, los autores cuentan con una herramienta para la creación y publicación inmediata, claro, en línea, así como la facilidad de recibir retroalimentación por parte de los lectores. Un tema para estudiar a profundidad y que se relaciona con la cita de Harold Bloom líneas arriba, es cómo afectará la creación de estos espacios al “arte narrativo”, así como la relación de los escritores con esta herramienta (…) Nada que temer entonces, en ese mar universal de un caos que regresa, las bitácoras se distinguen por su libertad, no hay árbitros, no hay editores, se encuentra el autor directamente con el lector; cierto que esta falta de filtros puede ocasionar textos de pésima calidad (que los hay y en abundancia), pero esa distinción ya corresponde a cada uno de los navegantes, a sus gustos, a sus fobias, no son ellos quienes tendrán que preocuparse por las cambiantes formas del arte narrativo, para los lectores quedará el placer y su búsqueda.

Para continuar leyendo este texto ingresa a la revista ageso



En letras de otros

Un adulto le ha contado a un niño que ha estado en la Luna. El niño me lo cuenta y le digo que se trataba sólo de una broma, que la persona en cuestión nunca ha estado en la Luna; nadie ha estado en la Luna; la Luna está muy, muy, alejada de nosotros y no se puede subir ni volar hasta allí. -Si, a pesar de todo, el niño insiste diciendo que es posible que haya una manera de llegar que yo desconozco, etc. -¿qué podría responderle? ¿Qué podría responderles a los adultos de una tribu que creen que los hombres van de vez en cuando a la Luna (quizá es así como intepretan sus sueños) y que, al mismo tiempo, conceden que un hombre no puede subir ni volar hasta ella por los medios habituales- Sin embargo, lo normal es que un niño no se aferre a este tipo de creencya y se convenza enseguida de lo que le decimos en serio.
¿No es exactamente de ese modo como es posible enseñarle a un niño a creer en un Dios o a creer que no existe ninguno, y cómo le podemos dar razones aparentemente satisfactorias para una cosa o la otra?

Ludwig Wittgenstein. Sobre la certeza.





octubre 12, 2004

Mirando el retrovisor



En agseso el maese Germán Castro escribe un asoleadero con el sencillo título de 40 años. En él se pregunta: ¿cuál es evento más importante entre todo lo ocurrido entre 1964 y 2004?

¿Cuál?

Su respuesta no deja de asombrarme.

Por mi parte, lo primero que me despertó esa pregunta fue mirar el retrovisor, encontrarme con un recuerdo antiguo, la forma en que defendí una certeza de entonces:

-Claro que van a volar.
-Mi papá dice que se van a tardar mucho.
-Cuando seamos como tu papá vamos andar en coches que vuelen.
-Mi papá dice que no.
-Tú papá no sabe nada.

Y perdí la ocasión de ser invitado a jugar en el parque, por necio, por la seguridad de que para ese entonces los coches iban a volar. ¿Cómo?, no lo sabía, no me importaba, yo tenía una fe ciega educada en los comics, en las películas.

Ya tengo la edad de ese padre que no sabía nada, mi fe ciega no ha sido mellada en absoluto, "cuando seamos como tu papá" los coches van a volar, he de alcanzar ese futuro.

Banda sonora

Escribir simplemente acerca de la música que estaba escuchando, el fondo de un mood, la consecuencia de un abrazo o el preludio a un encuentro, me dejaba insatisfecho. Ya no, visitando otras bitácoras hallé una forma, leyendo Crossfader v.5000 de Rafa Saavedra (muy recomendable, por cierto) me entero del servicio que ofrece YouSendIt, aloja los archivos que por su tamaño no pueden ir anexados a un correo y proporciona un enlace en el cual se puede "bajar" el archivo.

