En otras partes

Pasión por Aguascalientes

I
Italo Calvino escribió “Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos”, la antología Letras sobre Aguascalientes de Antonio Acevedo Escobedo es una llave de entrada para acceder a ese intercambio, un mapa que oriundos, avecindados y visitantes podrían consultar para que esta ciudad les cuente sus secretos.

En este volumen está la mercancía que el viajero puede intercambiar, suma de recuerdos y deseos, de las razones del amor que en muchos ha despertado esta ciudad.

Es un álbum fotográfico que invita al recorrido, visitar la Plaza de Toros, el Barrio de Triana, los talleres generales de reparación del ferrocarril, el templo de San Diego, el Jardín de la Paz; a pasear por sus costumbres, la Feria de San Marcos, las peleas de gallos, la botica de San Pablo, El colegio de Don Celso, las barberías donde uno se enteraba de todos los sucesos; convocatoria al festejo de sus tradiciones, la romería de la Virgen de la Asunción, la del Señor del Encino y la fiesta de la Candelaria.

II
A más de 40 años de su primera publicación (1963) Letras sobre Aguascalientes mantiene su vigor, es lógico, es el resultado de una pasión, y la pasión no suele fijarse límites, es desordenada, abrasadora, ciega incluso, se lanza sobre el objeto del deseo con el afán único de conseguir su propósito.

En las casi 500 páginas de esta antología, la pasión de Antonio Acevedo reunió los textos de más de 40 autores (Pedro de Alba, Antonio Castro Leal, Salvador Gallardo Dávalos, Celestino Gorostiza, Martín Luis Guzmán, Ramón López Velarde, Mauricio Magdaleno, Mario Mora Barba, Alejandro Topete del Valle y Agustín Yañez, entre muchos otros), sin hacer distinción alguna por el género literario, en este libro se incluye, como en las vitrinas de un tendajón mixto, de todo un poco: la letra y música del Himno de Aguascalientes, estampas sobre personajes de la ciudad, crónicas como la del incendio de un polvorín insurgente ocurrido en diciembre de 1810, artículos, reseñas, ensayos, poemas, leyendas, todos con un solo referente.

Además, se incluye una selección de imágenes que auxilia al viajero en su andar por esta ciudad, una que permite a la mirada demorarse en las panorámicas de un Aguascalientes que no sabía de vueltas inglesas, pasos a desnivel o anillos de circunvalación, una con un ritmo y tránsito distintos, de pasos serenos, sosegados, esos que sí tenían tiempo para una conversación.

Mencioné que este libro es un mapa, también un álbum fotográfico, con la característica de que nada en el es inmóvil, cada uno de los recuerdos aquí incluidos cuentan con una voz que los distingue, el libro de Antonio Acevedo tiene todas las características de una plática entre amigos, hay incluso algunos textos de tono confidencial, ese que se emplea a la hora de contar la intimidad, sobre todo aquellos donde el autor intenta el homenaje al ciudadano común, como la viñeta donde se menciona a Chicha Gómez, “niña morena, coquetona y agraciada, que nunca dejaba de tener siete u ocho novios y con todos loqueaba”.

III
Si bien este libro resulta invaluable para el historiador, la selección aquí incluida no excluye a quien busca gastar su tiempo de ocio en una lectura sin mayor propósito que el placer, ya que no hay imposición en el orden que aparecen los textos; insisto en la pasión de Antonio Acevedo al recopilar este volumen, devoción a la que no importa la califiquen de “farragosa” o “desigual”, la invitación es, como se indica en el prologo, a un “conocimiento entrañable, familiar, de las virtudes y defectos que en otras épocas le impartieron un sello distintivo” a Aguascalientes.

Esta serie de impresiones son un digno compañero de viaje o de alcoba, uno que se puede tomar por cualquier parte y retomar la conversación, con la posibilidad de sorprenderse o maravillarse ante las noticias de una ciudad que todavía puede ser nuestra a partir de la evocación.

Como habitante de Aguascalientes, el lector se encontrará con más de un nombre o situación conocida, así que le espera el placer del reencuentro, mientras que al visitante este libro le ofrece el tono amable de quien brinda su hospitalidad. Cualquiera que sea la circunstancia de quien se acerque a esta antología, se le asegura un viaje placentero.

IV
Por último, en El agua y los sueños, Gaston Bachelard señala: Lo que amamos por encima de todo en el hombre es lo que de él puede escribirse. Lo que no puede ser escrito, ¿merece ser vivido?; en la recopilación Letras sobre Aguascalientes de Antonio Acevedo Escobedo el lector se enfrenta a la forma en que otros amaron esta tierra, una pasión así merece ser leída.