agosto 19, 2015

Vaho


Amanecerá. La llovizna hace que la noche se arrastre remolona, el frío la adhiere a las calles y, elástica, se obstina en los objetos.

Un niño despierta. La vigilia es desconcierto. Mira la noche que no se va a través del cristal empañado, con los ojos bien abiertos busca dónde asir la mirada… todo es fuga.

Con el rostro pegado a la ventana descubre que lo único permanente es el vaho de su aliento cálido, el paño que cubre el cristal. Exhala.

En el lienzo traslúcido coloca la punta del dedo y traza con firmeza una s, enseguida escribe con letra minúscula una o, luego una l. Mira satisfecho la obra, algo que no aparece y, sin embargo, ahí está: sol.

Tiende de nuevo su aliento sobre el cristal. Cruza con una línea transversal la última letra de su palabra, convierte la l en una y, musita lo que reescribió: soy, dice. Sonríe y entonces sí, ya amanece.

julio 29, 2015

Tres perros a la mitad de la calle

Tres perros a la mitad de la calle. Sucios, de pelambre erizado y oscuro. Dos machos y una hembra.
Tres perros a la mitad de la calle han aparecido de la nada y a los que no les importa otra cosa que no sean ellos.
Apenas alcanzo a frenar, los perros miran los faros del auto un instante, suficiente como para agradecer la iluminación de sus juegos.
El más grande golpea el cuello de la hembra, le lame entre los ojos y espera que se entregue. El más pequeño, ansioso, brinca sobre el trasero de la perra, la acosa, la empuja, busca el acomodo para su desesperación; y la hembra lo desdeña, le basta mover un poco las patas para escapar del embate.
El macho más grande espera, atestigua cómo falla el otro perro cada uno de sus intentos, de vez en cuando vuelve a lamer entre los ojos de la perra; paciente, voltea el rostro hacia los faros como quien mira al visitante inesperado. La perra y la calle son suyos.
Obcecado el macho más pequeño empuja con sus patas el trasero de la perra, y a ella le basta tenderse a la mitad de la calle para indicarle que no es con él con quien habrá de fornicar, y el perro gime, y el perro pide, y el perro se rinde y contrito se hace a un lado para que el macho más grande haga lo suyo.
Es de madrugada y hay tres perros a la mitad de la calle que no me dejan avanzar. No he querido detener la ceremonia, no son míos ni el paso ni la hora, puedo esperar; no sé cuánto tiempo podría estar ahí, sin atreverme a interrumpir, el macho más grande empuja con el hocico el trasero de la hembra, con una certeza que impone, la perra obedece, sumisa, levanta la grupa, mientras el más pequeño imita el movimiento, él también se ofrece.
Entonces toco el claxon. No es que quiera avanzar, no es que me importa ver fornicar a los perros, es lo que tenía que hacer; los animales saltan y vuelven a la actitud de juego con que invadieron la calle. Arranco, no voy a interpretar la mirada del perro con que el macho más pequeño miro hacia el auto, no quiero pensar que en el espejo he visto la misma capa húmeda con que se llenaron los ojos del perro que piensa en que tiene una nueva oportunidad.



 * * *

Y en algún momento recordé este poema de José Emilio Pacheco

Perra en la tierra

La manada de perros sigue a la perra
por las calles inhabitables de México.
Perros muy sucios, cojitrancos y tuertos, malheridos
y cubiertos de llagas supurantes.
Condenados a muerte
y por lo pronto al hambre y la errancia.
Algunos cargan
signos de antigua pertenencia a unos amos
que los perdieron o los expulsaron.
Y mientras alguien se decide a matarlos
siguen los perros a la perra.
La huelen todos, se consultan, se excitan
con su aroma de perra.
Le dan menudos y lascivos mordiscos.
La montan
uno por uno en ordenada sucesión.
No hay orgía
sino una ceremonia sagrada, inclusive
en estas condiciones más que hostiles:
los que se ríen,
los que apedrean a los fornicantes,
celosos
del placer que electriza las vulneradas pelambres
y de la llama seminal encendida
en la orgásmica vulva de la perra.

La perra-diosa
la hembra eterna que lleva
en su ajetreado lomo las galaxias, el peso
del universo que se expande sin tregua.