Así que los Banda sonora ya pueden ir acompañados de su respectivo mp3.
Para la inauguración

The Majesty of the Blues
Wynton Marsalis
del disco 5 de Live at the Village Vanguard

Live at the Village Vanguard Posted by Hello


YouSendIt aloja el archivo por muy poco tiempo, así que aprovecha.
Y que lo disfrutes.

octubre 11, 2004

Diarios de motocicleta


Recuerdo haber visto Central do Brasil en el cine Elektra y haber salido emocionado por el trabajo del director Walter Salles, "alguien a quién seguir" me dije, pensando en lo poco de cine brasileño que había visto hasta entonces, conmovido por la interpretación de Fernanda Montenegro, la capacidad de síntesis en una historia que sin desviarse de su eje narrativo, sin altisonancias, era capaz de mostrar un Río de Janeiro diverso al de los folletos turísticos, además de transmitir una profundidad enorme en la historia que antecede a cada uno de los personajes con apenas unas cuantas frases, algunos gestos.
Por lo anterior, cuando vi anunciada Abril Despedaçado de Salles me desesperé porque no tuvo corrida comercial en esta ciudad, además del antecedente de la película anterior, saber que Detrás del sol (como la titularon en México) estaba basada en la novela Abril quebrado de Ismaíl Kadaré aumentó mi apetito, ¿Salles y Kadaré?, ¿los montañeses de Albania trasladados a Brasil?, ¿cómo habría adaptado esa ley de sangre que es el Kanun?...
El apetito no pudo ser saciado hasta fines del año pasado, cuando recorriendo blockbuster me encontré con el dvd, en casa lo miré interrogante para al final quedar satisfecho, espléndido el trabajo de Salles, cierto que lejano, muy lejano, a la profundidad de la novela de Kadaré, que -supongo- por cuestiones narrativas había eliminado más de la mitad de los personajes de la novela y... pero no importaba, había quedado satisfecho.
El anuncio de Diarios de motocicleta no me movió mucho hasta saber que el director era Salles y es que, aqui hablan mis prejuicios, el Che no es un tema que me apasione, de hecho, ante la mención del "gran héroe revolucionario" y la pasión con que algunos enarbolan su nombre me entra una íntima tristeza reaccionaria a lo López Velardez.
Fue por Salles que insistí en ver hoy esa película, al salir de la sala Laura me preguntó:
-No te gustó, ¿verdad?
-Pero a ti sí -evadí la pregunta.
-Cada vez me parece más guapo Gael.
-Mjm.
-No te gustó, ¿verdad? -insistió.
-Abuuuuuuuuuuurrida -me lamenté- Sólo esperaba que al final se contara algo que salvara la película, pero no, es aburrida.
Laura me argumentó la belleza de los paisajes, a lo que no me quedó más que responderle que para ver paisajes bonitos me quedo en casa a ver el canal de National Geographic.
Y sí, la película es "bonita" en ese sentido, retrato de paisajes... pero de actuación, nada; de historia, nada; un "homenaje" a Ernesto Guevara y su encuentro con la pobreza, la injusticia, la desigualdad, los pueblos indios... Supongo que uno tiene que salir de la sala asintiendo, henchido de emoción revolucionaria y con argumentos como "ah, pues con razón Ernesto Guevara se hizo revolucionario".
Al salir del cine pensé en Dogville de Lars Von Trier, en que había aguantado (ni modo, cero actitud crítica, puro prejuicio) casi tres horas de narración plana y reiterativa, pero que al final sí valieron la pena, pues la llegada de James Caan, el Big Man, y el diálogo con Nicole Kidman, Grace Margarte Mulligan, le daban una connotación metafórica muy sabrosa, esos últimos diez minutos del film cambiaron mi opinión, mientras que en la película de Salles sigue sin pasar nada, al final texto sobre la pantalla para explicar aquello que se supone debemos interpretar, brevísimas fichas biográficas de qué sucedió con los personajes, un recurso que bien empleado sirve para dejar una inquietud al espectador, pero que en este caso funciona como el antiquísimo "The End", sólo así me enteré de que ya había acabado, de otra forma podía haber seguido esperando más y más escenas de telúricos paisajes que sirven de marco para el encuentro del héroe con sus raíces, escena tras escena tras escena en que no pasa absolutamente nada.
En fin, los fans del joven Gael podrán echarse un buen taco de ojo, porque al final me quedé con la frase de Laura: "Cada vez me parece más guapo Gael".

