Miedo a la ignorancia
Recuerdo:
Tarde en Polanco, sobre la calle Homero, Distrito Federal, paro un taxi, subo. Unos metros adelante alguien le hace la parada:
-Pinche judío ciego, ¿qué no se da cuenta que ya viene usted? -me dijo el taxista cuando yo apenas me iba acomodando, incluso antes de que le dijera a dónde iba.
-Es que no se ve desde afuera, como tiene los vidrios oscuros, pero es bueno ¿no?, finalmente hay más pasaje -intenté llevar la conversación a otro lado, evidentemente incómodo.
-No qué, así es esa pinche gente, pinches judíos, salen disfrazados y son bien pinches codos para pagar. Y las viejas peor, siempre con sus pelucas y madre y media que se ponen... -No se tratataba de un diálogo, él quería ser escuchado, no hice ningún intento por detnerlo, ¿qué ganaba?- Todos son iguales, por eso no me gusta andar por estos rumbos, a cada rato se me sube gente de esa. Pinches cabrones, tienen un chingo de lana y son bien culeros con la gente...
No vale la pena seguir recreando su monólogo, es fácil adivinar lo que siguió, el arquetipo del judío avaro, cruel, desconfiado.
Dice Calvino que un (libro) clásico es aquel que sin haberlo leído ya lo hemos leído, en el caso de ese taxista, había leído sin leer a Shakespeare, pera él, Polanco era Venecia y todos los judíos eran Shylock.
Me dolió su ignorancia más que espantarme, sin embargo todavía al recordarlo me espanta.
Me espanta hoy como ese día que abordé el taxi, tanto o más.
Aquel día iba a un taller de literatura, mis compañeros, todos, judíos.
No comenté nada sobre lo que ocurrió en el taxi, sentía vergüenza ajena, especialmente al ver el rostro de Rita, Sandy, Ana, Jennie...
¿Y si un día ellas tomaban ese taxi?, ¿las iba a reconocer como judías?, ninguna de ellas usa peluca, no son ortodoxas (hasta donde sé), ¿cómo se iban a sentir cuando el imbécil conductor comenzara su perorata?
Sentí miedo por ellas, por la magnitud con que odiamos al mundo sin conocerlo.
¿A qué viene este recuerdo?
Apenas ayer volví a sentir rabia por la ignorancia, comentábamos algo sobre la dueña de una tienda de abarrotes, sin venir al caso, escuché: "ya ves que es bien judía..." No terminó la frase, no lo permití:
-No uses así esa palabra
-Pero así la usa todo mundo
-Yo no
-Pues todo mundo entiende que es "judío"
-Bueno, conmigo no la uses
-Ay, ahora resulta que eres amigo de judíos
La rabia, rabia e impotencia, ¿qué le iba a decir?, ¿qué le iba a explicar?, ¿que mi mejor amigo es judío?
No terminamos a golpes porque Di-os es grande.
Rabia porque (vivo en México) la mayoría de nosotros, los "gentiles" no tenemos la más remota idea de qué es ser judío, no somos como otros países del continente donde la inmigración centroeuropea llegó con todo (estoy pensando en Argentina).
Vivo en Aguascalientes, si hay comunidad judía en este estado no conozco a nadie. Escuchar a alguien de aquí decir "judío" como si fuera una agresión me dolió.
¿Por qué lo escribo?, por miedo, supongo.
Miedo a la imbecilidad con que nos cerramos al diálogo, lo fácil que es caracterizar en forma negativa, despreciar, odiar... un odio ignorante (¿hay de otro?).
Miedo que se adelanta, miedo que prevee, si un día alguien llega a preguntar ¿dónde están los judíos? Sé qué va a suceder: "Yo soy judío", voy a decir, porque no veo ninguna diferencia.