Por un segundo ella es el centro de todo.
Es la materia que no cesa. Es el templo
de este placer sin posesión ni mañana
que durará mientras subsista este punto,
esta molécula de esplendor y miseria,

átomo errante que llamamos la tierra.

junio 21, 2014

Marrullero

Envoltorio de papaya / Marrullero

El mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque
Hace una semana instalan en el Senado una Comisión de la Familia y el Desarrollo Humano… bravo, hasta ahí, un reconocimiento a que se haya conformado un organismo que al interior de la Cámara alta coadyuve a elaborar iniciativas o que revise, analice, discuta, convoque expertos para pulir las iniciativas que otros remitan, para eso son las comisiones, ¿no?, por supuesto, paso por alto, los ingresos extra que obtiene un legislador por presidirla, el presupuesto que se asigna, la burocracia que genera, digamos que acepto las reglas del juego con que los representantes populares venden a la ciudadanía que están trabajando por nosotros.
Cuando el senador panista José María Martínez Martínez rindió protesta como presidente de esa Comisión, no me sobresaltó su intrincado discurso, repleto de alusiones a la importantísima tarea que buscaría cumplir a través de su cargo, sobre todo, luchar para que en el Distrito Federal no se permitan los abortos; eso es lo que me quedó en claro en primera instancia.
Menos suspicaz que otros lectores, no leí en su intervención una cruzada contra los homosexuales, ni para evitar la adopción de niños por parejas del mismo sexo, ni contra las sociedades de convivencia; creí que el único interés de Martínez Martínez era el DF, que como él mismo dijo “ha ido más allá, ha ido incluso a través de modas, tendencias, tratando de adoptar este modelo de familia, sin que ello nos signifique a la mayoría de los mexicanos”. Enredado en su verborrea, el senador no clarificó a qué se refería con “familia”, se fue por las ramas del bonito lenguaje que emplean los más conservadores para definir lo que ellos creen que es familia, que según él “debe entenderse como esa comunidad perfecta, esa escuela de solidaridad y de amor, esa escuela de ciudadanía, debe entenderse con la misma sociedad, es aquí donde construimos a ciudadanos de valor y con valores”, y bla bla bla, el mismo discurso biempensante de los intolerantes que se llenan la boca llamándose pro vida, descalificando a quien piensa diferente calificándolo de pro abortista, eso que arrean del catecismo a la plaza pública a niños y jovencitos con pancartas de imágenes trucadas para evidenciar que son unos criminales quienes eligen sobre su cuerpo.
Pero eso es el PAN, ¿no? Además, la instalación de la Comisión había sido a la luz del día, sin acuerdos lo oscurito y siguiendo los protocolos enredadísimos del Senado, pero bien dice Borges en El libro de arena que el mejor lugar para ocultar una hoja es un bosque.