octubre 10, 2004

En otras partes

Este domingo, en el suplemento cultural arena del Excélsior, que dirige Miguel Barberena, apareció el siguiente recuerdo inútil:


Sin tregua

Me hubiera gustado quedarme ahí, así, mucho tiempo, todo el tiempo, tendido sobre el caos reciente de las sábanas, el cuerpo desnudo de Irene a un lado, simplemente sintiendo, abandonado de mí, nada en qué pensar, nada a que temer, dispuesto al sueño gracias a la tregua concedida por las pesadillas. Si fuera posible elegir un momento y quedarse en él, sin duda, elegiría éste. Apenas pasan unos segundos la calma se diluye, se desprende el telón y deja al descubierto que no basta el deseo para derrotar la mirada hueca en que amanecen los ojos cuando, súbito, me arrojan del sueño los temores nocturnos.
En la infancia resulta sencillo explicar los miedos que arrojan a la vigilia con un aullido anudado al despertar, la clara sensación de cómo se cierra la garganta y toda palabra es imposible, con los años debe desaparecer esa forma de amanecer, se supone, pues no hay razones que lo expliquen, y sin embargo…
Todo intento por hacer del instante una repetición termina en fracaso, al final se regresa siempre al espacio en que el sueño escupe a la periferia, donde el frío es lo único cierto. El frío, sí, conciencia del cuerpo cuando a pesar de las capas con que se cubre, a la mitad de la calle, a la mitad de la noche –finalmente es lo mismo– pesa la inutilidad de los brazos, aunque se extiendan sobre uno mismo en una demostración de cariño que intenta recuperar todas las cosas que se han perdido. El frío, sí, atajo hacia no pensar, no caer en el remolino que es mencionarse en voz alta, evitar el recorrido de vuelta hacia el momento en que Irene –hace tanto ya– embocó en el futuro la promesa de su regreso, la seguridad de que un día cualquiera –entonces siempre era mañana– iba a recibir el aviso de su vuelta; para después dejar sólo estos años de espera, las repetidas ocasiones en que me ha parecido encontrarla.
Pensar en lo que se torna arena y deja el puño inútil aferrado a palabras sin volumen, pura nostalgia diurna que se alimenta de visiones: creer que esa cabellera descubierta es la que se anhela, suponer que el sonido de unos pasos son los de su retorno. Confundirla siempre, verla en otras.
Enseguida el acecho, la rabia, espumarajo en las comisuras, las caminatas que son persecución, sombra tras sombra tras sombra. Venganzas dulces que encuentran en la memoria de frases dichas el giro de la muñeca que perfecciona la forma en que se hunde el estilete en una herida. Venganzas inútiles, ninguna calma trae el recordar las ocasiones en que se marcó un lugar como “nuestro”, las horas desperdiciadas en una mesa buscando en los otros una mirada que confirme que en soledad estás mejor, las tantas veces que cruza un pensamiento esa ausencia y segrega el veneno impetuoso de la conformidad; así hasta la nausea.