Por la boca muere el pez
Por lo anterior y, reitero, menos suspicaz, no me dejó de llamar la atención que de inmediato surgieran críticas a la creación de una Comisión que, según varios sitios informativos en internet, tenía un propósito homofóbico. Revisé el discurso, no encontré esa intención, pero el activismo cibernético ya se había desatado. La sola presencia de un personaje como Jorge Serrano Limón en la toma de posesión de Martínez Martínez me debió hacer sospechar, pero sigo creyendo que es una obligación verificar la información antes de hacer cualquier cosa, es lo último que nos queda.
Exigir la disolución de la Comisión con base en el discurso del panista, me parecía no sólo exagerado sino penoso, como el infundio de López Obrador al insinuar a través de un tuit que Peña Nieto está enfermo y por eso debe renunciar, o que se ha extinguido una especie rarísima de manatí morado por culpa de alguna empresa trasnacional, o que Carmen Salinas fue nombrada embajadora de la educación, o que a la selección de futbol de México se le van a quitar puntos porque sus aficionados gritan puto al portero… Ni modo, creo que es mi derecho y obligación verificar las fuentes, incluso cuando las sentencias marrulleras tocan las fibras íntimas de mis convicciones personales, no veo otro camino que pensar, para mí eso es verificar.
Afortunadamente, mi falta de suspicacia la suplo con el talento de los otros, eso se debe agradecer a la multiplicación de las fuentes de información. En su programa En 15 en Milenio Televisión, Carlos Puig confrontó a José María Martínez Martínez con sus dislates, y en una lección de periodismo acerca de cómo se realiza una entrevista incómoda, puso en evidencia al senador (aquí el enlace: http://bcove.me/lb44kz5o ); ahí, altanero el presidente de la Comisión de la Familia y el Desarrollo Humano mostró toda su homofobia e ignorancia en unas cuantas frases, sí, marrulleras, de esas que intentan ocultar todos los defectos a través de venderse como un dechado de tolerancia, presumió: “yo respeto profundamente a los homosexuales y también a las mujeres y tengo la fortuna de tener amistades que son homosexuales”… así. ¿es necesario agregar más?
El senador lo hizo, para rematar, el panista, en el afán de abrogarse la razón y defender el modelo de familia, la vida y las buenas costumbres, se hundió por completo cuando Carlos Puig le preguntó si ¿una pareja de hombres casado, que adoptan, son una familia?, Martínez Martínez contestó rotundamente: No, pues cree que una pareja homosexual afecta la “identidad de género de los niños”… Así.
A través de Change.org más de 14 mil personas apoyaron la solicitud de tres familias de la comunidad lésbico-gay y transgénero para que la Junta de Coordinación Política del Senado inicie la disolución de la Comisión de la Familia y el Desarrollo Humano, al considerar que ésta se ha postulado en contra del aborto y de familias homoparentales, la consigna fue “No somos moda, ni vehículo reproductivo. Las familias homoparentales y las mujeres tenemos derechos”. Tienen toda la razón, el riesgo es que ese ciberactivismo se quede en nada, pues el Senado puede no aceptar esas miles de opiniones en contra de Martínez Martínez.
Regreso a las reglas del juego, eso es con lo que me quedo y con la necesidad de verificar, que es una forma de pensar. Creo que no se puede quedar así, que esas muestras de ignorancia, intolerancia, no deben representarnos en el Senado. Hay necesariamente otro paso, vale la pena darlo.

Coda
Pensar da miedo, lo sé, lo ha dicho mejor que yo, con más tino y profundidad, me permito la extensa cita:
Los hombres temen al pensamiento más de lo que temen a cualquier otra cosa del mundo; más que la ruina, incluso más que la muerte.
 El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible. El pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cómodas; el pensamiento es anárquico y fuera de la ley, indiferente a la autoridad, descuidado con la sabiduría del pasado.
Pero si el pensamiento ha de ser posesión de muchos, no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habérnoslas con el miedo. Es el miedo el que detiene al hombre, miedo de que sus creencias entrañables no vayan a resultar ilusiones, miedo de que las instituciones con las que vive no vayan a resultar dañinas, miedo de que ellos mismos no vayan a resultar menos dignos de respeto de lo que habían supuesto.
¿Va a pensar libremente el trabajador sobre la propiedad? Entonces, ¿qué será de nosotros, los ricos?
¿Van a pensar libremente los muchachos y las  muchachas jóvenes sobre el sexo? Entonces, ¿qué será de la moralidad? ¿Van a pensar libremente los soldados sobre la guerra? Entonces, ¿qué será de la disciplina militar?
¡Fuera el pensamiento!
¡Volvamos a los fantasmas del prejuicio, no vayan a estar la propiedad, la moral y la guerra en peligro!
Es mejor que los hombres sean estúpidos, amorfos y tiránicos, antes de que sus pensamientos sean libres. Puesto que si sus pensamientos fueran libres, seguramente no pensarían como nosotros. Y este desastre debe evitarse a toda costa.
Así arguyen los enemigos del pensamiento en las profundidades inconscientes de sus almas. Y así actúan en las iglesias, escuelas y universidades.
Bertrand Russell, de Principios de reconstrucción social.


@aldan
Publicado en La Jornada Aguascalientes

mayo 31, 2014

Infidelidad



Envoltorio de papaya Infidelidad
Durante mucho tiempo he estado engañando a mi esposa, prácticamente desde que nos casamos, con la soberbia que distingue al jugador apuesto a que podré sostener la mentira durante muchas años más, porque me creo capaz de superar, una y otra vez, la prueba de su mirada directa, de su pregunta concreta y, sin titubear, mentir.
Como todo infiel he perfeccionado mi método y creo tener el control absoluto sobre el futuro; a grado de paranoia he ensayado mi respuesta, por supuesto, he agotado todos los escenarios posibles, incluso los más descabellados, estoy listo para sostener mi mentira, me creo capaz de contestar relajado, sin evasivas, de forma directa, incluso he calculado el tiempo para no parecer apresurado o que dilato mis frases, eso de tragar saliva, frotarse las sienes, mojarse los labios o tener las manos empapadas hace mucho que quedó atrás, al igual que la posibilidad de ser descubierto por el movimiento de los ojos.
Por supuesto, tengo una justificación para esta infidelidad pulida y constante, en el remotísimo caso de quedar evidenciado, aprovecharé la pausa de su sorpresa y tomándola de las manos la culparé, cuando confiese dejaré en claro que el único motivo para persistir en la mentira fue el amor: lo hice por ti (pausa breve y tono decidido)… porque te amo.
También me queda claro que no me perdonará de inmediato, que recuperar su confianza será un proceso largo, que requiere dedicación, pero sobre todo, la dosis exacta de culpa para alejar de mi toda responsabilidad. Así que he perfeccionado el recuerdo del momento en que ella me impulsó, prácticamente me arrojó a engañarla; la continuidad de la mentira ya quedó establecido que fue motivada por el amor (lo hice porque te amo).
Así que cuando mi esposa descubra que no le entiendo al futbol y, sobre todo, que no me gusta, no me podrá echar en cara todas las ocasiones en que vestí el jersey (o como se llame) de nuestro equipo favorito, tampoco reprochar cuando visiblemente perturbado grité ¡Pumas, Universidad!, o las horas que pasé frente a la televisión asintiendo o negando, incluso aventándole algo de botana a la pantalla en un arranque.
Ella comprenderá que no tuve más remedio. Nuestras costumbres de solteros eran opuestas, el matrimonio las enfrentó de forma irremediable. A mí me gustaba seguir los conciertos de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, a ella, esos días, a la misma hora, ver el futbol; ¿qué iba a hacer, divorciarme? Opté por mentir, hasta que el engaño se convirtió en costumbre y no es algo por lo que tengamos que discutir.
La responsabilizó por que mi esposa tiene la costumbre de hacer otra cosa mientras sucede un partido de futbol en la televisión, así que desde aquella primera vez en que me pidió cambiar el canal para seguir el partido de los Pumas, quedó establecido que yo lo vería para que cada tanto que ella pasara por ahí, le informara puntualmente de lo que había ocurrido.
El amor, amor (siempre recurriré a esa táctica) me impidió confesar en ese momento que nunca corrí detrás de un balón de futbol soccer (sí, le llamo futbol soccer); mi padre fue pitcher en la Liga Petrolera y donde él nació  las pelotas se ponchan para hacer guantes; crecí en un edificio cuya entrada daba a Insurgentes, ¿dónde iba a hacer bolita mi suéter para marcar la portería?; sí, había un parque, pero los parques son para la bicicleta; ¿la escuela?, el patio del colegio era cuadrado, más semejante a un diamante que a ese jardín alargado donde ambos equipos corren de un lado a otro y regularmente se estancan en la media; después la pubertad y la adolescencia y todas esas cosas en que caben las culpas.
¿Por qué no lo dije antes de casarnos?, no lo creí necesario, además, estaba acostumbrado a mentir. Cuando me preguntaban, decía que le iba a los Estudiantes Zacatepec y con eso evitaba cualquier cuestionamiento; si estaba de ánimo y quería tener conversación con el taxista, echaba mano del futbol, después de todo no es tan difícil: ¿le va a las Chivas/Atlas/Cruz Azul/Toluca/lo que sea, joven?, bastaba asentir, el conductor me daba todas las pistas para acotar su conversación convenientemente: ¿Que el Pichojos era un tronco? Claro que sí, y cerrar los ojos adolorido, cómo dejó ir esa; ¿Que la Polillita era una coladera? Pues es que lo tienen jugando muy abajo, yo digo que lo dejen subir, es más líbero, lo trae en la sangre; ¿Qué el Chaco encabeza la tabla de goleo? Cómo no, ya se recuperó de la lesión y tiene olfato… Siempre funcionaba, bueno, con una excepción: cuando el taxista le iba al América. Mi primer argumento era: ¿qué pasó?, pensé que sí sabía de futbol; en el caso de ponerse muy intenso le decía que era broma y “que traigo en mi pecho los colores del América” y tarareaba la canción de Reynoso (o como se llame el señor de las cejas tupidas), salpimentaba con unos cuantos nombres Borja, Zelada, Tena, Zague y entre cada uno paraba la trompa como si acabara de morder un taco con mucha salsa… Tsss, historia hermano, águila grande, somos cremas… Y ya.
Además, me casé por las tres leyes, la iglesia, la civil y los Pumas, ¿qué le iba a decir a mi esposa cuando me colocaba frente al televisor? Con el tiempo, además de fingir emoción, he logrado descifrar lo básico, pero el aburrimiento no me permite avanzar más allá de reconocer en qué momento se debe marcar fuera de juego; a veces me delata la sinceridad, como cuando se me sale decir que por la forma en que jugaron a lo largo del torneo, los Pumas no merecen pasar a la liguilla, para mi fortuna, la ira en la mirada de mi esposa nubla cualquier sospecha sobre mi conocimiento del juego; o cuando imprudentemente dije algo del Picolín (o como se llame) y no sabía que había dos picolines vistiendo la casaca azul y oro (o como se diga); o aquella ocasión en que quise pasarme de listo alabando el despliegue de Leandro Augusto en la cancha y ya jugaba con los Xolos de no sé dónde.
Sí, soy un cínico, es más sencillo, además sólo es cada domingo y no es siempre, no tengo la más remota idea de qué es un torneo largo, corto, de invierno o de verano, y cuando sale el tema basta con hinchar el pecho y vociferar ¡sólo Hugo Penta Pichichi (espero que ese no sea su nombre real) ha logrado el bicampeonato!; me parece que en fechas recientes alguien hizo algo y el señor que anunciaba pasta dental ya no es el único que hizo eso, pero no importa, grito: ¡Goya, Goya, Cachún Cachún Ra Ra! y mi esposa me acaricia la cabeza de una manera dulce, como a una mascota que aprendió a hacer en el arenero, así que… no le doy importancia.
Por eso cuando Juan Villoro dice que hay muchas maneras de jugar al futbol y que “una de las cosas que más me asombran y que he querido reflexionar en los últimos tiempos es que a pesar de todas las cosas que lo oscurecen: la manipulación económica, la explotación política, el dopaje, la asunción de costumbres absolutamente ultrajantes e indignas, como el racismo y el machismo, ha podido mantener y renovar la capacidad de asombrarnos y de estos asombros tenemos diferentes maneras de leer los partidos”; yo asiento convencido, sí, sí, gracias Juan (no estoy muy seguro por qué, pero soy agradecido) y me dejo estar frente a la televisión, absolutamente seguro de que no va a pasar nada, que es mi culpa y jamás voy a entender la estrategia, la táctica, ni qué significa cuando el técnico (así se les dice, ¿no?) chifla, apunta con dos dedos al cielo y luego cruza los tres de la otra mano agitando los brazos enfebrecido y grita ¡baja Caguamo, baja! o ¡Rata, Rata, que abraselcarrilchingadamadre!
No le entiendo y no me gusta el futbol, durante mucho tiempo he estado engañando a mi esposa, ella tiene la culpa, lo hago por amor.