El cansancio hace creer que llegará el olvido, mas no hay pausa para el recuerdo que se empeña y busca en sueños traerla de regreso. No queda otro remedio que perfeccionar el dolor, recibirlo como a una mascota y procurarlo, hasta hallar la forma de someterlo. Así, de insomnio a insomnio fui perfeccionando el método: rituales que buscaban trasladar a Irene a esas horas, asegurar su estancia cuando los párpados cerrados la sabían a un lado. Soñarla.
La memoria sin tregua. Y ahora ha vuelto.
En un principio no la reconocí, sin embargo, su voz, su aliento tan desde siempre y la pregunta me la trajeron de vuelta.
— ¿Me amas? –las manos cubriéndome los ojos, los cuerpos una sola sombra en el reflejo del escaparate.
— Te sueño –siempre, nunca otra respuesta, todas las veces la misma frase, sin posibilidad de otra declaración.
“Todavía te sueño” pronuncié la vuelta, sentencia que bastó para aplazar todas las preguntas, pues caben respuestas en el encuentro de los amantes, nada que ayude a comprender cómo es que un día, los aguijones del remordimiento punzando en el pecho, uno de ellos –o los dos, ¿qué más da?– decide marcharse, acariciando el rencor con la mano suave del silencio.
Estás en mis sueños, debí culparla, contarle de los temores que dejó en la cama, cómo al irse me había devuelto al territorio de la infancia en que la noche es presagio, mostrarle los estragos que causa su imagen transformándose, eso que no puedo definir con palabras, preguntarle a dónde se había llevado las noches quietas, intentar acercarla a esta vigilia que provoca el miedo.
Debí hacer las preguntas, mas tendió sus piernas en mi pecho con un gesto que aseguraba la explicación vendría después, brindó sus senos para ganar unas horas de silencio y acepté que en esa entrega estaba una especie de respuesta. Demasiado tarde.
Sí, me hubiera gustado quedarme ahí, así, mucho tiempo, todo el tiempo, con el cuerpo desnudo de Irene a un lado, pensando que el regreso es una promesa de estancia, que la vuelta es posible y se ha de encontrar ese territorio sin las consecuencias del abandono; todo retorno es ya despedida, sólo se puede asir la centella del instante y ningún juramento asegura que mañana no vuelva su rostro terrible en los sueños.
Irene no sabrá nada porque nada de lo que pueda decirle sanaría la herida de esos aguijones, ¿qué podría explicar?, ¿qué nadie regresa una vez que en los ojos del otro ya fermentó el olvido? Quizá la única respuesta es que la he soñado demasiado.
Ahora entiendo mis lágrimas como la prematura ausencia del arrepentimiento, una memoria del porvenir: no lograré surgir del frío a un despertar más amable, despedazar a Irene no ha sido más que un intento vano por asir el instante, mantener la felicidad de tenerla, así, a un lado.
Sí, extrañaré el arrepentimiento, mañana. Vagaré de nuevo para confundirla, para buscar el reflejo en los escaparates de eso que hoy escurre entre mis manos manchadas, despiertas.