Coda
A mi correo llegó una imagen que, como los desplazamientos del Pichulita Cuéllar sobre la banda izquierda, no entendí, pero supuse me debía alterar; después de verla un buen rato, comprendí que se trataba de una conspiración de los poderes fácticos, el calendario de discusiones de las leyes energéticas coincide con los partidos de la Selección Mexicana de Futbol. ¡Santas distracciones, Batman!
Descifré la imagen, un montón de leyes (Petróleos Mexicanos, Comisión Federal de Electricidad, la Federal de las Entidades Paraestatales, la de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público y Servicios Relacionados) y sus reformas se tienen que resolver el 11 y 12 de junio y uno de esos dos días comienza el Mundial en Brasil, para acabarla, el 13 juega la selección nacional (sí, sí, ya sé, va en mayúsculas) juega contra Camerún; y luego contra Brasil el 17 de junio y después el 23 contra Croacia, mientras se desarrolla el periodo extraordinario para votar estas leyes… Después me encontré una nota periodística donde se indicaba que había que ser realistas, que la gran mayoría (bonito concepto) preferiría ver los partidos de futbol que seguir el debate; al grado que el secretario de Hacienda tuvo que declarar que no se van a detener las “decisiones importantes del país, algo tan trascedente como una reforma, de esta naturaleza, porque hay Mundial de futbol”.
¿De veras? Si Luis Videgaray tuvo que salir a sudar la casaca (o como se diga) y la inmensa mayoría (otro grandioso concepto) va a estar distraída porque esa es la realidad mexicana, tenemos una idea bien pequeñita de nosotros mismos, ¿a poco los partidos duran tanto?, ¿se juegan las 24 horas durante un Mundial?... Ya en serio, ¿de veras no podemos poner atención a dos cosas?

@aldan

abril 05, 2014

Decálogos



Envoltorio de papaya

Decálogo
El redactor en jefe de la revista Replicante, Rogelio Villarreal, participó en la Primera Jornada de Periodismo y Comunicación Pública ITESO, en su muro de Facebook contó que en la mesa sobre ética y periodismo hizo mención de dos frases del decálogo de Miguel Ángel Granados Chapa y compartió los diez puntos; de ahí los tomo:
1. Nunca escriba o diga algo de una persona que no se le pueda decir a la cara.
2. Combata la ambigüedad: no insinúe, no exagere, no minimice. Elija una postura y defiéndala. Un juicio no depende de la complicidad del lector sino del apego a la verdad.
3. Use las palabras precisas, no sólo por la riqueza del lenguaje sintético sino para lograr exactitud en lo que uno quiere decir.
4. Evite los lugares comunes, la vulgaridad y la falsa familiaridad con los entrevistados.
5. Construya su propia opinión, aunque no coincida con los demás, y sobre todo, si coincide con los demás.
6. No se ponga usted mismo en el centro de la noticia.
7. No haga juegos de palabras ni sorna con el nombre o la apariencia de una persona. 
8. No aspire a recompensas materiales, no acepte regalos que puedan significar un soborno, ni siquiera los más pequeños. Hay que practicar una extremada ambición ética, aunque parezca una soberbia de la virtud.
9. Considere los fenómenos en su larga duración y en toda su anchura.
10. Encuentre el camino o hágalo.
Decálogo de Miguel Ángel Granados Chapa (compilado por su hijo Tomás Granados e incluido por Omar Raúl Martínez en Semillas de periodismo, Monterrey: UANL, 2011).


Otro decálogo
1. Nada es off the record. La actitud es: martillo y tenazas, y que Dios se apiade del que se ponga en tu camino.
2. Algunas cosas tienen que ser off the record. Si eres un chismoso indiscreto nadie te va a contar nada.
3. La única hora para llamar a un político es bien entrada la noche, muy tarde. Si quieres respuestas, pregúntales cuando estén muy cansados, borrachos o sin fuerzas.
4. Mientras no les debas nada, serás peligroso. Recuerda que una vez que seas parte del club, ya te tienen.
5. Llevar una insignia de la policía en la cartera ayuda mucho.
6. Nunca dudes en utilizar la fuerza. La fuerza resuelve problemas e influye en la gente.
7. Ser periodista es un buen trabajo, te permite beber con periodistas y no hay que levantarse por la mañana.
8. Nunca des marcha atrás y reescribas mientras estás trabajando. Sigue como si fuera definitivo.
9. Si no hay ninguna historia y quieres ir en la puta portada ¡será mejor que te las apañes para conseguir esa historia! Ya sabes: “no hubo disturbios hasta que provocamos uno”.
10. Hay que sentirse un poco agobiado para empezar a escribir. Se escribe mejor con la presión de un plazo de entrega demencial. La única verdad es que no hay artículo a menos que lo escribas.
Estas diez máximas son de la autoría de Hunter S. Thompson y están incluidas en El Último Dinosaurio (Gallo Nero editorial. Traducción de Teresa Lanero y prólogo de Chus Neira). El decálogo del padre del periodismo gonzo hay que tomarlo de quien viene, pero no pude evitar citarlo porque una mala lectura del trabajo de Thompson se emplea como “argumento” cuando al periodista se le pide el sexto punto del decálogo de Granados Chapa, ese sí, un argumento sin comillas: jamás el periodista debería ser el centro de la noticia; y, lamentablemente, ahora que está de moda colocarle etiquetas al periodismo, adjetivarlos como alternativo, ciudadano, border y un largo etcétera, se olvida con facilidad que más allá de la técnica narrativa, de la forma de abordar los hechos y la investigación que se realice, el periodista no tiene que ser la noticia. Se busque por donde se busque, quien cuenta no es el hecho noticioso.