florencio sánchez Posted by Hello


Agredeceré infinitamente a los lectores que visiten la página electrónica del suplemento arena y dejen su comentario en el apartado correspondiente o bien directamente al correo del editor
Huésped


Constantin Brancusi, El beso, 1916 Posted by Hello
Alberto Buzali es el autor del relato dominical en el suplemento arena de Excélsior.
Vale la pena leer La tierra blanca, un fragmento:
Y entonces nos encontramos también en una ciudad sin murallas donde guardaban a un infeliz en cautiverio al que le cortó la lengua el verdugo y, despojado de los grillos y esposas, lo pusieron en el suelo. Le ataron las manos y pies a cuatro lazos, e asidos estos a las cinchas de cuatro caballos, tiraban cuatro mestizos a cuatro distintas partes: espectáculo de crueldad que jamás había yo imaginado posible.
Vale la pena darse una vuelta por ese espacio y dejar un comentario al editor.

octubre 08, 2004

Huésped


ahedo Posted by Hello

The naming of Cats is a difficult matter,
It isn't just one of your holiday games;
You may think at first I'm as mad as a hatter
When I tell you, a cat must have THREE DIFFERENT NAMES.
First of all, there's the name that the family use daily,
Such as Peter, Augustus, Alonzo or James,
Such as Victor or Jonathan, George or Bill Bailey-
All of them sensible everyday names.
There are fancier names if you think they sound sweeter,
Some for the gentlemen, some for the dames:
Such as Plato, Admetus, Electra, Demeter-
But all of them sensible everyday names.
But I tell you, a cat needs a name that's particular,
A name that's peculiar, and more dignified,
Else how can he keep up his tail perpendicular,
Or spread out his whiskers, or cherish his pride?
Of names of this kind, I can give you a quorum,
Such as Munkustrap, Quaxo, or Coricopat,
Such as Bombalurina, or else Jellylorum-
Names that never belong to more than one cat.
But above and beyond ther's still one name left over,
And that is the name that yoy never will guess;
The name that no human research can discover-
But THE CAT HIMSELF KNOWS, and will never confess.
When you notice a cat in profound meditation,
The reason, I tell you, is always the same:
His mind is engaged in a rapt contemplation
Of the thought, of the thought, of the thought of his name:
His ineffable effable
Effanineffable
Deep and inscrutable singular Name.


The naming of the cats. T.S. Eliot

octubre 06, 2004

En otras partes


Mesa foro
Literatura para leer
Jueves 14 de octubre a las 20:30 hrs.
Museo de Arte Contemporáneo N° 8
Aguascalientes, Aguascalientes
participan:
Claudia García Parada, Leticia Figueroa
Ricardo Esquer y Edilberto Aldán

octubre 05, 2004

La mala educación

Pues al fin logramos ver
La mala educación, demasiados días después de la capital llegó a este rancho electrónico la película más reciente de Pedro Almodóvar, sin mucho ruido, sin grandes anuncios, así que fuimos un día después del estreno oficial. Llegamos con las expectativas bastante altas, Hable con ella nos deslumbro, así que como pareja íbamos muy dispuestos a que nos gustara. Mas la película no requirió de complacencia alguna, es un relato sumamente bien armado, con magníficas actuaciones pero sobre todo el toque del director.

Desde el momento en que salimos no he podido dejar de pensar en lo que se trama alrededor de una película y la multiplicidad de sentidos que un objeto puede tener para un espectador, cantidad que crece si fuera posible recordar todos los comentarios que se han escuchado del mismo. Por ejemplo, nosotros por la tarde vimos que en la televisión a una pareja de comentaristas hablando sobre la película, uno de ellos le otorgaba 4 estrellas, el otro 5, con el argumento de que era una magnífica película porque “denunciaba las atrocidades de la iglesia católica”. Recordé también una reseña leída en Zona Moebius firmada por Ricardo Azuaga en la que decía que Almodóvar intentaba recrear dos momentos históricos: la época del franquismo y los años finales de la década de los setenta, y más, las líneas escritas en otras bitácoras, como la de EConde… en fin, demasiada información. Para acabar el cuadro, al final de una disfrutable película me quedé pensando en Harold Bloom y su encono contra la Escuela del Resentimiento por el intento de politizar la lectura; tal y como yo creo que sucede con La mala educación.

En toda la información previa a ver la película no había encontrado argumentos acerca de la dirección, la actuación, el guión… mucho ruido sobre la periferia y pocas nueces sobre el film. En Las horas de Michael Cunningham, Clarissa señala: “A veces uno se cansa de la inteligencia y del intelecto; de las pequeñas exhibiciones de genio de todo el mundo”, en eso estoy pensando, que en medio de este cansancio, no haría mal un regreso a lo básico: La mala educación me gustó.