Tercer decálogo
Otros diez principios, ahora de la UNESCO, que con el propósito de elaborar un código universal de ética periodística reunió a un comité consultivo para, en 1938, aprobar estos diez postulados (son más extensos, elaboro una síntesis de cada uno):
Principio
I. El derecho de la gente a la información veraz.
II. La dedicación del periodista a la realidad objetiva.
III. La responsabilidad social del periodista, entender la información como bien social y no como un producto.
IV. La integridad profesional del periodista.
V. Promoción del acceso del público a la información y a su participación en los medios.
VI. Respeto a la intimidad y a la dignidad humana.
VII. Respeto por el interés público.
VIII. Respeto por los valores universales y la diversidad de culturas.
IX. Compromiso ético del periodista para abstenerse de justificar las guerras, la carrera armamentista y toda forma de violencia, odio o discriminación
X. Promoción de un nuevo orden de información y de comunicación mundial.

No más héroes, por favor
El título de la canción de Jaime López, “No más héroes, por favor” resume le necesidad de citar estos decálogos. Si ante los hechos se divide la información entre héroes y villanos, no sólo se pierde objetividad, sino que además se polariza a la opinión pública e invariablemente se le niega al lector la oportunidad de participar, de pensar, no se le deja más salida que tomar partido.
Uno de los riesgos de esa polarización entre héroes y villanos, es que siempre hay una víctima y la inmediata defensa del agredido puede cegar. En el caso reciente de la difusión de un reportaje de MVS Noticias en el espacio informativo de Carmen Aristegui, la exhibición de cómo Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre usaba recursos públicos para la contratación de asistentes y edecanes para su satisfacción sexual, puede ser un ejemplo de cómo el afán de villanizar a una figura que ha cometido un delito, puede voltearse y convertirlo en el “bueno” de la historia.
Me queda claro que no hay humor sin víctima, la reacción de la opinión pública hacia el exdirigente del PRI en el DF, lo ha convertido rápidamente en el blanco de las agresiones, pero no se le ataca por el abuso de poder ni por los excesos, se embiste contra Gutiérrez de la Torre calificándolo de naco, moreno, gordo, se le compara con Jabba the Hut, se hace referencia a que es hijo de El Rey de la Basura aunque él ya no esté relacionado con el negocio de la pepena… Las caricaturas y comentarios sobre el priista dejan a un lado los hechos por los que se le debe investigar para centrarse en su aspecto físico. Nuestro racismo en todo su esplendor. ¿Quiénes son los héroes, quiénes los villanos?
Señala Bergson que para la risa es necesaria cierta insensibilidad, apartarse de lo emocional para entonces soltar la carcajada, y así incluso lograr burlarnos de aquellos a quienes queremos o de la peor de las tragedias… Esa insensibilidad, a veces, es un cerrarse al mundo, tirar el golpe sin mirar a quién. De seguir los ataques clasistas a quien fuera dos veces diputado federal y asambleísta en el Distrito Federal, cabe la posibilidad de que se termine convirtiéndolo en un mártir. ¿Y los delitos?, ¿y las verdaderas víctimas?

Coda
Reitero, en esta historia no hay héroes ni villanos, sólo mucha gente riéndose. Las carcajadas son tan festivas, tan contagiosas, que se corre el riesgo de ya no saber cuál era el chiste.

@aldan



Puede interesarte

Related Posts with Thumbnails