Pero decir “me gustó” sirve para tanto como escribir “quiero a mi gato”, “este puño sí se ve” o “ese oso se asea”, hay que agregarle porqués y esta película tiene suficientes elementos para escribir una reseña larguísima. Las actuaciones son muy buenas, resultado de la dirección y de la consistencia del guión, son personajes tridimensionales, llenos de pasión, de errores, de deseo. Admirable también el desempeño de Fele Martínez, Daniel Jiménez Cacho y especialmente el de Gael García, en el que se nota la mano de Almodóvar y su trabajo con los actores, sin duda hasta el momento, el mejor trabajo de este joven actor (no he visto Diarios de motocicleta), capaz de interpretar a Juan interpretando a Ignacio, Ignacio queriendo ser Ángel y a Ignacio/Juan como Zahara, el personaje del cuento La visita.

Lo mejor de La mala educación es el guión, magistral en su capacidad narrativa: no hay confusión entre los distintos tiempos y espacios de la historia, a pesar de los cortes abruptos y los saltos entre “realidad” y “ficción” en el contexto del film, la historia mantiene su cohesión y no deja de avanzar en ningún momento, no se estanca, es capaz de manejar elementos mínimos (el cuento que escribe Ignacio, por ejemplo) otorgándoles diversos sentidos y connotaciones, dependiendo del personaje que lo percibe y el tiempo en que lo hace. Una metapelícula que en su interior desarrolla un metacuento (uy, qué culto), es decir, una película dentro de la película que trata sobre las consecuencias de un cuento dentro de un cuento.

Ya me he alargado. Trata de poner punto final, escribiendo sobre el mucho ruido y pocas nueces. La mala educación no es, en primera instancia, un ataque a la iglesia católica, tampoco una película de denuncia sobre el abuso infantil, mucho menos un retrato de la mojigatería franquista, está alejada de tratar sólo sobre homosexuales simpáticos y graciosos, tiene escenas sexuales y alguno que otro close up sobre la entrepierna del joven Gael, pero no es una película de mal gusto ni “homosexual”… Considero que La mala educación es un estupendo relato sobre un hombre que es capaz de todo por alcanzar sus obsesiones, así la entiendo, así la disfruto.




Posted by Hello

octubre 04, 2004

En letras de otros


¿Pensaste alguna vez en tu enemigo,
en el que no conoces
pero odia
cuanto escribe tu mano?

¿Pensaste en ese joven de provincias
que daría la vida por tu muerte?


José Emilio Pacheco, fragmento de Legítima defensa
en No me preguntes cómo pasa el tiempo.

octubre 03, 2004

En otras partes

Este domingo, en el suplemento cultural arena del Excélsior, que dirige Miguel Barberena, apareció el siguiente recuerdo inútil:


Héroes

Hemos ganado la guerra, nos dijeron.
Para que nunca olvidáramos la victoria se levantó un monumento en el corazón de la Ciudad. Todos los ciudadanos estamos obligados a visitarlo en la fecha conmemorativa. Ese día el desfile de visitantes comienza apenas rompe el alba, los primeros son los ancianos, se les acomoda frente a las esculturas que festejan a nuestros héroes, el Orador les habla del futuro y nadie llora, ya están secos.
Después su lugar es ocupado por los niños de todas las escuelas, a ellos se les canta la fortaleza de nuestros héroes, a esa hora los discursos son breves y pocos, rápido se da paso a la música, las autoridades saben lo fácil que se distraen, sobre todo los de las filas más lejanas al monumento, esos juegan entre las ruinas que dejaron los bombardeos.
Ya es la tarde cuando traen a los jóvenes, en su ceremonia también hay música, se les organiza un concierto, al fondo del escenario, entre las esculturas más altas, se colocan pantallas con imágenes súbitas, para ellos no hay discursos, sólo la visión de fragmentos rápidos que intentan formar el rompecabezas de la felicidad; sólo algunos lo adivinas, los más se toman de las manos, con miedo de lo que pueda venir y nadie dice.
Ya es de noche cuando nos llega el turno. Alguna vez este orden fue distinto, pero las autoridades descubrieron que disfrutamos la luminosidad del monumento y la penumbra entre nosotros, así es más difícil ver que la mayoría tenemos cicatrices, miembros amputados o secuelas de lo que fue nuestra victoria. A nosotros se nos rinde homenaje con un largo silencio, algunos lloran, pero son pocos los que saben porqué, ya no recordamos o, simplemente, no queremos.
Los reflectores iluminan intensamente los rostros blanquísimos de las estatuas, el corazón de la Ciudad es una llama blanca que levanta la imagen sólida de los vencedores. Alrededor de ese monumento todo es noche, todos los rayos se concentran con su luz purísima en los rostros de nuestros héroes.
Entre los haces de luz, a través de su blancura, surca el vuelo de miles de insectos ciegos que se precipitan sobre las lámparas y se precipitan en hogueras instantáneas, apenas perceptibles. Pienso en lo inútil que es todo ese esfuerzo, el de los insectos, claro está, pero no digo nada.

angel ©
javier rodriguez
Posted by Hello
agredeceré infinitamente a los lectores dejen su comentario en la página de arena o al correo del editor

octubre 02, 2004

En letras de otros
Rechazo integra la teoría que hace de la buena voluntad el sucedáneo de los competentes y virtuosos. El dicho de que las buenas voluntades empiedran el infierno me parece sabio, porque la pobre gente de buena voluntad anda aceptando siempre tareas superiores a sus fuerzas, y por allí pecan.
Martín Luis Guzmán.
El águila y la serpiente.
Banda sonora


Trouble me, disturb me with all your cares and you worries.
Trouble me on the days when you feel spent.
Why let your shoulders bend underneath this burden when my back is sturdy and strong?
Trouble me.
Speak to me, don't mislead me, the calm I feel means a storm is swelling;
there's no telling where it starts or how it ends.
Speak to me, why are you building this thick brick wall to defend me when your silence is my greatest fear?
Why let your shoulders bend underneath this burden when my back is sturdy and strong?
Speak to me.
Let me have a look inside these eyes while I'm learning.
Please don't hide them just because of tears.
Let me send you off to sleep with a "There, there, now stop your turning and tossing."
Let me know where the hurt is and how to heal.
Spare me? Don't spare me anything troubling.
Trouble me, disturb me with all your cares and you worries.
Speak to me and let our words build a shelter from the storm.
Lastly, let me know what I can mend.
There's more, honestly, than my sweet friend, you can see.
Trust is what I'm offering if you trouble me.


Se pueden tener tres, cuatro o mil opciones pero el mood te hace escoger una canción en especial. Es posible que a la mano esté uno u otro disco y, sin embargo, te das cuenta que el momento, el recuerdo, amerita otra cosa. Incluso intentas evadir el encuentro seleccionando un track distinto al que sabes quieres escuchar.

Deformaciones de un amante del cine: creer que existe una banda sonora original para cada momento, para los encuentros y las separaciones, un tema para los suspiros y la ira.

Hay cicatrices que tienen su canción. Háblame y deja que nuestras palabras sean refugio ante la tormenta. La música, como el nombre de algunas calles, como el día de varias fechas, tienen un inevitable sabor a recuerdo inútil.

Hoy ha sido un buen día y, a pesar de ello, no he logrado sacarme de la cabeza la voz de la Merchant proponiendo que intente el saslto a la mirada en la que se puede aprender, aprehender. Qué ganas de buscar problemas.

Natalie Merchant Posted by Hello 10,000 maniacs

octubre 01, 2004

No sé gracias a quién, ni cuándo, ni como se organizó la lista de los pecados capitales. Tampoco me ha interesado mucho buscar a saciedad, me bastó con encontrar que en la Biblia no existe tal lista, así que seguramente algún concilio decidió que de todo lo que se puede "cometer" esas siete acciones eran las peores, las imperdonables. Me bastan como motivo para ejercicio literario. Me bastan para enumerarlos en el orden que creo soy culpable:

Soberbia
Lujuria
Ira
Gula
Pereza
Envidia
Avaricia


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